Espartaco

“Is that to say we are against Free Trade? No, we are for Free Trade, because by Free Trade all economical laws, with their most astounding contradictions, will act upon a larger scale, upon the territory of the whole earth; and because from the uniting of all these contradictions in a single group, where they will stand face to face, will result the struggle which will itself eventuate in the emancipation of the proletariat.”

Karl Heinrich Marx · Marx-Engels Collected Works, Vol. VI, p. 290

25,864 views since December 2020

25,864 visitas desde diciembre de 2020

EnglishEspañol

Categoría: Materialismo Dialéctico

  • Economía Política y Teoría de las Probabilidades: Smith, Marx y la Ley de los Grandes Números

    Economía Política y Teoría de las Probabilidades: Smith, Marx y la Ley de los Grandes Números

    El Cuaderno de Economía Política
    Explorando la economía más allá de los manuales

    ¿Todos los trabajadores son explotados por igual?
    Un supuesto marxiano puesto a prueba con teoría de probabilidades

    Cómo sesenta años de datos sectoriales de Estados Unidos y versiones no clásicas de la Ley de los Grandes Números permiten examinar un supuesto fundamental detrás de la tasa media de ganancia marxiana

    ~ 9 min de lectura

    Detrás de los análisis marxistas de la tasa media de ganancia existe un supuesto importante siempre que no se modelan explícitamente las diferencias en el grado de explotación del trabajo entre los distintos sectores productivos: las tasas sectoriales de plusvalía pueden tratarse como magnitudes que tienden hacia la uniformidad. Adam Smith proporcionó el argumento económico original para esta tendencia y, dentro de la economía política marxista, el postulado adquirió una importancia central. Pero ¿puede defenderse esa tendencia cuando los sectores reales no son independientes ni estadísticamente idénticos? Un artículo publicado en 2022 por José Mauricio Gómez Julián en Ciencia Económica aborda el problema simultáneamente desde tres direcciones: la teoría de probabilidades, los mecanismos concretos del mercado de trabajo estudiados por Smith y Marx, y evidencia estadística de Estados Unidos correspondiente al período 1960–2020.

    El problema, en lenguaje sencillo

    En la teoría marxista, la plusvalía es el valor producido por el trabajo más allá del valor representado por la fuerza de trabajo. Para llevar este concepto al terreno empírico, el artículo utiliza una aproximación basada en la contabilidad nacional moderna: el excedente bruto de operación representa el tiempo de trabajo excedente y las remuneraciones de los trabajadores representan el tiempo de trabajo necesario. El cociente entre ambos proporciona la tasa sectorial empleada en el análisis estadístico.

    La cuestión importa porque la tendencia hacia la uniformidad de las tasas sectoriales de plusvalía forma parte de la base sobre la cual se construyen la tasa media de ganancia y, consiguientemente, los precios de producción marxianos. Pero aquí existe un matiz fundamental. El artículo no presenta los precios de producción como precios de equilibrio preexistentes alrededor de los cuales los precios de mercado simplemente oscilan. Siguiendo a Carchedi y de Haan, adopta una interpretación dinámica: los precios de mercado existen primero y la competencia capitalista —incluidas la competencia tecnológica y la movilidad de los capitales— los presiona hacia un promedio sistémico. Los precios de producción existen precisamente a través de este proceso de convergencia, y no como un centro fijo establecido de antemano.

    La pregunta empírica, por tanto, no consiste en determinar si todas las industrias poseen exactamente la misma tasa de explotación en cada instante. Lo que se somete a examen es una tendencia hacia la uniformidad asintótica: cuando el análisis se aproxima a un período suficientemente largo y/o a un conjunto suficientemente grande de sectores relevantes, ¿se comportan las tasas sectoriales de una manera compatible con la convergencia hacia un valor esperado global?

    Por qué importa la perspectiva asintótica

    El artículo conecta esta pregunta con la teoría del conocimiento de Marx. Su argumento es que el método marxiano no puede reducirse a aceptar pasivamente hechos empíricos aislados. Mediante una apropiación materialista de la dialéctica hegeliana, el análisis privilegia la totalidad: el fenómeno debe comprenderse a través de sus relaciones, de su desarrollo y del sistema más amplio del que forma parte. En el artículo, la expresión régimen asintótico condensa estadísticamente esta idea: un horizonte temporal suficientemente largo, un número suficientemente grande de unidades o ambas cosas.

    Esto importa porque un sector observado aisladamente puede diferir sustancialmente de otro. La uniformidad, si existe, no tiene por qué aparecer como igualdad punto por punto. Puede ser una propiedad que sólo se vuelve visible cuando el sistema se considera a una escala suficientemente grande.

    Entra en escena la Ley de los Grandes Números

    El marco matemático es la Ley de los Grandes Números (LGN). En términos generales, las leyes de los grandes números describen las condiciones bajo las cuales los promedios se estabilizan alrededor de un valor esperado conforme aumenta la cantidad de información. La versión fuerte se refiere a la convergencia casi segura; la versión débil, a la convergencia en probabilidad.

    La dificultad aparece inmediatamente. Las formulaciones clásicas suelen descansar en supuestos fuertes, entre ellos la independencia y la identidad de distribución. Estas condiciones no son realistas para los sectores de una economía capitalista. Las industrias interactúan mediante cadenas productivas, competencia, salarios, tecnología, demanda y movimientos de capital; además, sus estructuras productivas son diferentes. Los propios resultados estadísticos del artículo confirman que las variables sectoriales ni son idénticamente distribuidas ni son, en términos generales, linealmente independientes.

    Esto no vuelve irrelevante a la LGN. Por el contrario, la parte teórica del estudio pregunta si versiones más generales de la ley pueden acomodar la estructura del problema económico. La respuesta es afirmativa, pero condicionada: distintos resultados matemáticos flexibilizan diferentes componentes de los supuestos clásicos y no todos lo hacen de la misma manera.

    Lo que realmente establece la literatura matemática

    • Li, Rao y Wang (1995): estudian una ley fuerte para sumas ponderadas de variables aleatorias independientes con índices multidimensionales, sujeta a condiciones estructurales y de momentos específicas.
    • Adler y Rosalsky (1987): establecen un resultado de ley fuerte para sumas ponderadas normalizadas de variables aleatorias independientes e idénticamente distribuidas.
    • Chen y Sung (2016): generalizan resultados relativos a sumas ponderadas bajo condiciones de dominación estocástica y ponderación, flexibilizando restricciones relevantes sobre la estructura distributiva.
    • Sung (2011): es especialmente importante para la aplicación económica porque proporciona condiciones suficientes bajo las cuales las variables pueden ser dependientes, sujetas a requisitos sobre sus momentos y otras condiciones técnicas.
    • Andrews (1988) y Davidson (2021): proporcionan resultados relativos a leyes débiles y un marco más amplio para procesos débilmente dependientes, incluidas estructuras de tipo mixingala relevantes para la econometría.
    «La lógica del planteamiento de Smith relativo a la ley de tendencia hacia la UTP es consistente con la lógica detrás de determinadas variedades de la LGN». Gómez Julián, 2022

    La palabra determinadas es esencial. El artículo no sostiene que la simple invocación de una LGN no clásica demuestre automáticamente la proposición marxiana. La consistencia formal depende de que se satisfagan las condiciones del teorema particular que se esté utilizando. En algunos casos pueden ser necesarias transformaciones del conjunto de datos: por ejemplo, agrupar o desagregar sectores, organizar observaciones en estructuras como triangular arrays, o estimar períodos faltantes cuando corresponda. Que dichos requisitos puedan satisfacerse efectivamente depende del conjunto de datos concreto.

    ¿Qué cuenta como sector productivo?

    Antes de realizar el análisis estadístico, el artículo afronta un problema de clasificación específicamente marxiano: no toda actividad que aparece en las cuentas nacionales debe incorporarse necesariamente al cálculo de la tasa media de ganancia. Los sectores pertinentes son aquellos considerados productivos en relación con el circuito del capital y con la producción de plusvalía.

    La distinción es particularmente importante en el sector servicios. A partir de la literatura sobre trabajo productivo e improductivo, el estudio distingue entre actividades que producen directamente plusvalía, actividades que facilitan su producción en otros lugares y actividades situadas fuera del circuito del capital relevante para el análisis. Después de armonizar las clasificaciones sectoriales a lo largo del período histórico y aplicar esos criterios teóricos, el análisis empírico trabaja con 36 sectores productivos.

    Lo que muestran los datos de Estados Unidos

    El componente empírico utiliza datos de la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (Bureau of Economic Analysis, BEA) correspondientes al período 1960–2020. Las tasas sectoriales de plusvalía se construyen a partir del excedente bruto de operación y las remuneraciones de los trabajadores, y posteriormente se analizan sus distribuciones de probabilidad, las correlaciones de Pearson entre pares de sectores y las diferencias entre los parámetros de localización sectoriales y sus equivalentes globales.

    Principales resultados empíricos

    • Los sectores no están idénticamente distribuidos: de los 36 sectores, 16 se ajustan mejor a una distribución uniforme, 13 a Cauchy, 3 a logística, 2 a lognormal y 2 a Weibull. Ninguno presenta a la distribución normal como su mejor ajuste.
    • Los sectores no son, en términos generales, linealmente independientes: se calculan 630 correlaciones de Pearson por pares. Su media es aproximadamente 0,081 y su mediana aproximadamente 0,140.
    • La dependencia por pares de magnitud apreciable no es excepcional: 256 de las 630 correlaciones —aproximadamente el 40,63 %— son iguales o superiores a 0,30. El artículo concluye por ello que los sectores no pueden tratarse, en términos generales, como linealmente independientes.
    • La mayoría de las medidas resumen de las diferencias se aproximan a cero: respecto de la media global, la suma de las diferencias sectoriales es aproximadamente 3,38 × 10−14 y su media aproximadamente 9,38 × 10−16. Respecto de la mediana global, los valores correspondientes también son pequeños.
    • Existe una excepción importante: la mediana de las diferencias calculadas con respecto a la media global no se encuentra próxima a cero. Por ello, el artículo habla de una tendencia general hacia la nulificación recíproca, y no de una cancelación perfecta en todos los estadísticos.
    • Las diferencias presentan formas distributivas distintas: las calculadas respecto de la media global se ajustan mejor a una distribución de Cauchy, con la logística como segunda opción; las calculadas respecto de la mediana global se ajustan mejor a una uniforme, con la normal como segunda opción.

    Este patrón es importante precisamente porque los datos empíricos no reproducen los supuestos de la LGN clásica. Los sectores continúan siendo heterogéneos e interdependientes. Sin embargo, el comportamiento descriptivo de sus desviaciones proporciona, según la interpretación del autor, evidencia favorable a una tendencia hacia la nulificación recíproca cuando el sistema se considera como una totalidad.

    Por qué se dejaron de lado las pruebas convencionales de significancia

    El artículo considera inicialmente pruebas para evaluar las diferencias entre medias o medianas sectoriales y sus equivalentes globales, entre ellas procedimientos t de Student y de Wilcoxon, acompañados de bootstrapping. Finalmente sostiene que las pruebas inferenciales disponibles no son adecuadas para extraer conclusiones válidas a partir de esta estructura particular de datos.

    El problema no se reduce a la ausencia de normalidad. Dependiendo del procedimiento, resultan relevantes supuestos acerca de la forma de las distribuciones, la independencia lineal, el emparejamiento de las observaciones y la igualdad de tamaños muestrales. Las variables económicas son interdependientes por su propia naturaleza y el bootstrapping no elimina toda la dificultad: aunque el remuestreo puede romper la relación entre los grupos inmediatamente comparados, no elimina la dependencia existente entre los componentes sectoriales que conforman el grupo global.

    Existe además un matiz especialmente importante: las pruebas descartadas indicaron diferencias estadísticamente significativas. Aun así, el artículo se niega a tratar esos resultados como evidencia inferencial válida porque no se satisfacen adecuadamente las condiciones necesarias. En consecuencia, sustituye esa vía inferencial por un análisis descriptivo —o, como el propio artículo sugiere, quizá más precisamente semidescriptivo— basado en el comportamiento y en las distribuciones de probabilidad de las diferencias.

    Smith, Marx y el mecanismo económico

    El argumento probabilístico constituye sólo una dimensión de la investigación. Una segunda dimensión vuelve a la explicación de Adam Smith sobre el ajuste del mercado de trabajo. Smith sostiene que las ventajas y desventajas totales de los diferentes empleos existentes en una misma localidad deben ser iguales o tender constantemente hacia la igualdad; de lo contrario, los movimientos de trabajadores y capitales tenderían a erosionar las condiciones excepcionalmente favorables o desfavorables.

    El artículo organiza la discusión de Smith alrededor de siete factores que influyen sobre las remuneraciones: la sencillez o dificultad del trabajo; si este resulta agradable o desagradable; el peligro y sus efectos sobre la salud; la regularidad o temporalidad del empleo; el grado de confianza depositado en el trabajador; la probabilidad de éxito profesional; y consideraciones subjetivas como la pasión por una profesión, la búsqueda de reputación, la confianza en las propias capacidades y la confianza en la propia suerte.

    Estos factores son importantes precisamente porque no implican sectores aislados. Al contrario: las tasas sectoriales pueden relacionarse directamente mediante la interdependencia orgánica de la producción capitalista e indirectamente mediante fuerzas comunes que afectan salarios y condiciones laborales. En este sentido, el mecanismo económico descrito por Smith y Marx resulta más naturalmente compatible con marcos probabilísticos generalizados que admiten dependencia que con un modelo clásico que exige independencia recíproca.

    • • •

    Entonces, ¿qué establece realmente el artículo?

    La conclusión es favorable al supuesto de uniformidad, pero está cuidadosamente delimitada. En el plano teórico, la lógica de la tendencia smithiana hacia la uniformidad de las tasas sectoriales de plusvalía es consistente con determinadas versiones fuertes y débiles de la Ley de los Grandes Números que permiten variables correlacionadas y/o no exigen identidad distributiva. Esta consistencia formal está condicionada a que puedan satisfacerse los requisitos concretos de los resultados matemáticos pertinentes.

    En el plano empírico, los datos estadounidenses muestran precisamente la heterogeneidad y la interdependencia que impiden formular un argumento simplista basado en la LGN clásica. Al mismo tiempo, el análisis descriptivo de las desviaciones sectoriales produce resultados que apuntan en una dirección favorable a la proposición de Smith y Marx sobre la tendencia hacia la uniformidad de las tasas sectoriales de plusvalía.

    No se trata, por tanto, de una demostración de que toda economía capitalista, en cualquier período histórico, deba presentar una tasa uniforme de plusvalía. Tampoco se afirma que todos los sectores posean la misma tasa en cada instante. La conclusión, más acotada y defendible, es que el supuesto utilizado en los análisis marxistas de largo plazo sobre la tasa media de ganancia posee una formulación probabilística plausible y encuentra evidencia empírica a su favor en el caso estadounidense estudiado.

    La distinción es importante. La contribución del artículo no consiste en eliminar la diversidad sectorial, sino en preguntar si la diversidad existente en el nivel de las partes puede coexistir con una regularidad asintótica en el nivel de la totalidad. Su respuesta es cautelosamente afirmativa, y es precisamente la combinación de heterogeneidad, interdependencia y regularidad sistémica lo que vuelve al problema interesante tanto desde las matemáticas como desde la economía política.

    Artículo original: Gómez Julián, J. M. (2022). «Sobre la validez del supuesto de uniformidad en las tasas de plusvalía sectorial desde la teoría de las probabilidades». Ciencia Económica, Año 11, No. 17, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Economía. DOI: 10.22201/fe.24484962e.2022.11.17.2. Acceso abierto bajo licencia CC BY-NC-ND 4.0.
  • Descubriendo La Verdad: Genética, Arqueología y la Descendencia Palestina de Los Antiguos Judíos

    Descubriendo La Verdad: Genética, Arqueología y la Descendencia Palestina de Los Antiguos Judíos

    Los antiguos judeanos de Judea como ancestros directos de los palestinos contemporáneos

    Arqueología, paleogenómica, historiografía, epigrafía y lingüística contra la narrativa del exilio y el «retorno»: una síntesis de la monografía de José Mauricio Gómez Julián.
    La monografía parte de una pregunta histórica con consecuencias políticas directas: ¿quiénes son, estrictamente hablando, los descendientes de los antiguos judeanos de Judea?

    Su tesis es que la convergencia de la arqueología crítica del Levante meridional, la historiografía, la epigrafía, la paleogenómica y genética de poblaciones y la lingüística histórica apunta a que los palestinos contemporáneos constituyen los herederos demográficos más directos de las antiguas poblaciones de la región, incluidos los judeanos del Reino de Judá. Frente a ello, las poblaciones judías modernas presentan historias demográficas heterogéneas, con proporciones variables de ascendencia levantina y aportes adquiridos mediante migraciones, conversiones y mezcla con poblaciones europeas, africanas y asiáticas.

    El argumento no depende de una sola disciplina. Su núcleo consiste precisamente en la corroboración cruzada de líneas de evidencia independientes: el origen cananeo de los primeros israelitas, la inexistencia de una expulsión romana general de Palestina, la continuidad arqueológica durante las transiciones bizantina e islámica, los datos genómicos y la continuidad lingüística y toponímica.
    Una cautela metodológica central: la monografía distingue expresamente entre consensos robustos, conclusiones bien fundamentadas y cuestiones todavía abiertas. No sostiene que cada detalle posea el mismo grado de certeza. En particular, todavía no se ha publicado en una revista revisada por pares el genoma de un individuo identificable inequívocamente como «judeano» del Reino de Judá. Por ello, la conexión específica con los judeanos se infiere mediante la convergencia entre continuidad arqueológica e histórica y la comparación genética con poblaciones levantinas antiguas, no mediante una comparación directa entre un «genoma judeano» y palestinos modernos.

    De la Biblia como relato fundacional a la historia crítica

    La investigación comienza por el problema metodológico de utilizar la Biblia como si fuera una crónica histórica. Revisa la revolución historiográfica asociada con Thomas L. Thompson, Niels Peter Lemche, Philip R. Davies y Keith W. Whitelam, la llamada «escuela minimalista», y la confronta con las objeciones maximalistas y con posiciones intermedias como las de William G. Dever y Lester Grabbe.

    El punto fundamental no consiste en afirmar que todo contenido bíblico carezca de historicidad. La monografía subraya precisamente que las posiciones extremas han dado paso a un terreno intermedio: existe material históricamente aprovechable, especialmente desde el primer milenio a. C., pero los relatos patriarcales, el Éxodo, la conquista militar de Canaán y la monarquía unificada en la escala descrita por el texto bíblico no cuentan con el respaldo arqueológico que la historiografía tradicional les atribuía.

    Mario Liverani proporciona una de las claves interpretativas del trabajo mediante su distinción entre «historia normal» e «historia inventada»: las antiguas entidades políticas de Israel y Judá deben reconstruirse mediante arqueología, epigrafía, crítica textual y fuentes comparativas, mientras que las grandes narrativas fundacionales deben analizarse también como construcciones político-teológicas desarrolladas por la comunidad postexílica.

    Los primeros israelitas surgieron de Canaán

    Uno de los pilares más robustos del argumento es el origen autóctono cananeo de los primeros israelitas. Alrededor de 1200 a. C. surgieron aproximadamente 250 pequeñas aldeas sin murallas en las tierras altas centrales. Su cerámica muestra continuidad con las tradiciones del Bronce Tardío, no aparecen estratos generalizados de destrucción atribuibles a una conquista exterior y la organización de los asentamientos es compatible con poblaciones locales en proceso de sedentarización.

    Israel Finkelstein y William G. Dever, pese a sus profundas diferencias historiográficas y cronológicas, convergen en este punto: las poblaciones que posteriormente serían identificadas como israelitas surgieron principalmente desde el interior de la sociedad cananea, no como una población extranjera que conquistó Canaán desde fuera.

    La epigrafía: Merneptah y Tel Dan

    La monografía incorpora una línea de evidencia que el HTML anterior prácticamente omitía: la epigrafía. La estela de Merneptah, hacia 1208 a. C., contiene la primera referencia extrabíblica conocida a «Israel» y lo identifica mediante un determinativo egipcio correspondiente a un pueblo o grupo socioétnico, no a un Estado territorial.

    La estela de Tel Dan, del siglo IX a. C., contiene la secuencia generalmente interpretada como «Casa de David». La lectura fue discutida por algunos minimalistas, pero es aceptada por la mayoría de los especialistas. Para la monografía, estas inscripciones introducen una distinción decisiva: la crítica al relato bíblico no requiere negar la existencia histórica de Israel o de una dinastía davídica. Lo que la evidencia extrabíblica no confirma es el Éxodo, la conquista de Canaán ni un imperio salomónico de las dimensiones descritas en la Biblia.

    Del politeísmo cananeo al monoteísmo yahvista

    Otro componente sustancial del paper es la evolución religiosa de Israel. A partir de Mark S. Smith, William G. Dever, Othmar Keel, Christoph Uehlinger y Thomas Römer, la monografía presenta el monoteísmo yahvista no como el punto inicial de la historia israelita, sino como el resultado de un proceso histórico prolongado.

    La evidencia textual, arqueológica y epigráfica muestra la coexistencia de Yahweh, El, Baal y Asherah en distintos momentos de la religión israelita. Las inscripciones de Kuntillet Ajrud y Khirbet el-Qom, junto con figurillas judeanas, altares, piedras cultuales y otros materiales, documentan prácticas religiosas incompatibles con la imagen retrospectiva de un Israel primordialmente monoteísta.

    El proceso habría avanzado desde el politeísmo y la monolatría hacia un monoteísmo más exclusivo, acelerado por la crisis del exilio babilónico y consolidado durante el período persa. La posible influencia del zoroastrismo sobre elementos posteriores del judaísmo —dualismo, escatología, angelología— es tratada expresamente como un debate abierto, no como una conclusión establecida.

    El caso filisteo

    La monografía también utiliza a los filisteos como ejemplo de la capacidad histórica del sustrato levantino para absorber poblaciones migrantes. El ADN antiguo de Ascalón muestra un componente relacionado con el sur de Europa durante el Hierro I temprano que deja de ser detectable aproximadamente dos siglos más tarde, coincidiendo con una creciente integración cultural en el entorno cananeo.

    De ahí no se concluye que los palestinos sean simplemente «descendientes de los filisteos». El argumento es más amplio: los palestinos contemporáneos representan una síntesis histórica de las sucesivas poblaciones del Levante meridional —cananeos, israelitas, judeanos, samaritanos, filisteos, fenicios y otros grupos— sobre un sustrato local caracterizado por una fuerte continuidad demográfica.

    Asirios, babilonios y la diferencia entre deportar una élite y vaciar un territorio

    La monografía insiste en distinguir las deportaciones históricamente documentadas de la idea de un vaciamiento demográfico total. Tras la conquista asiria del Reino de Israel, una parte de la población fue deportada, otra huyó hacia Judá y una cantidad considerable permaneció en el territorio. La deportación imperial afectaba de manera desproporcionada a élites políticas, administrativas y especializadas; no equivalía automáticamente a eliminar a toda la población campesina.

    El mismo principio se aplica a la conquista babilónica. Jerusalén sufrió una destrucción profunda y hubo deportaciones reales, pero otras zonas —particularmente Benjamín— muestran continuidad rural. Por ello, el llamado «exilio babilónico» se interpreta como una ruptura política, institucional y cultural de enorme importancia, pero no como la desaparición física de la población de Judá.

    Durante el período persa se consolidó progresivamente el judaísmo como sistema religioso diferenciado. Esa transformación proporciona el contexto histórico en el que la monografía sitúa la redacción y reorganización de una parte fundamental de la tradición bíblica.

    De Ioudaios a «judío»: conversiones asmoneas y transformación de la identidad

    La expansión asmonea de los siglos II y I a. C. constituye otro punto de inflexión. Juan Hircano I impuso la circuncisión y la observancia de la ley judía a los idumeos; Aristóbulo I hizo lo propio con poblaciones itureas. La propia dinastía herodiana procedía de aquella población idumea incorporada al judaísmo.

    Siguiendo a Shaye J. D. Cohen, la monografía subraya la transformación semántica de Ioudaios: de una designación primordialmente etnogeográfica —«judeano», habitante de Judea— pasó a adquirir un sentido también religioso y cultural. Desde entonces, era posible convertirse en judío sin haber nacido judeano. Esta transformación constituye una precondición conceptual para comprender la posterior expansión de la diáspora.

    El mito de una expulsión romana total

    Las guerras contra Roma fueron devastadoras. La destrucción del Segundo Templo en 70 d. C. y, especialmente, la rebelión de Bar Kojba de 132–135 d. C. provocaron enormes pérdidas humanas y materiales en Judea. La monografía no minimiza esa destrucción.

    Lo que rechaza es una afirmación distinta: que Roma deportara en masa a la población judía de toda Palestina y vaciara la tierra. Adriano prohibió el acceso judío a Aelia Capitolina —Jerusalén—, pero no existe evidencia de una política romana de deportación total de Palestina. La continuidad de asentamientos en diversas regiones y el desplazamiento del centro de la vida judía hacia Galilea contradicen ese escenario.

    En Galilea surgieron centros rabínicos como Usha, Séforis y Tiberíades; allí se compiló la Mishná hacia el año 200 y posteriormente el Talmud de Jerusalén. La destrucción romana fue, por tanto, enormemente importante en el plano institucional y regional, pero no produjo la desaparición física de la población judía de la tierra.

    • Consenso historiográfico: la inexistencia de una expulsión romana masiva de todos los judíos de Palestina no es una tesis exclusiva de Shlomo Sand. Historiadores como Israel Bartal y Anita Shapira reconocen que la idea de un exilio colectivo impuesto por Roma pertenece mucho más a la cultura popular que a la historiografía especializada.
    • Matiz necesario: aceptar que no hubo una expulsión general no implica negar las muertes, esclavizaciones, desplazamientos locales y destrucciones producidas por las guerras romanas.
    • Diáspora: la existencia de importantes comunidades judías fuera de Palestina es anterior a las guerras romanas y debe explicarse mediante una combinación de migraciones, crecimiento demográfico y conversiones, no mediante un único episodio de expulsión.

    De la permanencia a la conversión: continuidad de la población palestina

    Este es uno de los eslabones centrales de la monografía. Si la población rural no fue expulsada de manera general, la pregunta pasa a ser qué ocurrió con ella. La respuesta propuesta es una transformación religiosa progresiva sobre una base demográfica ampliamente continua.

    Durante los siglos IV al VII, una parte creciente de la población de Palestina se cristianizó bajo dominio bizantino. Después de la conquista árabe de 634–638, la islamización tampoco ocurrió de manera inmediata. Los modelos demográficos y la evidencia arqueológica examinados en el paper sitúan el proceso a lo largo de varios siglos, hasta la época medieval tardía.

    Gideon Avni encuentra una notable continuidad de los patrones de asentamiento y de la cultura material durante la transición bizantino-islámica. Richard Bulliet y otros investigadores muestran asimismo que la conversión al islam siguió una trayectoria gradual. El resultado es fundamental para el argumento: cambió la religión de la población mucho más rápidamente que su composición biológica.

    La continuidad judía tampoco desapareció

    La monografía enfatiza que la presencia judía en Palestina nunca se extinguió por completo. Comunidades judías sobrevivieron durante la Antigüedad tardía, la Edad Media y el período otomano; los llamados Musta’arabim, judíos autóctonos arabizados, compartían lengua y numerosas prácticas cotidianas con sus vecinos musulmanes y cristianos.

    Este hecho no contradice la tesis de continuidad palestina. Al contrario, para el paper demuestra que permanecer en el territorio no exigía conservar una religión determinada: distintas ramas de una población históricamente relacionada podían permanecer como judías, convertirse al cristianismo o posteriormente al islam.

    Ben-Gurión, Ben-Zvi, Borochov y Belkind

    La monografía concede especial importancia a que varios dirigentes del sionismo temprano sostuvieron, antes de la consolidación del conflicto nacional, que los fellahin palestinos descendían en buena medida de poblaciones judías y cananeas antiguas que permanecieron en la tierra y cambiaron posteriormente de religión.

    David Ben-Gurión y Yitzhak Ben-Zvi defendieron esta continuidad en trabajos de 1918; Ber Borochov había formulado una tesis similar en 1905, Israel Belkind rechazó en 1928 la idea de que los judíos hubieran dejado de habitar el país tras Roma, y Ben-Zvi volvió sobre la ascendencia local de los fellahin en 1929. El paper argumenta que esta interpretación perdió centralidad posteriormente a medida que cambiaron las necesidades políticas del movimiento sionista.

    La paleogenómica: continuidad, mezcla y los límites de lo que el ADN puede demostrar

    La paleogenómica proporciona la dimensión cuantitativa del argumento, pero la monografía advierte expresamente contra utilizar categorías estadísticas como si fueran poblaciones históricas perfectamente delimitadas.

    El estudio de Agranat-Tamir y colaboradores analizó decenas de genomas del Levante de las edades del Bronce y del Hierro. Pese a la diversidad cultural y política regional, esos individuos muestran una base genética relacionada y permiten establecer una referencia para estudiar la continuidad con las poblaciones actuales.

    • Palestinos contemporáneos: los modelos examinados en la monografía sitúan aproximadamente entre 81 % y 87 % de su ascendencia en poblaciones levantinas de la Edad del Bronce, complementada por componentes posteriores, entre ellos aportes africanos y europeos.
    • Judíos asquenazíes: distintos estudios de genoma completo encuentran una población claramente mezclada. Carmi et al. la modelan aproximadamente como 50 % de origen medio-oriental y 50 % europeo, mientras otros análisis producen intervalos diferentes según el método empleado. Una parte importante del componente europeo procede del sur de Europa.
    • Cuello de botella asquenazí: la población moderna deriva de un severo cuello de botella estimado en aproximadamente 350 individuos hace unos 600–800 años.
    • Erfurt: el ADN de 33 judíos asquenazíes medievales del siglo XIV revela una heterogeneidad genética mayor que la actual, posteriormente reducida mediante deriva genética y endogamia.
    • Cromosoma Y: alrededor del 70 % de los cromosomas Y judíos y el 82 % de los palestinos musulmanes analizados por Nebel et al. pertenecían al mismo acervo cromosómico general, dominado por linajes J1 y J2, mostrando un profundo sustrato patrilineal levantino compartido.
    • Judíos mizrajíes: constituyen un matiz decisivo. La monografía señala proporciones de ascendencia levantina del orden del 80–90 % en diferentes poblaciones mizrajíes, comparables a las palestinas.
    Lo que los datos permiten afirmar con mayor precisión: los palestinos contemporáneos muestran, a escala de genoma completo, una proximidad muy elevada con las antiguas poblaciones levantinas y una continuidad superior a la observada en los asquenazíes, cuya historia incluye una considerable mezcla europea. Pero esto no significa que los judíos modernos carezcan de ascendencia levantina. La monografía rechaza explícitamente esa conclusión simétrica.

    Tampoco existe todavía un conjunto publicado de genomas inequívocamente identificados como judeanos del Reino de Judá. Los datos preliminares de Kiriath-Jearim mencionados en el trabajo apuntan hacia continuidad con perfiles cananeos, pero su publicación formal se encuentra pendiente. Además, herramientas como qpAdm pierden capacidad para discriminar entre fuentes históricas estrechamente relacionadas, y los componentes de programas como ADMIXTURE son construcciones estadísticas, no pueblos históricos literalmente preservados en el ADN.

    La hipótesis jázara

    La monografía distingue también entre la existencia histórica de conversiones al judaísmo entre la élite jázara —que no se discute en términos generales— y la afirmación mucho más fuerte de que los jázaros constituyeran el origen principal de los asquenazíes. Los análisis genómicos modernos no encuentran la contribución caucásica o centroasiática masiva que esa hipótesis requeriría. Por ello, el paper considera refutada la hipótesis jázara como explicación principal del origen asquenazí.

    La genética no puede fundamentar derechos territoriales; pero sí puede someter a prueba afirmaciones genealógicas cuando esas afirmaciones se utilizan como argumentos políticos.

    Lengua: cananeo → hebreo → arameo → árabe

    El argumento lingüístico complementa la evidencia genética. El hebreo pertenece al conjunto de lenguas cananeas. Con la expansión de los grandes imperios mesopotámicos, el arameo se convirtió progresivamente en lengua franca y desplazó al hebreo en numerosos usos cotidianos, sin que ello implicara un reemplazo de la población.

    Después de la conquista islámica ocurrió un proceso estructuralmente semejante. El árabe sustituyó al griego en la administración bajo los omeyas y fue reemplazando paulatinamente al arameo entre la población local. La transición lingüística se prolongó durante siglos.

    Por ello, la trayectoria cananeo → hebreo → arameo → árabe no representa para la monografía una sucesión de cuatro pueblos que se reemplazaron mutuamente, sino en gran medida una sucesión de lenguas habladas sobre una base poblacional históricamente continua.

    Toponimia y etnografía: la memoria conservada en el paisaje

    Los nombres de lugares refuerzan esa interpretación. Beit Lahm (Belén), Beisan (Beth-shean), Bir as-Saba (Be’er Sheva), ‘Anata (Anathoth), Seilun (Shiloh) y numerosos topónimos más muestran la conservación y transformación fonética de nombres antiguos dentro del árabe palestino.

    La investigación recupera también los trabajos etnográficos de Tawfiq Canaan y Hilma Granqvist. Canaan documentó prácticas campesinas palestinas con posibles antecedentes preislámicos y precristianos, entre ellas el término ard ba’liyyeh para las tierras dependientes de la lluvia, que preserva lingüísticamente el nombre de Baal, la antigua divinidad cananea asociada a las tormentas.

    El hebreo moderno

    El paper contrapone esta continuidad orgánica con la recuperación moderna del hebreo. Siguiendo especialmente a Ghil’ad Zuckermann, caracteriza al hebreo israelí como una lengua revitalizada en los siglos XIX y XX sobre bases semíticas antiguas pero con una influencia estructural significativa de lenguas europeas —especialmente el yidis— habladas por numerosos revitalizadores.

    La monografía reconoce que existen formulaciones más radicales, como la de Paul Wexler, que no representan el consenso lingüístico. Su argumento no depende de ellas: basta con distinguir entre una lengua revitalizada conscientemente y una cadena dialectal que evolucionó históricamente en el mismo territorio.

    La diáspora judía como mosaico histórico

    Si Roma no expulsó en bloque a la población de Palestina, queda por explicar la enorme diáspora judía ya existente en la Antigüedad. La respuesta de la monografía no es monocausal. La diáspora se formó mediante migraciones, conversiones voluntarias, conversiones forzadas y absorción matrimonial de poblaciones locales, con pesos relativos diferentes según el lugar y la época.

    Las conversiones asmoneas demuestran tempranamente que la pertenencia judía podía adquirirse. Durante el mundo grecorromano existieron prosélitos y «temerosos de Dios», aunque la magnitud exacta del proselitismo activo es objeto de debate entre especialistas como Louis Feldman y Martin Goodman.

    La extraordinaria expansión demográfica del judaísmo antiguo —desde una población comparativamente reducida tras la conquista babilónica hasta varios millones de personas durante el período romano— constituye para el paper una fuerte evidencia de que la conversión desempeñó un papel sustancial que el crecimiento natural por sí solo difícilmente puede explicar.

    La monografía examina después casos muy distintos: el reino himyarita de Arabia meridional, las discutidas tradiciones sobre conversiones bereberes, Beta Israel en Etiopía, Bene Israel y Cochin en India, los judíos de Kaifeng en China y las comunidades sefardíes y asquenazíes de Europa. El resultado no es una única genealogía, sino un mosaico de comunidades con historias biológicas y culturales diferentes vinculadas por el judaísmo.

    Dos simplificaciones que el propio paper rechaza:

    1. No es sostenible que todos los judíos modernos desciendan biológicamente de manera lineal y homogénea de los antiguos israelitas.

    2. Tampoco es sostenible afirmar que los judíos modernos no poseen ninguna conexión genética con el antiguo Levante.

    La evidencia muestra, precisamente, una historia de continuidad levantina combinada con grados muy diferentes de mezcla según cada comunidad.

    Las implicaciones historiográficas y políticas

    La monografía no presenta sus conclusiones demográficas como políticamente neutrales. Su punto de partida teórico es explícitamente gramsciano: las narrativas históricas pueden convertirse en mecanismos de hegemonía cuando pasan a funcionar como «sentido común» legitimador de relaciones políticas presentes.

    Desde esta perspectiva, el relato de un pueblo étnicamente continuo expulsado por Roma y «retornado» dos milenios más tarde cumple, según el paper, una función política específica: transforma una colonización moderna en la restauración de una soberanía ancestral. La investigación contrapone ese relato a la historia documentada del sionismo europeo, la Declaración Balfour de 1917, el Mandato británico, la inmigración organizada, la partición de 1947, la Nakba de 1948 y el posterior patrocinio estadounidense de Israel.

    El paper sitúa así al Estado de Israel dentro de la historia moderna del colonialismo de asentamiento y de los intereses geopolíticos occidentales en Oriente Medio, y sostiene que la narrativa bíblico-genealógica opera como uno de sus dispositivos de legitimación cultural.

    Esta interpretación no se presenta como una crítica al judaísmo ni a los judíos como población. La monografía dedica una sección específica a voces judías e israelíes críticas del sionismo —entre ellas Tony Judt, Judith Butler, Norman Finkelstein y los llamados «nuevos historiadores» israelíes— precisamente para distinguir entre judaísmo, identidad judía, historiografía y proyecto político sionista.

    Lo que la monografía considera establecido —y lo que no

    • Consenso robusto: los primeros israelitas surgieron principalmente del sustrato cananeo local, no mediante una conquista exterior de Canaán como la descrita en Josué.
    • Consenso robusto: Roma no llevó a cabo una deportación masiva de toda la población judía de Palestina tras las guerras de los siglos I y II.
    • Consenso robusto según la síntesis del paper: una parte predominante de la población palestina desciende de poblaciones antiguas del Levante que permanecieron en la región y atravesaron sucesivas transformaciones religiosas y lingüísticas.
    • Conclusión bien fundamentada, con matices: las comunidades judías de la diáspora se formaron mediante combinaciones diferentes de ascendencia levantina, migración, conversión y mezcla con poblaciones locales.
    • Conclusión bien fundamentada: la secuencia lingüística cananeo–hebreo–arameo–árabe es compatible con cambios de lengua sin sustitución demográfica general.
    • Conclusión bien fundamentada: judíos y palestinos comparten un profundo sustrato genético levantino; las diferencias actuales reflejan historias posteriores divergentes de permanencia, migración, endogamia, mezcla y deriva genética.
    • Debates abiertos y límites: no existe todavía ADN publicado inequívocamente atribuible a individuos judeanos del Reino de Judá; la magnitud relativa del proselitismo antiguo continúa discutida; las proporciones genéticas dependen de modelos estadísticos y poblaciones de referencia; y algunas cuestiones religiosas e historiográficas, como el alcance de influencias zoroastrianas, permanecen abiertas.

    Conclusión: continuidad bajo la transformación

    La tesis final de la monografía no consiste en imaginar una población palestina biológicamente «pura» ni inmutable. Es prácticamente lo contrario: la continuidad histórica puede coexistir con migraciones, mezclas, cambios religiosos, transformaciones culturales y sustituciones lingüísticas profundas.

    La población del Levante meridional absorbió durante milenios a cananeos, israelitas, judeanos, samaritanos, filisteos y otros grupos. Las conquistas asiria, babilónica, persa, helenística, romana, bizantina y árabe transformaron profundamente las instituciones, religiones y lenguas de la región sin producir, en la mayoría de esos episodios, una sustitución completa de su población.

    Dentro de ese proceso histórico, el paper sostiene que los palestinos contemporáneos representan la principal continuidad demográfica de las poblaciones antiguas que permanecieron en el territorio, incluidos los antiguos judeanos, mientras las poblaciones judías modernas presentan trayectorias heterogéneas: algunas —particularmente las mizrajíes— conservan niveles muy elevados de ascendencia levantina; otras —como los asquenazíes— combinan una ascendencia levantina sustancial con una contribución europea igualmente sustancial.

    Por ello, el estudio rechaza simultáneamente dos extremos: tanto la ficción de una continuidad biológica homogénea y exclusiva entre todos los judíos modernos y los antiguos habitantes de Judea como la afirmación inversa de que los judíos modernos carezcan de raíces levantinas.

    Finalmente, la monografía insiste en una frontera normativa fundamental: la genética no concede derechos territoriales y la proximidad genética no determina quién merece ciudadanía, dignidad, autodeterminación o derechos políticos. Su relevancia aparece cuando una determinada genealogía histórica es utilizada como justificación política. En ese caso, sostiene el autor, las ciencias históricas, arqueológicas, lingüísticas y genómicas tienen legitimidad para someter esa genealogía a examen.

    De este modo, arqueología, historiografía, epigrafía, genética y lingüística convergen en la tesis que organiza toda la investigación: la historia de Palestina es mucho más una historia de continuidad humana bajo transformaciones sucesivas que una historia de expulsión total seguida, dos mil años después, por el retorno de la misma población.

  • La Inflación No Siempre Es Un Fenómeno Monetario ni se manifiesta en todas partes.

    La Inflación No Siempre Es Un Fenómeno Monetario ni se manifiesta en todas partes.

    Más allá de la curva de Phillips — Inflación, cambio tecnológico y plusvalía
    Economía política Oct.–nov. 2025 · 10 min de lectura

    Más allá de la curva de Phillips

    Un estudio con datos estadounidenses de 1968 a 2021 no encuentra una relación inversa significativa de largo plazo entre inflación y desempleo y plantea, desde una perspectiva marxista, que la inflación funciona como un mecanismo de ajuste del salario real mediante el cual los beneficios del cambio tecnológico pueden transformarse en plusvalía relativa.

    La curva de Phillips ocupa desde hace décadas un lugar central en la macroeconomía convencional: la idea de que inflación y desempleo mantienen una relación inversa que condiciona las opciones de política económica. Este estudio somete esa relación a contraste empírico y plantea una explicación alternativa de la inflación desde la economía política marxista.

    Utilizando datos de Estados Unidos para el período 1968–2021, la investigación no encuentra una relación estadísticamente significativa de largo plazo entre inflación y desempleo. En cambio, identifica relaciones relevantes entre los indicadores de cambio tecnológico —aproximados mediante el gasto en investigación y desarrollo (I+D)—, los precios, los salarios reales y la tasa de plusvalía.

    La hipótesis central es que la inflación no debe entenderse únicamente como un desequilibrio entre oferta y demanda ni como un fenómeno puramente monetario. Desde el marco desarrollado en el artículo, funciona también como un mecanismo de ajuste salarial dentro del proceso de acumulación capitalista.

    Qué está realmente en juego con la curva de Phillips

    El artículo reconstruye el desarrollo intelectual de la curva de Phillips: el trabajo de William Phillips de 1958 sobre desempleo y variación de los salarios nominales, y la posterior adaptación de Samuelson y Solow al vínculo entre desempleo e inflación. Esa reconstrucción histórica describe cómo se formuló y consolidó la teoría; no equivale, por sí misma, a conceder que exista una relación económica universal y estable entre ambas variables.

    La pregunta empírica es precisamente si esa relación inversa puede sostenerse frente a los datos. Para Estados Unidos en el período analizado, la respuesta obtenida es negativa: cuando se examinan las relaciones de largo plazo y se introducen controles, no aparece una asociación inversa estadísticamente significativa capaz de sostener el trade-off convencional.

    El alcance exacto de esta conclusión El estudio no necesita afirmar que una sola muestra histórica haya demostrado por sí misma la inexistencia universal de toda posible curva de Phillips. Lo que demuestra es que la relación no aparece de manera significativa en los datos estadounidenses analizados. La investigación funciona así como una primera pieza de un programa empírico más amplio: si se quiere evaluar la pretensión general de existencia de la curva, el análisis debe replicarse en otros períodos, países, estructuras económicas y especificaciones. Esta investigación coloca la primera piedra; el edificio completo exige más evidencia.

    Una estrategia empírica más amplia que una simple correlación

    El estudio combina análisis descriptivo, inferencia bayesiana, herramientas de series temporales y un modelo bayesiano de la tasa de plusvalía. Las distintas técnicas no cumplen la misma función: cada una permite examinar una parte diferente de la estructura propuesta.

    Correlaciones bayesianas

    Se estiman correlaciones ordinarias y parciales de Pearson y Kendall entre indicadores de cambio tecnológico, inflación y desempleo. Las correlaciones parciales permiten controlar variables como el PIB nominal, el PIB real y los salarios reales. La evidencia se evalúa mediante factores bayesianos, utilizando BF > 3 como criterio de evidencia sustancial a favor de una correlación.

    Los resultados no pueden reducirse a la frase “más I+D siempre implica más inflación”. Las correlaciones ordinarias varían según la fuente de I+D y el indicador de precios: aparecen relaciones tanto positivas como negativas. Sin embargo, al introducir controles emergen relaciones positivas particularmente importantes entre el gasto en I+D federal y capitalista y el índice de precios al consumidor.

    También resulta central el papel de los salarios reales: al controlar su efecto, varias correlaciones negativas entre las fuentes de cambio tecnológico y la inflación total dejan de ser estadísticamente significativas. Esto es coherente con la hipótesis de que el salario real ocupa una posición mediadora en el mecanismo estudiado.

    Causalidad de Granger

    Las pruebas de Granger del artículo no se utilizan para afirmar que “el desempleo no causa la inflación”. Su objeto son las relaciones temporales entre los indicadores de cambio tecnológico y los indicadores de precios, empleando uno, dos y tres rezagos.

    Con un rezago se encuentran relaciones estadísticamente significativas entre todos los tipos de indicadores de cambio tecnológico y todos los tipos de indicadores de precios. Además, el promedio de los valores-p es menor cuando los indicadores tecnológicos actúan como variables explicativas que cuando lo hacen los precios. Con dos rezagos, los indicadores de precios explican la I+D capitalista; con tres, vuelve a predominar el cambio tecnológico como determinante temporal de los precios.

    El resultado, por tanto, es más complejo que una causalidad mecánica en un único sentido: existen interacciones y retroalimentaciones, aunque el patrón temporal proporciona evidencia importante a favor del papel del cambio tecnológico.

    Modelos de corrección de errores

    Tras las comprobaciones correspondientes de las propiedades de las series, los modelos de corrección de errores encuentran que el gasto federal en I+D determina estadísticamente la inflación subyacente, el IPC y el IPP; que el gasto capitalista en I+D determina el IPC y el IPP; y que la I+D de otras fuentes determina igualmente diversos indicadores de precios.

    En la dirección contraria, la inflación subyacente aparece como el canal mediante el cual los precios pueden determinar los indicadores de cambio tecnológico. De nuevo, el resultado describe una estructura dinámica con retroalimentaciones, no una flecha causal simplista.

    · · ·

    Los salarios también cuentan una historia

    El trabajo examina directamente la dinámica de salarios y precios. Las series no poseen la misma estructura probabilística: el crecimiento de los salarios nominales se ajusta a una distribución Gamma, el crecimiento de la inflación total a una distribución Cauchy y el de la inflación subyacente a una distribución logística.

    Esa diferencia importa. Comparar directamente parámetros de distribuciones tan distintas puede inducir a conclusiones incorrectas. Por ello, el artículo utiliza análisis de tendencia-ciclo mediante ondículas de Daubechies, que permiten comparar la dinámica temporal sin imponer una estructura distributiva común.

    Las tendencias obtenidas muestran que los indicadores de precios se encuentran sistemáticamente por encima de los salarios nominales y reales en las comparaciones realizadas. Esto conecta la dinámica inflacionaria con la evolución del poder adquisitivo y prepara el terreno para el mecanismo marxista que constituye el núcleo teórico del artículo.

    El mecanismo marxista: de la innovación al ajuste del salario real

    Cuando un capitalista introduce una innovación tecnológica que eleva la productividad, puede producir mercancías en mejores condiciones que sus competidores y obtener temporalmente una plusvalía extraordinaria: una ventaja derivada de encontrarse por delante de las condiciones productivas medias.

    Pero esa ventaja no puede durar indefinidamente. La competencia impulsa la difusión de la tecnología. Los demás capitalistas adoptan las nuevas técnicas para no quedar rezagados y, a medida que la innovación se generaliza, desaparece la ventaja extraordinaria del pionero.

    Aquí entra el elemento central de la hipótesis. Frente a los aumentos de productividad, la inflación puede operar como mecanismo de ajuste del salario real: los precios aumentan sin que los salarios nominales tengan que reducirse directamente y, si estos no crecen en la misma proporción, disminuye el poder adquisitivo de los trabajadores.

    De esta manera, los beneficios del cambio tecnológico pueden continuar repercutiendo positivamente en la tasa de plusvalía incluso después de que la innovación se haya difundido. El mecanismo no consiste simplemente en que “la inflación absorba una diferencia de costos”. Su elemento distributivo decisivo es la reducción relativa del salario real frente al aumento de productividad.

    Innovación tecnológica
    I+D federal y privada
    Plusvalía extraordinaria
    ventaja temporal
    Difusión tecnológica
    competencia capitalista
    Presión sobre la
    tasa de ganancia
    Inflación
    ajuste del salario real
    Menor poder adquisitivo
    del trabajo
    Plusvalía relativa
    para la clase capitalista
    Acumulación y
    desigualdad
    Fig. 1 — Versión divulgativa del mecanismo desarrollado en el Diagrama 1 del artículo.

    La prueba que conecta tecnología, precios y plusvalía

    Una de las piezas empíricas más importantes del estudio es un modelo lineal generalizado bayesiano objetivo. La variable dependiente es el logaritmo natural de la tasa de plusvalía bruta; como variables explicativas se utilizan el logaritmo del gasto global en I+D y el logaritmo del índice de precios al consumidor.

    49–61 % intervalo de varianza de la tasa de plusvalía bruta explicada por I+D global e IPC
    0,709 mediana del coeficiente del gasto global en I+D
    0,195 mediana del coeficiente del IPC

    El modelo alcanza un R² de 0,55. Al estar formulado en logaritmos, los coeficientes pueden interpretarse como elasticidades. Además, presenta buenos indicadores de validación cruzada y factores de inflación de la varianza de 1,17 para ambas variables explicativas.

    Este resultado es especialmente importante porque enlaza empíricamente tres componentes que la interpretación teórica presenta como relacionados: cambio tecnológico, inflación y tasa de plusvalía. No se trata solo de observar que tecnología y precios se mueven conjuntamente; ambos contienen información sustancial para explicar la variación de la plusvalía bruta.

    · · ·

    Qué sostiene realmente el artículo sobre la inflación

    La interpretación marxista propuesta considera la inflación como parte de la lucha distributiva entre capital y trabajo. Cuando el incremento de los precios reduce los salarios reales, los aumentos de productividad pueden beneficiar principalmente al capital mediante un aumento de la tasa de plusvalía.

    Desde esta perspectiva, la inflación desempeña una función sistémica: contribuye a transformar los efectos temporales de la plusvalía extraordinaria en plusvalía relativa para el conjunto de la clase capitalista, preservando los beneficios de la innovación incluso después de que las nuevas tecnologías se hayan generalizado.

    La inflación aparece así no como un mero accidente monetario, sino como un mecanismo vinculado a la acumulación capitalista, al ajuste de los salarios reales y a la distribución del ingreso entre capital y trabajo.

    Esto tampoco implica negar que las variables monetarias puedan desempeñar un papel. La tesis más precisa es que reducir la inflación a un fenómeno puramente monetario resulta insuficiente para explicar las relaciones empíricas y distributivas estudiadas.

    Lo que el artículo no pretende haber terminado

    El trabajo delimita expresamente sus propias fronteras. La investigación utiliza únicamente datos de Estados Unidos y cubre el período 1968–2021. Por ello, sus resultados no deben presentarse como si una sola investigación hubiese agotado la demostración histórica de la inexistencia de la curva de Phillips en toda economía, época o contexto.

    Pero esta limitación no neutraliza el hallazgo. Si una relación presentada durante décadas como pieza fundamental de la teoría macroeconómica no aparece en una serie estadounidense extensa y bajo una estrategia estadística amplia, existe una razón sustantiva para cuestionar su generalidad y seguir sometiéndola a prueba.

    La primera pieza del rompecabezas La conclusión adecuada no es “la curva queda universalmente refutada con una sola muestra”, pero tampoco “quizá la curva siga siendo válida y este resultado sea una anomalía”. El estudio aporta una primera pieza empírica dentro de un problema más grande. Para completar el rompecabezas hace falta repetir este tipo de investigación en más países, períodos históricos y estructuras económicas. Cada nueva replicación permitirá evaluar hasta dónde puede sostenerse —o desmontarse— la pretensión general de una relación inversa entre inflación y desempleo.

    Las limitaciones importan, pero también indican por dónde continuar

    El gasto en I+D como proporción del PIB es una aproximación al cambio tecnológico, no una medición exhaustiva. No captura plenamente los spillovers tecnológicos, las transferencias internacionales de tecnología, las innovaciones organizacionales, el aprendizaje por la práctica, las mejoras incrementales no formalizadas ni toda la adopción creativa de tecnologías ya existentes.

    Al mismo tiempo, el artículo defiende su utilización porque ofrece series largas, comparables y metodológicamente estandarizadas y porque existe una relación bien documentada entre I+D y medidas posteriores de productividad. Precisamente porque omite formas reales de cambio tecnológico, el indicador puede interpretarse como una cota inferior conservadora del cambio tecnológico total.

    El propio estudio señala además que las relaciones encontradas son complejas y pueden estar afectadas por variables no incorporadas al análisis. También reconoce que, aunque el núcleo teórico queda delineado y sometido a verificación econométrica, todavía debe conectarse con otros componentes de la teoría marxista, como los ciclos económicos y la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia.

    ¿Y qué implica todo esto para la política económica?

    Aquí conviene no atribuirle al artículo conclusiones que todavía no desarrolla. El trabajo no presenta una teoría acabada de política monetaria ni concluye, por ejemplo, que una determinada decisión sobre tasas de interés sea simplemente “tratar el síntoma y no la enfermedad”.

    En cambio, señala explícitamente esas preguntas como una línea de trabajo pendiente: deben desarrollarse las implicaciones tanto para la organización sindical de los trabajadores como para los hacedores de política económica, y debe examinarse la relación de la teoría propuesta con las políticas monetarias contemporáneas, particularmente los regímenes de metas de inflación.

    La consecuencia inmediata del artículo es, por tanto, anterior a cualquier receta: si la inflación posee una dimensión estructural ligada al cambio tecnológico, los salarios reales, la plusvalía y la distribución del ingreso, entonces una teoría que pretenda explicarla exclusivamente mediante variables monetarias deja fuera una parte esencial del fenómeno.

    · · ·

    Más allá de la curva

    La contribución del estudio puede condensarse en tres resultados: no encuentra una relación estadísticamente significativa de largo plazo entre inflación y desempleo para Estados Unidos durante el período estudiado; encuentra evidencia de relaciones relevantes entre cambio tecnológico e inflación; y obtiene resultados consistentes con la hipótesis de que la inflación reduce los salarios reales y permite que las ganancias de productividad repercutan en la tasa de plusvalía.

    La importancia del argumento no reside simplemente en sustituir una correlación por otra. El cambio de perspectiva es más profundo: pasa de tratar la inflación como un problema aislado de precios a situarla dentro de la reproducción y acumulación del capital y de la disputa por la distribución del valor producido.

    En ese marco, la pregunta deja de ser únicamente por qué suben los precios. También pasa a ser: ¿qué ocurre con los beneficios de las mejoras tecnológicas cuando se generalizan? ¿Cómo se distribuyen esos incrementos de productividad entre capital y trabajo? ¿Qué función desempeña la variación del salario real en ese proceso?

    Son esas relaciones —y no una simple sustitución mecánica entre inflación y desempleo— las que el artículo propone situar en el centro del análisis.

  • VENTAJA ABSOLUTA VS. VENTAJA COMPARATIVA: UNA COMPARACIÓN MULTIDIMENSIONAL

    VENTAJA ABSOLUTA VS. VENTAJA COMPARATIVA: UNA COMPARACIÓN MULTIDIMENSIONAL

    Teoría del comercio · Econometría · Política económica

    ¿Y si David Ricardo estaba equivocado?
    Un nuevo desafío econométrico a la ventaja comparativa

    Basado en: Gómez Julián, J. M. (2025). “Teorías del comercio internacional versus resultados de los tratados comerciales.” Revista Cubana de Economía Internacional, 12(1), 36–57. Leer el artículo original

    La mayoría de las personas que han llevado un curso introductorio de economía se han encontrado con una idea engañosamente sencilla: los países deberían especializarse en aquello que hacen relativamente mejor, incluso si otro país es mejor produciendo todo. Esta es la doctrina de la ventaja comparativa, atribuida en gran medida al trabajo de David Ricardo de comienzos del siglo XIX sobre el comercio entre Inglaterra y Portugal. Se ha convertido en una de las justificaciones más citadas del libre comercio y de la arquitectura de los tratados comerciales modernos.

    Un artículo de 2025 de Juan Manuel Gómez Julián, publicado en la Revista Cubana de Economía Internacional, plantea una pregunta provocadora: ¿los datos reales de los tratados comerciales respaldan la ventaja comparativa, o apuntan de nuevo hacia la idea más antigua y sencilla de la ventaja absoluta? Su respuesta, alcanzada mediante una combinación de análisis histórico, razonamiento matemático y modelización econométrica moderna, probablemente incomode buena parte del pensamiento convencional sobre política comercial.

    Las dos ideas en competencia, explicadas en lenguaje sencillo

    Antes de entrar en la contribución del artículo, conviene dejar absolutamente claro qué está en juego. Imaginemos dos países:

    • País A puede producir tanto trigo como acero de manera más eficiente —más rápido, más barato y utilizando menos recursos— que el País B.
    • País B es menos eficiente en la producción de ambos bienes.

    La ventaja absoluta (Adam Smith, 1776) sostiene: el País A es sencillamente mejor en ambos bienes. El País B no tiene ninguna razón evidente para competir directamente con él, y el comercio entre ambos estará condicionado por la magnitud de la diferencia en sus capacidades productivas.

    La ventaja comparativa (David Ricardo, 1817) responde: un momento; aunque el País A sea mejor en ambos bienes, es proporcionalmente mejor produciendo acero que trigo. El País B, aunque sea peor en todo, es relativamente menos malo produciendo trigo. Por tanto, si el País A se concentra en el acero y el País B en el trigo, y ambos comercian, los dos terminan beneficiándose. La superioridad absoluta no importa; lo que importa es la proporción entre las eficiencias dentro de cada país.

    La idea es elegante. Pero también es, como sostiene Gómez Julián, sorprendentemente frágil cuando se contrasta con datos del mundo real.

    Lo que realmente hace el artículo

    Gómez Julián aborda la cuestión desde tres ángulos complementarios, lo que proporciona al artículo una amplitud metodológica poco habitual.

    1. Generalización matemática

    En primer lugar, examina hasta qué punto cada teoría se sostiene cuando se la lleva matemáticamente más lejos; es decir, cuando se pregunta si su lógica continúa siendo válida bajo supuestos más generales y realistas que los modelos de manual originales de dos países y dos bienes. Según encuentra, la ventaja comparativa depende de un conjunto estrecho de supuestos —tecnologías idénticas en determinados aspectos, costos constantes, ausencia de costos de transporte y pleno empleo— que tienden a desmoronarse cuando el modelo se vuelve más realista. La ventaja absoluta, por el contrario, mantiene su coherencia bajo una gama más amplia de condiciones.

    2. Contexto histórico

    En segundo lugar, el artículo reconstruye la historia intelectual del problema. Ricardo desarrolló la ventaja comparativa en un mundo en el que la naturaleza de la producción era fundamentalmente distinta de la actual economía globalizada e intensiva en tecnología. El autor sostiene que la teoría fue producto de su época: útil como experimento mental, pero no como guía fiable para la política comercial moderna, especialmente cuando la brecha tecnológica entre los socios comerciales es muy amplia.

    3. Evidencia econométrica

    Es aquí donde el artículo realiza su contribución más distintiva. Gómez Julián utiliza dos familias de modelos estadísticos para comprobar cuál de las dos teorías explica mejor los resultados reales de los tratados comerciales:

    • Modelos de Equilibrio General Computable (EGC) — modelos de simulación a gran escala que intentan representar la economía completa, sector por sector, y posteriormente simulan qué ocurre cuando un tratado comercial modifica aranceles, cuotas o condiciones de acceso a los mercados. Son ampliamente utilizados por instituciones como el Banco Mundial y la OMC.
    • Modelos Lineales Generalizados (GLM) bayesianos objetivos — un enfoque estadístico moderno que emplea inferencia bayesiana —actualizando las creencias mediante los datos— con un mínimo de supuestos subjetivos (priores “objetivos”). Esto permite que los datos hablen con mayor libertad, sin imponer fuertes ideas preconcebidas acerca de cuál “debería” ser la respuesta.

    Los resultados combinados apuntan en la misma dirección: los resultados comerciales entre países con asimetrías tecnológicas significativas son explicados mejor por la ventaja absoluta que por la ventaja comparativa.

    ¿Qué significa esto en la práctica?

    Las implicaciones prácticas son importantes y van a contracorriente de las recomendaciones dominantes en materia de política comercial durante las últimas décadas.

    Si la ventaja comparativa es el enfoque correcto, entonces el libre comercio entre cualesquiera dos países —ricos o pobres, tecnológicamente avanzados o no— resulta mutuamente beneficioso casi por definición. La recomendación de política económica es sencilla: liberalizar, firmar acuerdos y reducir barreras.

    Pero si la ventaja absoluta constituye un modelo mejor, entonces la estructura del acuerdo importa enormemente. Un tratado comercial entre un país altamente industrializado y otro predominantemente agrícola no es intrínsecamente beneficioso para ambas partes. Puede encerrar al país menos desarrollado en exportaciones de bajo valor agregado mientras inunda sus mercados con bienes manufacturados que desplazan a la industria local. Las asimetrías tecnológicas y salariales entre los firmantes pasan entonces a ocupar un lugar central, en lugar de constituir una consideración secundaria.

    En otras palabras, los resultados de Gómez Julián sugieren que los tratados comerciales deberían diseñarse prestando una atención deliberada a los desequilibrios de poder y a las capacidades productivas de las partes involucradas, en lugar de firmarse simplemente bajo el supuesto de que todo comercio es necesariamente beneficioso.

    Por qué esto importa más allá de la economía

    Si sos politólogo, analista de políticas públicas o simplemente alguien que sigue la geopolítica, este debate está lejos de ser meramente académico. Los tratados comerciales se encuentran entre los instrumentos más importantes de la política exterior y de la estrategia económica interna. Moldean la política industrial, los mercados laborales, los patrones migratorios e incluso las alianzas geopolíticas.

    La cuestión de si un tratado comercial es “justo” o “beneficioso” depende de la teoría económica utilizada para evaluarlo. Si la teoría dominante es incorrecta —o, como mínimo, incompleta—, décadas de recomendaciones en materia de política comercial podrían haber subestimado sistemáticamente los riesgos de la liberalización entre socios desiguales.

    Esto no significa que el proteccionismo sea la respuesta. Pero sí significa que los términos de la relación importan. Un tratado comercial que tome en consideración las brechas tecnológicas, incluya disposiciones para la transferencia de tecnología e incorpore mecanismos de ajuste es un instrumento muy distinto de uno que simplemente elimine los aranceles entre economías desiguales y dé el asunto por terminado.

    Referencia: Gómez Julián, J. M. (2025). Teorías del comercio internacional versus resultados de los tratados comerciales: ¿ventaja absoluta o comparativa? Revista Cubana de Economía Internacional, 12(1), 36–57. https://revistas.uh.cu/rcei/article/view/11142

  • ¿Tienen las Ciencias Sociales el Mismo Estatus Científico que las Ciencias Naturales?

    ¿Tienen las Ciencias Sociales el Mismo Estatus Científico que las Ciencias Naturales?

  • Marx, Engels y la Paradoja del Valor C

    Marx, Engels y la Paradoja del Valor C

    Por qué una ameba tiene 200 veces más ADN que tú — Una mirada filosófica a la paradoja del valor C
    Divulgación · Filosofía de la Ciencia · Biología Molecular

    La paradoja del valor C:

    ¿Por qué una ameba tiene 200 veces más ADN que tú?

    Un filósofo sostiene que la forma en que contamos los genes está mal planteada y propone una corrección dialéctica informada por la mecánica cuántica.

    Entrada de blog 2025
    ~ 9 min de lectura

    Imagina que te entregan dos libros. Uno es una novela breve; el otro, una enciclopedia del tamaño de una maleta. Intuitivamente, supondrías que la enciclopedia contiene más información. Ahora imagina que la novela resulta contener las instrucciones para construir un ser humano completo, mientras que el enorme volumen apenas describe cómo ser una ameba unicelular. Bienvenido a la paradoja del valor C —uno de los enigmas más persistentes de la biología moderna— y a un artículo reciente que propone una manera verdaderamente inusual de pensarla.

    El artículo en cuestión es “Outlining a Dialectical Hypothesis on the C-Value Paradox in the Light of Quantum Chemistry”, del filósofo José Mauricio Gómez Julián, publicado en el archivo Pitt Philosophy of Science (disponible aquí). No es un artículo típico de biología. Se mueve con fluidez entre la lógica hegeliana, la mecánica cuántica, los elementos genéticos egoístas y las matemáticas de cómo medimos conjuntos. Si eso suena intimidante, no te preocupes: al final de esta entrada verás por qué el argumento importa, incluso si nunca has abierto un libro de biología.

    1. El problema: más ADN, pero no más complejidad

    Empecemos por lo básico. Cada célula viva contiene una copia completa del ADN del organismo: su genoma. Los biólogos miden el tamaño del genoma en pares de bases (pb) o, por comodidad, en megabases (Mb), donde 1 Mb = un millón de pares de bases. Esta medida se denomina valor C.

    En los procariotas (bacterias y arqueas, las formas de vida más simples, sin núcleo celular), la relación es bastante intuitiva: genoma más grande, más genes y, hasta cierto punto, un organismo más complejo. Pero cuando pasamos a los eucariotas (desde las levaduras hasta los seres humanos, cuyas células contienen núcleo), la intuición se derrumba.

    Algunas cifras sorprendentes
    Organismo Tamaño del genoma (Mb) Número de genes (aprox.)
    Levadura12~6,000
    Mosca de la fruta180~14,000
    Ser humano3,400~20,000–25,000
    Cebolla18,000
    Ameba (A. dubia)686,000

    Fuentes: Latorre & Silva (2013); Pray (2022).

    Una ameba unicelular contiene aproximadamente 200 veces más ADN que un ser humano. Una cebolla necesita alrededor de cinco veces más ADN que nosotros. Los anfibios, como grupo, muestran variaciones en el tamaño del genoma de hasta 91 veces. Como señala el artículo, citando a Latorre y Silva, «es difícil creer que esto pueda reflejar variaciones de casi 100 veces en el número de genes necesarios para dar origen a los anfibios correspondientes».

    Tampoco se trata simplemente de cuántos genes hay. Incluso el recuento bruto de genes codificantes de proteínas no sigue bien la complejidad: un pez globo tiene aproximadamente el mismo número que un ser humano (~35,000), y la planta de arroz tiene más (~51,000). La desconexión entre el tamaño del genoma, el número de genes y la complejidad del organismo es la paradoja del valor C.

    2. ¿Por qué debería importarle a alguien fuera de la biología?

    Si eres economista, politólogo o matemático, quizá te preguntes qué tienen que ver las amebas con tu trabajo. La respuesta no está en los detalles biológicos, sino en el tipo de razonamiento que emplea el artículo. Gómez Julián plantea un argumento sobre cómo medimos la complejidad y, en particular, por qué nuestras herramientas estándar de conteo y medición fallan cuando el sistema que estudiamos es fundamentalmente no lineal.

    Este problema aparece en todas partes: en los mercados financieros (donde pequeños choques se propagan de forma impredecible), en los sistemas políticos (donde un solo acontecimiento puede transformar un orden entero) y en la ecología (donde las especies interactúan en redes, no en cadenas). En el fondo, la paradoja del valor C es un caso de estudio sobre lo que ocurre cuando se intenta imponer un marco contable lineal a una realidad no lineal.

    3. La filosofía: ¿qué significa aquí «dialéctico»?

    La columna vertebral filosófica del artículo proviene del materialismo dialéctico, una tradición con raíces en Hegel y desarrollada por Marx, Engels y posteriormente por filósofos soviéticos. Para quienes no estén familiarizados con el término, la idea esencial puede expresarse así:

    Las cosas no son únicamente lo que son en su estado actual de desarrollo, sino también su potencial.

    En este marco, la realidad es una totalidad: no solo lo que existe actualmente, sino también lo que podría existir, lo que está llegando a ser y lo que está siendo aniquilado. El concepto de «contradicción» es central, pero no en el sentido coloquial de un error lógico. Una contradicción dialéctica significa que cualquier cosa compleja contiene tendencias opuestas de desarrollo que son simultáneamente complementarias y mutuamente excluyentes. Estas tendencias pueden ser no antagónicas (estables y coexistentes) o antagónicas (desestabilizadoras y, en última instancia, capaces de obligar al sistema a transformarse en algo cualitativamente nuevo).

    Gómez Julián establece un paralelismo explícito entre esta noción filosófica y el principio de complementariedad de Bohr en mecánica cuántica: para comprender plenamente un fenómeno cuántico se necesita tanto la descripción ondulatoria como la descripción corpuscular, aunque ambas sean mutuamente excluyentes. El artículo sostiene que esto no es meramente una analogía, sino que refleja una estructura lógica más profunda compartida por la física, la química y la biología.

    Para quienes tengan formación en economía, el paralelismo con el razonamiento dialéctico en economía política es directo. Así como una mercancía es simultáneamente valor de uso y valor de cambio —y no puede comprenderse examinando solo uno de esos aspectos—, un gen es simultáneamente una estructura física (una secuencia de ADN) y un agente funcional (portador de información, elemento regulador o replicador «egoísta»). Reducirlo a una sola dimensión es precisamente lo que genera la paradoja.

    4. El núcleo matemático: por qué falla el conteo lineal

    Llegamos ahora a lo que interesará a matemáticos y econometristas. El artículo formula una afirmación matemática precisa: las herramientas que utilizamos para contar genes presuponen linealidad, pero el sistema genético es no lineal.

    Formalmente, una función φ se denomina sigma-aditiva (o numerablemente aditiva) si la medida de una unión de conjuntos disjuntos es igual a la suma de las medidas de cada conjunto. Este es el fundamento estándar de la teoría de la probabilidad y de la teoría de la medida: los axiomas de Kolmogórov en los que se apoya todo estadístico y econometrista.

    Una función subaditiva, en cambio, solo exige que la medida de la unión sea menor o igual que la suma de las partes. Las funciones aditivas son un caso particular de las subaditivas. En genética, cuando se utiliza un modelo aditivo se está suponiendo una relación perfectamente lineal entre el número de copias de un alelo y los rasgos del organismo: sin dominancia, sin interacción y sin epistasis. Como mostraron Huang y Mackay (2016), esta suposición es empíricamente inadecuada para la mayoría de los rasgos cuantitativos.

    El argumento de Gómez Julián es que contar genes mediante funciones sigma-aditivas trata implícitamente el genoma como un sistema lineal: más genes = proporcionalmente más complejidad. Pero la evidencia muestra que esto es falso. La complejidad surge de cómo interactúan los genes, no de cuántos hay. Por lo tanto, la propia función de conteo debe cambiar.

    5. ¿Qué genera realmente la complejidad? Ocho factores

    El artículo propone que cualquier relación significativa entre el número de genes y la complejidad del organismo debe tener en cuenta ocho aspectos clave de los procesos moleculares subyacentes. Aquí están, expresados en términos sencillos:

    1. ¿Qué tipo de información está codificada? — No todos los genes contienen el mismo tipo de instrucción. Algunos codifican proteínas estructurales; otros regulan cuándo y dónde se producen esas proteínas.
    2. ¿Qué sistema de codificación se utiliza? — El «lenguaje» del genoma no es uniforme; distintas regiones operan bajo reglas de codificación diferentes.
    3. ¿Deberíamos asignar un mayor peso a los genes codificantes de proteínas? — Los genes codificantes de proteínas constituyen apenas alrededor del 1,5 % del genoma humano. ¿Debería contar igual el 98,5 % restante?
    4. ¿Qué tipo de transcripción ocurre? — Mediante el splicing alternativo, un solo gen puede producir múltiples proteínas diferentes. Los seres humanos podrían producir más de 500,000 proteínas distintas a partir de solo ~20,000 genes. El proceso no es uno a uno.
    5. El ADN es un sistema dinámico no lineal. — La doble hélice no se comporta como una cadena lineal simple. Los investigadores la modelan mediante hamiltonianos no lineales al menos desde la década de 1980, y a lo largo de la cadena pueden propagarse ondas conformacionales solitarias (solitones).
    6. ¿Qué tipo de gen está involucrado? — Existen genes codificantes de proteínas, genes de ARN, secuencias reguladoras, elementos transponibles y otros. No todos contribuyen a la «complejidad» de la misma manera.
    7. ¿Qué papel desempeñan los «genes negativos»? — Esta es una de las contribuciones más distintivas del artículo. Gómez Julián rebautiza los llamados «genes egoístas» como «genes negativos», tomando prestado de la filosofía dialéctica el concepto de negatividad. Son elementos genéticos (como los transposones) que se replican en beneficio propio, aunque sean dañinos o neutrales para el organismo. Existen en un estado de unidad y lucha con los genes «ordinarios» del organismo, y este conflicto es, según Werren (2011), «un importante motor del cambio y la innovación evolutivos».
    8. ¿Qué sucede durante la transcripción y en torno a ella? — Es el momento en que la doble hélice del ADN se desenrolla y quedan expuestas hebras individuales. Es el punto de máxima vulnerabilidad y máximo potencial creativo: aquí tienen lugar la edición del ADN, el trans-splicing y el quimerismo en tándem. Según el artículo, la fuente de la complejidad no lineal se concentra en esta fase.

    Si estos ocho factores pudieran incorporarse a un nuevo tipo de función de conteo —una que capte las interacciones no lineales, la regulación génica y la interacción dialéctica entre genes «positivos» y «negativos»—, la paradoja podría disolverse. El tamaño del genoma y el número de genes corresponderían entonces, al menos aproximadamente, con la complejidad del organismo.

    6. La química cuántica entra en escena

    Quizá te preguntes: ¿dónde encaja la mecánica cuántica en todo esto? La respuesta del artículo es que los enlaces covalentes que mantienen unido el ADN son fenómenos de naturaleza cuántico-mecánica. Ya en la década de 1920, Heitler y London mostraron que los enlaces covalentes pueden entenderse mediante la ecuación de Schrödinger. Los nucleótidos de cada hebra de ADN están unidos por fuertes enlaces covalentes, de modo que la dinámica de la hebra —su rigidez, su desenrollamiento y sus cambios conformacionales— está regida, en última instancia, por la mecánica cuántica.

    En la práctica, resolver la ecuación de Schrödinger completa para una molécula tan grande como el ADN supone un desafío computacional enorme. Pero se están produciendo avances. El artículo destaca tres progresos recientes:

    Progreso computacional

    Las soluciones analíticas y numéricas del modelo de ADN de Peyrard-Bishop (un modelo no lineal de la dinámica del ADN) muestran actualmente una fuerte convergencia (Al et al., 2020). Se han encontrado soluciones tipo kink y soluciones localizadas para la versión helicoidal del mismo modelo, que podrían servir como herramientas para modelar la transcripción de ADN a ARN (Zdravković et al., 2019). Además, el recocido cuántico se ha aplicado al ensamblaje de novo de genomas, resolviendo el problema combinatorio de unir fragmentos de ADN mediante optimización cuántica e inspirada en la computación cuántica (Boev et al., 2021).

    Son pasos iniciales, pero sugieren que las barreras computacionales para modelar el ADN como un sistema no lineal y cuántico-mecánico no son permanentes. La computación cuántica podría hacer viable en el futuro el análisis de moléculas grandes basado en la ecuación de Schrödinger.

    7. El panorama más amplio: un universo autodidacta

    En este punto, el artículo realiza su movimiento filosófico más ambicioso. Basándose en la investigación de Alexander et al. (2021), Gómez Julián describe un universo autoorganizado, determinista, históricamente determinado y autodidacta: uno que «evoluciona aprendiendo de manera autodidacta sus propias leyes», aplicando a escala cosmológica un proceso físicamente equivalente a la selección natural biológica. Desde esta perspectiva, el universo es un sistema que incorpora nuevas no linealidades a sí mismo con el paso del tiempo, una suerte de incremento espontáneo de la complejidad.

    Esto se vincula con el concepto de emergencia: la aparición espontánea de nueva información (nuevas estructuras, nuevos comportamientos) como resultado de la dinámica interna de un sistema. Las propias leyes de la física podrían estar sometidas a leyes de orden superior, del mismo modo que una lógica de cierto orden está sujeta a las reglas de una lógica de orden superior.

    Para la paradoja del valor C, la implicación es la siguiente: no se pueden comprender las partes (los genes) sin comprender el todo (el organismo y su historia evolutiva), ni se puede comprender el todo sin entender cómo emergió de las partes. La verdad, como diría Hegel, está en la totalidad.

    · · ·

    8. Entonces, ¿cómo sería realmente una solución?

    Gómez Julián se cuida de señalar que su artículo es una guía, no una solución. Propone construir una «función de conteo génico libre de paradoja» (PFGCF): un nuevo objeto matemático que sustituiría el conteo sigma-aditivo simple por algo capaz de captar:

    • Las interacciones génicas no lineales
    • El papel del splicing alternativo y de los elementos reguladores
    • La interacción dialéctica entre los genes ordinarios y los genes «negativos» (egoístas)
    • Las propiedades cuántico-mecánicas de la estructura del ADN
    • Lo que sucede durante la transcripción y en torno a ella

    Esta función quizá ni siquiera sea una única función, sino una familia de funciones, cada una destinada a captar distintos aspectos de la complejidad genómica. Su construcción requerirá, según sostiene el artículo, «filósofos, químicos, genetistas y físicos, así como el uso de equipos computacionales de alta capacidad».

    Se trata, en palabras del propio autor, de una «especulación legítima»: fundamentada en ciencia establecida, pero aún no verificada experimentalmente. El valor del artículo reside en identificar qué factores importan y qué tipo de matemáticas se necesitan, más que en ofrecer un modelo terminado.

    9. Por qué importa este artículo (aunque no seas biólogo)

    Volvamos a la pregunta de por qué esto debería importarle a alguien que no sea biólogo. Hay tres razones:

    El todo es más que la suma de sus partes, y las herramientas que utilizamos para contar las partes deben reflejarlo.

    Primero, el artículo es un caso de estudio de pensamiento interdisciplinario. Entreteje filosofía, matemáticas, química y biología de una manera poco común en cualquier disciplina. Se esté o no de acuerdo con su marco materialista-dialéctico, el intento de tender un puente entre Hegel y la química cuántica resulta intelectualmente estimulante.

    Segundo, pone de relieve un problema metodológico general: cuando las herramientas lineales fallan, ¿qué las sustituye? Los economistas se enfrentan a esto cuando el PIB no capta el bienestar; los politólogos, cuando el recuento de votos no capta la salud democrática; y los matemáticos, cada vez que la teoría de la medida se encuentra con la complejidad del mundo real. En el fondo, el llamado del artículo a crear nuevas funciones de conteo es un llamado a desarrollar nuevas matemáticas.

    Tercero, nos recuerda que las paradojas son productivas. La paradoja del valor C existe desde hace décadas y no ha sido resuelta, pero ha obligado a los biólogos a descubrir el splicing alternativo, los elementos transponibles, el ARN no codificante y la regulación epigenética. La paradoja nunca fue un callejón sin salida; fue una señal que apuntaba hacia verdades más profundas. Es una lección que cualquier disciplina puede aprovechar.

    · · ·

    Puedes leer el artículo completo de José Mauricio Gómez Julián en PhilSci Archive: https://philsci-archive.pitt.edu/24513/

  • Física Teórica y Sobre Por Qué Un Huevo Roto Jamás Vuelve a su Estado Original

    Física Teórica y Sobre Por Qué Un Huevo Roto Jamás Vuelve a su Estado Original

    Por qué los huevos rotos no se recomponen — Una nueva física de la historia, la dirección y el propósito
    Física • Filosofía • Fundamentos

    Por qué los huevos rotos no se recomponen

    Un filósofo sostiene que la historia, y no la mecánica, es la gramática más profunda del mundo físico — y que la propia materia persigue la estabilidad.

    Basado en un artículo de José Mauricio Gómez Julián ~9 min de lectura

    ¿Por qué un huevo roto nunca vuelve a recomponerse por sí solo? Todas las leyes que gobiernan el movimiento de sus átomos son perfectamente reversibles: si reproducimos la película hacia atrás, nada en las matemáticas protesta. Y, sin embargo, en el mundo real, los huevos rotos permanecen rotos. Esta brecha entre lo que permiten nuestras ecuaciones y lo que realmente hace la naturaleza ha perseguido a la física durante más de un siglo. Un nuevo artículo de la Universidad de Costa Rica propone una respuesta tan audaz filosóficamente como precisa matemáticamente.

    La paradoja que no desaparece

    En la década de 1870, el físico austríaco Josef Loschmidt cuestionó la explicación estadística de Ludwig Boltzmann sobre la segunda ley de la termodinámica. Su objeción era devastadoramente simple: si las ecuaciones del movimiento funcionan igual hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, ¿cómo puede la entropía —el desorden— aumentar siempre? Esta es la paradoja de Loschmidt, situada en la intersección entre la termodinámica, la mecánica cuántica y la filosofía de la ciencia.

    Los físicos han propuesto muchas respuestas parciales. Algunas apelan a la improbabilidad estadística de la reversión (hay astronómicamente más estados desordenados que ordenados). Otras recurren a condiciones de frontera cosmológicas: el universo simplemente habría comenzado en un estado muy especial de baja entropía. Trabajos más recientes, citados en este artículo, recurren a la teoría de la información y al principio de Landauer (la idea de que borrar información tiene un costo físico mínimo).

    Pero el autor —José Mauricio Gómez Julián, desde la Universidad de Costa Rica— considera insuficientes todas estas soluciones. Su tesis central es provocadora: la paradoja no está en la naturaleza. Está en nuestros modelos. Construimos teorías fundamentalmente ahistóricas y luego nos sorprendemos cuando el mundo real —que es fundamentalmente histórico— no las obedece. El problema, sostiene, no es que la realidad se comporte mal. Es que nuestras teorías se niegan a recordar.

    El giro central

    En lugar de preguntar «¿Por qué el mundo macroscópico es irreversible?», el artículo reformula por completo la cuestión: «¿Por qué insistimos en construir modelos reversibles y luego llamamos paradoja a la irreversibilidad?»

    El motor filosófico: el materialismo dialéctico

    El artículo se fundamenta en el materialismo dialéctico, una tradición filosófica arraigada en Marx y Engels, desarrollada previamente por Hegel en su forma idealista y posteriormente por físicos soviéticos como Blokhintsev y Rosental. Si esto suena inusual para un artículo de física, el autor diría que precisamente ahí está el punto.

    El materialismo dialéctico sostiene que la realidad está constituida por materia en movimiento, que las contradicciones no son fallas de nuestro pensamiento sino rasgos del mundo, y que los cambios cuantitativos terminan produciendo saltos cualitativos. También insiste en una distinción que la física moderna ha tendido a confundir:

    • Epistemología — lo que podemos conocer y medir (nuestras limitaciones como observadores).
    • Ontología — lo que realmente existe en el mundo, independientemente de nuestra capacidad para observarlo.

    Esta distinción resulta ser la herramienta más incisiva del artículo. Cuando la mecánica cuántica afirma que la posición de una partícula es «incierta», el autor pregunta: ¿esa incertidumbre es una característica de la realidad (ontología) o una característica de nuestro conocimiento (epistemología)? Su respuesta es matizada y tiene consecuencias importantes. La propia ecuación de Schrödinger es plenamente determinista: si se le proporciona un estado inicial y un hamiltoniano, predecirá la función de onda futura con perfecta precisión. La aleatoriedad aparece únicamente cuando intentamos medir, cuando el sistema cuántico entra en contacto con nuestros instrumentos macroscópicos.

    En otras palabras, la probabilidad en la mecánica cuántica es un recurso epistemológico —una poderosa herramienta para manejar la complejidad y el conocimiento incompleto—, no una afirmación de que la realidad misma sea fundamentalmente aleatoria. Esto no significa que la mecánica cuántica esté equivocada. Significa que su carácter probabilístico nos habla de nosotros, no del universo.

    El autor procura, sin embargo, distinguir esto del determinismo laplaciano clásico. El principio de incertidumbre de Heisenberg, sostiene, es ontológico: refleja características estructurales genuinas de la realidad (la complementariedad entre posición y momento). Por tanto, el mundo es determinista en un sentido profundo, pero no en el sentido ingenuo de un mecanismo de relojería. Es determinista del modo en que lo es un sistema complejo y dependiente de la trayectoria: restringido, estructurado y regido por leyes, pero demasiado intrincado para que ningún observador pueda predecirlo por completo.

    Cuando el terreno contradice al mapa, confía en el terreno

    Dependencia de la trayectoria: la historia antes que el tiempo

    Aquí es donde el artículo realiza su movimiento conceptual más original. El autor sostiene que la dependencia de la trayectoria es más fundamental que el tiempo mismo.

    ¿Qué significa esto? En los sistemas complejos —economías, ecosistemas, organismos vivos—, el estado actual no depende únicamente de las condiciones presentes, sino de toda la secuencia de acontecimientos que condujo hasta él. Una economía con el mismo PIB, población y tecnología que otra puede comportarse de manera muy distinta porque sus instituciones, crisis y decisiones de política siguieron una trayectoria histórica diferente. El artículo sostiene que esto no es solo una característica de los sistemas complejos. Es una característica de toda la realidad física, a todas las escalas.

    En este marco, el tiempo se replantea. No es un parámetro de fondo a través del cual suceden las cosas (como en la mecánica newtoniana), ni una dimensión entretejida en el espacio-tiempo (como en la relatividad), sino una estructura que registra las transformaciones materiales: una especie de memoria universal. El espacio y el tiempo coemergen como el tejido necesario para que la materia se desarrolle y preserve su trayectoria evolutiva.

    El autor remonta esta idea a la filosofía de la naturaleza de Hegel (publicada décadas antes de la relatividad de Einstein), donde lugar, espacio y tiempo se entienden como una unidad, y donde el movimiento —y, por tanto, la materia— surge de su contradicción. El pasaje es llamativo:

    El lugar es singularidad espacial… Este perecer y regenerarse del espacio en el tiempo y del tiempo en el espacio… es el movimiento. Este devenir… es la unidad inmediata, idéntica y existente del espacio y el tiempo: es la materia.
    — Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas

    Si la dependencia de la trayectoria es fundamental, entonces la irreversibilidad no es algo que deba explicarse, sino algo que debe asumirse, del mismo modo que los matemáticos asumen la existencia de los números naturales en lugar de demostrarla. Cada huevo roto, cada estrella que envejece y cada especie que ha evolucionado constituyen evidencia de que el universo recuerda su propia historia.

    Una nueva ecuación para un universo que recuerda

    El autor no se detiene en la filosofía. Propone una reformulación matemática concreta de la ecuación de Schrödinger —la ecuación fundamental de la mecánica cuántica— para hacer explícita la dependencia de la trayectoria.

    La mecánica cuántica estándar se escribe así:

    Forma estándar

    iℏ ∂ψ/∂t = Ĥ ψ

    donde el hamiltoniano Ĥ describe la energía del sistema en un instante dado.

    La reformulación del artículo introduce un hamiltoniano dependiente de la historia:

    Forma dependiente de la trayectoria

    iℏ ∂ψ/∂t = Ĥ(t) ψ

    donde Ĥ(t) = Ĥ₀ + ∫ K(t, t′) ψ(t′) dt′

    Aquí, t no es tiempo de reloj, sino un índice de interacción: un ordenamiento de cómo surgieron las interacciones físicas. El núcleo K(t, t′) codifica cómo cada interacción previa influye en la actual.

    Es una propuesta audaz. Afirma que el estado de un sistema cuántico en cualquier momento está determinado por la cadena completa de interacciones que lo condujo hasta allí, no solo por su configuración instantánea. El autor también define una métrica sobre este «espacio de interacciones», que representa la distancia entre interacciones tanto en términos de complejidad como de cambio de energía, y demuestra que satisface las propiedades estándar de una métrica matemática (no negatividad, simetría y desigualdad triangular).

    La elegancia de esta formulación consiste en que reproduce la física conocida como casos particulares:

    • Régimen clásico (baja energía, macroscópico): la métrica se reduce a la geometría euclidiana ordinaria.
    • Régimen relativista (alta velocidad): reproduce el intervalo de espacio-tiempo de Minkowski.
    • Régimen cuántico (entrelazamiento, superposición): la métrica captura las correlaciones cuánticas mediante la entropía de entrelazamiento.

    Entrelazamiento sin acción fantasmal

    El marco dependiente de la trayectoria también ofrece una nueva interpretación del entrelazamiento cuántico, la famosa «acción fantasmal a distancia» de Einstein. En la imagen estándar, medir una partícula entrelazada parece afectar instantáneamente a su compañera, sin importar cuán lejos se encuentre. En el marco del autor, las partículas entrelazadas no se comunican a través del espacio. Comparten una historia común de interacciones. Están «cerca» en el espacio de interacciones incluso cuando están muy separadas en el espacio físico, del mismo modo que dos puntos de una hoja doblada pueden parecer distantes pero resultar adyacentes al desplegarla.

    El teorema de Bell —que demostró que ninguna teoría realista local puede reproducir todas las predicciones cuánticas— no se viola, sino que se reinterpreta: la «no localidad» es real en el espacio-tiempo emergente, pero desaparece cuando se considera el espacio de interacciones más profundo. La localidad se preserva en el nivel fundamental; solo parece quebrarse en el espacio-tiempo efectivo que observamos.

    ¿Por qué la materia busca estabilidad?

    IV

    El segundo gran argumento del artículo se refiere a la teleología: la idea de que los procesos naturales están orientados hacia fines o propósitos. Es un concepto que la ciencia moderna ha desterrado en gran medida (con algunas excepciones notables en biología). El autor sostiene que debe recuperarse, pero de una forma materialista, no mística.

    La tesis es la siguiente: los sistemas físicos tienden universalmente hacia la máxima estabilidad alcanzable dentro de sus restricciones materiales. No se trata de una fuerza externa ni de diseño inteligente. Es una propiedad inherente de la propia materia, surgida de las contradicciones internas de los sistemas materiales.

    La evidencia abarca todas las escalas de la realidad:

    • Cosmológica: Las leyes del universo parecen estar «finamente ajustadas» para la estructura y la complejidad. Los modelos cosmológicos cíclicos sugieren una tendencia a preservar leyes favorables a la estabilidad.
    • Estelar: Las estrellas consumen su combustible nuclear y luego se transforman —en enanas blancas, estrellas de neutrones o supernovas—, representando cada resultado una reorganización hacia el siguiente estado estable alcanzable.
    • Química: La transformación del grafito en diamante inducida por presión. Sistemas autocatalíticos que se reorganizan cuando se agotan los reactivos.
    • Biológica: El papel del ADN como plantilla estable de transcripción. Los equilibrios puntuados de Gould —largos períodos de estasis seguidos de cambios rápidos—. La metamorfosis de los insectos.
    • Neural: La reorganización del cerebro mediante neuroplasticidad después de una lesión o durante el aprendizaje.
    • Social: Revoluciones que ocurren cuando las estructuras de producción existentes se vuelven incompatibles con las fuerzas productivas.

    En cada caso, el patrón es el mismo: los sistemas buscan estabilidad, la alcanzan temporalmente, agotan las condiciones que la hicieron posible, atraviesan una transformación cualitativa y reanudan la búsqueda en una nueva configuración. La estabilidad es el atractor; la transformación es el mecanismo.

    Mínima acción y estados fundamentales

    El autor conecta esta perspectiva teleológica con dos pilares de la física:

    El principio de mínima acción —la regla matemática según la cual los sistemas físicos siguen trayectorias que extremizan (por lo general, minimizan) el funcional de «acción»—. Normalmente se lo trata como una herramienta de cálculo. El artículo lo reinterpreta como una ley teleológica: los sistemas seleccionan trayectorias al servicio de su tendencia hacia la estabilidad, y la trayectoria de mínima acción es la que mejor cumple ese propósito. En ocasiones, el sistema no sigue la trayectoria de energía mínima absoluta, porque ese mínimo absoluto puede no servir al objetivo más amplio de una estabilidad sostenida.

    La tendencia al estado fundamental —la inclinación natural de los sistemas cuánticos a asentarse en su configuración de menor energía—. El autor, apoyándose en el trabajo de Solovej sobre la estabilidad de la materia, sostiene que esto no es meramente un resultado mecánico, sino una expresión de la necesidad fundamental de estabilización de la materia. Los electrones no caen «accidentalmente» a niveles de energía inferiores. Son impulsados hacia ellos por la lógica interna de la realidad material.

    Idea clave

    La teleología aquí no significa propósito en el sentido humano: no hay intenciones ni inteligencia. Es la tendencia de la materia a resolver sus propias contradicciones internas buscando la configuración más estable disponible. El propósito surge de las contradicciones inherentes de la materia, no de ninguna guía externa.

    La flecha del tiempo, reconsiderada

    Con la dependencia de la trayectoria como fundamento, la flecha del tiempo se vuelve casi trivial de explicar. El tiempo fluye en una dirección porque los sistemas son históricos. El futuro no depende únicamente del estado presente, sino de toda la trayectoria que condujo hasta él. La irreversibilidad no es un accidente estadístico ni una condición de frontera cosmológica: es una característica estructural de la realidad, tan básica como la existencia de los números naturales en matemáticas.

    El autor establece una analogía con el Fondo Cósmico de Microondas (CMB), la tenue radiación remanente del universo temprano, que proporciona un «marco preferido» natural para las observaciones cósmicas sin violar la relatividad. De forma análoga, el artículo propone que una dirección temporal preferida puede emerger de la dependencia de la trayectoria sin requerir un tiempo absoluto. Cada observador puede tener su propio «tiempo propio», pero la estructura causal —la cadena de dependencias— es invariante y objetiva en todos los sistemas de referencia.

    Esto tiende un puente entre la mecánica cuántica y la relatividad general. La teoría cuántica trabaja con una noción de tiempo más cercana a la imagen clásica (absoluta), mientras que la relatividad trata el tiempo como relativo y dependiente del observador. El marco de dependencia de la trayectoria ofrece una vía para reconciliar ambas: el ordenamiento de las interacciones es fundamental e independiente del observador; la medición del tiempo es relativa.

    Predicciones comprobables

    El artículo no permanece en el terreno de la filosofía. Propone cuatro protocolos experimentales concretos:

    • Estudios de decoherencia: Preparar sistemas cuánticos idénticos, asignarles diferentes historias de interacción y medir si sus tasas de decoherencia difieren. El artículo predice que sí lo harán.
    • Análisis del entrelazamiento: Generar pares de fotones entrelazados, exponerlos a diferentes historias de interacción y comprobar si la intensidad del entrelazamiento decae exponencialmente con la «distancia de interacción», tal como predice la métrica.
    • Experimento de doble rendija modificado: Introducir historias de interacción controladas antes de que las partículas lleguen a las rendijas y buscar desviaciones dependientes de la historia en el patrón de interferencia.
    • Relojes para la emergencia del tiempo: Preparar relojes atómicos idénticos con diferentes historias de interacción y comparar sus tasas de evolución temporal.

    Son experimentos técnicamente exigentes —requieren temperaturas de milikelvin, vacío ultraalto, detección de fotón único y tomografía cuántica de alta fidelidad—, pero están al alcance de las capacidades actuales de laboratorio. Las predicciones son suficientemente específicas como para poder ser refutadas, que es exactamente lo que exige la buena ciencia.

    Por qué esto importa más allá de la física

    PARA QUIEN NO ES FÍSICO

    Si sos economista, politólogo o simplemente alguien que reflexiona sobre cómo cambian las sociedades, el marco conceptual de este artículo debería resultarte familiar y, al mismo tiempo, provocador.

    El concepto de dependencia de la trayectoria ya es central en la economía institucional (pensemos en Douglass North o en el teclado QWERTY de Paul David). La idea de que la historia importa —de que no se puede comprender el estado actual de un sistema sin saber cómo llegó hasta allí— es un elemento básico de la política comparada y la sociología histórica. Lo que hace este artículo es sostener que la dependencia de la trayectoria no es simplemente una metáfora útil tomada de la física. Es una característica fundamental de la propia realidad física.

    Del mismo modo, el concepto del artículo de teleología sin intención —sistemas que persiguen la estabilidad mediante la lógica interna de sus propias contradicciones— resuena con fuerza con la teoría marxista del materialismo histórico, en la que los modos de producción se desarrollan, agotan su potencial y atraviesan transformaciones revolucionarias. El autor establece esta conexión explícitamente, señalando que las revoluciones ocurren «cuando las relaciones de producción existentes se vuelven incompatibles con las fuerzas productivas en desarrollo».

    Y la distinción entre epistemología y ontología —entre lo que podemos modelar y lo que realmente existe— es una cuestión que todo científico social debería tomarse en serio. Cuando nuestros modelos econométricos no logran predecir una crisis financiera, ¿es la crisis un «cisne negro» (una anomalía) o es evidencia de que nuestros modelos son demasiado ahistóricos para captar la realidad?

    El problema no es que la realidad «contradiga» la teoría, sino que la teoría es una abstracción limitada de la realidad, lo que genera tensión cuando se intenta hacer que la realidad encaje en el modelo en lugar de desarrollar modelos que capten la naturaleza histórico-contextual de la realidad.
    — José Mauricio Gómez Julián

    Un puente entre mundos

    No es un artículo que vaya a convencer a todo el mundo. Su marco filosófico —el materialismo dialéctico— es poco familiar y, para algunos, está políticamente cargado. Sus propuestas matemáticas, aunque rigurosas, son exploratorias y esperan confirmación experimental. Su afirmación de que la teleología es una característica fundamental de la materia les parecerá a muchos físicos un retroceso hacia formas de pensamiento premodernas.

    Pero eso es precisamente lo que hace que valga la pena leerlo. En un panorama donde la física teórica se ha fragmentado entre la teoría de cuerdas, la gravedad cuántica de bucles y diversas interpretaciones de la mecánica cuántica que reproducen los mismos resultados experimentales, un artículo que pregunta «¿Y si estamos partiendo de supuestos equivocados?» es exactamente el tipo de provocación que la ciencia necesita.

    La contribución más profunda del artículo quizá sea metodológica: demostrar que la filosofía y la física pueden informarse mutuamente sin que ninguna colonice a la otra. El marco filosófico aporta la claridad conceptual necesaria para formular mejores preguntas. La física aporta la disciplina experimental necesaria para comprobar si esas preguntas tienen respuestas reales.

    Sobrevivan o no sus propuestas específicas al escrutinio experimental, el artículo logra algo más modesto, pero no menos importante: hace que veamos el huevo roto de otra manera. No como un problema que debe explicarse hasta hacerlo desaparecer, sino como evidencia de un universo que recuerda y que, al recordar, avanza irreversiblemente.

    Artículo original: “A Dialectical Materialist Analysis on Path Dependence, Irreversibility and Teleology in Physical Systems”, de José Mauricio Gómez Julián, Universidad de Costa Rica.

    Disponible como preprint: OSF Preprints

    Esta entrada es un resumen explicativo y no representa las opiniones del autor ni de ninguna institución. Cualquier error de interpretación es responsabilidad exclusiva del autor del blog.

  • ESPACIOS BITOPOLÓGICOS: ESCUCHAR LA DIRECCIÓN DEL TIEMPO CUANDO IMPORTA

    ESPACIOS BITOPOLÓGICOS: ESCUCHAR LA DIRECCIÓN DEL TIEMPO CUANDO IMPORTA

    Espacios bitopológicos: escuchar la dirección del tiempo cuando importa

    Espacios bitopológicos: escuchar la dirección del tiempo cuando importa

    Cómo dos topologías —construidas a partir de los mismos datos— pueden percibir la diferencia entre pasado y futuro

    La mayoría de las herramientas que utilizamos para analizar secuencias de datos —promedios, correlaciones, análisis espectrales— tratan el tiempo como una etiqueta que podría transcurrir en cualquiera de las dos direcciones sin alterar la respuesta. Invertí el orden de tus datos y muchos métodos estándar te darán exactamente los mismos resultados. Pero en el mundo real, la dirección del tiempo importa profundamente. Las economías se expanden lentamente y colapsan de forma repentina. Los latidos del corazón aumentan suavemente y descienden con brusquedad. Un método ciego a la dirección es un método ciego a una de las características más fundamentales de cómo cambian los sistemas.

    Un artículo reciente del investigador independiente José Mauricio Gómez Julián introduce una construcción que aborda esta limitación. Partiendo de un método conocido de la teoría de grafos y extendiéndolo a grafos dirigidos, el artículo produce un par de topologías —marcos matemáticos para comprender la estructura y la conectividad— cuya divergencia constituye una huella topológica de la irreversibilidad temporal. Aplicado a tres décadas de datos económicos estadounidenses, el método recupera una imagen que es a la vez matemáticamente precisa y económicamente interpretable. Veamos las ideas principales.


    Ver y ser visto

    El punto de partida es una idea de hermosa simplicidad introducida por Lucas Lacasa y sus colaboradores en 2008. Imaginá representar una serie temporal —por ejemplo, 129 tasas trimestrales consecutivas de crecimiento del PIB de EE. UU.— como puntos sobre una línea temporal. Ahora conectá dos puntos mediante una línea si pueden «verse» entre sí: el segmento recto que los une pasa por encima de todos los puntos intermedios, como si estuvieras situado en uno de ellos y alumbraras con una linterna hacia el otro sin que hubiera obstáculos en el camino.

    El resultado es un grafo de visibilidad: una red cuyos nodos son puntos temporales y cuyas aristas codifican una relación geométrica. Los grafos de visibilidad se han utilizado para clasificar sistemas caóticos, detectar anomalías en los latidos cardíacos y distinguir entre distintos tipos de regímenes económicos. Traducen la forma de una serie temporal en la estructura de un grafo, abriendo la puerta al vasto conjunto de herramientas de la ciencia de redes.

    Pero los grafos de visibilidad estándar son no dirigidos: una arista entre dos puntos no registra cuál ocurrió primero. Si orientás cada arista desde el punto temporal anterior hacia el posterior, obtenés un grafo de visibilidad dirigido: un grafo dirigido acíclico en el que las flechas siempre apuntan hacia adelante en el tiempo. Esta orientación conserva información sobre la asimetría temporal que el grafo no dirigido descarta por completo.

    De las redes a la estructura

    Aquí es donde comienza la contribución del artículo.

    En 2018, Huda Nada y sus colaboradores introdujeron un procedimiento para transformar cualquier grafo no dirigido en un espacio topológico. Para quienes no estén familiarizados con el término, una topología es un marco matemático que define qué significa que grupos de puntos sean «abiertos», que conjuntos estén «conectados» y que los espacios posean «estructura». Opera en un nivel más abstracto que las distancias o las coordenadas: captura el patrón mediante el cual los conjuntos se superponen y se separan.

    La construcción de Nada funciona de la siguiente manera. Para cada vértice del grafo, se calcula su vecindad cerrada: el propio vértice más todos sus vecinos inmediatos. Se toma esta familia de vecindades y se genera una topología cerrándola bajo dos operaciones: intersecciones finitas (combinar vecindades mediante su superposición) y uniones arbitrarias (combinar vecindades reuniéndolas). El resultado es una topología sobre el conjunto de vértices, y sus invariantes —componentes conexas, propiedades de separación, número de componentes— capturan características estructurales del grafo.

    Este procedimiento es universal: funciona para cualquier familia de subconjuntos de cualquier conjunto. El contenido matemático reside en identificar cuál es la familia adecuada que debe utilizarse.

    La observación fundamental de Gómez Julián es que, para un grafo dirigido, no se obtiene una única familia de vecindades, sino dos. Para cada vértice:

    La vecindad cerrada hacia adelante incluye el propio vértice y todos los vértices hacia los que este apunta: los puntos temporales posteriores que puede ver. La vecindad cerrada hacia atrás incluye el propio vértice y todos los vértices que apuntan hacia él: los puntos temporales anteriores desde los cuales es visible.

    Aplicá el procedimiento de Nada a las vecindades hacia adelante y obtenés una topología τ+. Aplicalo a las vecindades hacia atrás y obtenés una topología τ. La terna resultante (V, τ+, τ) es lo que los matemáticos denominan un espacio bitopológico: un conjunto equipado simultáneamente con dos topologías, concepto introducido por John Kelly en 1963.

    La extensión es, en un sentido matemático preciso, trivial: a los axiomas de la topología no les importa de dónde provenga la familia generadora. Pero reconocer que esta extensión trivial es precisamente lo que debe hacerse, y demostrar que la estructura bitopológica resultante captura algo real acerca de la asimetría temporal, constituye la idea central del artículo.

    Cuando dos topologías discrepan

    Si el proceso que genera tus datos es simétrico —con la misma probabilidad de subir que de bajar y a la misma velocidad—, entonces las vecindades hacia adelante y hacia atrás son estadísticamente intercambiables. Las dos topologías τ+ y τ tienen el mismo aspecto, y la estructura bitopológica no añade nada respecto de la construcción no dirigida.

    Pero si el proceso es asimétrico, las dos topologías divergen. Consideremos la asimetría prototípica de los sistemas económicos y físicos: una expansión gradual seguida de una contracción repentina. La visibilidad hacia adelante a través de un ascenso gradual conecta muchos puntos: cada punto puede ver muy lejos hacia adelante gracias a la suave pendiente. La visibilidad hacia atrás a través de una caída abrupta conecta pocos: el pronunciado descenso bloquea la línea de visión. La topología hacia adelante termina estando más conectada —con menos componentes separadas— que la topología hacia atrás.

    Esta divergencia es la huella topológica de la irreversibilidad temporal. El artículo define tres medidas cuantitativas de ella:

    La dirección de la asimetría Δ = C − C+, donde C+ y C son los números de componentes conexas de las topologías hacia adelante y hacia atrás. Un Δ positivo significa que la topología hacia adelante está más conectada. El índice de irreversibilidad por número de componentes IC, que normaliza la diferencia para que se sitúe entre 0 y 1. Y el índice de irreversibilidad por tamaño de la base IB, que mide la diferencia análoga entre los tamaños de las bases generadoras.

    Se trata de números puros: sin calibración, sin parámetros libres y sin datos de entrenamiento. Emergen de la propia estructura de los datos y de la construcción.

    Si invertís la dirección del tiempo en tus datos y las topologías cambian, entonces algo en el proceso que generó esos datos es irreversible; y la distancia entre las dos topologías mide exactamente cuánto.

    Pelando la cebolla: tres capas de estructura

    Una de las contribuciones más esclarecedoras del artículo es la identificación de tres capas anidadas de estructura topológica sobre una misma serie temporal, cada una de las cuales revela información distinta.

    Capa 1 — La topología de Alexandrov (alcanzabilidad). Para un grafo dirigido acíclico, la topología más básica considera «abierto» cualquier conjunto cerrado bajo alcanzabilidad hacia adelante: si un nodo pertenece al conjunto, todos sus descendientes también pertenecen a él. Esta topología tiene exactamente una componente conexa para cualquier grafo débilmente conexo, porque cada nodo puede alcanzar a todo nodo posterior mediante algún camino dirigido. En este nivel, el sistema es globalmente indescomponible. Nos dice lo que ya sabemos: la economía es un único proceso conectado en el que cada trimestre influye sobre todos los trimestres posteriores mediante cadenas de causalidad.

    Capa 2 — La topología de Nada no dirigida (fragmentación local). Cuando aplicás la construcción de Nada a la versión no dirigida del grafo de visibilidad, la topología se fragmenta drásticamente. El cierre por intersecciones de las vecindades revela grupos de puntos temporales que comparten similitud estructural local —grupos de observaciones vinculados mediante vecindades de visibilidad superpuestas— y que van más allá de la mera alcanzabilidad. Esta capa descubre una estructura genuina que la topología de alcanzabilidad oculta por completo.

    Capa 3 — La capa bitopológica (asimetría temporal). Cuando dividís la construcción en una parte hacia adelante y otra hacia atrás, emerge una distinción adicional. Las topologías hacia adelante y hacia atrás poseen diferentes números de componentes, y esa diferencia es invisible tanto para la construcción no dirigida como para la construcción de Alexandrov. Solo existe en la brecha entre las dos topologías dirigidas.

    Cada capa está contenida en la siguiente: la topología de Alexandrov es una subtopología de la topología de Nada —un teorema demostrado en el artículo—, que a su vez subyace a la estructura bitopológica. Pero cada capa más gruesa oculta información que la capa más fina revela.

    Cómo se ve la economía estadounidense a través de una lente topológica

    El artículo aplica el procedimiento completo a la tasa trimestral de crecimiento del PIB real de EE. UU. desde el T1 de 1992 hasta el T1 de 2024: 129 observaciones que abarcan el colapso de las puntocom, la Crisis Financiera Global y el impacto de la COVID-19. Se utilizan dos construcciones de grafos: el Grafo de Visibilidad Horizontal (HVG) y el Grafo de Visibilidad Natural (NVG), ambos en sus formas dirigidas.

    El principal resultado es que Δ = +4 en ambas construcciones. La topología hacia adelante posee 4 componentes conexas menos que la topología hacia atrás, independientemente de qué variante del grafo de visibilidad se utilice. Este valor positivo es coherente con la bien documentada asimetría del ciclo económico estadounidense durante este período: las expansiones son graduales y sostenidas (1992–2000, 2001–2007, 2009–2020), mientras que las contracciones son bruscas y de corta duración (2001, 2008–2009, 2020). La visibilidad hacia adelante a través de una expansión gradual permanece despejada; la visibilidad hacia atrás a través de una contracción abrupta es fragmentaria.

    Lo que hace especialmente convincente este resultado es su invariancia. El HVG y el NVG producen grafos muy diferentes —248 frente a 406 aristas, distintos tamaños de base y distintos números absolutos de componentes— y, sin embargo, coinciden tanto en el signo como en la magnitud de Δ. La señal parece robusta: una característica de los datos subyacentes, no un artefacto de la forma elegida para construir el grafo.

    Otro detalle digno de atención: el índice de irreversibilidad por tamaño de la base IB es exactamente cero en ambas construcciones. Las topologías hacia adelante y hacia atrás son generadas por bases de igual tamaño (250 y 250 para el HVG; 239 y 239 para el NVG). La asimetría reside por completo en la estructura de esos elementos de la base y en la forma en que se distribuyen sus intersecciones, no en cuántos elementos existen. Las dos topologías están construidas con el mismo número de bloques fundamentales, pero esos bloques encajan de manera diferente dependiendo de si se observa hacia adelante o hacia atrás en el tiempo.

    Un único impacto

    Quizá el resultado empírico más llamativo sea lo que la topología nos dice acerca del impacto de la COVID-19.

    El segundo trimestre de 2020 registró la contracción más pronunciada del PIB de EE. UU. de toda la serie: una tasa anualizada de aproximadamente −31 %. El tercer trimestre registró el rebote más pronunciado: aproximadamente +33 %. Son las dos observaciones más extremas de toda la serie de 129 trimestres, opuestas tanto en signo como en interpretación económica.

    Un análisis ingenuo las separaría naturalmente: una es el peor colapso y la otra, la mejor recuperación. Se encuentran en extremos opuestos del espectro de valores.

    Pero la topología de Nada las clasifica juntas. Tanto bajo las topologías no dirigidas como bajo las dirigidas, y tanto con el HVG como con el NVG, estas dos observaciones pertenecen a la misma componente conexa.

    ¿Por qué? Porque la topología no es una medida de proximidad. No agrupa los puntos según lo cercanos que sean sus valores. Los agrupa según la estructura de sus vecindades de visibilidad: qué otros puntos pueden ver y cómo se intersectan esos patrones de visibilidad. A pesar de poseer valores extremos y opuestos, ambos trimestres comparten vecindades que se superponen sustancialmente. El cierre por intersecciones, que impulsa la construcción de Nada, los sitúa en el mismo grupo.

    Esto coincide con la interpretación que la mayoría de los economistas da al acontecimiento: la contracción y el rebote son dos fases de un único impacto exógeno, impulsadas por la misma causa subyacente —la pandemia y la respuesta de política económica ante ella—. La topología recupera esta interpretación únicamente a partir de la geometría de los datos, sin incorporar a priori ningún supuesto económico.

    Lo que la topología no afirma: no dice que los dos trimestres sean «similares» en valor —son las dos observaciones más distantes de toda la serie—. Afirma que están estructuralmente vinculados: ningún conjunto abierto topológico los separa. La construcción responde a la combinatoria de la visibilidad, no a la métrica de la distancia.

    Certificando la construcción

    El artículo se toma en serio la fiabilidad en tres niveles.

    Demostraciones verificadas por máquina. El teorema central y otros resultados fundamentales relacionados han sido formalizados en Lean 4, un asistente de demostración, utilizando la biblioteca matemática Mathlib. Una computadora ha verificado que las demostraciones son lógicamente correctas, sin lagunas ni supuestos ocultos. La formalización está archivada junto con el artículo como parte de un paquete de reproducibilidad en Zenodo.

    Algoritmos de tiempo polinómico. Cada paso de la construcción posee un algoritmo explícito con cotas de complejidad demostradas. Las componentes conexas de cada topología pueden calcularse en tiempo polinómico sin enumerar la topología completa, que puede alcanzar un tamaño exponencial. El truco fundamental consiste en trabajar mediante un sustituto combinatorio de la topología denominado preorden de especialización, utilizando operaciones sobre conjuntos de bits que resultan altamente eficientes en la práctica.

    Incertidumbre honesta. Un procedimiento de decisión trivaluado para la conexidad por pares devuelve «conectados por pares», «desconectados por pares» o «indeterminado»; esta última respuesta aparece cuando el cálculo agota su presupuesto de recursos. En lugar de adivinar, el algoritmo informa honestamente que no ha terminado el trabajo. Esto constituye tanto un compromiso metodológico como técnico: una afirmación topológica solo se considera establecida cuando el cálculo ha completado el trabajo necesario para establecerla.

    Sin parámetros libres. La construcción no posee parámetros de ajuste. Los invariantes topológicos —número de componentes, tamaños de las bases e índices de irreversibilidad— quedan determinados por completo por los datos y las definiciones. No hay nada que calibrar ni nada que sobreajustar.

    Una nueva lente

    El artículo no propone sustituir los métodos existentes de análisis de series temporales. La correlación, el análisis espectral, los modelos de cambio de régimen y las muchas otras herramientas de la econometría y la estadística capturan información que la topología no puede ver: amplitud, frecuencia y forma distribucional. El artículo es explícito respecto de esta complementariedad.

    Lo que ofrece la construcción topológica es una nueva lente: una que responde a la estructura relacional de una serie temporal en lugar de a su estructura métrica. No pregunta «¿qué tan grande es este cambio?», sino «¿con qué conecta este cambio?, ¿de qué se desconecta?, ¿y cambia la respuesta dependiendo de la dirección temporal desde la cual lo observamos?».

    En sistemas en los que la asimetría temporal constituye una característica definitoria —ciclos económicos, dinámica climática, señales fisiológicas, secuencias causales de acontecimientos—, esta lente puede revelar estructuras que las herramientas tradicionales, por su propia construcción, son incapaces de ver.

    La aplicación al PIB de EE. UU. es una prueba de concepto. La construcción es general: se aplica a cualquier serie temporal que pueda transformarse en un grafo de visibilidad dirigido, es decir, a cualquier serie temporal. Determinar si los invariantes que produce constituyen características útiles para la clasificación, la predicción o la interpretación en contextos más amplios es una cuestión empírica que el artículo abre, pero no resuelve.

    Lo que sí establece es lo siguiente: existe una construcción que toma una serie temporal, produce dos topologías a partir de ella y cuantifica la brecha entre ambas como una medida de irreversibilidad temporal. La construcción es matemáticamente sólida, está verificada mecánicamente, es tratable algorítmicamente, carece de parámetros libres y —cuando se aplica a la economía estadounidense a lo largo de tres décadas turbulentas— produce resultados que tienen sentido económico.

    Esa es una base sobre la que vale la pena seguir construyendo.

    “Bitopological Spaces from Directed Graphs: Extending the Nada Construction to Capture Temporal Irreversibility”, de José Mauricio Gómez Julián, está disponible en Zenodo (v1.0.2, abril de 2026). El compendio completo de investigación —formalización en Lean 4, paquete de R, conjunto de datos empíricos y cuaderno de reproducibilidad— está archivado junto con el artículo.

  • ¿Es Científicamente Posible Para Centroamérica Ser Un Sólo País?

    ¿Es Científicamente Posible Para Centroamérica Ser Un Sólo País?

    Ciencia Política e Historia

    Ciencia, juventud y el renacimiento de una nación centroamericana

    Los orígenes del unionismo científico en Centroamérica y su futuro inevitable

    La historia rara vez es benévola con las naciones fragmentadas. En los albores del siglo XX, Centroamérica era un conjunto de pequeñas y vulnerables repúblicas aquejadas por regímenes autoritarios, inestabilidad económica y la amenazante sombra del imperialismo internacional. Sin embargo, desde los claustros de la Universidad de San Carlos de Guatemala, se gestaba silenciosamente una revolución. No estaba encabezada por generales, sino por estudiantes. Esta es la historia de cómo un grupo de jóvenes intelectuales fue pionero del «unionismo científico»: un movimiento que pretendía reunificar Centroamérica no mediante la nostalgia romántica, sino a través de la aplicación rigurosa de las ciencias sociales.

    Basándose en la esclarecedora investigación de Margarita Silva Hernández, esta publicación explora la génesis histórica de dicho movimiento. Asimismo, plantea una pregunta fundamental para los politólogos y economistas actuales: si el unionismo científico era válido hace un siglo, ¿no constituye hoy una inevitabilidad histórica absoluta y de largo plazo para la supervivencia de Centroamérica en el escenario mundial?

    El catalizador: 1898 y el cambio en el poder mundial

    Para comprender el nacimiento del unionismo científico, debemos observar el año decisivo de 1898. La guerra hispano-estadounidense culminó con una contundente victoria de Estados Unidos, consolidándolo como una potencia mundial de primer orden con ambiciones expansionistas en el Caribe y Centroamérica. Para un grupo de jóvenes universitarios, aquello no representaba simplemente un cambio geopolítico; constituía una amenaza existencial. Percibían el conflicto como un enfrentamiento entre los mundos anglosajón y latino, lo que despertó en ellos una profunda conciencia antiimperialista.

    Al mismo tiempo, la región sufría las secuelas del desplome del precio del café de 1897. El modelo económico liberal, fuertemente dependiente de las exportaciones agrícolas y del capital extranjero —como el de la recién constituida United Fruit Company—, había dejado al istmo en una posición vulnerable. Los estudiantes consideraban la crisis económica como el síntoma de una enfermedad más profunda: la fragmentación de Centroamérica. Para ellos, los pequeños dictadores de la región eran cómplices de ese atraso, pues reprimían la movilidad social y entregaban los recursos nacionales a intereses extranjeros.

    El nacimiento del unionismo científico

    El 18 de junio de 1899, un grupo clandestino de estudiantes fundó una sociedad denominada El Derecho. Encabezados por un joven nicaragüense, Salvador Mendieta, estos estudiantes —en su mayoría adolescentes o jóvenes de poco más de veinte años— procedían de distintos lugares del istmo. Eran hijos de comerciantes y profesionales de provincia, unidos por una frustración común ante la ausencia de movilidad política bajo los regímenes autoritarios.

    Lo que distinguía a El Derecho de los intentos anteriores de unidad centroamericana era su enfoque metodológico. No pretendían simplemente restaurar mediante decretos militares la antigua República Federal de la década de 1820. En cambio, recurrieron a la sociología. Influidos por las ideas positivistas de Auguste Comte, Herbert Spencer y John Stuart Mill, aspiraban a descubrir las «leyes sociales» que regían a Centroamérica.

    «Designaron su movimiento como “unionismo científico” para poner de manifiesto la condición intelectual de sus fundadores y las bases científico-sociales de sus métodos de trabajo.»

    Su tesis era clara: Centroamérica constituía una sola nación dividida artificialmente. Para reunificarla, no se podía depender de simples pactos políticos —que habían fracasado repetidamente, como ocurrió con la efímera «República Mayor» de 1898—. Era necesario, en cambio, construir una unidad cultural. Consideraban que mediante la educación cívica, la erradicación del localismo y la aplicación de principios científicos al gobierno podrían forjar un Estado fuerte y unificado, capaz de resistir la intervención extranjera y alcanzar la modernización.

    De la teoría a la acción política

    Los estudiantes de El Derecho no permanecieron confinados a las aulas. Organizaron cinco Congresos de Estudiantes Centroamericanos entre 1901 y 1911, creando una red regional de jóvenes pensadores. Publicaron folletos, fundaron escuelas nocturnas para trabajadores e impartieron conferencias públicas. Se concibieron a sí mismos como la vanguardia intelectual destinada a sustituir a la vieja guardia oligárquica.

    Naturalmente, esto provocó la ira de los dictadores locales. Manuel Estrada Cabrera, en Guatemala, respondió a sus denuncias con una brutal represión. Los estudiantes fueron encarcelados —algunos, como Marciano Castillo, murieron en la penitenciaría— y el movimiento se vio obligado a exiliarse. Para 1904, los estudiantes habían evolucionado hasta constituir una organización política formal: el Partido Unionista Centroamericano (PUCA). El movimiento estudiantil había madurado hasta convertirse en una fuerza política regional.

    Una perspectiva moderna: la inevitabilidad de la unión

    Las secciones anteriores resumen los hallazgos históricos de Margarita Silva Hernández. La sección siguiente representa una extrapolación del autor de este blog, quien utiliza el fundamento histórico del unionismo científico para plantear interrogantes políticos y económicos contemporáneos.

    Cuando Salvador Mendieta y sus compañeros observaron Centroamérica en 1899, aplicaron el método científico para diagnosticar una región fragmentada. Si aplicamos hoy la ciencia política y la teoría económica modernas a Centroamérica, ¿sigue siendo válido el argumento científico a favor de la unión? Los datos sugieren no solamente que continúa siendo válido, sino que se ha convertido en una inevitabilidad histórica.

    Escala y relevancia geopolíticas: En el siglo XIX, Mendieta temía la absorción por parte de Estados Unidos. Hoy, la amenaza es la irrelevancia en un mundo multipolar dominado por gigantes. Una Centroamérica unificada abarcaría un territorio de aproximadamente 423.000 kilómetros cuadrados, es decir, sería más grande que Alemania. No se trata simplemente de una curiosidad estadística; supone una dimensión geopolítica capaz de negociar en condiciones más equilibradas con las potencias mundiales, administrar sus propias rutas marítimas y asegurar una posición estratégica entre dos océanos.

    Diversificación de la matriz productiva: Históricamente, la región ha padecido un modelo exportador basado en el monocultivo —el café entonces y, en la actualidad, diversos productos agrícolas o actividades de maquila de bajo nivel—. Un Estado unificado dispondría de una diversidad sin precedentes de microclimas, recursos y características demográficas y culturales. Esta diversidad permitiría una diversificación científicamente planificada de la matriz productiva. La base agrícola —café, banano, caña de azúcar y ganadería— no tendría que abandonarse, sino complementarse. Un mercado único centroamericano de más de 50 millones de personas proporcionaría la base de consumidores internos necesaria para justificar una industrialización intensiva impulsada por el Estado. Asimismo, crearía las condiciones para desarrollar grandes infraestructuras, cadenas regionales de suministro y una economía digital unificada.

    La ciencia de la escala: La economía moderna valida la premisa original del unionismo científico. Los Estados fragmentados padecen costos burocráticos duplicados, fricciones fronterizas y una incapacidad para aprovechar plenamente las economías de escala. Una Centroamérica unificada eliminaría estas ineficiencias. Podría reunir su capital científico e intelectual —tal como imaginaron los estudiantes de El Derecho— dentro de un único ecosistema educativo y tecnológico.

    Por consiguiente, la cuestión ya no es meramente histórica. Si Centroamérica aspira a ser algo más que una zona periférica de extracción al servicio de economías mayores, la unión no constituye un sueño romántico del pasado; es una necesidad científica, económica e histórica para el futuro. Los estudiantes de 1899 comprendieron las matemáticas de su época. Nosotros debemos tener el valor de hacer las cuentas de la nuestra.

    ~ Explorando el pasado para construir el futuro ~

  • ACUMULACIÓN DE CAPITAL POR DESPOSESIÓN A INDÍGENAS EN COSTA RICA

    ACUMULACIÓN DE CAPITAL POR DESPOSESIÓN A INDÍGENAS EN COSTA RICA

    El mito democrático de Costa Rica: cómo el despojo indígena construyó la riqueza agraria del país
    Notas de lectura · Economía política · Historia latinoamericana

    El mito democrático de Costa Rica:
    cómo el despojo indígena
    construyó la riqueza agraria del país

    Una lectura en lenguaje accesible de un estudio que desmonta la “Leyenda Blanca” y pregunta por qué un Estado “democrático” viola sistemáticamente los mismos derechos que afirma proteger.

    Basado en: Gómez Julián, J. M. (2026). Revista de Historia, N.º 93, pp. 1–45.

    A Costa Rica le gusta pensarse como la excepción. Una pequeña república pacífica entre dos océanos, con salud universal, sin ejército desde 1948 y con una tradición democrática tan estable que los politólogos la han llamado la “Suiza de Centroamérica”. Esta imagen complaciente de sí misma —lo que desde hace tiempo se ha denominado la “Leyenda Blanca”— es uno de los relatos más persistentes de la política latinoamericana. También es, según un minucioso estudio del economista costarricense José Mauricio Gómez Julián, profundamente engañosa.

    Publicado en la Revista de Historia (Universidad de Costa Rica, N.º 93, 2026), el artículo se propone algo ambicioso: no limitarse a describir la bien documentada desigualdad de la propiedad de la tierra en Costa Rica —algo que investigadores anteriores ya habían hecho—, sino explicar por qué un Estado formalmente democrático produce, protege y reproduce una concentración agraria extrema generación tras generación, y por qué la violación sistemática de los derechos territoriales indígenas no constituye una falla accidental del sistema, sino uno de sus mecanismos de funcionamiento.

    La respuesta, sostiene el autor, exige comprender el despojo de tierras no como un accidente histórico, sino como una característica estructural de la acumulación de capital: un proceso que comenzó con el colonialismo español, fue formalizado por la república liberal, se intensificó con las exportaciones de café y banano y continúa hoy bajo las formas gemelas de la “conservación” y la impunidad jurídica.

    0.7258
    Coeficiente de Gini de concentración de la tierra en la región sur de Costa Rica (Coto Brus). Como referencia: 0 significa igualdad perfecta y 1 significa que una sola persona posee todo. El de Suecia ronda 0.53.

    Las cifras detrás del mito

    Antes de entrar en la historia, conviene detenerse en algunas estadísticas incómodas: de esas que rara vez aparecen en los folletos turísticos de Costa Rica.

    El coeficiente de Gini —la medida estándar de desigualdad, donde 0 representa igualdad perfecta y 1 concentración total— cuenta una historia contundente. En la región sur de Costa Rica, la concentración de la tierra alcanza 0.7258. En la ganadería guanacasteca llega hasta 0.9. A escala nacional, la cifra ronda 0.796. Para ponerlo en perspectiva: el 1 % superior de las fincas concentra más del 37 % de toda la tierra agrícola, mientras que el 39 % inferior posee colectivamente apenas el 0.2 %.

    ¿Y quienes trabajan la tierra? Entre dos tercios y tres cuartas partes de la fuerza de trabajo agrícola costarricense carecen de tierra, una proporción mayor que en cualquier otro país de Centroamérica. En algunas regiones, como Coto Brus, más del 90 % de las fincas carecen de títulos legales.

    Estas cifras no proceden de un panfleto radical. Provienen de rigurosos trabajos académicos de investigadores como Mitchell Seligson, Marc Edelman, Charles Brockett, Jeffery Paige y James Dunkerley, quienes compararon datos censales con registros reales de propiedad y encontraron que las propias estadísticas estatales subestiman sistemáticamente el grado de concentración. Gómez Julián parte de esa base empírica, pero añade un nivel que esos autores en gran medida no desarrollaron: una explicación categorial de economía política sobre por qué este patrón persiste dentro de un Estado formalmente democrático.

    “Casi tres cuartas partes del campesinado costarricense carecen hoy de tierra”: un hecho que contradice el relato nacional de un país de pequeños propietarios iguales.

    Una cronología del despojo: de la encomienda al enclave

    El artículo reconstruye la historia de la pérdida de tierras indígenas en Costa Rica a través de cinco grandes fases. Cada una revela un mecanismo distinto, pero todas cumplen la misma función estructural: liberar tierra y recursos para la acumulación de capital.

    1. Fundamentos coloniales (antes de 1821)

    La conquista española introdujo tres instrumentos fundamentales de despojo: las encomiendas (la asignación de trabajo indígena a colonos), las reducciones (el reasentamiento forzado en poblados concentrados) y las composiciones fraudulentas (maniobras jurídicas para convertir tierras indígenas en propiedad colonial). El Derecho romano justificó toda la operación al declarar las tierras indígenas propiedad de la Corona española. Aunque leyes posteriores, como las Leyes Nuevas de 1542, intentaron formalmente proteger a los pueblos indígenas, la legislación sobre tierras “baldías” declaraba vacíos precisamente los territorios donde vivían comunidades indígenas, dejándolos disponibles para la apropiación no indígena. Al final del período colonial todavía subsistía un reconocimiento jurídico frágil pero real de la “propiedad indígena” mediante las reducciones y las zonas de vecindad indígena. Ese piso jurídico es precisamente lo que el Estado liberal poscolonial desmantelaría sistemáticamente.

    2. La república liberal acelera el proceso (1821–1880)

    La independencia no trajo reconocimiento: aceleró el despojo. En 1841, bajo la dictadura de Braulio Carrillo, el Código General abolió formalmente el régimen comunal indígena de tierras como categoría jurídica protegida. Después, en 1882, el Decreto Presidencial N.º XIV declaró como baldíos vastos territorios del norte, incluido el territorio del pueblo maleku —históricamente denominado “Guatuso”—: tierras estatales supuestamente vacantes y abiertas a la apropiación por colonos y ganaderos no indígenas. Los maleku sufrieron lo que el artículo describe como una de las reducciones territoriales y demográficas proporcionalmente más intensas de la historia indígena costarricense.

    1841
    Año en que el Código General, bajo la dictadura de Braulio Carrillo, abolió formalmente la tenencia comunal indígena, legalizando de iure lo que la expansión colonial ya había realizado de facto.

    3. Café, beneficio y proletarización silenciosa (1830–1930)

    El auge cafetalero creó la estructura agraria de Costa Rica y también sus contradicciones. A diferencia de Guatemala o El Salvador, Costa Rica no desarrolló haciendas gigantescas. La finca más grande tenía 604 hectáreas y el promedio era de 41. Para 1963, el 58.5 % de la tierra cultivada se encontraba en unidades menores de 35 hectáreas. Esta es la imagen que celebra la “Leyenda Blanca”: una nación de pequeños propietarios.

    Pero la letra pequeña cuenta otra historia. Más del 70 % de la población rural carecía de tierra, una proporción superior a la de cualquier otro país centroamericano. El poder no se concentró únicamente mediante el acaparamiento de tierras, sino también a través del beneficio cafetalero: en 1850, apenas dieciséis beneficios controlaban el 85 % de las exportaciones de café, y el acceso al beneficio determinaba la capacidad de un pequeño productor para financiar y vender su cosecha. Los sistemas de crédito ligaban a los pequeños productores con comerciantes-terratenientes mediante relaciones de dependencia. El precio de la tierra aumentó aproximadamente veinte veces en treinta años, incentivando a pequeños productores a vender sus parcelas y, posteriormente, su fuerza de trabajo.

    Un punto crucial es la resistencia del pueblo huetar de Orosí frente a la frontera cafetalera alrededor de 1860, un episodio prácticamente ausente de las historias convencionales del ciclo del café. La “virtual ausencia de población indígena” en el Valle Central durante la gran expansión cafetalera, que Dunkerley citó como uno de los factores explicativos del desarrollo político particular de Costa Rica, no era una condición geográfica preexistente. Era, sostiene el artículo, el resultado de epidemias coloniales —con fuertes colapsos demográficos entre 1576 y 1581—, de la disolución jurídica de la propiedad comunal en el siglo XIX y del desplazamiento físico ante el avance de la frontera cafetalera.

    4. Banano, enclave atlántico y desplazamiento bribri-cabécar (1870–1940)

    En el Caribe costarricense se desarrolló una historia paralela, esta vez impulsada por capital extranjero. El contrato Soto-Keith de 1883 concedió a Minor Keith 800 000 acres de tierras estatales, un arrendamiento ferroviario por 99 años y amplias exenciones fiscales. Para 1890, su operación era la mayor productora de banano del mundo. El relato convencional presenta este proceso como desarrollo sobre “tierras baldías”.

    No lo eran. Los pueblos bribri y cabécar que habitaban el valle de Talamanca fueron obligados a desplazarse hacia el interior de su territorio ancestral porque la concesión bananera incluía una parte significativa de sus tierras a lo largo de la cuenca del río Sixaola. El artículo considera este proceso una de las mediaciones regionales fundamentales del despojo: el enclave bananero no fue simplemente un acuerdo entre un Estado y una empresa transnacional, sino un mecanismo concreto de despojo indígena, articulado jurídicamente mediante la ficción del baldío y ejecutado materialmente a través del control corporativo del espacio caribeño.

    Más tarde, la United Fruit Company (UFCO) reduciría sus plantaciones atlánticas, enfrentaría la gran huelga de 1934 y terminaría desplazando la producción hacia el Pacífico después de que la sigatoka devastara los cultivos en 1938. Pero el daño ya estaba hecho: la “ausencia de población indígena” en los análisis de la región bananera reproduce, con otras palabras, el mismo dispositivo ideológico que opera en el relato cafetalero: naturaliza una ausencia ocultando el despojo que la produjo.

    5. Reforma limitada, titulación y persistencia de la desigualdad (1957–1990)

    Costa Rica sí intentó impulsar reformas. El Convenio 107 de la OIT —aprobado internamente en 1959— reconoció derechos de los pueblos indígenas y tribales. La Ley 2825 de 1961 derogó el régimen de baldíos y declaró esas tierras “propiedad del Estado”, fundamentada en la función social de la propiedad. La Ley Indígena de 1977 (Ley 6172) reservó porciones de territorio para los pueblos indígenas y otorgó plena capacidad jurídica a sus comunidades mediante las Asociaciones de Desarrollo Integral (ADI).

    Sin embargo, las contradicciones eran evidentes. La ley de 1961 permitía expropiar tierras ociosas, pero exigía el pago en efectivo a valor de mercado, una condición que limitaba severamente su aplicación. Para 1970, solo 1 272 familias habían sido asentadas en aproximadamente 35 400 hectáreas. El programa de titulación respaldado por USAID había alcanzado parcialmente unos 20 462 títulos —aproximadamente 339 761 hectáreas— para septiembre de 1979, a un ritmo de 425 títulos mensuales frente a una capacidad teórica de 900 a 1 000.

    Los resultados fueron reveladores. Después de recibir un título, la proporción de beneficiarios con acceso al crédito aumentó del 18 % al 31.7 %, pero el coeficiente de Gini de la tierra titulada era de aproximadamente 0.708 y, al incluir toda la tierra poseída por los beneficiarios —titulada y no titulada—, ascendía a casi 0.781, prácticamente igual al valor nacional. La titulación no corrigió la desigualdad estructural; potencialmente la consolidó. Como sostiene el artículo, esos programas alcanzaron únicamente a una fracción de las familias sin tierra mientras mantuvieron intactas las estructuras fundamentales de concentración.

    “La titulación no corrige la desigualdad estructural y puede consolidarla.”

    La conservación como despojo: el rostro moderno de una vieja historia

    Uno de los argumentos más llamativos del artículo es que el propio Estado costarricense —no solo ganaderos privados o corporaciones transnacionales— se ha convertido en un agente principal del despojo indígena, y lo ha hecho revestido con el respetable lenguaje del ambientalismo.

    En 1982, Costa Rica creó el Parque Internacional La Amistad (PILA), reconocido ese mismo año como Reserva de la Biosfera por la UNESCO y, en 1983, como Patrimonio de la Humanidad. Lo que el relato celebratorio omite es que el parque incorporó como área protegida administrada por el Estado extensiones significativas de territorio ancestral reclamado por los pueblos bribri y cabécar, sin consulta previa, libre e informada. Su zona de amortiguamiento incluye los territorios indígenas de Ujarrás, Salitre y Cabagra. Dentro de la Reserva de la Biosfera se ubican dieciséis territorios indígenas pertenecientes a cinco pueblos distintos. El Estado reaparece así, en esta etapa, como agente principal del despojo, ahora mediante la figura jurídica de la conservación.

    Una dinámica semejante opera mediante el Pago por Servicios Ambientales (PSA), programa emblemático de Costa Rica administrado por FONAFIFO. Como documenta el investigador Vargas Mena, el PSA ha operado dentro de territorios indígenas oficialmente reconocidos. El bosque, el agua e incluso el aire —en forma de mercado de carbono— se mercantilizan como “servicios ambientales”, cuyo rendimiento monetario sale del territorio indígena o es capturado mediante mecanismos institucionales que subordinan las decisiones comunitarias a los plazos y exigencias de agencias externas. Esto no constituye, argumenta el artículo, una corrección del capitalismo agrario, sino una nueva fase de este.

    A ello se suma la presencia contemporánea de multinacionales de la piña y la palma aceitera en la zona sur, cuya expansión presiona territorios brörán, bribri y cabécar. Sus externalidades —uso intensivo del agua, contaminación por agroquímicos, presión sobre tierras colindantes— funcionan como mecanismos de despojo ambiental y económico sobre las comunidades indígenas.

    16
    Territorios indígenas de cinco pueblos distintos situados dentro de la Reserva de la Biosfera del PILA, apropiados sin consulta previa, libre e informada.

    Recuperar lo perdido y morir por ello (2011–presente)

    Ante el persistente fracaso del Estado en hacer efectivos derechos jurídicamente reconocidos, los movimientos indígenas iniciaron lo que denominan recuperaciones de facto: recuperaciones comunitarias de territorios formalmente inscritos bajo las ADI, pero materialmente usurpados por ocupantes no indígenas. A partir de 2011, en lugares como Salitre, Cabagra y Térraba, estas recuperaciones provocaron la reacción organizada y violenta de ganaderos decididos a impedirlas.

    Las consecuencias han sido letales. El 18 de marzo de 2019 fue asesinado el líder bribri Sergio Rojas Ortiz. El 24 de febrero de 2020 fue asesinado el líder brörán Jethy Rivera. Ambos crímenes ocurrieron pese a la existencia de medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Medida 321-12, emitida en 2015). La impunidad ha sido casi total: el caso Rojas fue archivado en enero de 2024 sin personas detenidas. En el caso Rivera, el autor material fue inicialmente condenado en febrero de 2023, pero el Tribunal de Apelación de Cartago anuló esa condena en julio de 2023 y, en un segundo juicio celebrado entre agosto y septiembre de 2024, el acusado fue absuelto —pese a su confesión— bajo el principio de in dubio pro reo.

    El Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas documentó que estos ataques permanecen impunes y que las autoridades costarricenses no investigan eficazmente incluso cuando los responsables son conocidos por las comunidades. El ciclo despojo–resistencia–represión, sostiene el artículo, revela que las recuperaciones de facto no son incidentes aislados, sino la manifestación empírica de una lucha de clases en curso por los medios de producción, mediada por una condición colonial persistente.

    “La acumulación por despojo contemporánea requiere la misma violencia extraeconómica que Marx identificó en la acumulación primitiva.”

    Un patrón más amplio: el Estado siempre toma partido

    La historia indígena no existe de manera aislada. El artículo la sitúa dentro de un patrón más amplio de respuesta del Estado costarricense a los conflictos rurales por la tierra a lo largo de su historia moderna, y la respuesta es consistente: favorece al capital.

    La crisis de 1983 es emblemática. Cuando United Brands anunció que se retiraba, el Estado compró sus tierras a 35 000 dólares por hectárea, un precio que revelaba la debilidad estatal frente a las transnacionales. Standard Fruit exigió 200 millones de dólares en créditos y despidió a 700 trabajadores. Solo durante los primeros dieciocho meses de la administración Monge se registraron 185 conflictos rurales. En julio de 1983, 3 500 hectáreas de United Brands fueron ocupadas por militantes sindicales y miembros de federaciones campesinas, y fueron desalojadas por 600 policías.

    Las ocupaciones de tierras aumentaron a través de distintas administraciones: 70 durante Trejos, 500 bajo los gobiernos de Figueres —segundo mandato— y Oduber, y 120 solo durante el primer año de Carazo. La “cuestión de la tierra” nunca estuvo limitada a Guanacaste, donde la concentración ganadera siempre fue extrema y conflictiva: constituía una característica estructural de alcance nacional.

    Reconstruir las categorías políticas desde la realidad concreta

    Aquí aparece el movimiento teórico más ambicioso del artículo. En lugar de importar categorías marxistas como herramientas ya terminadas, Gómez Julián afirma reconstruirlas inductivamente a partir de la evidencia histórica. La secuencia es deliberada: primero los hechos; después, las categorías; finalmente, el retorno a los hechos con una nueva capacidad explicativa.

    El Estado, en las sociedades de clases, es la organización social del poder político de la clase económicamente dominante. El Derecho es el sistema de normas coercibles establecido por el poder estatal: la organización jurídica de ese poder político. El Gobierno es la administración de las instituciones estatales y, de manera crucial, la clase económicamente dominante no es necesariamente la clase gobernante: quienes poseen el poder no siempre son quienes lo administran, pero la clase gobernante está subordinada fácticamente a la clase dominante.

    La democracia, en su sentido más general, es el gobierno de la mayoría sobre la minoría. Sin embargo, el concepto fue acuñado en la Atenas esclavista del siglo V a. C., donde solo podían votar los ciudadanos varones adultos, con exclusión de mujeres, esclavos y extranjeros. La democracia de los ciudadanos varones adultos era una dictadura para todos los demás, es decir, para la inmensa mayoría. Esta relación dialéctica se extiende a todas las sociedades de clases: toda democracia es una dictadura para quienes quedan sistemáticamente excluidos de la voluntad de la mayoría, y toda dictadura conserva una “democracia” interna para la clase que impone su hegemonía. La relación es dialéctica, no idéntica.

    El Estado de Derecho es la idea de que el poder estatal está regulado y garantizado por la ley, es decir, que el Estado crea el Derecho y luego se somete voluntariamente a su propia creación. El artículo sostiene, sin embargo, que esto constituye un sofisma: los Estados no crean el Derecho para someterse a él, sino como marco regulatorio fundado en los intereses de la clase política e ideológicamente dominante. Como evidencia, el autor señala el artículo 105 de la propia Constitución costarricense, que prohíbe referendos sobre materias presupuestarias, tributarias, fiscales, monetarias, crediticias, de pensiones, seguridad y administrativas: es decir, sobre prácticamente todos los asuntos fundamentales de la vida social nacional. La validez de cualquier resultado de un referéndum queda, en última instancia, sujeta a la decisión de la Asamblea Legislativa. En otras palabras, el Estado se ha exceptuado estructuralmente de la voluntad popular en los asuntos decisivos.

    ¿Y la corrupción? No constituye una anomalía. Definida como la práctica mediante la cual un funcionario público se desvía formalmente de las funciones para las cuales recibió poder, la corrupción se aparta “formalmente”, no fácticamente, de sus compromisos declarados. ¿Por qué la desviación es formal y no factual? Porque, dentro de este marco, la corrupción constituye un mecanismo necesario para que los intereses de la clase dominante se impongan sobre el resto de la sociedad mientras existe democracia electoral: uno de varios mecanismos que posibilitan una dictadura fáctica mediante la alienación de las clases dominadas.

    Tres procesos, dos niveles de abstracción

    El núcleo teórico del artículo se encuentra en la manera en que reconstruye la relación entre la acumulación primitiva, la acumulación por despojo y lo que denomina acumulación entrelazada. Para mantener esa especificidad sin renunciar a traducir al español el concepto más amplio de Guilherme Leite Gonçalves y Sérgio Costa, esta entrada utiliza acumulación imbricada como traducción de entangled accumulation. La elección no pretende negar que “entrelazada” sea una traducción literal y perfectamente posible de entangled; responde a una necesidad analítica: reservar dos expresiones distintas para dos niveles de determinación que, aunque compatibles, no son idénticos.

    La diferencia semántica se usa aquí de manera deliberada. Entrelazada pone el acento en la relación dinámica entre procesos: un mecanismo actúa sobre otro, modifica sus condiciones de posibilidad y recibe a su vez efectos de retorno, de modo que ambos pueden reforzarse sin perder por completo su identidad analítica. Imbricada, en cambio, pone el acento en una totalidad compuesta por relaciones superpuestas e interpenetradas: múltiples formas de acumulación, escalas geográficas, períodos históricos, instituciones y jerarquías sociales que se penetran y condicionan recíprocamente. Esta diferencia terminológica hace visible, desde el propio vocabulario, la diferencia entre una articulación concreta y la categoría general capaz de comprenderla.

    La distinción no es meramente terminológica. En el plano de los procesos históricos objetivos, la acumulación primitiva y la acumulación por despojo pueden poseer autonomía relativa: son mecanismos distinguibles, con formas inmediatas, ubicaciones temporales y efectos materiales propios. Autonomía relativa no significa aislamiento. Significa que cada proceso puede identificarse en la realidad sin negar que, bajo condiciones históricas concretas, ambos coexisten, se penetran mutuamente y modifican las condiciones bajo las cuales opera el otro.

    Acumulación primitiva

    El problema original de Marx: la separación histórica y violenta de los productores respecto de sus medios de producción y la construcción de las relaciones de propiedad requeridas para la producción capitalista. En la secuencia costarricense esto comprende el despojo colonial, la abolición carrillista del régimen comunal en 1841, el decreto de 1882 que trató el territorio maleku como tierra baldía y la concesión Soto-Keith de 1883. No son simplemente acontecimientos antiguos recordados por un capitalismo posterior: establecen condiciones jurídicas y materiales que la acumulación subsiguiente hereda.

    Acumulación por despojo

    La formulación de David Harvey identifica el uso continuo y contemporáneo de prácticas expropiatorias: privatización de tierras y bienes comunes, supresión de derechos colectivos, mercantilización de ámbitos previamente no mercantilizados, apropiación colonial o neocolonial de activos y utilización del crédito, el Derecho y el poder estatal para transferir recursos. En el caso costarricense, esta lógica aparece en la ocupación territorial contemporánea, la apropiación conservacionista, los mercados de servicios ambientales y otros mecanismos que convierten recursos preservados colectivamente en campos de acumulación.

    Acumulación entrelazada

    Tal como se reconstruye aquí a partir del caso costarricense de Gómez Julián, la acumulación entrelazada designa la relación concreta de condicionamiento y reforzamiento mutuos entre procesos de acumulación relativamente distinguibles. Aparece cuando una expropiación anterior crea las condiciones jurídicas, espaciales o sociales para un despojo posterior; cuando ese despojo posterior reproduce o profundiza los efectos del primero; y cuando ambos se conectan con nuevas fracciones del capital, instituciones estatales y circuitos más amplios de acumulación. En este sentido, la acumulación entrelazada no es sinónimo ni de acumulación primitiva ni de acumulación por despojo, y tampoco elimina su distinción analítica.

    La autonomía relativa no significa separación

    Esta manera de leer el registro histórico evita una falsa disyuntiva. No es necesario afirmar ni que la acumulación primitiva sea un episodio cerrado perteneciente exclusivamente al nacimiento del capitalismo, ni que todo despojo posterior sea simplemente el mismo fenómeno con un nombre nuevo. Un proceso concreto puede identificarse como acumulación primitiva cuando reestructura las relaciones de propiedad separando a las comunidades de las condiciones de su reproducción. Un proceso contemporáneo puede identificarse como acumulación por despojo cuando derechos, activos, bienes comunes o recursos públicos ya existentes son transferidos hacia circuitos de capital. Y aparece un tercer problema analítico cuando los efectos de esos procesos se vinculan causalmente.

    Ese tercer problema es lo que aquí captura la acumulación entrelazada. La relación relevante no consiste simplemente en una sucesión cronológica. Se trata de una interacción material: un proceso modifica las condiciones de posibilidad de otro. La destrucción jurídica previa del régimen comunal puede facilitar ocupaciones privadas posteriores; esas ocupaciones pueden normalizar y reproducir el régimen de propiedad creado por la ruptura anterior; y la regulación estatal puede conectar ambas dinámicas con cadenas transnacionales de mercancías, turismo, finanzas de conservación o mercados de carbono. Los procesos continúan siendo distinguibles, pero sus efectos dejan de ser meramente aditivos: se vuelven sinérgicos.

    Estructura analítica concreta
    Acumulación primitiva + acumulación por despojo → condicionamiento mutuo → acumulación entrelazada

    La flecha no representa una secuencia histórica rígida. Representa una relación causal que puede operar a través de distintos períodos, regiones y formas institucionales.

    El mapa costarricense permite verlo con claridad. La abolición carrillista del régimen comunal creó un entorno jurídico dentro del cual pudo avanzar el despojo huetar por la frontera cafetalera. El Decreto XIV de 1882 convirtió el territorio maleku en espacio jurídicamente disponible y habilitó su apropiación por ganaderos y colonos. La concesión Soto-Keith vinculó el despojo territorial de Talamanca con el capital bananero transnacional. El PILA y el PSA insertaron posteriormente territorio ancestral en circuitos de conservación y valorización ambiental, conectando el conflicto territorial local con el turismo, la administración estatal y el capital global del carbono. Las recuperaciones de facto posteriores a 2011 revelan la colisión contemporánea entre el régimen colectivo indígena y el régimen individual capitalista producido a lo largo de esta historia.

    Acumulación imbricada: la categoría más general

    Aquí es donde el concepto de acumulación imbricada (entangled accumulation en el original) de Gonçalves y Costa se vuelve especialmente útil. Su formulación de 2019 es deliberadamente más amplia. Busca una categoría comprehensiva para las interdependencias que han estructurado la expansión capitalista a lo largo de la historia: explotación y expropiación; trabajo asalariado y trabajo esclavo o, más ampliamente, no libre; poder estatal y violencia ilegal; economías capitalistas y no capitalistas; distintas escalas geográficas; diferentes períodos históricos; y jerarquías sociales entrecruzadas como clase, raza, etnicidad y género.

    Dentro de ese marco más amplio, la acumulación primitiva, la acumulación por despojo, la expropiación financiera, la superexplotación y otras formas no siguen una cronología rígida. Pueden coexistir en un mismo período y espacio, desaparecer y reaparecer, y conectarse mediante el Derecho, la política, la corrupción, la cultura, el discurso y la cambiante frontera entre Estado y mercado. La acumulación imbricada opera, por tanto, en un nivel superior de abstracción: es una categoría general para la interpenetración histórica de múltiples mecanismos y dimensiones de la acumulación capitalista.

    Los dos conceptos pueden, entonces, relacionarse sin reducirse uno al otro. La acumulación entrelazada, tal como se utiliza aquí para interpretar el artículo costarricense, es la categoría más concreta: identifica un proceso específico de articulación causal y sinergia entre modalidades de acumulación distinguibles dentro de una formación histórica determinada. La acumulación imbricada, en el sentido de Gonçalves y Costa, es la categoría más general bajo la cual esas articulaciones concretas pueden teorizarse junto con muchas otras formas de interdependencia. Así, la primera no compite con la segunda: puede entenderse como una de sus determinaciones históricas concretas.

    Relación entre los conceptos
    EentrelazadaEimbricada

    Esta expresión en términos de conjuntos es una abreviatura interpretativa utilizada en esta entrada, no una fórmula enunciada literalmente por ninguno de los dos artículos. Significa que la acumulación entrelazada reconstruida para Costa Rica puede tratarse como una determinación concreta dentro de la familia más amplia de interdependencias capturada por la acumulación imbricada de Gonçalves y Costa.

    Esta distinción también aclara por qué el artículo costarricense puede hablar de la convergencia de acumulación primitiva, acumulación por despojo y acumulación entrelazada sin reducir las tres a un proceso indiferenciado. Las dos primeras remiten a mecanismos que pueden identificarse con autonomía relativa; la tercera remite a su articulación concreta cuando coexisten y se refuerzan mutuamente. Al mismo tiempo, toda esa configuración puede situarse dentro de la teoría más comprehensiva de la acumulación imbricada de Gonçalves y Costa. Lo que, en un nivel puramente abstracto, podría parecer una inconsistencia terminológica se convierte, en el plano de la realidad histórica, en una distinción útil entre mecanismos, su interacción y la categoría general capaz de contener ambos.

    La distinción clave es la que existe entre un mecanismo y una relación entre mecanismos: la acumulación primitiva y la acumulación por despojo pueden identificarse por separado, mientras que la acumulación entrelazada nombra la sinergia históricamente concreta mediante la cual ambas se condicionan y se reproducen mutuamente.

    Una cronología del despojo: hitos principales

    1542–1880

    Leyes sobre baldíos y primeros decretos (por ejemplo, Guatuso). Despojo jurídico-administrativo: Corona → Estado → manos privadas.

    1830–1890

    Auge cafetalero y sistema de beneficios. Concentración mediante procesamiento y crédito. Resistencia huetar en Orosí (c. 1860). Disolución del régimen comunal de tierras.

    1870–1910

    Concesiones bananeras (Keith/UFCO). Desplazamiento bribri-cabécar. Enclave atlántico, control corporativo del espacio y despojo en Sixaola.

    1933–1940

    Organismos de regulación cafetalera (Instituto de Defensa del Café). Gestión de la crisis sin reversión de la concentración.

    Décadas de 1950–1970

    Colonización interna (ITCO/IDA). Convenio 107. Ley 2825. Titulación parcial; persisten la inseguridad y las apropiaciones de frontera.

    1977

    Ley Indígena 6172. Reconocimiento formal frente a ocupación no indígena persistente.

    1982

    Creación del Parque Internacional La Amistad (PILA). Apropiación estatal-conservacionista de territorio ancestral bribri-cabécar.

    2011–presente

    Recuperaciones de facto en Salitre, Cabagra y Térraba. Reocupación comunitaria. Se intensifican las amenazas y los ataques.

    2019–2024

    Asesinatos: Sergio Rojas (18 de marzo de 2019) y Jethy Rivera (24 de febrero de 2020). ONU/CIDH: impunidad. Condena del caso Rivera anulada; caso Rojas archivado.

    Por qué la tierra no es solo tierra: la cuestión de la renta

    El artículo introduce otra herramienta teórica que merece atención: el concepto marxista de renta del suelo, tanto natural como diferencial. Las luchas indígenas contemporáneas, sostiene el autor, no pueden explicarse únicamente por la apropiación de la tierra como medio de producción. También giran alrededor de los recursos naturales contenidos en esos territorios: agua, bosques, biodiversidad, belleza escénica y capacidad de secuestro de carbono. El rendimiento de esos recursos puede convertirse en renta apropiable por distintas fracciones del capital: agroindustrial, extractivista, turística o conservacionista, ya sea privada o estatal.

    El PSA dentro de territorios indígenas, el turismo de naturaleza alrededor de parques nacionales creados sobre tierras ancestrales, la monetización de servicios ambientales en el mercado del carbono y la agroindustria adyacente son dispositivos concretos mediante los cuales el capital captura o redistribuye rentas cuya base material son precisamente los territorios que los pueblos indígenas han preservado mediante su lucha histórica. La defensa territorial indígena es, por tanto, simultáneamente defensa del valor de uso comunitario frente al valor de cambio capitalista y un obstáculo material para la plena realización de la renta diferencial por parte del capital.

    Qué significa todo esto y por qué importa más allá de Costa Rica

    Las conclusiones del artículo son contundentes. La “Leyenda Blanca” del excepcionalismo democrático costarricense no resiste el contraste con la evidencia. Un país donde casi tres cuartas partes del campesinado carecen de tierra, donde el coeficiente de Gini de la propiedad agraria se acerca a 0.8 a escala nacional y alcanza 0.9 en regiones ganaderas, donde más del 90 % de las fincas en algunas zonas carecen de títulos legales y donde líderes indígenas son asesinados con impunidad por recuperar territorios que el propio Estado ha reconocido jurídicamente como suyos no constituye una anomalía democrática dentro de una región desigual. Es un caso de estudio de cómo la democracia formal y la extrema concentración agraria coexisten, y de cómo esta última es estructuralmente posibilitada por la primera.

    El argumento no es que Costa Rica sea excepcionalmente perversa. Es que el mito de su excepcionalismo cumple una función: legitima precisamente el régimen de acumulación que hace posible la desigualdad extrema. La “Leyenda Blanca” no es un simple error de cálculo ni un exceso de relaciones públicas. Dentro del marco del artículo es un dispositivo ideológico funcional al sistema que oculta. Mientras Costa Rica se conciba como democrática e igualitaria, los mecanismos estructurales que producen el despojo pueden operar sin ser sometidos al mismo nivel de escrutinio.

    Y queda una implicación final, quizá la más perturbadora: el artículo concluye que la participación de la sociedad civil no indígena es esencial para defender derechos que son “fundamentalmente irreconciliables con las necesidades de acumulación”. Los derechos de los pueblos indígenas sobre sus territorios, en otras palabras, no pueden garantizarse dentro del régimen de acumulación existente sin una ruptura política que desborde a las propias comunidades indígenas. No se trata de un llamado a la caridad ni a la solidaridad en su sentido convencional. Es una observación estructural: el sistema que despoja a los pueblos indígenas es el mismo que produce campesinado sin tierra entre la población no indígena, y sus intereses convergen allí donde se cuestiona la lógica de la acumulación.

    §

    Nota sobre las fuentes

    Esta entrada es, ante todo, una lectura de José Mauricio Gómez Julián, “Acumulación por despojo y el mito del excepcionalismo democrático costarricense: el despojo indígena como rasgo estructural de la concentración agraria”, Revista de Historia, N.º 93 (enero–junio de 2026), pp. 1–45, publicada por la Universidad Nacional de Costa Rica. El artículo está disponible bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. El autor es investigador independiente especializado en economía política y metodología estadística, y licenciado en Economía por la Universidad Latina de Costa Rica.

    La aclaración conceptual desarrollada arriba también dialoga con Guilherme Leite Gonçalves y Sérgio Costa, “From primitive accumulation to entangled accumulation: Decentring Marxist Theory of capitalist expansion”, European Journal of Social Theory (2019), DOI 10.1177/1368431018825064. En esta entrada, entangled accumulation se traduce como acumulación imbricada, mientras que acumulación entrelazada se reserva para el proceso más concreto reconstruido a partir del caso costarricense. La elección es deliberada: “entrelazada” enfatiza la interacción dinámica y el reforzamiento causal entre mecanismos relativamente distinguibles; “imbricada” enfatiza la totalidad más amplia de relaciones históricas, espaciales, institucionales y sociales que se superponen e interpenetran. Esta diferenciación es una elección interpretativa de la entrada, no la afirmación de que ambos artículos establezcan explícitamente esa misma jerarquía terminológica.

    El artículo se sitúa explícitamente dentro de la economía política marxista y el materialismo histórico. No reivindica neutralidad: sostiene que el marco teórico utilizado posee mayor capacidad explicativa para los fenómenos documentados y reconstruye sus categorías políticas fundamentales —Estado, Derecho, Democracia, Estado de Derecho y Corrupción— a partir de la evidencia histórica, en lugar de importarlas como axiomas. Incluso quienes discrepen del marco teórico pueden encontrar valor propio en la documentación empírica, procedente de datos censales, registros de propiedad, legislación, informes de Naciones Unidas, registros de la Comisión Interamericana y testimonios indígenas directos.

    Los datos citados a lo largo de la entrada —coeficientes de Gini, estadísticas de titulación, cifras de superficie y porcentajes de ocupación— proceden de las fuentes que cita el propio artículo (Seligson, Edelman, Brockett, Dunkerley, Paige, Guevara y Chacón, Vargas Mena, Zúñiga et al., entre otros). No se ha inventado ninguna cifra ni se han realizado extrapolaciones más allá de lo presentado en el artículo.

    “La historia de las comunidades indígenas desde la conquista hasta el presente revela no una inclusión democrática excepcional, sino un despojo sistemático como característica estructural de la acumulación de capital.”