Cada vez que comprás una taza de café, ocurren simultáneamente dos cosas completamente diferentes. El café satisface una necesidad —calor, cafeína, placer—. Pero también encarna una relación social: alguien cultivó los granos, alguien los tostó, alguien fijó un precio. Esa doble vida de toda mercancía es lo que Marx denominó la contradicción entre valor de uso y valor de cambio. Un economista se propuso demostrar que esta contradicción sigue una estructura lógica exacta —una que Marx esbozó, pero nunca llegó a completar plenamente.

Por qué existe este artículo

Karl Marx construyó su crítica de la economía política sobre el andamiaje lógico del filósofo alemán G. W. F. Hegel. Esto no es una nota al pie sin importancia: la lógica dialéctica de Hegel —la idea de que los conceptos se desarrollan mediante la contradicción, pasando de tesis a antítesis y a síntesis— constituye la sala de máquinas de El capital. Marx afirmó célebremente que había puesto a Hegel «sobre sus pies», sustituyendo el idealismo por el materialismo. Pero conservó la maquinaria.

El problema, como señala Gómez Julián, es que Marx nunca terminó la tarea filosófica. Utilizó la lógica de Hegel para analizar las mercancías, el dinero y los precios, pero nunca explicó plenamente cómo las contradicciones internas de la mercancía se resuelven en el nivel de la lógica pura. Identificó el ciclo M–D–M (mercancía–dinero–mercancía) e incluso lo relacionó con el silogismo cualitativo de Hegel. Pero entonces detuvo el análisis filosófico y continuó con la economía. Este artículo intenta retomar el análisis allí donde Marx lo dejó.

«La contradicción entre valor de uso y valor de cambio es uno de los descubrimientos más fundamentales de la economía marxista, un principio sin el cual todas las conclusiones de la teoría del valor y del dinero permanecen muertas.»
— Roman Rosdolsky, citado en el artículo

Tres conceptos que necesitás: valor de uso, valor de cambio y dinero

Antes de continuar, asegurémonos de que los conceptos fundamentales queden completamente claros —sin necesidad de tener un título en Economía.

  • Valor de uso es aquello para lo que una cosa sirve. Un abrigo te mantiene caliente. El pan te alimenta. Es cualitativo: responde a la pregunta «¿para qué sirve?».
  • Valor de cambio es aquello por lo que una cosa puede intercambiarse. El abrigo podría valer tres hogazas de pan, u 80 dólares. Es cuantitativo: responde a la pregunta «¿cuánto vale?».
  • Dinero es el traductor universal. Permite que toda mercancía exprese su valor de cambio en un lenguaje común (dólares, euros, colones). Pero el dinero también separa la compra de la venta, creando nuevas contradicciones.

La tensión central es esta: una mercancía es a la vez un objeto útil y portadora de un valor social abstracto. Estas dos identidades no conviven cómodamente. La tesis del artículo es que esta tensión sigue una estructura lógica precisa que el sistema de Hegel permite descifrar.

Las herramientas de Hegel: concepto, juicio y silogismo

La Ciencia de la lógica de Hegel se desarrolla en tres etapas que reflejan cómo pensamos. Gómez Julián recurre a las tres:

El Concepto (Begriff) posee tres «momentos»: universalidad (lo que algo comparte con todo lo perteneciente a su clase), particularidad (lo que lo distingue dentro de esa clase) y singularidad (la cosa concreta e individual que reúne ambas). Pensalo de esta manera: «fruta» es universal; «cítrico» es particular; «esta naranja que tengo en la mano» es singular.

El Juicio (Urteil) es lo que sucede cuando esos momentos se enfrentan entre sí —cuando decimos que algo es esto pero también no es aquello—. Es el momento de la contradicción.

El Silogismo (Schluss) es la resolución. Es la forma lógica en la que la contradicción encuentra su movimiento —no desapareciendo, sino desarrollándose en algo más rico—. Un silogismo posee un término mayor (universal), un término menor (particular) y un término medio (singular) que media entre ambos.

Analogía cotidiana Imaginá un mercado laboral. Los trabajadores (individuos particulares) quieren salarios (un estándar universal). La entrevista de trabajo constituye la mediación singular: el encuentro concreto en el que «este trabajador» se enfrenta al «precio de mercado del trabajo». La contradicción entre lo que un trabajador necesita y lo que el mercado ofrece no desaparece; se desarrolla durante la negociación. El silogismo de Hegel captura el esqueleto lógico precisamente de este tipo de proceso.

Silogismo n.º 1 — El acto de comprar y vender

El primer silogismo que desarrolla Gómez Julián es lo que Hegel denomina el silogismo de reflexión en su forma exclusiva. Aborda la pregunta más elemental: ¿cómo pueden intercambiarse una mercancía y el dinero —dos cosas fundamentalmente diferentes—?

Consideremos el acto de vender (M → D). El vendedor posee una mercancía particular —digamos, una silla específica hecha a mano—. El dinero desempeña el papel de lo universal: es el equivalente general frente al cual se miden todas las mercancías. ¿Qué conecta ambos extremos? El nexo social: la red de relaciones de producción, normas de mercado y convenciones compartidas que hacen posible el intercambio en primer lugar.

En el acto de comprar (D → M), la lógica se refleja a sí misma: el dinero (ahora universal) se intercambia por una mercancía particular, nuevamente mediado por el nexo social. El silogismo se presenta así:

Venta: M → D Particular (mercancía) — Singular (nexo social) — Universal (dinero)

Compra: D → M Universal (dinero) — Singular (nexo social) — Particular (mercancía)

La idea clave es que el nexo social no es un añadido: es el término medio lógico. Sin él, la contradicción entre una silla y un conjunto de billetes sería irreductible. El propio Marx reconoció esto cuando escribió que «una relación social de producción aparece como algo existente fuera de los individuos». La silla no «sabe» inherentemente que vale 200 dólares. Ese conocimiento está incorporado en la práctica social.

Silogismo n.º 2 — Precio frente a valor

El segundo silogismo aborda un problema más sutil. Incluso después de realizarse un intercambio, permanece una brecha: el precio de una mercancía casi nunca coincide con su valor (el tiempo de trabajo socialmente necesario incorporado en ella). Los precios fluctúan según la oferta, la demanda, la especulación, la estación e incluso el estado de ánimo. Marx reconoció esto explícitamente:

«La forma precio […] permite la posibilidad de una incongruencia cuantitativa entre el precio y la magnitud del valor, es decir, una desviación del primero con respecto a la segunda.»

Gómez Julián utiliza el silogismo de analogía de Hegel para modelar esta cuestión. En este silogismo, el término medio es una singularidad tomada en su universalidad esencial: una cosa particular considerada no únicamente como ella misma, sino como representante de su género. Así se establece la correspondencia:

Relación precio–valor: S — U — P Singular: valor de cambio (el tiempo de trabajo real, que nunca aparece directamente en el mercado —entra en la «volatilidad caprichosa de la competencia»)
Universal: precio (la expresión monetaria, que lleva el valor en su interior pero también difiere de él —«valor en sí y también valor distinto de sí mismo»)
Particular: valor de cambio a largo plazo (el promedio alrededor del cual oscilan la oferta y la demanda)

La conclusión es elegante: precio y valor nunca son idénticos en un único punto del tiempo, pero el valor siempre constituye el centro gravitacional alrededor del cual orbitan los precios. Esto no es una falla del sistema: es la manera en que se mueve la contradicción. Como escribió Marx, haciéndose eco de Hegel, la identidad aquí es «la identidad de la negación».

Pensalo de esta manera El precio de una acción en un día determinado puede encontrarse enormemente alejado de su «valor intrínseco» (sea cual sea la manera de medirlo). Pero, con el tiempo, las fuerzas del mercado empujan el precio de regreso hacia algo semejante a un valor razonable. La desviación no es ruido: es la manera en que el mercado procesa la información. Gómez Julián sostiene que este patrón no constituye únicamente una regularidad empírica, sino una necesidad lógica incorporada en la estructura misma de las mercancías.

Silogismo n.º 3 — El gran silogismo que Marx identificó pero no completó

El propio Marx advirtió que el ciclo M–D–M (mercancía–dinero–mercancía) puede relacionarse con el silogismo cualitativo P–U–S (particular–universal–singular) de Hegel. Las dos M del ciclo desempeñan funciones diferentes:

La primera M es particular: es una mercancía específica que poseo y de la que quiero desprenderme (digamos, la silla que fabriqué). La D (dinero) es universal: puede comprar cualquier cosa. La segunda M es singular: es la mercancía concreta que realmente necesito (por ejemplo, alimentos). El dinero media, transformando mi excedente particular en la cosa particular de la que carezco.

Pero aquí es donde el artículo realiza su contribución más original. Marx únicamente identificó el silogismo y se detuvo. Gómez Julián sostiene que el desarrollo hegeliano completo revela algo que Marx dejó implícito: la mercancía encarna tanto trabajo social (valor de cambio) como trabajo privado (valor de uso). El dinero —como «equivalente universal»— es la forma mediante la cual estos dos tipos de trabajo se reconcilian temporalmente. Pero reconciliación no significa resolución. La contradicción persiste y impulsa el sistema hacia adelante.

«El desarrollo de la mercancía no suprime esta contradicción: más bien crea las formas en las que puede moverse.»
— Marx, citado en el artículo

Marx comparó esto con el movimiento planetario: un cuerpo está constantemente cayendo hacia el Sol y constantemente alejándose de él. La órbita no constituye una resolución de la gravedad frente a la inercia: es la contradicción en movimiento. La circulación de mercancías funciona de la misma manera.

De la lógica al colapso: la tendencia decreciente de la tasa de ganancia

El artículo no se detiene en la filosofía. Sigue el hilo hasta llegar a lo que Marx consideraba el destino de largo plazo del capitalismo: la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia.

La lógica es la siguiente. La tasa media de ganancia es el promedio ponderado de las tasas de ganancia de todos los sectores de la economía:

Tasa media de ganancia g'M = Σ wᵢ · g'ᵢ

donde g'M = tasa media de ganancia, wᵢ = peso del capital del sector i dentro del capital social total, g'ᵢ = tasa de ganancia del sector i.

A medida que el capitalismo se desarrolla, la innovación tecnológica sustituye trabajo vivo (capital variable) por maquinaria y materiales (capital constante). Esto aumenta la productividad: cada trabajador produce más. Pero también significa que cada mercancía contiene menos tiempo de trabajo total y, por tanto, menos tiempo de plustrabajo (la fuente de la ganancia). Aunque la proporción de tiempo excedente dentro de cada mercancía pueda aumentar (una tasa de explotación mayor), la masa absoluta de excedente por unidad disminuye.

Para compensarlo, los capitalistas deben producir a escalas exponencialmente mayores —lo que Marx denominó los «faux frais» (gastos generales) de producción y circulación—. Mientras tanto, aumenta el desempleo tecnológico, los salarios sufren presiones a la baja y crecen las tensiones sociales. El artículo presenta esto como el término lógico de las contradicciones incorporadas en la mercancía misma.

Para quienes no son economistas Imaginá una panadería que sustituye a los panaderos por máquinas. Ahora cada hogaza requiere menos trabajo para producirse, por lo que la ganancia por hogaza disminuye. La panadería compensa vendiendo muchas más hogazas —y reduciendo los salarios de los trabajadores que permanecen—. Extendé esto a toda la economía y obtenés la imagen de Marx: las ganancias por unidad disminuyen, la producción debe expandirse enormemente, los trabajadores sufren una presión creciente y el sistema se vuelve cada vez más frágil. Esa es la tesis de la «tendencia decreciente de la tasa de ganancia».

¿Por qué importa todo esto?

No tenés que estar de acuerdo con las conclusiones de Marx para apreciar lo que consigue este artículo. Demuestra tres cosas:

  • La lógica de Hegel no es decorativa. Las estructuras silogísticas no son metáforas: constituyen la arquitectura formal que permite que las categorías económicas de Marx formen un sistema coherente. Ignorarlas significa leer El capital únicamente a medias.
  • Las contradicciones no son errores: son características estructurales. La brecha entre valor de uso y valor de cambio, entre precio y valor, entre trabajo privado y trabajo social, no constituye un defecto del capitalismo. Es el mecanismo que lo mantiene en movimiento. Comprender esto modifica nuestra manera de pensar las crisis: no son accidentes, sino expresiones estructurales de tensiones lógicas no resueltas.
  • La trayectoria de largo plazo importa. Independientemente de que el capitalismo «colapse» o no en el sentido dramático imaginado por Marx, el marco de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia ofrece una explicación estructural del estancamiento secular, la financiarización y la presión persistente por expandirse hacia nuevos mercados —cuestiones que siguen siendo de enorme actualidad.
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En esencia, el artículo de Gómez Julián es una invitación a leer a Marx de la manera en que Marx leyó a Hegel: no como una colección de consignas, sino como un sistema lógico vivo en el que cada categoría económica lleva en su interior un esqueleto filosófico. La mercancía no es simplemente una cosa con un precio. Es un nudo lógico que entrelaza el deseo privado, el trabajo social, la abstracción monetaria y la trayectoria histórica. Desatar ese nudo —o, al menos, comprender su forma— constituye el primer paso para entender por qué las economías funcionan como lo hacen y por qué, en ocasiones, dejan de hacerlo.