Espartaco

“Is that to say we are against Free Trade? No, we are for Free Trade, because by Free Trade all economical laws, with their most astounding contradictions, will act upon a larger scale, upon the territory of the whole earth; and because from the uniting of all these contradictions in a single group, where they will stand face to face, will result the struggle which will itself eventuate in the emancipation of the proletariat.”

Karl Heinrich Marx · Marx-Engels Collected Works, Vol. VI, p. 290

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Categoría: Materialismo Dialéctico

  • ACUMULACIÓN DE CAPITAL POR DESPOSESIÓN A INDÍGENAS EN COSTA RICA

    ACUMULACIÓN DE CAPITAL POR DESPOSESIÓN A INDÍGENAS EN COSTA RICA

    El mito democrático de Costa Rica: cómo el despojo indígena construyó la riqueza agraria del país
    Notas de lectura · Economía política · Historia latinoamericana

    El mito democrático de Costa Rica:
    cómo el despojo indígena
    construyó la riqueza agraria del país

    Una lectura en lenguaje accesible de un estudio que desmonta la “Leyenda Blanca” y pregunta por qué un Estado “democrático” viola sistemáticamente los mismos derechos que afirma proteger.

    Basado en: Gómez Julián, J. M. (2026). Revista de Historia, N.º 93, pp. 1–45.

    A Costa Rica le gusta pensarse como la excepción. Una pequeña república pacífica entre dos océanos, con salud universal, sin ejército desde 1948 y con una tradición democrática tan estable que los politólogos la han llamado la “Suiza de Centroamérica”. Esta imagen complaciente de sí misma —lo que desde hace tiempo se ha denominado la “Leyenda Blanca”— es uno de los relatos más persistentes de la política latinoamericana. También es, según un minucioso estudio del economista costarricense José Mauricio Gómez Julián, profundamente engañosa.

    Publicado en la Revista de Historia (Universidad de Costa Rica, N.º 93, 2026), el artículo se propone algo ambicioso: no limitarse a describir la bien documentada desigualdad de la propiedad de la tierra en Costa Rica —algo que investigadores anteriores ya habían hecho—, sino explicar por qué un Estado formalmente democrático produce, protege y reproduce una concentración agraria extrema generación tras generación, y por qué la violación sistemática de los derechos territoriales indígenas no constituye una falla accidental del sistema, sino uno de sus mecanismos de funcionamiento.

    La respuesta, sostiene el autor, exige comprender el despojo de tierras no como un accidente histórico, sino como una característica estructural de la acumulación de capital: un proceso que comenzó con el colonialismo español, fue formalizado por la república liberal, se intensificó con las exportaciones de café y banano y continúa hoy bajo las formas gemelas de la “conservación” y la impunidad jurídica.

    0.7258
    Coeficiente de Gini de concentración de la tierra en la región sur de Costa Rica (Coto Brus). Como referencia: 0 significa igualdad perfecta y 1 significa que una sola persona posee todo. El de Suecia ronda 0.53.

    Las cifras detrás del mito

    Antes de entrar en la historia, conviene detenerse en algunas estadísticas incómodas: de esas que rara vez aparecen en los folletos turísticos de Costa Rica.

    El coeficiente de Gini —la medida estándar de desigualdad, donde 0 representa igualdad perfecta y 1 concentración total— cuenta una historia contundente. En la región sur de Costa Rica, la concentración de la tierra alcanza 0.7258. En la ganadería guanacasteca llega hasta 0.9. A escala nacional, la cifra ronda 0.796. Para ponerlo en perspectiva: el 1 % superior de las fincas concentra más del 37 % de toda la tierra agrícola, mientras que el 39 % inferior posee colectivamente apenas el 0.2 %.

    ¿Y quienes trabajan la tierra? Entre dos tercios y tres cuartas partes de la fuerza de trabajo agrícola costarricense carecen de tierra, una proporción mayor que en cualquier otro país de Centroamérica. En algunas regiones, como Coto Brus, más del 90 % de las fincas carecen de títulos legales.

    Estas cifras no proceden de un panfleto radical. Provienen de rigurosos trabajos académicos de investigadores como Mitchell Seligson, Marc Edelman, Charles Brockett, Jeffery Paige y James Dunkerley, quienes compararon datos censales con registros reales de propiedad y encontraron que las propias estadísticas estatales subestiman sistemáticamente el grado de concentración. Gómez Julián parte de esa base empírica, pero añade un nivel que esos autores en gran medida no desarrollaron: una explicación categorial de economía política sobre por qué este patrón persiste dentro de un Estado formalmente democrático.

    “Casi tres cuartas partes del campesinado costarricense carecen hoy de tierra”: un hecho que contradice el relato nacional de un país de pequeños propietarios iguales.

    Una cronología del despojo: de la encomienda al enclave

    El artículo reconstruye la historia de la pérdida de tierras indígenas en Costa Rica a través de cinco grandes fases. Cada una revela un mecanismo distinto, pero todas cumplen la misma función estructural: liberar tierra y recursos para la acumulación de capital.

    1. Fundamentos coloniales (antes de 1821)

    La conquista española introdujo tres instrumentos fundamentales de despojo: las encomiendas (la asignación de trabajo indígena a colonos), las reducciones (el reasentamiento forzado en poblados concentrados) y las composiciones fraudulentas (maniobras jurídicas para convertir tierras indígenas en propiedad colonial). El Derecho romano justificó toda la operación al declarar las tierras indígenas propiedad de la Corona española. Aunque leyes posteriores, como las Leyes Nuevas de 1542, intentaron formalmente proteger a los pueblos indígenas, la legislación sobre tierras “baldías” declaraba vacíos precisamente los territorios donde vivían comunidades indígenas, dejándolos disponibles para la apropiación no indígena. Al final del período colonial todavía subsistía un reconocimiento jurídico frágil pero real de la “propiedad indígena” mediante las reducciones y las zonas de vecindad indígena. Ese piso jurídico es precisamente lo que el Estado liberal poscolonial desmantelaría sistemáticamente.

    2. La república liberal acelera el proceso (1821–1880)

    La independencia no trajo reconocimiento: aceleró el despojo. En 1841, bajo la dictadura de Braulio Carrillo, el Código General abolió formalmente el régimen comunal indígena de tierras como categoría jurídica protegida. Después, en 1882, el Decreto Presidencial N.º XIV declaró como baldíos vastos territorios del norte, incluido el territorio del pueblo maleku —históricamente denominado “Guatuso”—: tierras estatales supuestamente vacantes y abiertas a la apropiación por colonos y ganaderos no indígenas. Los maleku sufrieron lo que el artículo describe como una de las reducciones territoriales y demográficas proporcionalmente más intensas de la historia indígena costarricense.

    1841
    Año en que el Código General, bajo la dictadura de Braulio Carrillo, abolió formalmente la tenencia comunal indígena, legalizando de iure lo que la expansión colonial ya había realizado de facto.

    3. Café, beneficio y proletarización silenciosa (1830–1930)

    El auge cafetalero creó la estructura agraria de Costa Rica y también sus contradicciones. A diferencia de Guatemala o El Salvador, Costa Rica no desarrolló haciendas gigantescas. La finca más grande tenía 604 hectáreas y el promedio era de 41. Para 1963, el 58.5 % de la tierra cultivada se encontraba en unidades menores de 35 hectáreas. Esta es la imagen que celebra la “Leyenda Blanca”: una nación de pequeños propietarios.

    Pero la letra pequeña cuenta otra historia. Más del 70 % de la población rural carecía de tierra, una proporción superior a la de cualquier otro país centroamericano. El poder no se concentró únicamente mediante el acaparamiento de tierras, sino también a través del beneficio cafetalero: en 1850, apenas dieciséis beneficios controlaban el 85 % de las exportaciones de café, y el acceso al beneficio determinaba la capacidad de un pequeño productor para financiar y vender su cosecha. Los sistemas de crédito ligaban a los pequeños productores con comerciantes-terratenientes mediante relaciones de dependencia. El precio de la tierra aumentó aproximadamente veinte veces en treinta años, incentivando a pequeños productores a vender sus parcelas y, posteriormente, su fuerza de trabajo.

    Un punto crucial es la resistencia del pueblo huetar de Orosí frente a la frontera cafetalera alrededor de 1860, un episodio prácticamente ausente de las historias convencionales del ciclo del café. La “virtual ausencia de población indígena” en el Valle Central durante la gran expansión cafetalera, que Dunkerley citó como uno de los factores explicativos del desarrollo político particular de Costa Rica, no era una condición geográfica preexistente. Era, sostiene el artículo, el resultado de epidemias coloniales —con fuertes colapsos demográficos entre 1576 y 1581—, de la disolución jurídica de la propiedad comunal en el siglo XIX y del desplazamiento físico ante el avance de la frontera cafetalera.

    4. Banano, enclave atlántico y desplazamiento bribri-cabécar (1870–1940)

    En el Caribe costarricense se desarrolló una historia paralela, esta vez impulsada por capital extranjero. El contrato Soto-Keith de 1883 concedió a Minor Keith 800 000 acres de tierras estatales, un arrendamiento ferroviario por 99 años y amplias exenciones fiscales. Para 1890, su operación era la mayor productora de banano del mundo. El relato convencional presenta este proceso como desarrollo sobre “tierras baldías”.

    No lo eran. Los pueblos bribri y cabécar que habitaban el valle de Talamanca fueron obligados a desplazarse hacia el interior de su territorio ancestral porque la concesión bananera incluía una parte significativa de sus tierras a lo largo de la cuenca del río Sixaola. El artículo considera este proceso una de las mediaciones regionales fundamentales del despojo: el enclave bananero no fue simplemente un acuerdo entre un Estado y una empresa transnacional, sino un mecanismo concreto de despojo indígena, articulado jurídicamente mediante la ficción del baldío y ejecutado materialmente a través del control corporativo del espacio caribeño.

    Más tarde, la United Fruit Company (UFCO) reduciría sus plantaciones atlánticas, enfrentaría la gran huelga de 1934 y terminaría desplazando la producción hacia el Pacífico después de que la sigatoka devastara los cultivos en 1938. Pero el daño ya estaba hecho: la “ausencia de población indígena” en los análisis de la región bananera reproduce, con otras palabras, el mismo dispositivo ideológico que opera en el relato cafetalero: naturaliza una ausencia ocultando el despojo que la produjo.

    5. Reforma limitada, titulación y persistencia de la desigualdad (1957–1990)

    Costa Rica sí intentó impulsar reformas. El Convenio 107 de la OIT —aprobado internamente en 1959— reconoció derechos de los pueblos indígenas y tribales. La Ley 2825 de 1961 derogó el régimen de baldíos y declaró esas tierras “propiedad del Estado”, fundamentada en la función social de la propiedad. La Ley Indígena de 1977 (Ley 6172) reservó porciones de territorio para los pueblos indígenas y otorgó plena capacidad jurídica a sus comunidades mediante las Asociaciones de Desarrollo Integral (ADI).

    Sin embargo, las contradicciones eran evidentes. La ley de 1961 permitía expropiar tierras ociosas, pero exigía el pago en efectivo a valor de mercado, una condición que limitaba severamente su aplicación. Para 1970, solo 1 272 familias habían sido asentadas en aproximadamente 35 400 hectáreas. El programa de titulación respaldado por USAID había alcanzado parcialmente unos 20 462 títulos —aproximadamente 339 761 hectáreas— para septiembre de 1979, a un ritmo de 425 títulos mensuales frente a una capacidad teórica de 900 a 1 000.

    Los resultados fueron reveladores. Después de recibir un título, la proporción de beneficiarios con acceso al crédito aumentó del 18 % al 31.7 %, pero el coeficiente de Gini de la tierra titulada era de aproximadamente 0.708 y, al incluir toda la tierra poseída por los beneficiarios —titulada y no titulada—, ascendía a casi 0.781, prácticamente igual al valor nacional. La titulación no corrigió la desigualdad estructural; potencialmente la consolidó. Como sostiene el artículo, esos programas alcanzaron únicamente a una fracción de las familias sin tierra mientras mantuvieron intactas las estructuras fundamentales de concentración.

    “La titulación no corrige la desigualdad estructural y puede consolidarla.”

    La conservación como despojo: el rostro moderno de una vieja historia

    Uno de los argumentos más llamativos del artículo es que el propio Estado costarricense —no solo ganaderos privados o corporaciones transnacionales— se ha convertido en un agente principal del despojo indígena, y lo ha hecho revestido con el respetable lenguaje del ambientalismo.

    En 1982, Costa Rica creó el Parque Internacional La Amistad (PILA), reconocido ese mismo año como Reserva de la Biosfera por la UNESCO y, en 1983, como Patrimonio de la Humanidad. Lo que el relato celebratorio omite es que el parque incorporó como área protegida administrada por el Estado extensiones significativas de territorio ancestral reclamado por los pueblos bribri y cabécar, sin consulta previa, libre e informada. Su zona de amortiguamiento incluye los territorios indígenas de Ujarrás, Salitre y Cabagra. Dentro de la Reserva de la Biosfera se ubican dieciséis territorios indígenas pertenecientes a cinco pueblos distintos. El Estado reaparece así, en esta etapa, como agente principal del despojo, ahora mediante la figura jurídica de la conservación.

    Una dinámica semejante opera mediante el Pago por Servicios Ambientales (PSA), programa emblemático de Costa Rica administrado por FONAFIFO. Como documenta el investigador Vargas Mena, el PSA ha operado dentro de territorios indígenas oficialmente reconocidos. El bosque, el agua e incluso el aire —en forma de mercado de carbono— se mercantilizan como “servicios ambientales”, cuyo rendimiento monetario sale del territorio indígena o es capturado mediante mecanismos institucionales que subordinan las decisiones comunitarias a los plazos y exigencias de agencias externas. Esto no constituye, argumenta el artículo, una corrección del capitalismo agrario, sino una nueva fase de este.

    A ello se suma la presencia contemporánea de multinacionales de la piña y la palma aceitera en la zona sur, cuya expansión presiona territorios brörán, bribri y cabécar. Sus externalidades —uso intensivo del agua, contaminación por agroquímicos, presión sobre tierras colindantes— funcionan como mecanismos de despojo ambiental y económico sobre las comunidades indígenas.

    16
    Territorios indígenas de cinco pueblos distintos situados dentro de la Reserva de la Biosfera del PILA, apropiados sin consulta previa, libre e informada.

    Recuperar lo perdido y morir por ello (2011–presente)

    Ante el persistente fracaso del Estado en hacer efectivos derechos jurídicamente reconocidos, los movimientos indígenas iniciaron lo que denominan recuperaciones de facto: recuperaciones comunitarias de territorios formalmente inscritos bajo las ADI, pero materialmente usurpados por ocupantes no indígenas. A partir de 2011, en lugares como Salitre, Cabagra y Térraba, estas recuperaciones provocaron la reacción organizada y violenta de ganaderos decididos a impedirlas.

    Las consecuencias han sido letales. El 18 de marzo de 2019 fue asesinado el líder bribri Sergio Rojas Ortiz. El 24 de febrero de 2020 fue asesinado el líder brörán Jethy Rivera. Ambos crímenes ocurrieron pese a la existencia de medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Medida 321-12, emitida en 2015). La impunidad ha sido casi total: el caso Rojas fue archivado en enero de 2024 sin personas detenidas. En el caso Rivera, el autor material fue inicialmente condenado en febrero de 2023, pero el Tribunal de Apelación de Cartago anuló esa condena en julio de 2023 y, en un segundo juicio celebrado entre agosto y septiembre de 2024, el acusado fue absuelto —pese a su confesión— bajo el principio de in dubio pro reo.

    El Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas documentó que estos ataques permanecen impunes y que las autoridades costarricenses no investigan eficazmente incluso cuando los responsables son conocidos por las comunidades. El ciclo despojo–resistencia–represión, sostiene el artículo, revela que las recuperaciones de facto no son incidentes aislados, sino la manifestación empírica de una lucha de clases en curso por los medios de producción, mediada por una condición colonial persistente.

    “La acumulación por despojo contemporánea requiere la misma violencia extraeconómica que Marx identificó en la acumulación primitiva.”

    Un patrón más amplio: el Estado siempre toma partido

    La historia indígena no existe de manera aislada. El artículo la sitúa dentro de un patrón más amplio de respuesta del Estado costarricense a los conflictos rurales por la tierra a lo largo de su historia moderna, y la respuesta es consistente: favorece al capital.

    La crisis de 1983 es emblemática. Cuando United Brands anunció que se retiraba, el Estado compró sus tierras a 35 000 dólares por hectárea, un precio que revelaba la debilidad estatal frente a las transnacionales. Standard Fruit exigió 200 millones de dólares en créditos y despidió a 700 trabajadores. Solo durante los primeros dieciocho meses de la administración Monge se registraron 185 conflictos rurales. En julio de 1983, 3 500 hectáreas de United Brands fueron ocupadas por militantes sindicales y miembros de federaciones campesinas, y fueron desalojadas por 600 policías.

    Las ocupaciones de tierras aumentaron a través de distintas administraciones: 70 durante Trejos, 500 bajo los gobiernos de Figueres —segundo mandato— y Oduber, y 120 solo durante el primer año de Carazo. La “cuestión de la tierra” nunca estuvo limitada a Guanacaste, donde la concentración ganadera siempre fue extrema y conflictiva: constituía una característica estructural de alcance nacional.

    Reconstruir las categorías políticas desde la realidad concreta

    Aquí aparece el movimiento teórico más ambicioso del artículo. En lugar de importar categorías marxistas como herramientas ya terminadas, Gómez Julián afirma reconstruirlas inductivamente a partir de la evidencia histórica. La secuencia es deliberada: primero los hechos; después, las categorías; finalmente, el retorno a los hechos con una nueva capacidad explicativa.

    El Estado, en las sociedades de clases, es la organización social del poder político de la clase económicamente dominante. El Derecho es el sistema de normas coercibles establecido por el poder estatal: la organización jurídica de ese poder político. El Gobierno es la administración de las instituciones estatales y, de manera crucial, la clase económicamente dominante no es necesariamente la clase gobernante: quienes poseen el poder no siempre son quienes lo administran, pero la clase gobernante está subordinada fácticamente a la clase dominante.

    La democracia, en su sentido más general, es el gobierno de la mayoría sobre la minoría. Sin embargo, el concepto fue acuñado en la Atenas esclavista del siglo V a. C., donde solo podían votar los ciudadanos varones adultos, con exclusión de mujeres, esclavos y extranjeros. La democracia de los ciudadanos varones adultos era una dictadura para todos los demás, es decir, para la inmensa mayoría. Esta relación dialéctica se extiende a todas las sociedades de clases: toda democracia es una dictadura para quienes quedan sistemáticamente excluidos de la voluntad de la mayoría, y toda dictadura conserva una “democracia” interna para la clase que impone su hegemonía. La relación es dialéctica, no idéntica.

    El Estado de Derecho es la idea de que el poder estatal está regulado y garantizado por la ley, es decir, que el Estado crea el Derecho y luego se somete voluntariamente a su propia creación. El artículo sostiene, sin embargo, que esto constituye un sofisma: los Estados no crean el Derecho para someterse a él, sino como marco regulatorio fundado en los intereses de la clase política e ideológicamente dominante. Como evidencia, el autor señala el artículo 105 de la propia Constitución costarricense, que prohíbe referendos sobre materias presupuestarias, tributarias, fiscales, monetarias, crediticias, de pensiones, seguridad y administrativas: es decir, sobre prácticamente todos los asuntos fundamentales de la vida social nacional. La validez de cualquier resultado de un referéndum queda, en última instancia, sujeta a la decisión de la Asamblea Legislativa. En otras palabras, el Estado se ha exceptuado estructuralmente de la voluntad popular en los asuntos decisivos.

    ¿Y la corrupción? No constituye una anomalía. Definida como la práctica mediante la cual un funcionario público se desvía formalmente de las funciones para las cuales recibió poder, la corrupción se aparta “formalmente”, no fácticamente, de sus compromisos declarados. ¿Por qué la desviación es formal y no factual? Porque, dentro de este marco, la corrupción constituye un mecanismo necesario para que los intereses de la clase dominante se impongan sobre el resto de la sociedad mientras existe democracia electoral: uno de varios mecanismos que posibilitan una dictadura fáctica mediante la alienación de las clases dominadas.

    Tres procesos, dos niveles de abstracción

    El núcleo teórico del artículo se encuentra en la manera en que reconstruye la relación entre la acumulación primitiva, la acumulación por despojo y lo que denomina acumulación entrelazada. Para mantener esa especificidad sin renunciar a traducir al español el concepto más amplio de Guilherme Leite Gonçalves y Sérgio Costa, esta entrada utiliza acumulación imbricada como traducción de entangled accumulation. La elección no pretende negar que “entrelazada” sea una traducción literal y perfectamente posible de entangled; responde a una necesidad analítica: reservar dos expresiones distintas para dos niveles de determinación que, aunque compatibles, no son idénticos.

    La diferencia semántica se usa aquí de manera deliberada. Entrelazada pone el acento en la relación dinámica entre procesos: un mecanismo actúa sobre otro, modifica sus condiciones de posibilidad y recibe a su vez efectos de retorno, de modo que ambos pueden reforzarse sin perder por completo su identidad analítica. Imbricada, en cambio, pone el acento en una totalidad compuesta por relaciones superpuestas e interpenetradas: múltiples formas de acumulación, escalas geográficas, períodos históricos, instituciones y jerarquías sociales que se penetran y condicionan recíprocamente. Esta diferencia terminológica hace visible, desde el propio vocabulario, la diferencia entre una articulación concreta y la categoría general capaz de comprenderla.

    La distinción no es meramente terminológica. En el plano de los procesos históricos objetivos, la acumulación primitiva y la acumulación por despojo pueden poseer autonomía relativa: son mecanismos distinguibles, con formas inmediatas, ubicaciones temporales y efectos materiales propios. Autonomía relativa no significa aislamiento. Significa que cada proceso puede identificarse en la realidad sin negar que, bajo condiciones históricas concretas, ambos coexisten, se penetran mutuamente y modifican las condiciones bajo las cuales opera el otro.

    Acumulación primitiva

    El problema original de Marx: la separación histórica y violenta de los productores respecto de sus medios de producción y la construcción de las relaciones de propiedad requeridas para la producción capitalista. En la secuencia costarricense esto comprende el despojo colonial, la abolición carrillista del régimen comunal en 1841, el decreto de 1882 que trató el territorio maleku como tierra baldía y la concesión Soto-Keith de 1883. No son simplemente acontecimientos antiguos recordados por un capitalismo posterior: establecen condiciones jurídicas y materiales que la acumulación subsiguiente hereda.

    Acumulación por despojo

    La formulación de David Harvey identifica el uso continuo y contemporáneo de prácticas expropiatorias: privatización de tierras y bienes comunes, supresión de derechos colectivos, mercantilización de ámbitos previamente no mercantilizados, apropiación colonial o neocolonial de activos y utilización del crédito, el Derecho y el poder estatal para transferir recursos. En el caso costarricense, esta lógica aparece en la ocupación territorial contemporánea, la apropiación conservacionista, los mercados de servicios ambientales y otros mecanismos que convierten recursos preservados colectivamente en campos de acumulación.

    Acumulación entrelazada

    Tal como se reconstruye aquí a partir del caso costarricense de Gómez Julián, la acumulación entrelazada designa la relación concreta de condicionamiento y reforzamiento mutuos entre procesos de acumulación relativamente distinguibles. Aparece cuando una expropiación anterior crea las condiciones jurídicas, espaciales o sociales para un despojo posterior; cuando ese despojo posterior reproduce o profundiza los efectos del primero; y cuando ambos se conectan con nuevas fracciones del capital, instituciones estatales y circuitos más amplios de acumulación. En este sentido, la acumulación entrelazada no es sinónimo ni de acumulación primitiva ni de acumulación por despojo, y tampoco elimina su distinción analítica.

    La autonomía relativa no significa separación

    Esta manera de leer el registro histórico evita una falsa disyuntiva. No es necesario afirmar ni que la acumulación primitiva sea un episodio cerrado perteneciente exclusivamente al nacimiento del capitalismo, ni que todo despojo posterior sea simplemente el mismo fenómeno con un nombre nuevo. Un proceso concreto puede identificarse como acumulación primitiva cuando reestructura las relaciones de propiedad separando a las comunidades de las condiciones de su reproducción. Un proceso contemporáneo puede identificarse como acumulación por despojo cuando derechos, activos, bienes comunes o recursos públicos ya existentes son transferidos hacia circuitos de capital. Y aparece un tercer problema analítico cuando los efectos de esos procesos se vinculan causalmente.

    Ese tercer problema es lo que aquí captura la acumulación entrelazada. La relación relevante no consiste simplemente en una sucesión cronológica. Se trata de una interacción material: un proceso modifica las condiciones de posibilidad de otro. La destrucción jurídica previa del régimen comunal puede facilitar ocupaciones privadas posteriores; esas ocupaciones pueden normalizar y reproducir el régimen de propiedad creado por la ruptura anterior; y la regulación estatal puede conectar ambas dinámicas con cadenas transnacionales de mercancías, turismo, finanzas de conservación o mercados de carbono. Los procesos continúan siendo distinguibles, pero sus efectos dejan de ser meramente aditivos: se vuelven sinérgicos.

    Estructura analítica concreta
    Acumulación primitiva + acumulación por despojo → condicionamiento mutuo → acumulación entrelazada

    La flecha no representa una secuencia histórica rígida. Representa una relación causal que puede operar a través de distintos períodos, regiones y formas institucionales.

    El mapa costarricense permite verlo con claridad. La abolición carrillista del régimen comunal creó un entorno jurídico dentro del cual pudo avanzar el despojo huetar por la frontera cafetalera. El Decreto XIV de 1882 convirtió el territorio maleku en espacio jurídicamente disponible y habilitó su apropiación por ganaderos y colonos. La concesión Soto-Keith vinculó el despojo territorial de Talamanca con el capital bananero transnacional. El PILA y el PSA insertaron posteriormente territorio ancestral en circuitos de conservación y valorización ambiental, conectando el conflicto territorial local con el turismo, la administración estatal y el capital global del carbono. Las recuperaciones de facto posteriores a 2011 revelan la colisión contemporánea entre el régimen colectivo indígena y el régimen individual capitalista producido a lo largo de esta historia.

    Acumulación imbricada: la categoría más general

    Aquí es donde el concepto de acumulación imbricada (entangled accumulation en el original) de Gonçalves y Costa se vuelve especialmente útil. Su formulación de 2019 es deliberadamente más amplia. Busca una categoría comprehensiva para las interdependencias que han estructurado la expansión capitalista a lo largo de la historia: explotación y expropiación; trabajo asalariado y trabajo esclavo o, más ampliamente, no libre; poder estatal y violencia ilegal; economías capitalistas y no capitalistas; distintas escalas geográficas; diferentes períodos históricos; y jerarquías sociales entrecruzadas como clase, raza, etnicidad y género.

    Dentro de ese marco más amplio, la acumulación primitiva, la acumulación por despojo, la expropiación financiera, la superexplotación y otras formas no siguen una cronología rígida. Pueden coexistir en un mismo período y espacio, desaparecer y reaparecer, y conectarse mediante el Derecho, la política, la corrupción, la cultura, el discurso y la cambiante frontera entre Estado y mercado. La acumulación imbricada opera, por tanto, en un nivel superior de abstracción: es una categoría general para la interpenetración histórica de múltiples mecanismos y dimensiones de la acumulación capitalista.

    Los dos conceptos pueden, entonces, relacionarse sin reducirse uno al otro. La acumulación entrelazada, tal como se utiliza aquí para interpretar el artículo costarricense, es la categoría más concreta: identifica un proceso específico de articulación causal y sinergia entre modalidades de acumulación distinguibles dentro de una formación histórica determinada. La acumulación imbricada, en el sentido de Gonçalves y Costa, es la categoría más general bajo la cual esas articulaciones concretas pueden teorizarse junto con muchas otras formas de interdependencia. Así, la primera no compite con la segunda: puede entenderse como una de sus determinaciones históricas concretas.

    Relación entre los conceptos
    EentrelazadaEimbricada

    Esta expresión en términos de conjuntos es una abreviatura interpretativa utilizada en esta entrada, no una fórmula enunciada literalmente por ninguno de los dos artículos. Significa que la acumulación entrelazada reconstruida para Costa Rica puede tratarse como una determinación concreta dentro de la familia más amplia de interdependencias capturada por la acumulación imbricada de Gonçalves y Costa.

    Esta distinción también aclara por qué el artículo costarricense puede hablar de la convergencia de acumulación primitiva, acumulación por despojo y acumulación entrelazada sin reducir las tres a un proceso indiferenciado. Las dos primeras remiten a mecanismos que pueden identificarse con autonomía relativa; la tercera remite a su articulación concreta cuando coexisten y se refuerzan mutuamente. Al mismo tiempo, toda esa configuración puede situarse dentro de la teoría más comprehensiva de la acumulación imbricada de Gonçalves y Costa. Lo que, en un nivel puramente abstracto, podría parecer una inconsistencia terminológica se convierte, en el plano de la realidad histórica, en una distinción útil entre mecanismos, su interacción y la categoría general capaz de contener ambos.

    La distinción clave es la que existe entre un mecanismo y una relación entre mecanismos: la acumulación primitiva y la acumulación por despojo pueden identificarse por separado, mientras que la acumulación entrelazada nombra la sinergia históricamente concreta mediante la cual ambas se condicionan y se reproducen mutuamente.

    Una cronología del despojo: hitos principales

    1542–1880

    Leyes sobre baldíos y primeros decretos (por ejemplo, Guatuso). Despojo jurídico-administrativo: Corona → Estado → manos privadas.

    1830–1890

    Auge cafetalero y sistema de beneficios. Concentración mediante procesamiento y crédito. Resistencia huetar en Orosí (c. 1860). Disolución del régimen comunal de tierras.

    1870–1910

    Concesiones bananeras (Keith/UFCO). Desplazamiento bribri-cabécar. Enclave atlántico, control corporativo del espacio y despojo en Sixaola.

    1933–1940

    Organismos de regulación cafetalera (Instituto de Defensa del Café). Gestión de la crisis sin reversión de la concentración.

    Décadas de 1950–1970

    Colonización interna (ITCO/IDA). Convenio 107. Ley 2825. Titulación parcial; persisten la inseguridad y las apropiaciones de frontera.

    1977

    Ley Indígena 6172. Reconocimiento formal frente a ocupación no indígena persistente.

    1982

    Creación del Parque Internacional La Amistad (PILA). Apropiación estatal-conservacionista de territorio ancestral bribri-cabécar.

    2011–presente

    Recuperaciones de facto en Salitre, Cabagra y Térraba. Reocupación comunitaria. Se intensifican las amenazas y los ataques.

    2019–2024

    Asesinatos: Sergio Rojas (18 de marzo de 2019) y Jethy Rivera (24 de febrero de 2020). ONU/CIDH: impunidad. Condena del caso Rivera anulada; caso Rojas archivado.

    Por qué la tierra no es solo tierra: la cuestión de la renta

    El artículo introduce otra herramienta teórica que merece atención: el concepto marxista de renta del suelo, tanto natural como diferencial. Las luchas indígenas contemporáneas, sostiene el autor, no pueden explicarse únicamente por la apropiación de la tierra como medio de producción. También giran alrededor de los recursos naturales contenidos en esos territorios: agua, bosques, biodiversidad, belleza escénica y capacidad de secuestro de carbono. El rendimiento de esos recursos puede convertirse en renta apropiable por distintas fracciones del capital: agroindustrial, extractivista, turística o conservacionista, ya sea privada o estatal.

    El PSA dentro de territorios indígenas, el turismo de naturaleza alrededor de parques nacionales creados sobre tierras ancestrales, la monetización de servicios ambientales en el mercado del carbono y la agroindustria adyacente son dispositivos concretos mediante los cuales el capital captura o redistribuye rentas cuya base material son precisamente los territorios que los pueblos indígenas han preservado mediante su lucha histórica. La defensa territorial indígena es, por tanto, simultáneamente defensa del valor de uso comunitario frente al valor de cambio capitalista y un obstáculo material para la plena realización de la renta diferencial por parte del capital.

    Qué significa todo esto y por qué importa más allá de Costa Rica

    Las conclusiones del artículo son contundentes. La “Leyenda Blanca” del excepcionalismo democrático costarricense no resiste el contraste con la evidencia. Un país donde casi tres cuartas partes del campesinado carecen de tierra, donde el coeficiente de Gini de la propiedad agraria se acerca a 0.8 a escala nacional y alcanza 0.9 en regiones ganaderas, donde más del 90 % de las fincas en algunas zonas carecen de títulos legales y donde líderes indígenas son asesinados con impunidad por recuperar territorios que el propio Estado ha reconocido jurídicamente como suyos no constituye una anomalía democrática dentro de una región desigual. Es un caso de estudio de cómo la democracia formal y la extrema concentración agraria coexisten, y de cómo esta última es estructuralmente posibilitada por la primera.

    El argumento no es que Costa Rica sea excepcionalmente perversa. Es que el mito de su excepcionalismo cumple una función: legitima precisamente el régimen de acumulación que hace posible la desigualdad extrema. La “Leyenda Blanca” no es un simple error de cálculo ni un exceso de relaciones públicas. Dentro del marco del artículo es un dispositivo ideológico funcional al sistema que oculta. Mientras Costa Rica se conciba como democrática e igualitaria, los mecanismos estructurales que producen el despojo pueden operar sin ser sometidos al mismo nivel de escrutinio.

    Y queda una implicación final, quizá la más perturbadora: el artículo concluye que la participación de la sociedad civil no indígena es esencial para defender derechos que son “fundamentalmente irreconciliables con las necesidades de acumulación”. Los derechos de los pueblos indígenas sobre sus territorios, en otras palabras, no pueden garantizarse dentro del régimen de acumulación existente sin una ruptura política que desborde a las propias comunidades indígenas. No se trata de un llamado a la caridad ni a la solidaridad en su sentido convencional. Es una observación estructural: el sistema que despoja a los pueblos indígenas es el mismo que produce campesinado sin tierra entre la población no indígena, y sus intereses convergen allí donde se cuestiona la lógica de la acumulación.

    §

    Nota sobre las fuentes

    Esta entrada es, ante todo, una lectura de José Mauricio Gómez Julián, “Acumulación por despojo y el mito del excepcionalismo democrático costarricense: el despojo indígena como rasgo estructural de la concentración agraria”, Revista de Historia, N.º 93 (enero–junio de 2026), pp. 1–45, publicada por la Universidad Nacional de Costa Rica. El artículo está disponible bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. El autor es investigador independiente especializado en economía política y metodología estadística, y licenciado en Economía por la Universidad Latina de Costa Rica.

    La aclaración conceptual desarrollada arriba también dialoga con Guilherme Leite Gonçalves y Sérgio Costa, “From primitive accumulation to entangled accumulation: Decentring Marxist Theory of capitalist expansion”, European Journal of Social Theory (2019), DOI 10.1177/1368431018825064. En esta entrada, entangled accumulation se traduce como acumulación imbricada, mientras que acumulación entrelazada se reserva para el proceso más concreto reconstruido a partir del caso costarricense. La elección es deliberada: “entrelazada” enfatiza la interacción dinámica y el reforzamiento causal entre mecanismos relativamente distinguibles; “imbricada” enfatiza la totalidad más amplia de relaciones históricas, espaciales, institucionales y sociales que se superponen e interpenetran. Esta diferenciación es una elección interpretativa de la entrada, no la afirmación de que ambos artículos establezcan explícitamente esa misma jerarquía terminológica.

    El artículo se sitúa explícitamente dentro de la economía política marxista y el materialismo histórico. No reivindica neutralidad: sostiene que el marco teórico utilizado posee mayor capacidad explicativa para los fenómenos documentados y reconstruye sus categorías políticas fundamentales —Estado, Derecho, Democracia, Estado de Derecho y Corrupción— a partir de la evidencia histórica, en lugar de importarlas como axiomas. Incluso quienes discrepen del marco teórico pueden encontrar valor propio en la documentación empírica, procedente de datos censales, registros de propiedad, legislación, informes de Naciones Unidas, registros de la Comisión Interamericana y testimonios indígenas directos.

    Los datos citados a lo largo de la entrada —coeficientes de Gini, estadísticas de titulación, cifras de superficie y porcentajes de ocupación— proceden de las fuentes que cita el propio artículo (Seligson, Edelman, Brockett, Dunkerley, Paige, Guevara y Chacón, Vargas Mena, Zúñiga et al., entre otros). No se ha inventado ninguna cifra ni se han realizado extrapolaciones más allá de lo presentado en el artículo.

    “La historia de las comunidades indígenas desde la conquista hasta el presente revela no una inclusión democrática excepcional, sino un despojo sistemático como característica estructural de la acumulación de capital.”

  • ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LOS PRECIOS DE PRODUCCIÓN DE MARX

    ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LOS PRECIOS DE PRODUCCIÓN DE MARX

    ¿Se equivocó Marx sobre los precios de producción? — Una investigación de 260 páginas dice que no

    Economía Política • Econometría • Marx

    ¿Se equivocó Marx sobre los precios de producción?
    Una investigación de 260 páginas dice que no.

    Cómo un investigador dedicó años a demostrar que la crítica más célebre a la economía de Marx descansa sobre un error que Marx nunca cometió.

    Basado en: Gómez Julián (2026), “Algunas Reflexiones sobre los Precios de Producción de Marx” — Introducción, Conclusiones y el Capítulo Formal-Empírico · DOI 10.5281/zenodo.21842103

    ¿Un defecto fatal, o una lectura fatalmente equivocada?

    Durante más de un siglo, un único argumento matemático se ha esgrimido como la prueba definitiva de que la economía de Karl Marx no funciona. Dice así: Marx sostuvo que el valor de las mercancías está determinado por el trabajo que las produce, y que los precios de mercado terminan gravitando hacia “precios de producción” — versiones modificadas de esos valores-trabajo, ajustadas según cuán intensiva en capital sea cada industria. Pero al intentar verificarlo con un sistema de ecuaciones simultáneas, las cuentas no cierran. La suma de los valores no iguala a la suma de los precios. La teoría, dicen los críticos desde comienzos del siglo XX, contiene un error algebraico fatal.

    Este trabajo — 260 páginas que recorren filosofía, historia, sociología y estadística — sostiene que el error nunca fue de Marx. Fue el error de quienes revisaron sus cuentas con un método que Marx jamás empleó.

    La fotografía contra la película

    Imagine que quiere entender un río. Puede tomarle una fotografía — capturar un instante congelado — o puede filmarlo como una película, viendo cómo el agua fluye en el tiempo. Durante más de cien años, los economistas que criticaron a Marx le tomaron una fotografía a su teoría y después se quejaron de que no se pareciera a una película.

    El problema específico es éste. Marx describió un proceso de dos pasos: primero se forma una tasa general de ganancia en toda la economía; después, el precio de cada industria se desvía de su valor-trabajo puro según cuánto capital inmovilice respecto del promedio. La crítica estándar — originada con Ladislaus von Bortkiewicz en 1907 y repetida desde entonces — toma todas las identidades contables de Marx y las resuelve simultáneamente, como si los precios de los insumos y los precios de los productos se determinaran en el mismo instante. Bajo ese marco, las tres igualdades agregadas de Marx no pueden sostenerse todas a la vez.

    La “inconsistencia” que se le atribuye a Marx desde hace más de un siglo es la inconsistencia del marco simultaneista-dualista que se le impuso, y se disuelve en cuanto se restituye el tiempo. — Gómez Julián, resumiendo la tesis central

    Pero aquí está la trampa: resolver todo simultáneamente equivale a suponer que la economía es una fotografía — que no hay tiempo. Y todo el marco de Marx está construido sobre la premisa contraria: que la economía es un proceso, una secuencia que se despliega en la cual los precios que salen de un período se convierten en los precios de los insumos que entran al siguiente. En cuanto se restituye esa dimensión temporal, la “inconsistencia” desaparece. Las tres igualdades se sostienen simultáneamente — no porque Marx fuera secretamente consistente por algún milagro, sino porque la contradicción era un artefacto del marco que se le impuso, no de su propia lógica.

    El trabajo llama a ese enfoque simultaneista “marxismo walrasiano” — una frase que capta la ironía: los economistas importaron la lógica del equilibrio general de Léon Walras y la usaron para leer a Marx, y después culparon a Marx cuando el resultado no funcionó.

    En lenguaje llano

    A Marx se lo acusó durante más de un siglo de haberse equivocado en una cuenta aritmética. Lo que en realidad pasó es que alguien rehizo esa cuenta bajo un supuesto que Marx nunca hizo — que los precios de lo que se compra para producir y los precios de lo que sale de la producción son los mismos precios, fijados en el mismo momento. Si se supone eso, las cuentas de Marx no cierran. Pero ese supuesto equivale a decir que la economía no ocurre en el tiempo.

    ¿Pero la película fue real?

    Señalar que la lógica de Marx funciona cuando se la lee correctamente es necesario pero no suficiente. La escuela “temporalista” viene sosteniendo este argumento desde hace casi cincuenta años. Pero el autor advirtió un vacío crítico: nadie en esa escuela había tomado nunca datos del mundo real para estimar efectivamente los tres tipos de precios que describe Marx — valores-trabajo directos, precios de producción y precios de mercado — y luego contrastar si los precios de mercado realmente gravitan hacia los precios de producción como predice la teoría.

    Esto importa porque, como lo plantea el trabajo, dejar la lectura correcta de Marx “en el terreno de la argumentación conceptual mientras la lectura incorrecta ocupa ella sola el terreno de la medición” es una vulnerabilidad estratégica. Si no se puede mostrar que los precios reales se comportan como la teoría dice que deberían, la teoría sigue siendo un argumento filosófico, por más internamente consistente que sea.

    Pero antes de presentar ningún número, el trabajo dedica un espacio considerable a establecer que el proceso que Marx describió ocurrió efectivamente en la historia. Esto no es un apéndice; es una parte fundacional del argumento.

    Antes del capitalismo

    En las sociedades precapitalistas, el intercambio estaba regulado por el tiempo de trabajo — no porque alguien impusiera una teoría, sino porque las condiciones materiales lo hacían así. El trueque predominaba, la inflación no existía, y los precios solo podían reflejar los costos de producción dada la tecnología disponible. La evidencia de la antropología (los estudios de Malinowski sobre las islas Trobriand), la sociología (Mauss sobre el don), la historia de la contabilidad (el análisis de Kula sobre los registros de las haciendas feudales) e incluso la paleogenómica convergen: los objetos se valoraban en proporción al trabajo que incorporaban.

    La transición

    La disolución de las relaciones feudales, la monetización del intercambio y la destrucción de los marcos normativos preindustriales crearon las condiciones para que el capital se moviera libremente entre industrias. El trabajo de Thompson sobre la “economía moral” documenta cómo la nueva ideología de libre mercado tuvo que imponerse violentamente, destruyendo protecciones consuetudinarias y creando una relación de explotación sin precedentes.

    El capitalismo establecido

    Una vez destruidas las barreras a la movilidad del capital, el capital fluýo del comercio hacia la industria persiguiendo mayores ganancias, y la competencia generalizada forzó una redistribución de la plusvalía total entre sectores. La crisis de 1873 — que destruyó casi la mitad de los altos hornos en los principales países productores de hierro — se presenta como evidencia concreta del mecanismo: las empresas cuyos costos todavía se basaban en métodos más antiguos e individualmente más intensivos en trabajo quebraron al no poder competir con los precios de producción que dictaba la tecnología moderna.

    En lenguaje llano

    Los precios de producción no aparecieron el día en que alguien escribió una ecuación. Aparecieron el día en que el capital pudo moverse libremente de una industria a otra persiguiendo la mayor ganancia — lo cual no ocurrió hasta que se destruyeron las barreras legales, morales y políticas. Antes de eso, las cosas se intercambiaban aproximadamente según el trabajo que costaban, y hay evidencia más que suficiente — etnográfica, contable, arqueológica y genética — para mostrarlo.

    ¿Qué es exactamente un precio de producción?

    Aquí el trabajo entra en su territorio más original desde el punto de vista técnico. El autor separa cuidadosamente dos cosas que no deben confundirse:

    Qué es un precio de producción (el explanandum): es el valor esperado, sobre la distribución de las perturbaciones económicas, del promedio temporal de largo plazo de los precios de mercado. En lenguaje llano: es el centro de gravedad alrededor del cual giran los precios de mercado reales. No el precio al que llegan y en el que se quedan (eso sería el equilibrio), sino el promedio alrededor del cual nunca dejan de oscilar.

    Concepto clave

    El precio de producción no es un equilibrio eterno y atémporal (el error del enfoque simultaneista y de la economía walrasiana, que toma la ley como tal para el todo y elimina el tiempo) ni tampoco un caos de precios sin ley (el error del empirismo, que se queda en el nivel de los precios individuales y pierde la ley). Es la ley de la totalidad realizándose a través de la contingencia de las partes.

    Cómo funciona cada paso del proceso (el explanans): una regla que determina el precio de mercado de este año a partir del precio de mercado del año anterior y del precio de producción latente del año anterior, y de nada más. Esto se modela como un proceso de Ornstein-Uhlenbeck jerárquico — una cascada de tres niveles en la que el precio de producción es él mismo un estado latente con su propia dinámica que gravita hacia el valor, y los precios de mercado gravitan hacia ese estado latente y no hacia un índice fijo y ruidoso.

    La incertidumbre está incorporada explícitamente al modelo: incertidumbre en la tasa media de ganancia, incertidumbre en el capital adelantado, incertidumbre en la desagregación de las cuentas nacionales en 37 sectores (tratada mediante imputación múltiple con 25 imputaciones combinadas por la regla de Rubin), e incertidumbre paramétrica estimada mediante métodos bayesianos de Monte Carlo por cadenas de Márkov.

    Un punto crucial: ninguna magnitud se obtiene resolviendo un sistema simultáneo. El valor se construye empírica y directamente como $V = c + v + p$ (costo más plusvalía), y el precio de producción como $\Phi = c + K \cdot G’$ (costo más capital por la tasa general de ganancia). No hay inversa de Leontief ni álgebra simultaneista en ningún punto de la construcción.

    En lenguaje llano

    Piense en un precio de producción como el “centro gravitacional” de un objeto que gira. El objeto (un precio de mercado) nunca deja de moverse — se tambalea, oscila, deriva — pero con el tiempo su posición promedio es atraída hacia ese centro. La matemática describe tanto qué es ese centro como cómo ocurre cada tambaleo, y lo hace dando cuenta honestamente de toda la incertidumbre de la medición.

    Las ecuaciones que lo definen: de la (9) a la (11)

    Aquí la metáfora se vuelve matemática. El trabajo escribe la definición de un precio de producción en tres pasos sucesivos — cada uno explicitando un supuesto que el anterior dejaba implícito — numerados (9), (10) y (11) en el texto original. Ninguna de las tres genera por sí sola una trayectoria; juntas definen el explanandum — qué es el objeto — que la cascada de más abajo después genera.

    Ecuación 9 — Qué es un precio de producción
    $$ \lim_{t\to\infty} E\!\left[\varphi^i_t\right] \;=\; k^i_t + K^i_t\, E\!\left[G'(t,X)\right] \;=\; \Phi^i_t $$

    Aquí $\varphi^i_t$ es el precio de mercado de la mercancía del sector $i$ en el horizonte temporal $t$, $k^i_t$ es su precio de costo (capital constante consumido más capital variable), $K^i_t$ es el capital total adelantado, y $G'(t,X)$ es la tasa general de ganancia — ella misma un proceso estocástico indexado por una perturbación $X$ que agrupa el éxodo de capitales entre ramas y la innovación tecnológica.

    En palabras: un precio de producción es el límite de largo plazo del promedio del precio de mercado. No el precio mismo en ningún instante — eso sigue oscilando para siempre — sino el punto en el que se asienta su promedio temporal a medida que el horizonte se estira. Nótese el objeto del lado derecho, $k + K \cdot E[G’]$: es la misma identidad contable presentada antes (precio de costo más la tasa media de ganancia aplicada al capital adelantado), solo que ahora la tasa de ganancia se escribe como una esperanza, porque fluctúa.

    Ecuación 10 — Explicitando el promedio
    $$ \Phi^i_t = \lim_{t\to\infty} E\!\left[\varphi^i_t\right] = \int_{-\infty}^{\infty} \!\left(\lim_{t\to\infty} \varphi^i_t(x)\right) f_X(x)\, dx \;=\; k^i_t + K^i_t \int_{-\infty}^{\infty} G'(t,x)\, f_X(x)\, dx $$

    $f_X$ es la densidad de probabilidad de $X$. La ecuación dice que la esperanza es un promedio sobre cada estado posible $x$ de la turbulencia del sistema, ponderado por cuán probable sea ese estado.

    La ecuación (10) se gana su lugar al legitimar un movimiento sutil: intercambiar el orden del límite y la esperanza. Eso parece inocuo, pero esconde una pregunta real — ¿converge siquiera el precio de mercado $\varphi^i_t$ a algo cuando $t \to \infty$? La respuesta del trabajo es que no: un sistema capitalista no se asienta en un punto fijo, se asienta en un ciclo límite — una oscilación perpetua. Entonces la convergencia que el argumento necesita no es la del precio instantáneo, sino la de su promedio temporal acumulado. Ese promedio sí converge, para casi todo estado del mundo, precisamente porque el sistema es ergódico — la fracción de tiempo que el ciclo pasa en cada región de su órbita se estabiliza. Esto es el teorema ergódico de Birkhoff haciendo, en lenguaje matemático, exactamente lo que Marx dice en lenguaje económico: el precio de producción no es el valor al que el precio de mercado llega y en el que se queda, es el promedio alrededor del cual nunca deja de oscilar. La oscilación no es un obstáculo para el promedio — es su condición de existencia.

    Por qué importa el orden de las operaciones

    El trabajo invoca el teorema de convergencia dominada de Lebesgue para justificar el intercambio de “límite del promedio” por “promedio del límite”. Esto exige acotar los precios de mercado con alguna envolvente integrable — económicamente, que ningún precio pueda crecer sin límite, cosa que garantizan los techos tecnológicos y la presión competitiva — y, de manera crucial, no exige que la convergencia sea uniforme entre sectores. La convergencia uniforme significaría que la competencia iguala las ganancias de manera instantánea e idéntica en todas partes, sin lugar para que un shock golpee más fuerte a una industria que a otra. La teoría de Marx dice lo contrario, y la matemática está construida para permitirlo.

    Ecuación 11 — Cuando el capital también es incierto
    $$ \Phi^i_t = \lim_{t\to\infty} E\!\left[\varphi^i_t\right] = \int_{-\infty}^{\infty}\!\!\int_{-\infty}^{\infty} \left[k^i_t + K^i_t(y)\, G'(t,x)\right] f_{X\mid Y}(x\mid y)\, f_Y(y)\; dx\, dy $$

    La ecuación (10) todavía trataba el capital adelantado $K^i_t$ como algo conocido con exactitud. La ecuación (11) abandona esa simplificación: $Y$ es una segunda variable aleatoria que porta el error de estimación de $K$, con densidad $f_Y$, y $f_{X \mid Y}$ permite que la perturbación de la tasa de ganancia dependa de qué realización de ese error ocurrió. El objeto es el mismo doble promedio — solo que ahora la incertidumbre se propaga desde dos fuentes en lugar de una.

    Esta última ecuación no es un adorno matemático; es la razón por la cual la sección empírica dedica tanto esfuerzo a la imputación múltiple. Las cuentas nacionales no le entregan a nadie una medición limpia del capital adelantado por sector — hay que reconstruirlo a partir de datos incompletos, y esa reconstrucción carga su propio error. La ecuación (11) es la licencia para tratar ese error como una variable aleatoria que se promedia, y no como una molestia que se ignora. La incertidumbre se propaga de manera externa — mediante un generador fuera del propio modelo estadístico — en lugar de estimarse como un parámetro interno del modelo dinámico: estimar el error de $K$ adentro del modelo lo confundiría con el propio término de ruido de medición del modelo, abriendo una cresta de no identificación entre dos magnitudes que el dato por sí solo no puede distinguir. Mantenida afuera, primero se generan veinticinco reconstrucciones completas del dato, cada una respetando las identidades agregadas marxianas a precisión de máquina, se ajusta el modelo dinámico sobre cada una, y los veinticinco ajustes se combinan por la regla de Rubin. Eso es el promedio externo de la ecuación (11), calculado sorteando literalmente de la distribución de $Y$ en lugar de suponerla resuelta.

    El motor: una cascada de Ornstein–Uhlenbeck de tres niveles

    Las ecuaciones (9)–(11) definen el objetivo; no generan por sí solas un camino hacia él. El explanans — el mecanismo que efectivamente produce una trayectoria año a año consistente con ese objetivo — es un proceso de Ornstein-Uhlenbeck jerárquico de hasta tres niveles anidados, ajustado como un único programa de Stan (el mismo programa maneja uno, dos o tres niveles, lo cual garantiza que agregar niveles nunca pueda romper en silencio los casos más simples anidados adentro). Todas las series entran estandarizadas; el tiempo se discretiza año a año con el esquema de Euler–Maruyama.

    Nivel 1 — El precio de mercado
    $$ dev_{t,s} = \varphi_{t-1,s} – \Phi_{t-1,s} $$
    $$ \kappa^m_{t,s} = \kappa_{\mathrm{cap}} \cdot \mathrm{invlogit}\!\left(\kappa_s + \beta_1\, z^{TMG}_t\right) $$
    $$ \Delta\varphi_{t,s} = \kappa^m_{t,s}\!\left(-\,dev_{t,s}\right) \;+\; a_{3,s}\, dev_{t,s}^{\,3} \;+\; \gamma\, COM^{std}_{t,s} \;+\; \varepsilon_{t,s} $$

    Los subíndices $s$ (sector) y $t$ (año) corren en todo momento. $dev$ es la brecha del año anterior entre el precio de mercado y el precio de producción latente. $\kappa^m$ es la velocidad de reversión del sector, pasada por un enlace logit que la acota dentro de $(0,\, \kappa_{\mathrm{cap}})$ y permite que la tasa general de ganancia ($z^{TMG}$) la module sin jamás empujar al sistema fuera de la región estable de la discretización. $\varepsilon$ es una innovación de cola pesada (Student-t) con volatilidad estocástica, de modo que la volatilidad puede agruparse en el tiempo sin desestabilizar la media.

    Léase la línea del Nivel 1 como un resorte. El término $-\kappa \cdot dev$ es la fuerza restauradora: tira del precio de mercado de vuelta hacia el precio de producción con una fuerza proporcional a cuánto se ha desviado. El término cúbico $a_{3,s} \cdot dev^3$, con $a_{3,s}$ restringido a ser negativo por construcción — no estimado, impuesto — hace que esa fuerza restauradora crezca más que proporcionalmente cuando la desviación es grande: cuanto más se aleja el mercado, con más fuerza se lo trae de vuelta. Este es un supuesto de estabilidad declarado, no un hallazgo: garantiza que el modelo nunca pueda generar un régimen explosivo, al costo real de que si tal régimen existiera en algún sector de la economía real, esta especificación en particular no podría detectarlo.

    Niveles 2–3 — Donde el propio centro latente revierte
    $$ \mu_{s,t} = m_{0,s} + m_1\, G’_t + m_v\, V_{s,t} $$

    El precio de producción $\Phi$ no se trata como un índice fijo y observado; es él mismo un estado latente que revierte — más lentamente, con su propia velocidad sectorial $\kappa_p$ — hacia esta media $\mu$. $m_1$ es el canal que pasa por la tasa general de ganancia; $m_v$ es el coeficiente que mide cuán fuertemente el precio de producción rastrea al valor construido directamente $V_{s,t} = k + p$ (Nivel 3, y la razón por la cual la cascada llega hasta tres niveles en lugar de detenerse en dos).

    Éste es el puente de vuelta hacia las ecuaciones abstractas de más arriba, término a término. $\mu_{s,t}$ es el sustituto estimable del lado derecho de (9): $m_{0,s} + m_1 G’_t$ cumple el papel de $k + K \cdot E[G’]$, y $m_v V_{s,t}$ es la forma funcional específica elegida para el canal de anclaje al valor que la definición abstracta deja deliberadamente abierto (el trabajo se cuida de decir que la competencia capitalista como función de la estructura de valor está declarada al nivel de las ecuaciones 9–11, no derivada; darle la forma concreta $m_v V$ es una decisión de modelado tomada al nivel de la cascada, defendida por su desempeño en la validación y no deducida de la definición). Y la esperanza de $G’$ de la ecuación (9) tiene su contraparte operativa en la tasa de ganancia promediada sobre las veinticinco imputaciones múltiples — el mecanismo que habilita la ecuación (11).

    El coeficiente $m_v$ carga un peso teórico real: es el sustituto empírico de la afirmación del capítulo IX según la cual los precios de producción gravitan alrededor de los valores. Se le asigna una a priori neutral, $m_v \sim \mathcal{N}(0,\, 0.5)$ — centrada en cero, simétrica, que asigna igual plausibilidad a $m_v > 0$ y a $m_v < 0$ antes de ver ningún dato. Eso importa por la misma razón por la que importa una moneda justa en un experimento de tirar una moneda: si el dato no llevara ninguna señal, el posterior se quedaría donde lo puso la a priori, pegado a cero. No lo hace. Se ubica en $m_v \approx 1.0136$ con $P(m_v > 0) = 1$ — evidencia de que fueron los datos, y no la a priori, los que lo llevaron hasta ahí. El anclaje al valor se encuentra, no se impone en el diseño.

    En lenguaje llano

    La cascada son tres resortes apilados uno sobre otro. El precio de mercado está atado por un resorte al precio de producción latente, no observado. El precio de producción está atado por su propio resorte, más lento, a un blanco móvil que combina la tasa general de ganancia con el valor-trabajo medido directamente. Tire de cualquiera de los resortes y suéltelo: no salta a un punto fijo, se asienta en el tipo de oscilación perpetua y decreciente que las ecuaciones (9)–(11) describen como un promedio. Los resortes se estiman con sesenta y un años de datos reales de Estados Unidos, no se suponen; el coeficiente que ata los precios de producción a los valores, en particular, podía haber salido negativo o cero — el modelo le dio toda la oportunidad de hacerlo — y no salió.

    Qué dicen los números

    El núcleo empírico del trabajo es un panel de 37 ramas productivas de la economía de Estados Unidos a lo largo de 61 años, de 1960 a 2020. La hipótesis contrastada encierra tres relaciones distintas, y el trabajo es meticuloso en no conflarlas. Cada una se enuncia, se contrasta y se reporta por separado.

    Precio de mercado ↔ precio de producción: el eslabón más firme

    Esta es la relación con el respaldo estadístico más sólido, confirmada mediante seis líneas de evidencia independientes:

    Hallazgo central

    La gravitación existe, y es lenta. La velocidad mediana entre sectores es $\kappa_m = 0.0770$, equivalente a una vida media de aproximadamente 9 años. Los precios de mercado tardan cerca de una década en recorrer la mitad del camino de vuelta hacia su centro de precios de producción. Esto es consistente con la caracterización que hace Marx de la gravitación como una regulación tendencial y mediada, no un ajuste instantáneo.

    La cifra es notablemente estable bajo pruebas de estrés:

    • Quitar del panel cinco de los seis bloques productivos apenas mueve la estimación — se desplaza en la tercera cifra decimal. El sexto, que reúne 18 de los 37 sectores, sí produce un desplazamiento (de 9 años a 6 años), y el trabajo lo descompone: cerca de la mitad de la aceleración es el efecto genérico de achicar el panel a la mitad — arrancar 18 sectores al azar ya da 0.0929 — y no el bloque en sí.
    • Destruir el ancla de valor de tres maneras distintas — incluyendo permutar la plusvalía entre esferas — mueve la velocidad en la tercera cifra decimal. Esto es significativo: significa que la conclusión sobre la gravitación de mercado hacia producción no depende del vínculo menos robusto entre producción y valor.
    • El desvío de mercado tiene su propia firma dinámica. Comparado contra un paseo aleatorio igualado en varianza, tres de seis estadísticos separan limpiamente (la convergencia por sumas ponderadas alcanza una tolerancia de 0.01 mientras el nulo nunca alcanza una tolerancia diez veces más laxa; la laminaridad del análisis de recurrencia la triplica y la entropía de recurrencia la duplica). Los que no separan son el determinismo del análisis de recurrencia y los dos invariantes deterministas del caos — el exponente de Lyapunov y la dimensión de correlación — que el trabajo nunca pretendió encontrar.
    • La estimación es invariante ante decisiones metodológicas secundarias. Barrer el regularizador de latencia sobre tres valores produce vidas medias de 9 años en los tres brazos (velocidades de 0.0774, 0.0770, 0.0772).
    • El sesgo conocido de la desagregación empuja en contra del resultado. Partir una cifra nacional entre 37 ramas está subdeterminado y sesga las estimaciones de velocidad hacia abajo — lo que significa que la vida media verdadera probablemente sea de 7–8 años en lugar de 9. Un sesgo que juega en contra de la propia conclusión es uno con el que se puede convivir, porque el resultado se sostiene a pesar de él, no gracias a él.

    Precio de producción ↔ valor: la pata más débil

    Esta es la parte más débil del argumento empírico, y el trabajo lo declara con total transparencia. El problema no es un defecto del instrumento sino una propiedad del objeto:

    Transparencia metodológica

    El coeficiente de acoplamiento estimado dentro del modelo dinámico es $m_v = 1.0136$ con un intervalo creíble al 95% de $[1.0096,\; 1.0176]$ — pero el mismo procedimiento devuelve 1.0365 cuando la plusvalía se permuta entre esferas, preservando todos los agregados anuales. ¿Por qué? Porque el precio de producción y el valor comparten el precio de costo, que explica el 66.1% de la varianza del primero y el 72.0% de la del segundo, y su correlación en niveles es 0.9987. El coeficiente se ubicaría cerca de uno incluso si la ley del valor no rigiera en absoluto. Por eso el trabajo lo reporta como un control de consistencia, no como evidencia.

    El respaldo real de esta relación viene de contrastes transversales, no del acoplamiento dinámico. Cuando se remueven las tendencias temporales comunes y el análisis se hace dentro de año, la pendiente del recargo sobre la plusvalía propia es 0.675 con el dato verdadero contra 0.090 bajo permutación, con intervalos que ni siquiera se acercan a solaparse. El ordenamiento sectorial de la cuña entre $\Phi$ y $V$ tiene una correlación de rangos interanual de 0.986 y un valor a sesenta años de 0.558 — estructura muy persistente, no ruido.

    Un hallazgo colateral que vale la pena señalar: el coeficiente de variación de las tasas de ganancia sectoriales es 0.669 — lo que significa que las tasas de ganancia entre industrias muestran una dispersión considerable y persistente. Lejos de contradecir la teoría, esta dispersión es la condición de existencia del mecanismo: si las tasas de ganancia ya estuvieran igualadas, no habría diferencial que impulsara la migración de capitales, y la gravitación no tendría sobre qué operar. Marx postula la igualación como una tendencia, no como un hecho consumado.

    Precio de mercado ↔ valor: sostenida en su forma, ajustada en su existencia

    La modificación estructural entre sectores existe y es no lineal (el escalón de no linealidad se sostiene con holgura a 6.8 desvíos nulos). Pero el escalón de existencia queda ajustado: el 44% de su ganancia se obtiene por igual con características sectoriales desemparejadas de sus esferas, y la brecha contra el máximo nulo es del orden de un error estándar apareado. Los coeficientes sobreviven a una corrección deliberadamente severa por dependencia serial (triplicando el error).

    El instrumento detrás de esa cifra: una escalera anidada en gdpar

    Ese contraste es una pequeña escalera de modelos de regresión distribucional anidados, ajustada con gdpar (Gómez Julián, 2026b), el paquete de R del propio autor para regresión de parámetros distribucionales generalizados, publicado en CRAN el 15 de julio de 2026. La escalera sube desde un modelo desnudo — “el cociente mercado-valor no tiene ninguna corrección específica por sector” — pasando por un modelo en el que la composición orgánica, la participación salarial y el tamaño del sector desplazan ese cociente linealmente, hasta un modelo en el que la corrección es un spline flexible en lugar de una recta. Importan dos ganancias, medidas en unidades de densidad predictiva: agregar la corrección lineal compra 207.3 unidades; dejarla curvarse compra otras 215.1. Ambas se sometieron a un control diseñado para ser difícil de aprobar — barajar qué sector recibe las características de cuál, 99 veces, reajustando cada vez, con los nudos del spline fijos en cada barajado para que la comparación no pueda ganarse solo con una mejor base. La ganancia de curvatura supera su nulo con holgura (6.8 desvíos estándar nulos; el mejor de los 99 barajados llega apenas a 114.8 contra 215.1 observadas). La ganancia de existencia se reporta honestamente como más delgada: los sectores barajados igual compran cerca del 44% de la ganancia real con solo tener alguna característica que ajustar — tres covariables más un intercepto le dan al modelo margen para acomodarse al ruido aunque no se le esté diciendo nada cierto — de modo que el margen genuino sobre el nulo queda en alrededor de un error estándar apareado (23.2, contra una brecha de unas 24 unidades). Ambas cifras se reportan juntas, precisamente para que la grande no se lea sola.

    Una especificación complementaria, estimada en el mismo ajuste de gdpar, hace la misma pregunta sobre la dispersión en lugar de la ubicación: no dónde está centrado el cociente mercado-valor, sino cuán apretado se agrupa. Los sectores más grandes y los de mayor composición de capital muestran sistemáticamente menos dispersión relativa — elasticidades de $-0.226$ y $-0.104$ — consistente con que la igualación opera con más eficacia donde el capital está más concentrado. Ambos efectos superan un “factor de ruptura” (el múltiplo del error estándar en el que el intervalo al 95% recién tocaría el cero) de más de seis y cuatro respectivamente, por encima del techo de 2.94 alcanzado en cualquier otro coeficiente de ubicación de este trabajo, y el hallazgo se reproduce bajo una familia de verosimilitud completamente distinta (una gamma sobre el cociente de precios) con una diferencia de apenas 5.2%.

    Tres fracasos que confirman la teoría

    Uno de los rasgos intelectualmente más llamativos de este trabajo es cómo maneja resultados que, a primera vista, se ven mal para su tesis. Hay tres, y el trabajo los reporta todos sin suavizarlos — y después muestra deductivamente por qué cada uno era esperable si la teoría es correcta.

    Resultado negativo núm. 1

    El modelo no predice fuera de muestra mejor que un paseo aleatorio. Pero esto estaba deductivamente implicado por la forma lenta de la tesis. A un horizonte mucho más corto que la vida media, un proceso de reversión a la media es, en primer orden, un paseo aleatorio. Si algo tarda una década en recorrer la mitad del camino de vuelta, mirar un solo año no alcanza para verlo regresar.

    Resultado negativo núm. 2

    El término de valor es predictivamente indistinguible. Esto también se sigue del acoplamiento lento entre precios de producción y valores: con vidas medias del orden de décadas y solo 61 años de datos, las pruebas univariadas de raíz unitaria están estructuralmente subpotenciadas.

    Resultado negativo núm. 3

    Ninguna prueba univariada separa la cuña verdadera de sus placebos permutados. Pero esto se predijo antes de medir, por la propia persistencia del ordenamiento sectorial (correlación de rangos interanual de 0.986). Una serie de tiempo muy persistente es difícil de distinguir de su versión permutada usando pruebas diseñadas para memoria más corta.

    Encontrar estas firmas es corroboración de la forma lenta de la tesis, y no encontrarlas habría sido el verdadero problema. — Gómez Julián, sobre los resultados negativos

    Vale la pena destacar la postura del trabajo al respecto: “Lejos de refutar la tesis, los tres están deductivamente implicados por su forma lenta”. Un único mecanismo (la gravitación lenta) explica tanto la tesis sustantiva como todos los resultados aparentemente negativos, y además sobrevive en el posterior validado. “Que una única causa explique la tesis y todos los resultados aparentemente negativos, y que además sobreviva en el registro validado, es lo contrario de una petición de principio: es una narrativa unificada, falsable y validada internamente”.

    El temporalismo no es una preferencia — es una condición de medición

    Quizá el resultado más trascendente de todo el trabajo no es un número sino un enunciado sobre qué puede y qué no puede medirse. Se refiere al “modulador” — el componente del argumento de Marx en el cual la tasa general de ganancia entra dentro de la modificación estructural de cada esfera, es decir, en el cual el desvío de cada esfera no es independiente de la referencia sino engendrado por ella.

    El argumento de identificabilidad

    Cuando el modelo se corrió con una tasa general de ganancia única y fija para los 61 años (como exigiría un enfoque simultaneista), el posterior exhibió una cresta plana: dos bases funcionales completamente distintas (un polinomio de grado dos y una base de splines) produjeron la misma patología hasta la tercera cifra decimal, con un tamaño de muestra efectivo de apenas seis sorteos. El diagnóstico empeoraba con más muestreo (el R-sombrero subía de 1.33 a 1.73). Esta es la firma inconfundible de una dirección en el espacio de parámetros a lo largo de la cual la verosimilitud no cambia.

    La causa es teórica, no computacional. Con una referencia única, el modulador solo puede identificarse evaluado en ese punto — un número, no una función sobre el espacio de referencias. No se pueden estimar tres coeficientes de un polinomio con un solo dato.

    Cuando se dejó que la referencia variara año a año (61 tasas generales de ganancia distintas), el modelo convergió en cuestión de minutos, con una gran mejora tanto en tiempo como en tamaño de muestra efectivo, y cero divergencias.

    Con nombre propio, no improvisado: los teoremas 1A y 1E

    Este diagnóstico no es una lectura ad hoc de un muestreador que se porta mal. gdpar (Gómez Julián, 2026b) — el mismo paquete detrás de la escalera anidada de más arriba — incluye un resultado formal de identificabilidad para exactamente esta situación. Su Teorema 1A establece que, con una referencia única y fija, un modulador distribucional se identifica solo en ese punto: como un número, no como una función sobre el espacio de referencias posibles. El Teorema 1E es la contraparte positiva: dejar que la referencia varíe restituye la identificabilidad del modulador como función. Ajustar un polinomio de grado dos (tres coeficientes) o una base de splines de cinco nudos (cinco coeficientes) contra una única referencia inmóvil pide más de lo que un solo dato en esa dimensión puede sostener — que es exactamente el aspecto que tiene una cresta plana de verosimilitud desde el lado del muestreador.

    Las cifras exactas detrás de la mejora: una referencia fija con un polinomio de grado dos da un R-sombrero de 1.7333, un tamaño de muestra efectivo de 6, y 8 transiciones divergentes en 39 minutos; una base de splines de un nudo reproduce la misma patología — R-sombrero 1.7335, tamaño de muestra efectivo 6, 14 divergencias, 5.6 horas. Dejar que la referencia varíe año a año (61 valores anuales distintos de la tasa general de ganancia), centrando el componente aditivo y subiendo el parámetro de adaptación del muestreador a 0.99, da un R-sombrero de 1.0035, un tamaño de muestra efectivo de 1332, y cero transiciones divergentes — en 2.9 minutos. Esa es la mejora de factor 115 en tiempo y factor 222 en tamaño de muestra efectivo mencionada arriba, y es un teorema, no un truco de ajuste: ninguna cantidad de muestreo adicional cierra esa brecha bajo una referencia fija, porque el objeto que se pide — el modulador como función — sencillamente no está ahí para encontrarlo.

    La consecuencia se enuncia con precisión: con una única tasa general de ganancia fija obtenida al resolver el sistema simultáneamente, la afirmación del capítulo IX del tomo III de El Capital es inverificable por construcción. No es que los datos sean insuficientes — el objeto no está identificado, y ninguna cantidad de datos lo identificaría. El argumento no establece que el simultaneismo sea falso como descripción del capitalismo (eso lo establecen la historiografía y la sociología); establece que un procedimiento simultaneista no puede, ni siquiera en principio, constatar empíricamente la parte específica del argumento de Marx que este trabajo estima.

    En lenguaje llano

    Marx dice: primero se forma una tasa general de ganancia, y después cada industria se desvía de ella según cuán intensiva en capital sea. Para comprobar si ese desvío depende de la tasa general, hay que ver qué le pasa al desvío cuando la tasa general cambia. Si se calcula una sola tasa general para los sesenta y un años, la tasa general nunca cambia, y no hay nada que observar. Eso es exactamente lo que pasa: el modelo con una tasa fija no converge — no por limitaciones computacionales, sino porque se le está pidiendo medir una relación con una sola observación de una de las dos variables. Calculando una tasa por año — que es lo que la lectura temporal de Marx sostiene que hay que hacer — el mismo modelo converge en tres minutos.

    Qué es esto, y qué no es

    El trabajo es cuidadoso, casi minucioso, respecto de los límites de lo que afirma. Esta sección importa porque un lector que venga del lado “pro-Marx” o “anti-Marx” podría sentir la tentación de sobre-leer los resultados. El autor no se lo permite.

    Lo que la evidencia autoriza a afirmar: en Estados Unidos entre 1960 y 2020, los precios de mercado gravitan hacia los precios de producción con una vida media de orden decenal y sectorialmente heterogénea, y esa velocidad sobrevive a tres agresiones independientes (quitar cinco de los seis bloques productivos, destruir el ancla de valor, variar decisiones metodológicas secundarias). Este es un hecho medido, calibrado y falsable.

    Lo que la evidencia no autoriza a afirmar:

    • No se afirma superioridad predictiva (el modelo no mejora el pronóstico fuera de muestra sobre un paseo aleatorio, cosa que era esperable).
    • No se afirma que las pruebas univariadas de raíz unitaria confirmen la gravitación (están estructuralmente subpotenciadas a esta escala temporal).
    • No se afirma unicidad ni novedad categórica. El aporte es la integración explícita y la canonización de una cascada de gravitación lenta con anclaje de valor, medida sobre datos reales, con la incertidumbre propagada, validada, y sometida a un diagnóstico cuyos resultados desfavorables se reportan junto con los favorables.
    • No se afirma que esto demuestre estadísticamente la ley del valor, “y no por prudencia retórica sino porque sería falso: una serie de precios puede mostrar que una magnitud se comporta como la ley predice, y no puede explicar por qué esa magnitud existe ni si la categoría con que la nombramos es la correcta”.

    Ese último punto es el compromiso epistemológico más profundo del trabajo. Las preguntas sobre si “valor” es la categoría correcta para lo que los precios en última instancia miden no las responde ninguna serie de precios, por larga que sea. Las responden la historia, la sociología y la filosofía — y la respuesta firme es la que se obtiene cuando las cuatro disciplinas (esas tres más la estadística) apuntan en la misma dirección. La convergencia de las cuatro dimensiones es el argumento, no ninguna de sus patas por separado.

    El trabajo también aborda la homología que unifica sus dos mitades aparentemente dispares — el primer capítulo historiográfico-filosófico y el segundo capítulo econométrico. La relación entre necesidad y contingencia que gobierna la transición del feudalismo al capitalismo (donde el mismo shock demográfico produjo resultados opuestos en distintas regiones de Europa) es estructuralmente idéntica a la relación entre los precios de producción y los precios de mercado. Una ley determina el centro; las circunstancias determinan cada resultado particular. Ningún hecho niega al otro, porque describen niveles distintos de la misma realidad.

    Lo que todo esto suma

    Esta es la versión más simple de lo que establece este trabajo de 260 páginas:

    A Marx se lo reprochó durante un siglo por haber hecho mal una cuenta aritmética. Lo que pasó es que se rehizo esa cuenta bajo un supuesto que Marx nunca hizo: que los precios de las cosas que se compran para producir y los precios de las cosas que salen de la producción son los mismos precios, fijados en el mismo momento. Si se supone eso, las cuentas de Marx efectivamente no cierran. Pero ese supuesto equivale a decir que la economía no ocurre en el tiempo. En cuanto se acepta que lo que sale de la fábrica este año es lo que entra a la fábrica el año que viene, las cuentas cierran sin que nadie tenga que arreglar nada. — Gómez Julián, resumen para el lector

    Pero reconocer el error conceptual fue solo la primera mitad. Lo que faltaba — y lo que este trabajo aporta — es hacer esas cuentas con datos reales en lugar de con ejemplos numéricos ficticios, que es lo que la escuela que tenía la lectura conceptual correcta nunca había hecho.

    Los resultados empíricos muestran que los precios de la economía estadounidense a lo largo de seis décadas sí se comportan como predice la teoría: gravitan, lentamente, hacia precios de producción calculados con la teoría de Marx y ninguna otra. Este hallazgo sobrevivió a todos los ataques que el autor pudo idear — quitar sectores productivos, destruir el ancla de valor, permutar plusvalías, variar decisiones metodológicas, y correr diagnósticos cuyos resultados desfavorables se reportan en su totalidad junto con los favorables.

    La parte del argumento que vincula los precios de producción con los valores-trabajo también está respaldada por evidencia real, aunque con menos firmeza, y el trabajo dice exactamente dónde están los puntos débiles y por qué son propiedades del objeto, no defectos del instrumento.

    Y el trabajo no pretende haber demostrado la ley del valor con una serie de números, porque “preguntas de ese tipo no se contestan con números: se contestan con historia, con sociología y con filosofía, y la respuesta firme es la que se obtiene cuando las cuatro cosas (las tres anteriores, junto con la estadística) apuntan al mismo lugar”.

    Esa convergencia no vuelve eterno al resultado — mejor evidencia puede revertirlo mañana. Pero por ahora lo convierte en “nuestra mejor aproximación posible a la verdad”.

    — — —

    “En la ciencia como en la vida, superar la adversidad es lo que nos hace verdaderamente fuertes”.

    Esta entrada resume la introducción, las conclusiones y el capítulo formal-empírico (§2.4) de Gómez Julián, J. M. (2026). Algunas Reflexiones sobre los Precios de Producción de Marx: Historicidad de la Ley del Valor, Fundamento Dialéctico-Materialista y Formalización Dinámica Bajo Incertidumbre. Zenodo. https://doi.org/10.5281/zenodo.21842103. El trabajo completo abarca aproximadamente 260 páginas en dos capítulos que recorren filosofía, historiografía, formalización matemática y econometría empírica. Las ecuaciones (9)–(11) y la especificación del modelo citadas aquí reproducen la notación de ese capítulo; gdpar se cita por separado como Gómez Julián (2026b).

    Escrito para el curioso. Es una invitación a leer.

  • BREVES ANOTACIONES SOBRE EL PAPEL DE LA VIOLENCIA EN EL SURGIMIENTO DE LA FORMACIÓN ECONÓMICO-SOCIAL CAPITALISTA Y SU CONSOLIDACIÓN COMO MODO DE PRODUCCIÓN

    BREVES ANOTACIONES SOBRE EL PAPEL DE LA VIOLENCIA EN EL SURGIMIENTO DE LA FORMACIÓN ECONÓMICO-SOCIAL CAPITALISTA Y SU CONSOLIDACIÓN COMO MODO DE PRODUCCIÓN

    ISADORE NABI

    Karl Marx:

    “Pero la acumulación de capital presupone plusvalía; la plusvalía presupone la producción capitalista; la producción capitalista presupone la preexistencia de masas considerables de capital y de fuerza de trabajo en manos de los productores de mercancías. Todo el movimiento, por tanto, parece girar en un círculo vicioso, del que sólo podemos salir suponiendo una acumulación primitiva (la acumulación previa de Adam Smith) que precede a la acumulación capitalista; una acumulación que no es el resultado del modo de producción capitalista, sino su punto de partida (…) La llamada acumulación primitiva, por lo tanto, no es más que el proceso histórico de divorciarse del productor de los medios de producción. Aparece como primitivo, porque forma la etapa prehistórica del capital y del modo de producción que le corresponde.”

    Andre Gunder Frank. World Accumulation, 1492-1789. 7. Conclusions: On So-called Primitive Accumulation, 7.4. On Unending Class Struggle in Accumulation, p. 267-271.

    El proceso desigual y desnivelado de acumulación fue a la vez causa (en un primer momento) y consecuencia (posteriormente como proceso retroalimentativo) de la creciente diferenciación de las fuerzas y relaciones productivas, y éstas de las diferencias en la composición e intereses de clase. Por ejemplo (…) variaciones relativamente menores en las circunstancias productivas y sociales entre Europa oriental y occidental a finales de la Edad Media permitieron, no obstante, durante la expansión económica del siglo XVI, el declive de la servidumbre y el desarrollo de las manufacturas en Europa en algunas partes de Occidente, mientras generaba o reforzaba una clase de terratenientes en Oriente cuyos intereses se oponían a un desarrollo similar y estaban ligados en cambio a la producción de productos básicos para la exportación. Para la producción de éstos, en ausencia de suficiente oposición urbana, forzaron con éxito al campesinado a una segunda servidumbre. La división del trabajo generó el desarrollo de clases poderosas de empresarios y funcionarios productivos, comerciales, políticos y militares (la distinción a menudo era difícil de hacer) cuyos intereses económicos inmediatos estaban ligados a la producción y el comercio con Europa a expensas de las masas de la población local y, en consecuencia, estas regiones no experimentaron ningún desarrollo autónomo y sufrieron el desarrollo del subdesarrollo de la misma manera que Asia y otras partes de África más tarde. Menos claro es cómo y por qué estos intereses metropolitanos y locales lograron imponerse a sí mismos y su orden económico, social y político con tanto éxito, a pesar de la oposición frecuente, si no constante, de los sectores oprimidos y explotados de la población (su oposición pasiva, activa y violenta, con algunas excepciones, no ha sido registrada en gran medida por los grupos gobernantes que han escrito la historia). En Europa misma, el proceso de diferenciación y generación de intereses en conflicto estuvo, por supuesto, lejos de ser uniforme y contribuyó a una agitada historia de conflictos internos y externos.

    Como observó Marx, la fuerza y ​​la violencia fueron las comadronas de todo el proceso de acumulación originaria de capital. Gran parte de esta fuerza y ​​violencia fue organizada e institucionalizada por el Estado, cuya principal razón de ser ha sido y sigue siendo el subsidio asociado de una clase social y sector a expensas de otro. Aunque quizás todavía insuficientemente estudiado, la importancia del Estado en el sistema colonial, tanto en la patria como en la colonia, y en el sistema mercantil asociado y las guerras comerciales es intuitivamente evidente. Pero, como Adam Smith, si no todos los que lo reconocen como el padre de su disciplina, lo enfatizaron y Marx volvió a reiterarlo, el surgimiento y la acción del Estado jugaron un papel igualmente esencial en el desarrollo del capitalismo “doméstico” o “nacional” imponiendo la separación de los productores de sus medios de producción y la provisión de una fuerza de trabajo capaz de producir plusvalor, por no decir extra, plusvalía, o mediante la provisión de leyes y medidas que faciliten la realización de plusvalía por el capital. El desarrollo del Estado, y particularmente del Estado absolutista en el siglo XVII, no tuvo lugar hasta que fracasaron los intentos de construir un imperio, especialmente de los Habsburgo (…) Pero en la medida en que este sea el caso, también se puede sugerir (aunque Wallerstein dice que era intrínsecamente imposible) que el fracaso del imperio mismo fue en parte ocasionado inmediatamente por el fin de la expansión económica. Del mismo modo, se puede sugerir que el surgimiento del Estado fuerte con una soberanía nacional más limitada fue el resultado de la depresión económica en el siglo XVII, y en Francia ya en parte del siglo XVI. Esto impuso el atrincheramiento económico y exacerbó el conflicto económico, social y político dentro de las regiones vecinas y los grupos socioeconómicos al mismo tiempo que los convirtió en rivales por oportunidades más limitadas de aquellos en otras naciones en formación. Luis XIV y Colbert, por un lado, y Cromwell y el Parlamento Largo, por el otro, representaron los resultados de la depresión del siglo XVII, aunque no representaron las únicas soluciones posibles. Las políticas “nacionalistas” de sus estados fueron la respuesta, en tiempos de dificultades económicas, de compromiso y arbitraje entre grupos de interés económicos en pugna y la conversión de los intereses del ganador en política estatal y nacional. Esto fue más claramente visible en las alianzas internacionales cada vez más motivadas comercialmente y en las guerras anglo-neerlandesas, anglo-francesas e hispánicas de los siglos XVII y XVIII. Los capítulos 2 y 3 (relativos a la depresión del siglo XVII y la economía política del ciclo de expansión y rivalidad, respectivamente) distinguen entre estas entre guerras “ofensivas”, o campañas militares y diplomacia internacional durante o inmediatamente después de períodos de auge económico, y guerras “defensivas”, durante períodos de recesión económica y depresión. El lugar de las guerras “religiosas” y de sucesión dinástica, así como de todas las guerras, en el proceso mundial de acumulación de capital necesita, por supuesto, necesita mucho más estudio.

    La relación del conflicto ideológico y religioso con el proceso de acumulación de capital, y con su incidencia y ritmo desiguales, también requiere un estudio más sistemático. En el contexto del materialismo histórico, el argumento de R. H. Tawney en Religion and the Rise of Capitalism (1947) de que las condiciones de este último proporcionan el contexto del primero, es más persuasivo que el de Weber en The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism (1958) de que el primero genera el segundo. He argumentado (1974, 1978) cuán insatisfactoria es esta tesis de Weber en contraste con el análisis de las relaciones de producción e intercambio en el proceso de acumulación de capital. Así, si judíos y protestantes estuvieron en Europa asociados a la expansión económica (aunque no por razones de su “ética”), su expulsión aquí y allá, y la Contrarreforma en uno u otro principado, parecería haber estado inmediatamente relacionada con la contracción económica y/o dominio renovado de los intereses territoriales y/o contracción económica[1]. Que la rebelión y la revolución están relacionadas con alteraciones en la composición de clase que surgen de cambios en las fuerzas y relaciones de producción, y en particular que a menudo son desencadenadas por crisis económicas, está ampliamente documentado, pero no analizado sistemáticamente en el contexto del proceso de acumulación como un todo. Las revoluciones inglesa, francesa y estadounidense de los siglos XVII y XVIII, analizadas en los capítulos 2 y 5 (relativos a la depresión del siglo XVII y a la depresión y revolución del período 1762-1789, respectivamente), sin mencionar las revoluciones y contrarrevoluciones posteriores y contemporáneas, están relacionadas con tales crisis económicas y políticas.

    Observar y argumentar que estos eventos políticos e ideológicos superestructurales no son arbitraria o simplemente autodeterminados, sino que durante siglos han sido partes determinadas de la incidencia y el ritmo desiguales del proceso de acumulación de capital, y esto, además, no solo a escala local o nacional sino a escala mundial, no niega que a su vez ejerzan influencias cualitativamente cruciales y de largo alcance sobre este proceso de acumulación y su “infraestructura”. Por ello, el argumento central al respecto es que los movimientos políticos e ideológicos, así como los culturales y científicos, son decisivos para el proceso económico[2]. Una de mis hipótesis al respecto (presentada en los capítulos 2 y 5) es que la incidencia de grandes invenciones científicas y técnicas, así como de “revolución” filosófica y artística, es coincidente y generada o acelerada por la crisis economía (y por ello, también crisis política). Tal vez el avance científico y cultural gradual acumulativo sea alimentado y logrado durante los períodos de expansión económica, a cuya continuación también pueden ayudar a contribuir. Pero mi hipótesis es que las “revoluciones kuhnianas[3]” en los paradigmas científicos, filosóficos o culturales surgen directa o indirectamente de la crisis económica en la que “la necesidad es la madre de la invención”. En los capítulos 2 y 5 sugiero que la revolución científica del siglo XVII asociada con Galileo, Leibniz, Descartes y otros y la revolución tecnológica de finales del siglo XVIII asociada con Watt, Arkwright, Ely y otros fueron en parte crisis económicas generadas por intentos en la reducción de los costos de producción y la expansión de las fronteras económicas bajo limitaciones económicas.

    Aunque hay alguna evidencia de investigación tecnológica patrocinada y financiada por el Estado y otras instituciones (y el establecimiento de sociedades e institutos científicos) asociada con la crisis del siglo XVII, el hecho de que muchos de los principales avances científicos y tecnológicos en ese entonces y desde entonces provinieran de “outsiders” extra- institucionales (Einzelgänger, autodidacta) parecerían dar aún más plausibilidad a mi hipótesis ya que son ellos los que están particularmente convulsionados por la agitación de los tiempos, y por eso son outsiders.

    Mi hipótesis es que la crisis económica también se vuelve indirectamente efectiva a través de la crisis política que engendra y este efecto es particularmente fuerte en aquellos individuos (también solitarios o rebeldes) que sugieren los avances revolucionarios en la filosofía y las artes, así como en las ciencias. La mayor parte del Renacimiento coincidió con la crisis o crisis de los siglos XIV y XV, y muchas de sus figuras más importantes se movieron políticamente por ello (aunque el “Alto Renacimiento” en Italia coincidió con lo que aparentemente ya era un período de auge económico). Pero muchas de las principales figuras de la renovación filosófica y artística del siglo XVII y de la Ilustración de finales del siglo XVIII trabajaron y ganaron aceptación en tiempos de crisis económica y política. De manera similar, puede decirse que las “revoluciones” científicas, filosóficas y culturales de los siglos XIX y XX ocurrieron durante períodos de crisis económicas y políticas particulares, o que fueron generadas por ellos, y por la mediación de mentes particularmente agitadas por estas crisis. El trabajo de tales mentes, a su vez, ha tenido una influencia de largo alcance en el curso de la historia humana y en el proceso de acumulación de capital posterior. Hasta cierto punto, incluso la interpretación y escritura “revolucionaria” de la historia ha tenido y puede tener alguna influencia en el curso de la historia misma.


    [1] Un argumento relacionado se encuentra en la obra de Wallerstein The Modern World-System. Vol. I. Capitalist Agriculture and the Origins of the European World-Economy in the Sixteenth Century (1974).

    [2] Entendiendo esto como una retroalimentación de lo económico para sí (usando la terminología hegeliana), puesto que lo superestructural es un reflejo de lo económico, aunque no un reflejo pasivo.

    [3] Relativas a Thomas Kuhn.

  • UN COMENTARIO SOBRE “¿Formadores de precios o interdependencia?”

    UN COMENTARIO SOBRE “¿Formadores de precios o interdependencia?”

    Una idea muy extendida en Argentina es que la elevada inflación se debe, en gran medida, a los “formadores de precios”. Se trataría de oligopolios que aumentan “de manera unilateral” los precios de sus productos, desatando una cadena de subas en cascada en el resto de la economía. La “unilateralidad” en el establecimiento de esos […]

    ¿Formadores de precios o interdependencia?

    Más allá de la interesante curiosidad de que alguien que no considera válido el teorema fundamental de la economía política marxista (la ley de la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia) acuda a los fundamentos del Marxismo para refutar la idea de la existencia del poder de monopolio, un error gnoseológico fundamental que exhibe el artículo en cuestión es olvidar, como a menudo los economistas “marxistas” lo hacen, de que si bien la inflación tiene su fundamento último en el sector real, no es menos cierto que el poder económico que les procura a los grandes capitalistas su dominancia en el sector real se transmite al sector financiero por cuanto estos sectores están íntimamente vinculados (con dominancia, en última instancia, del sector real sobre el sector financiero -y los cracks bursátiles son, precisamente, el mecanismo mediante el cual los sistemas de economía política corrigen la violación al postulado anterior-), así como tampoco es menos cierto que la ciencia en cuestión no se llama economía (ni siquiera los amos y amas de casa hacemos economía, porque siempre hay relaciones de poder, en una sociedad de clases, inherentes a todo fenómeno de distribución del ingreso -probablemente en las tribus del Amazonía es diferente-), sino economía política y en tal sentido posee la implicación de relaciones de poder, de relaciones de dominantes y dominados que expresan una determinada estructura de clases que se corresponde a un determinado grado de desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo, relaciones de poder que son también técnicas, puesto que lo político es un fenómeno exclusivo de las sociedades humanas y, por consiguiente, un fenómeno de estudio de las ciencias sociales, y como tal posee inherentemente una explicación científica, íntimamente ligada a la de los fenómenos económicos, de ahí que la ciencia se llame, insisto, economía política.

    El mismo articulista, en otro artículo, ha planteado la interesante hipótesis de que la inflación ocurre para que las innovaciones tecnológicas repercutan en la tasa media de ganancia, es decir, para que se materialice la plusvalía relativa. Más allá de que la hipótesis en cuestión sea planteada en un escenario de valores y no de precios de producción, además del hecho de que Rosdolsky ha señalado (fundamentalmente en el apartado relativo a los salarios reales dentro de su estudio de los Grundrisse) que la caída de los salarios reales no es una tendencia generalizada a escala planetaria (o alza, en el caso que la innovación no provenga de las ramas productivas que producen mercancías que componen la canasta salarial, al menos durante el período de rezago de la transmisión de la innovación a las ramas productivas que componen la canasta en cuestión), es razonable esperar que el escenario de precios de producción simplemente complejice y/o complique el mecanismo mediante el cual la relación entre la plusvalía relativa y la inflación se expresa, así como también que se pueda justificar que en los países desarrollados los salarios reales no caigan en términos del mecanismo mediante el cual ocurre un proceso de nivelación tendencial a nivel mundial de los salarios (en la primera página del capítulo VIII del tomo III de El Capital, en la antesala a su planteamiento sobre el surgimiento de los precios de producción -capítulo IX de la misma fuente antes referida-), específicamente explicando que en los grandes centros industriales los salarios reales no decaen porque las ganancias de los capitalistas de estos centros, mermadas por tal efecto, son compensadas por las ganancias que estos mismos capitalistas obtienen de sus inversiones en los países de la perisferia (perisferias de tales centros). Sin embargo, lo curioso del planteamiento del articulista es que en tal artículo se dice explícitamente que para que esto ocurra los bancos centrales deben garantizar un determinado nivel de inflación (y se hace alusión a la “regla de Taylor” que siguen muchos bancos centrales -con independencia que no es el único régimen monetario existente en los países capitalistas y que los planteamientos en cuestión deberán ser generalizados considerando esos otros regímenes monetarios-). Más allá que el articulista no explica los criterios técnicos bajo los cuales los bancos centrales fijan determinada tasa de inflación a la luz de su hipótesis de la innovación tecnológica como causa fundamental de la inflación (lo cual es fundamental para que la hipótesis se sostenga), cualquier persona que tenga conocimiento práctico y objetivo de cómo se trabaja al interior de los bancos centrales (a nivel de los economistas jefe, gerencia, presidencia y junta directiva) sabe que muchas políticas monetarias se toman en tales instituciones bajo el único criterio de procurarles mayores ganancias a los grandes capitalistas (por ejemplo, las devaluaciones cambiarias que ocurren en muchos países -como parte de una política cambiaria- en determinados momentos del año, como en el caso particular del escenario en que ocurre una depreciación del dólar estadounidense, los bancos privados en determinados países tienen sus posiciones dolarizadas y el banco central devalúa la moneda nacional para que las ganancias de los bancos privados no se vean afectadas -y en muchos casos aumenten-), sin que existan de por medio, ni siquiera por asomo, el riesgo de que por no realizarse tal política monetaria las condiciones de reproducción del proceso de acumulación de capital se rompan y la economía pueda entrar en crisis, o que en ausencia de tales políticas monetarias los inversionitas decidiecen abandonar el país, etc., es decir, sin que exista ningún fundamento técnico-económico de por medio, aunque sí un fundamento técnico-político. Insistimos, por ello se llama economía política y no meramente economía. Esto no significa que la hipótesis planteada por el articulista citado sobre la naturaleza tecnológica (y, por consiguiente, real) de la inflación no pueda ser el elemento central (de hecho, el elemento central de la inflación es una cuestión técnica-económica proveniente del sector real, sea a través de la hipótesis citada o de otra hipótesis de la misma naturaleza), sino que no es lo único que constituye el fenómeno en cuestión, por el contrario, tal fenómeno tiene dos aristas, ambas totalmente materiales y objetivas (en donde la política está supeditada a la económica por cuanto las relaciones de clase existen en cuanto al interior del proceso de producción existe una distinta vinculación con los medios de producción por parte de dos sectores de la sociedad humana), ambas regidas por criterios científico-técnicos.

    Esto me recuerda a aquella célebre frase de Lenin, citada por Rosdolsky, que describía cómo los “marxistas”, a causa de no leer a Hegel, seguían (para aquella época) sin entender a Marx, cuestión que sigue siendo válida para los “marxistas” de hoy en día (e incluso de los anteriores a Lenin, célebre es también la frase de Marx de “Si estos son marxistas, yo no soy marxista”), especialmente para los economistas. La lógica dialéctica-materialista no es una lógica dicotómica, es decir, no es del tipo “o es una relación regulada rigurosamente por un criterio técnico-económico o es subjetivismo”, por cuanto la base económica y la superestructura ideológica están íntimamente ligadas (supeditándose la superestructura, en última instancia, a la base), tanto como lo está lo económico a lo político, puesto que un sistema económico de clases (de economía política) no puede subsistir sin una dictadura, es decir, sin que una clase A (la dominante) imponga a otra clase B (la dominada) sus intereses (intereses que son antagónicos entre sí) con independencia del medio usado para ello, porque aunque la independencia antes expresada exista, lo ideológico (expresado como alienación, concepto teórico que Marx desarrolla en los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844) es el elemento indispensable para garantizar la existencia fáctica de la dictadura (en dictaduras militares, es decir, en dictaduras formales, evidentemente lo ideológico juega un papel menos preponderante -no por ello deja de ser preponderante, porque al fin y al cabo la rebelión contra las dictaduras militares es, en la enorme mayoría de casos, contra la no-inclusión política, no contra la estructura distributiva y menos contra las relaciones sociales de producción-, mientras que en dictaduras fácticas -las democracias burguesas- lo ideológico cobra aún más relevancia), por lo que existe una retroalimentación entre la base económica y la superestructura ideológica, en cuanto la ideología sólo son las condiciones materiales de existencia (la existencia se define como lo que es, lo que no es, lo que será, lo que no será, lo probable, lo posible y lo lógico) de períodos de tiempo pasados cristalizadas en el presente, bajo determinada teleología (causa final, finalidad, que en sociedades de clase, para el caso de la ideología dominante -que es la ideología que en promedio permea la sociedad-, es la alienación), en la cabeza de los individuos. No por ello significa que la superestructura no esté sometida, en última instancia, a la base económica, así como existe una retroalimentación de la misma índole entre la fuerza de trabajo y los medios de producción (siendo estos últimos crisálidas en el tiempo de la primera) y no por ello Marx afirmó que el capital podía crear valor, sino todo lo contrario como es (o debería ser) ampliamente conocido. Que la propiedad privada, tal como Marx replicó a Proudhon, no sea un robo sino una necesidad histórica, no significa que no puedan operarse robos a través de ella (entendiendo estos como apropiaciones de trabajo ajeno que no obedecen rigurosamente a necesidades de acumulación -es decir, sin las cuales las condiciones de reproducción se romperían-, sino que obedecen a motivos subjetivos del capitalista, explicados estos a su vez de forma objetiva por la psicología que genera la categoría económica que los capitalistas personifican, que imprime en ellos la necesidad de ser voraces, codiciosos y ambiciosos; puesto que la ética es parte de la superestructura y esta ya se definió en términos objetivos, materiales y temporales, no existe contradicción entre esta afirmación y lo antes expuesto). ¿Acaso el violento, mugriento y sangriento proceso de acumulación originaria de capital descrito por Marx (que no sólo ocurrió en Europa, también en toda América Latina, aunque con una fenomenología parcialmente diferente) no requiere de un sistema ético en la cabeza de los individuos que la llevaron a cabo?, ¿o es que acaso un consecuente y devoto monge franciscano, o un pacifista, podrían haber llevado a cabo un genocidio de tal índole y magnitud? Roma no terminó de ser Roma por las lanzas que llevaban sus legiones, sino por las ideas que esas legiones, con esas lanzas, imponían en la cabeza de los pueblos que conquistaban, más no por ello es menos cierto que esas lanzas existían gracias a las condiciones materiales de existencia del Imperio mismo.

    Para que no quede duda de la afirmación anterior, el mismo articulista, que no se ruboriza al hablar de dialéctica sin citar a Hegel, ha expresado abiertamente en su blog (específicamente en respuesta a comentarios que yo esgrimí en una de sus publicaciones), que la ley de la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia no es válida científicamente. Más allá que existen sobradas verificaciones empíricas de que esta tendencia es objetiva, verificaciones que no sólo provienen de escuelas marxistas que son antagónicas en su uso instrumental de las matemáticas (como la escuela temporalista y la escuela simultaneista, por ejemplo), sino también de macroeconometristas neoclásicos como Mankiw o Blanchard (este último fue economista jefe del Fondo Monetario Internacional, que representa la ortodoxia financiera a nivel institucional supranacional), afirmar eso es precisamente ser lego en lógica dialéctica; muchos economistas buscan emplear una lógica sublime (que termina siendo muchas cosas, menos sublime), pero olvidan que la realidad existe y que hay que “contaminarse” de ella. Lo anterior es así por cuanto la sociedad comunista sin clases es la teleología histórica-social de la humanidad desde la perspectiva de Marx y, para que ello se verifique, debe existir un fundamento material y objetivo de la inviabilidad a largo plazo del modo de producción capitalista, es precisamente este fundamento la ley de la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia, ley que cualquier empresario que posea un cierto nivel mínimo de acumulación de capital y de elevada composición orgánica del mismo, comprende con total claridad. Esta ley, planteada por vez primera por Adam Smith (según el mismo Marx), no fue simplemente resultado observacional del comportamiento de los capitalistas en la época de Marx, tampoco fue simplemente el resultado de teorizar sobre los datos que Engels enviaba a Marx sobre la estructura y dinámica productiva de sus empréstitos fabriles (lo que puede ser verificado en la correspondencia entre ellos), tampoco fue una mera continuación de los postulados clásicos sobre dicha tendencia, es también el resultado lógico de la ingeniería inversa que Marx realiza al sistema hegeliano, por cuanto los valores (que en el sistema hegeliano son la esencia, esencia que Hegel retoma de Spinoza) son “diluidos” en un mecanismo (que Hegel crea sintetizando orgánicamente todos los sistemas filosóficos que le precedieron, especialmente el metafísico de Aristóteles, que es conciliado con los requerimientos instrumentales del sistema kantiano; para el caso del sistema económico capitalista es la competencia capitalista misma) en que la premisa se presenta depurada dialécticamente en el resultado (los precios de producción, para el caso del sistema económico capitalista). Establecido lo anterior (no sólo a nivel conceptual, sino a nivel de las estructuras matemáticas con que se representan), si la dinámica económica capitalista se estudia en presencia de perpetua innovación tecnológica (que es lo que ocurre en la realidad objetiva, por ejemplo, con el caso de los teléfonos inteligentes, por mostrar un ejemplo simple y cotidiano) es inexorable que la tasa media de ganancia del sistema caiga (capítulo XIII del tomo III de El Capital), aunque como también establecería Marx en los capítulos XIV y XV de la misma fuente citada, esta ley es contarrestada a causa del desarrollo de las contradicciones internas de los componentes integrantes. Los “marxistas” (a quienes es preciso, en términos gnoseológicos, mejor llamar neo-marxistas), no comprenden que el sistema de Marx, al igual que el sistema hegeliano, es “de una sola pieza” (indivisible, o conjunto conexo, como se conoce a ciertos sistemas de conjuntos en Matemáticas), puesto que la gran fortaleza del sistema de Marx es la unificación orgánica de la ontología (la doctrina del Ser), la lógica y la teoría del conocimiento, gnoseología o epistemología, de la misma forma en que en mecánica cuántica al hablar de “Momento” no se puede hablar del “Momento” de una de las fuerzas fundamentales de la Naturaleza, porque dentro de la integral a través de la cual se calcula dicho Momento, no es posible separar dentro de la función objetivo las fuerzas fundamentales a través de ella modelada, a diferencia de lo que ocurría en mecánica clásica en que sí es posible separar las fuerzas que actúan sobre un sistema físico (por ejemplo, una palanca). Esto expresa una ontología, una lógica y una gnoseología muy clara: que la Naturaleza es orgánica e indivisible a nivel de su esencia (entendiendo la esencia, al igual que Hegel, como el fundamento de la existencia), aunque por supuesto sea posible dividir las partículas que la componen a nivel local (y que incluso, como señaló Lenin en Materialismo y Empiriocriticismo, el potencial de esta división sea tendencialmente inagotable), puesto que si no fuese posible se incurriría en una visión leibniziana de la existencia, es decir, en una visión monista extrema. Se hace referencia a otro tipo de sistemas, porque cualquier persona que posee conocimientos básicos de dialéctica sabe que la misma es una metalógica multinivel recursiva hacia el pasado o, en términos más simples, que la verdad está en lo absoluto, en la totalidad.

    Así, retomando lo relativo a las sociedades humanas, la teleología intra-histórica (a nivel de un modo de producción, en este caso el capitalista, que tiene como finalidad la acumulación, concentración y centralización de capital) se somete a la teleología inter-histórica, por cuanto el mismo proceso de acumulación de capital genera las condiciones para el derrumbe económico y político del capitalismo y el surgimiento, desde las mismas entrañas del capitalismo, de una nueva sociedad, de la sociedad comunista sin clases y con ello, como expresa Marx en el prólogo de Contribución a la Crítica de la Economía Política, se pondrá fin a la prehistoria de la humanidad y se dará comienzo a un nuevo ciclo de las sociedades humanas, superando el ciclo de las sociedades de clase (aunque este nuevo ciclo generado desde ellas, desde lo que se supera), generadas desde las sociedades sin clase (a causa de la precariedad tecnológica, lo cual se explica magistralmente en El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado). Un mundo mejor es posible y no sólo es posible, sino que también se gestará y la lucha de clases será su partera, no como un hecho histórico que emanará esencialmente de la conciencia de los individuos, sino de la necesidad histórica (objetivas y materiales) de la sociedad humana en general (como establece Engels, la violencia es la partera de la Historia, lo cual ocurre también en física fundamental, por ejemplo, con el papel que los agujeros negros supermasivos al fondo de la galaxia desempeñan en las órbitras de los cuerpos celestes y estas últimas en el surgimiento de la vida, así como también a nivel más abstracto con los operadores de aniquilación halmitonianos de partículas), como la premisa que se presenta en el resultado de forma depurada y que determina dicho resultado, como una necesidad histórica que se cristalizará en la conciencia de los seres humanos cuando exista el suficiente grado de desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo. En palabras de Marx, el monopolio feudal engendró la libre competencia capitalista, esta última engendró los monopolios capitalistas y, así, se establecen gradual y progresivamente (no sin retrocesos, puesto que la evolución dialéctica de la existencia en general y en particular ocurre a manera de espiral; Lenin señaló que concebir un desarrollo lineal, uniforme y sin retrocesos es antidialéctico, anticientífico y teóricamente falso) las condiciones para esa sociedad que dará luz, justicia y dignidad a los seres humanos, la sociedad de Rimbaud y Neruda, que hará que la poesía no haya cantado en vano.

    Hasta la victoria siempre.

    NOTA: La imagen de presentación del artículo ha sido tomada de: https://thenextrecession.wordpress.com/2016/10/04/the-us-rate-of-profit-1948-2015/