Espartaco

“Is that to say we are against Free Trade? No, we are for Free Trade, because by Free Trade all economical laws, with their most astounding contradictions, will act upon a larger scale, upon the territory of the whole earth; and because from the uniting of all these contradictions in a single group, where they will stand face to face, will result the struggle which will itself eventuate in the emancipation of the proletariat.”

Karl Heinrich Marx · Marx-Engels Collected Works, Vol. VI, p. 290

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Categoría: Ciencias Políticas

  • SOBRE LA INICIATIVA INTERNACIONAL DE PROMOCIÓN DE POLÍTICA ECONÓMICA (IIPE 2021), EL IMPERIALISMO, CHINA Y LAS FINANZAS INTERNACIONALES

    SOBRE LA INICIATIVA INTERNACIONAL DE PROMOCIÓN DE POLÍTICA ECONÓMICA (IIPE 2021), EL IMPERIALISMO, CHINA Y LAS FINANZAS INTERNACIONALES

    BREVE INTRODUCCIÓN

    Este día se publicó una investigación en el sitio web de Michael Roberts que versa, en general, sobre el papel del desarrollo tecnológico en el comercio internacional como mecanismo de acumulación de capital característico de la economía capitalista planetaria en su fase imperialista. Sobre dicha investigación se elabora la presente publicación, la cual está compuesta por tres secciones. En la primera sección se realiza un breve abordaje histórico sobre aspectos teóricos de interés abordados por Roberts en su publicación de naturaleza fundamentalmente empírica. En la segunda sección se presenta la traducción de la publicación de Roberts. Finalmente, en la tercera sección se facilita la descarga de las referencias bibliográficas presentadas por Roberts en su publicación.

    I. ASPECTOS TEÓRICOS preliminares

    Es importante decir que la teoría sobre el capitalismo en su fase imperialista hunde sus raíces empíricas más importantes el trabajo de Vladimir Lenin (1916) y sus raíces teóricas más importantes en el trabajo de Arghiri Emmanuel (1962). Por supuesto, el trabajo de Lenin no se limitó a ser empírico, pero fue en esta dirección la centralización de sus esfuerzos y ello conforma un punto de partida razonable para un breve análisis sobre cómo (y por qué) han evolucionado las teorías marxistas sobre el imperialismo.

    Lenin fue el primer teórico del marxismo que estudió la acumulación de capital a escala planetaria considerando las relaciones centro-perisferia como una generalización económica, política, social y cultural de la lucha de clases nacional; sobre ello no existe debate relevante en el seno de la comunidad marxista. La armonía no es tal cuando se trata de abordar la obra de Arghiri Emmanuel. Cualquier persona lo suficientemente estudiosa de la historia de las ciencias sabrá que, sobre todo en ciencias sociales (con especial énfasis en economía política), la aceptación de una teoría no tiene que ver con motivos puramente académicos sino también políticos. La teoría de economía política internacional (de ahora en adelante economía geopolítica) de Emmanuel tuvo poca aceptación entre la comunidad marxista fundamentalmente no por su polémico uso de la ley del valor en el concierto internacional, sino por las conclusiones políticas que su teoría generaba. La idea central de Emmanuel es que en el concierto interncional ocurre una transformación global de valores a precios de producción como la que ocurre (salvo las particularidades naturales características del incremento en complejidad del sistema) a escala local o nacional. Es esa y no otra la idea fundamental del trabajo de Emmanuel, con independencia del grado de acuerdo (o desacuerdo) que se tenga sobre la forma en que realiza tal planteamiento. La lógica que condujo a Emmanuel a la construcción de esta idea, que no es más que una aplicación global de la lógica local de la transformación de valores en precios de producción ya dada por Marx, parecería ser la misma que la que condujo a construir, por ejemplo, la teoría de la selección natural o la teoría matemática del caos el concepto de autosimilaridad. Esta esta lógica se puede generalizar como se plantea a continuación.

    Los componentes (modelados mediante ecuaciones) de una totalidad (modelada mediante un sistema de ecuaciones) comparten una esencia común (i.e., que son isomórficos entre sí) que permite su combinación integrodiferencial de forma armónica y coherente bajo una determinada estructura interna de naturaleza material (objetiva), no-lineal (la totalidad es diferente a la suma de sus partes) y dinámica (el tiempo transcurre) generada por la interacción de tales componentes dadas determinadas condiciones iniciales. La estructura interna del sistema (o totalidad de referencia) condiciona a los componentes que la generan bajo el mismo conjunto de leyes (pero generalizado, por lo que no es formalmente el mismo) que rigen la interacción entre las condiciones iniciales y las relaciones primigenias entre componentes que determinaron la gestación de dicha estructura interna. Estas leyes son: 1. Unidad y Lucha de los Contrarios (que implica emergencia y al menos autoorganización crítica), 2. Salto de lo Cuantitativo a lo Cualitativo (bifurcación), 3. Ley de la Negación de la Negación (que es una forma generalizada de la síntesis química).

    SOBRE DIALÉCTICA Y COMPLEJIDAD

    Antes de proceder a exponer las fuentes formales y fácticas de la poca popularidad de las teorías de Emmanuel, es necesario decir un par de cuestiones relativas al papel que desempeña el tiempo en el sistema marxiano. Las escuelas de pensamiento económico marxista se pueden clasificar según su abordaje matemático del proceso histórico de transformación de valores en precios de producción; sin embargo, aún dentro de las mismas escuelas existen divergencias teóricas importantes, fundamentalmente en relación a la MELT (Monetary Expression of Labor Time) o algún equivalente de esta. Así, las escuelas de pensamiento económico marxista son la escuela temporalista, la escuela simultaneísta y alguna combinación o punto intermedio entre ellas. Todas estas diferencias filosóficas, en contraste con lo que ocurre en Filosofía de la Estadística entre, por ejemplo, frecuentistas y bayesianos subjetivos, no solo no requieren de mucha investigación para ser verificadas empíricamente, sino que además tienen como consecuencia la gestación de sistemas matemáticos que hasta la fecha (la realidad es cambiante, indudablemente) han resultado antagónicos teóricamente respecto de ese punto (en el de transformar valores en precios de producción) y numéricamente diferentes de forma sustancial en sus predicciones (aunque cualitativamente es usual que sus diferencias no sean esenciales, salvo en el punto expuesto -que es evidentemente un aspecto medular de la teoría de Marx-).

    La polémica sobre el uso de la ley del valor de Emmanuel tuvo que ver con el manejo de los supuestos que realizó y, con ello, con los escenarios teóricos que identificaba con la realidad. Esta polémica se agudizó luego de que, tras las críticas recibidas (cuyo trasfondo era teórico solo formalmente o minoritariamente en su defecto), Emmanuel publicara un sistema de ecuaciones simultáneas (con ello se ganó el rechazo de los marxistas más conservadores de la época -los cuales eran reacios al uso de las matemáticas-, que no eran minoría) para abordar la transformación de valores en precios de producción) poco ortodoxo para el oficialismo de lo que se podría denominar como “marxismo matemático”, lo que en términos netos le valió para la época (1962) incompatibilidad intelectual con la generalidad de los académicos.

    El debate teórico real no es, evidentemente, si el tiempo existe o no, sino si es lo suficientemente relevante para configurar el sistema matemático alrededor del mismo o si no lo es y, por consiguiente, no existen consecuencias relevantes (tanto teóricas como numéricas) por descartarlo del modelo formal del sistema capitalista. Emmanuel define en su obra el valor como cantidad cronométrica de trabajo socialmente necesario (que es la misma definición del marxismo clásico, sólo que comprimida), sin embargo, su modelo de transformación de valores en precios de producción hace uso de las ecuaciones simultáneas (lo heterodoxo del asunto radica en que establece ex ante al trabajo como la variable fundamental del sistema, para que las ecuaciones y las incógnitas se igualen automáticamente y afirmar con ello que se implica la anterioridad histórica de la fuerza de trabajo, puesto que lo precede teóricamente), aunque tampoco por ello tenga problema en afirmar que existen “dos esencias” (el capital y el trabajo) o, en otros términos, que no sólo el trabajo crea valor. ¿Cuál fue entonces el trasfondo político?

    A pesar de que en tiempos modernos pueda resultar un poco difícil de pensar, alrededor de 1962 existía un relativamente pujante movimiento obrero internacional y políticamente su unidad era cardinal en la lucha contra la explotación planeataria y el modelo de Emmanuel, guste o no, implica que el bienestar de los trabajadores de los países industrializados es sufragado indirectamente por las condiciones de miseria extrema que se viven en los países de la periferia. Por supuesto, ello se implica también a nivel local, ¿quiénes permiten que los trabajadores de las ramas productivas más intensivas en capital obtengan salarios muy por encima del promedio salarial nacional sino los trabajadores de las ramas productivas intensivas en trabajo?, en un sistema de economía política los agentes económicos guardan entre sí relaciones de suma cero, es decir, la ganancia de unos implica la pérdida de otros, aunque esto no siempre ocurre (y mucho menos se observa) de forma inmediata; este hecho fundamental no cambia en un sistema de economía geopolítica. Sin embargo, aunque la topología en ambos sistemas es fundamentalmente la misma las métricas cambian y las grandes brechas sociales observadas internacionalmente (por ejemplo, entre Noruega y Haití) no se observan en términos generales (promedio) a nivel local, lo que hace más notoria la explotación, aunque no más real. Complementariamente, debe resaltarse el hecho de que, dentro de sus propias condiciones materiales de existencia, los trabajadores de los países industrializados tienen sus propias luchas sociales.

    Mi máximo cariño, aprecio y admiración a toda la comunidad marxista de aquella época, puesto que al fin y al cabo lucha de clases fáctica es nuestra misión última y todos somos producto de nuestras condiciones históricas, es decir, aunque hacemos la historia, no hacemos las condiciones bajo las cuales hacemos nuestra historia.

    II. IIPPE 2021: imperialism, China and finance – michael roberts

    La conferencia 2021 de la Iniciativa Internacional para la Promoción de la Economía Política (IIPPE) tuvo lugar hace un par de semanas, pero solo ahora he tenido tiempo de revisar los numerosos trabajos presentados sobre una variedad de temas relacionados con la economía política. El IIPPE se ha convertido en el canal principal para que economistas marxistas y heterodoxos ‘presenten sus teorías y estudios en presentaciones. Las conferencias de materialismo histórico (HM) también hacen esto, pero los eventos de HM cubren una gama mucho más amplia de temas para los marxistas. Las sesiones de Union for Radical Political Economy en la conferencia anual de la American Economics Association se concentran en las contribuciones marxistas y heterodoxas de la economía, pero IIPPE involucra a muchos más economistas radicales de todo el mundo.

    Ese fue especialmente el caso de este año porque la conferencia fue virtual en zoom y no física (¿tal vez el próximo año?). Pero todavía había muchos documentos sobre una variedad de temas guiados por varios grupos de trabajo del IIPPE. Los temas incluyeron teoría monetaria, imperialismo, China, reproducción social, financiarización, trabajo, planificación bajo el socialismo, etc. Obviamente no es posible cubrir todas las sesiones o temas; así que en esta publicación solo me referiré a las que asistí o en las que participé.

    El primer tema para mí fue la naturaleza del imperialismo moderno con sesiones que fueron organizadas por el grupo de trabajo de Economía Mundial. Presenté un artículo, titulado La economía del imperialismo moderno, escrito conjuntamente por Guglielmo Carchedi y yo. En la presentación argumentamos, con evidencia, que los países imperialistas pueden definirse económicamente como aquellos que sistemáticamente obtienen ganancias netas, intereses y rentas (plusvalía) del resto del mundo a través del comercio y la inversión. Estos países son pequeños en número y población (solo 13 o más califican según nuestra definición).

    Demostramos en nuestra presentación que este bloque imperialista (IC en el gráfico a continuación) obtiene algo así como 1,5% del PIB cada año del ‘intercambio desigual’ en el comercio con los países dominados (DC en el gráfico) y otro 1,5% del PIB de intereses, repatriación de utilidades y rentas de sus inversiones de capital en el exterior. Como estas economías están creciendo actualmente a no más del 2-3% anual, esta transferencia es un apoyo considerable al capital en las economías imperialistas.

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    Los países imperialistas son los mismos “sospechosos habituales” que Lenin identificó en su famosa obra hace unos 100 años. Ninguna de las llamadas grandes “economías emergentes” está obteniendo ganancias netas en el comercio o las inversiones – de hecho, son perdedores netos para el bloque imperialista – y eso incluye a China. De hecho, el bloque imperialista extrae más plusvalía de China que de muchas otras economías periféricas. La razón es que China es una gran nación comercial; y también tecnológicamente atrasado en comparación con el bloque imperialista. Entonces, dados los precios del mercado internacional, pierde parte de la plusvalía creada por sus trabajadores a través del comercio hacia las economías más avanzadas. Esta es la explicación marxista clásica del “intercambio desigual” (UE).

    Pero en esta sesión, esta explicación de los logros imperialistas fue discutida. John Smith ha producido algunos relatos convincentes y devastadores de la explotación del Sur Global por parte del bloque imperialista. En su opinión, la explotación imperialista no se debe a un “intercambio desigual” en los mercados entre las economías tecnológicamente avanzadas (imperialismo) y las menos avanzadas (la periferia), sino a la “superexplotación”. Los salarios de los trabajadores del Sur Global han bajado incluso de los niveles básicos de reproducción y esto permite a las empresas imperialistas extraer enormes niveles de plusvalía a través de la “cadena de valor” del comercio y los márgenes intraempresariales a nivel mundial. Smith argumentó en esta sesión que tratar de medir las transferencias de plusvalía del comercio utilizando estadísticas oficiales como el PIB de cada país era una ‘economía vulgar’ que Marx habría rechazado porque el PIB es una medida distorsionada que deja fuera una parte importante de la explotación de la economía global. Sur.

    Nuestra opinión es que, incluso si el PIB no captura toda la explotación del Sur Global, nuestra medida de intercambio desigual todavía muestra una enorme transferencia de valor de las economías periféricas dependientes al núcleo imperialista. Además, nuestros datos y medidas no niegan que gran parte de esta extracción de plusvalía proviene de una mayor explotación y salarios más bajos en el Sur Global. Pero decimos que esta es una reacción de los capitalistas del Sur a su incapacidad para competir con el Norte tecnológicamente superior. Y recuerde que son principalmente los capitalistas del Sur los que están haciendo la “súper explotación”, no los capitalistas del Norte. Estos últimos obtienen una parte a través del comercio de cualquier plusvalía extra de las mayores tasas de explotación en el Sur.

    De hecho, mostramos en nuestro artículo, las contribuciones relativas a la transferencia de plusvalía de tecnología superior (mayor composición orgánica del capital) y de explotación (tasa de plusvalía) en nuestras medidas. La contribución de la tecnología superior sigue siendo la principal fuente de intercambio desigual, pero la participación de diferentes tasas de plusvalía se ha elevado a casi la mitad.

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    Andy Higginbottom en su presentación también rechazó la teoría marxista clásica del imperialismo del intercambio desigual presentada en el artículo Carchedi-Roberts, pero por diferentes motivos. Consideró que la igualación de las tasas de ganancia a través de las transferencias de plusvalías individuales a precios de producción se realizó de manera inadecuada en nuestro método (que seguía a Marx). Por lo tanto, nuestro método podría no ser correcto o incluso útil para empezar.

    En resumen, nuestra evidencia muestra que el imperialismo es una característica inherente del capitalismo moderno. El sistema internacional del capitalismo refleja su sistema nacional (un sistema de explotación): explotación de las economías menos desarrolladas por las más desarrolladas. Los países imperialistas del siglo XX no han cambiado. No hay nuevas economías imperialistas. China no es imperialista en nuestras medidas. La transferencia de plusvalía por parte de la UE en el comercio internacional se debe principalmente a la superioridad tecnológica de las empresas del núcleo imperialista pero también a una mayor tasa de explotación en el “sur global”. La transferencia de plusvalía del bloque dominado al núcleo imperialista está aumentando en términos de dólares y como porcentaje del PIB.

    En nuestra presentación, revisamos otros métodos para medir el “intercambio desigual” en lugar de nuestro método de “precios de producción”, y hay bastantes. En la conferencia, hubo otra sesión en la que Andrea Ricci actualizó (ver sección III) su invaluable trabajo sobre la medición de la transferencia de plusvalía entre la periferia y el bloque imperialista utilizando tablas mundiales de insumo-producto para los sectores comerciales y medidas en dólares PPA. Roberto Veneziani y sus colegas también presentaron un modelo de equilibrio general convencional para desarrollar un “índice de explotación” que muestra la transferencia neta de valor en el comercio de los países. Ambos estudios apoyaron los resultados de nuestro método más “temporal”.

    En el estudio de Ricci hay una transferencia neta anual del 4% de la plusvalía en el PIB per cápita a América del Norte; casi el 15% per cápita para Europa occidental y cerca del 6% para Japón y Asia oriental. Por otro lado, existe una pérdida neta de PIB anual per cápita para Rusia del 17%; China 10%, América Latina 5-10% y 23% para India.

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    En el estudio de Veneziani et al, “todos los países de la OCDE están en el centro, con un índice de intensidad de explotación muy por debajo de 1 (es decir, menos explotado que explotador); mientras que casi todos los países africanos son explotados, incluidos los veinte más explotados “. El estudio coloca a China en la cúspide entre explotados y explotados.

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    En todas estas medidas de explotación imperialista, China no encaja a la perfección, al menos económicamente. Y esa es la conclusión a la que también se llegó en otra sesión que lanzó un nuevo libro sobre imperialismo del economista marxista australiano Sam King. El convincente libro de Sam King propone que la tesis de Lenin era correcta en sus fundamentos, a saber, que el capitalismo se había convertido en lo que Lenin llamó “capital financiero monopolista” (si bien su libro no está disponible de forma gratuita, su tesis versa fundamentalmente sobre lo mismo). El mundo se ha polarizado en países ricos y pobres sin perspectivas de que ninguna de las principales sociedades pobres llegue a formar parte de la liga de los ricos. Cien años después, ningún país que fuera pobre en 1916 se ha unido al exclusivo club imperialista (salvo con la excepción de Corea y Taiwán, que se beneficiaron específicamente de las “bendiciones de la guerra fría del imperialismo estadounidense”).

    La gran esperanza de la década de 1990, promovida por la economía del desarrollo dominante de que Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) pronto se unirían a la liga de los ricos en el siglo XXI, ha demostrado ser un espejismo. Estos países siguen siendo también rans y todavía están subordinados y explotados por el núcleo imperialista. No hay economías de rango medio, a medio camino, que puedan ser consideradas como “subimperialistas” como sostienen algunos economistas marxistas. King muestra que el imperialismo está vivo y no tan bien para los pueblos del mundo. Y la brecha entre las economías imperialistas y el resto no se está reduciendo, al contrario. Y eso incluye a China, que no se unirá al club imperialista.

    Hablando de China, hubo varias sesiones sobre China organizadas por el grupo de trabajo IIPPE China. Las sesiones fueron grabadas y están disponibles para verlas en el canal de YouTube de IIPPE China. La sesión cubrió el sistema estatal de China; sus políticas de inversión extranjera; el papel y la forma de planificación en China y cómo China se enfrentó a la pandemia de COVID.

    También hubo una sesión sobre ¿Es capitalista China?, en la que realicé una presentación titulada ¿Cuándo se volvió capitalista China? El título es un poco irónico, porque argumenté que desde la revolución de 1949 que expulsó a los terratenientes compradores y capitalistas (que huyeron a Formosa-Taiwán), China ya no ha sido capitalista. El modo de producción capitalista no domina en la economía china incluso después de las reformas de mercado de Deng en 1978. En mi opinión, China es una “economía de transición” como lo era la Unión Soviética, o lo son ahora Corea del Norte y Cuba.

    En mi presentación defino qué es una economía de transición, como la vieron Marx y Engels. China no cumple con todos los criterios: en particular, no hay democracia obrera, no hay igualación o restricciones en los ingresos; y el gran sector capitalista no está disminuyendo constantemente. Pero, por otro lado, los capitalistas no controlan la maquinaria estatal, sino los funcionarios del Partido Comunista; la ley del valor (beneficio) y los mercados no dominan la inversión, sí lo hace el gran sector estatal; y ese sector (y el sector capitalista) tienen la obligación de cumplir con los objetivos de planificación nacional (a expensas de la rentabilidad, si es necesario).

    Si China fuera simplemente otra economía capitalista, ¿cómo explicamos su fenomenal éxito en el crecimiento económico, sacando a 850 millones de chinos de la línea de pobreza ?; y evitar las recesiones económicas que las principales economías capitalistas han sufrido de forma regular? Si ha logrado esto con una población de 1.400 millones y, sin embargo, es capitalista, entonces sugiere que puede haber una nueva etapa en la expansión capitalista basada en alguna forma estatal de capitalismo que sea mucho más exitosa que los capitalismos anteriores y ciertamente más que sus pares en India, Brasil, Rusia, Indonesia o Sudáfrica. China sería entonces una refutación de la teoría marxista de la crisis y una justificación del capitalismo. Afortunadamente, podemos atribuir el éxito de China a su sector estatal dominante para la inversión y la planificación, no a la producción capitalista con fines de lucro y al mercado.

    Para mí, China se encuentra en una “transición atrapada”. No es capitalista (todavía) pero no avanza hacia el socialismo, donde el modo de producción es a través de la propiedad colectiva de los medios de producción para las necesidades sociales con consumo directo sin mercados, intercambio o dinero. China está atrapada porque todavía está atrasada tecnológicamente y está rodeada de economías imperialistas cada vez más hostiles; pero también está atrapado porque no existen organizaciones democráticas de trabajadores y los burócratas del PC deciden todo, a menudo con resultados desastrosos.

    Por supuesto, esta visión de China es minoritaria. Los “expertos en China” occidentales están al unísono de que China es capitalista y una forma desagradable de capitalismo para arrancar, no como los capitalismos “democráticos liberales” del G7. Además, la mayoría de los marxistas están de acuerdo en que China es capitalista e incluso imperialista. En la sesión, Walter Daum argumentó que, incluso si la evidencia económica sugiere que China no es imperialista, políticamente China es imperialista, con sus políticas agresivas hacia los estados vecinos, sus relaciones comerciales y crediticias explotadoras con países pobres y su supresión de minorías étnicas como los uyghars en la provincia de Xinjiang. Otros presentadores, como Dic Lo y Cheng Enfu de China, no estuvieron de acuerdo con Daum, y Cheng caracterizó a China como “socialista con elementos del capitalismo de Estado”, una formulación extraña que suena confusa.

    Finalmente, debo mencionar algunas otras presentaciones. Primero, sobre la controvertida cuestión de la financiarización. Los partidarios de la ‘financiarización’ argumentan que el capitalismo ha cambiado en los últimos 50 años de una economía orientada a la producción a una dominada por el sector financiero y son las visiones de este sector inestable las que causan las crisis, no los problemas de rentabilidad en el sector productivo. sectores, como argumentó Marx. Esta teoría ha dominado el pensamiento de los economistas poskeynesianos y marxistas en las últimas décadas. Pero cada vez hay más pruebas de que la teoría no solo es incorrecta teóricamente, sino también empíricamente.

    Y en IIPPE, Turan Subasat y Stavros Mavroudeas presentaron aún más evidencia empírica para cuestionar la “financiarización” en su artículo titulado: La hipótesis de la financiarización: una crítica teórica y empírica. Subasat y Mavroudeas encuentran que la afirmación de que la mayoría de las empresas multinacionales más grandes son “financieras” es incorrecta. De hecho, la participación de las finanzas en los EE. UU. Y el Reino Unido no ha aumentado en los últimos 50 años; y durante los últimos 30 años, la participación del sector financiero en el PIB disminuyó en un 51,2% y la participación del sector financiero en los servicios disminuyó en un 65,9% en los países estudiados. Y no hay evidencia de que la expansión del sector financiero sea un predictor significativo del declive de la industria manufacturera, que ha sido causado por otros factores (globalización y cambio técnico).

    Y hubo algunos artículos que continuaron confirmando la teoría monetaria de Marx, a saber, que las tasas de interés no están determinadas por una “ tasa de interés natural ” de la oferta y la demanda de ahorros (como argumentan los austriacos) o por la preferencia de liquidez, es decir, el acaparamiento de dinero (como afirman los keynesianos), pero están limitados e impulsados ​​por los movimientos en la rentabilidad del capital y, por lo tanto, la demanda de fondos de inversión. Nikos Stravelakis ofreció un artículo, Una reconciliación de la teoría del interés de Marx y el rompecabezas de la prima de riesgo, que mostraba que las ganancias netas corporativas están relacionadas positivamente con los depósitos bancarios y las ganancias netas a brutas están relacionadas positivamente con la tasa de depósitos de préstamos y que el 60% de las variaciones en las tasas de interés pueden explicarse por cambios en la tasa de ganancia. Y Karl Beitel mostró la estrecha conexión entre el movimiento a largo plazo de la rentabilidad en las principales economías en los últimos 100 años (cayendo) y la tasa de interés de los bonos a largo plazo (cayendo). Esto sugiere que hay un nivel máximo de tasas de interés, como argumentó Marx, determinado por la tasa de ganancia sobre el capital productivo, porque el interés proviene solo de la plusvalía.

    Finalmente, algo que no estaba en IIPPE pero que agrega aún más apoyo a la ley de Marx de la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. En el libro World in Crisis, coeditado por Carchedi y yo, muchos economistas marxistas presentaron evidencia empírica de la caída de la tasa de ganancia del capital de muchos países diferentes. Ahora podemos agregar otro. En un nuevo artículo, El crecimiento económico y la tasa de ganancia en Colombia 1967-2019, Alberto Carlos Duque de Colombia muestra la misma historia que hemos encontrado en otros lugares. El artículo encuentra que el movimiento en la tasa de ganancia está “en concordancia con las predicciones de la teoría marxista y afecta positivamente la tasa de crecimiento. Y la tasa de crecimiento del PIB se ve afectada por la tasa de ganancia y la tasa de acumulación está en una relación inversa entre estas últimas variables ”.

    Por lo tanto, los resultados “son consistentes con los modelos macroeconómicos marxistas revisados en este artículo y brindan apoyo empírico a los mismos. En esos modelos, la tasa de crecimiento es un proceso impulsado por el comportamiento de la tasa de acumulación y la tasa de ganancia. Nuestros análisis econométricos brindan apoyo empírico a la afirmación marxista sobre el papel fundamental de la tasa de ganancia, y sus elementos constitutivos, en la acumulación de capital y, en consecuencia, en el crecimiento económico”.

    III. OTRAS REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • CRONOLOGÍA DE LA ECONOMÍA GEOPOLÍTICA DEL PATRÓN ORO DESDE BRETTON WOODS HASTA LA ACTUALIDAD

    Dinero · Oro · Sistema monetario internacional

    El oro después de Bretton Woods

    Dinero-mercancía, reservas, patrones monetarios y economía geopolítica desde la ruptura de la convertibilidad hasta comienzos del siglo XXI.

    La tesis de la desmaterialización del dinero

    Como señala Astarita (2006), hasta 1968 al menos existió convertibilidad oficial del dólar en oro dentro del sistema de Bretton Woods. Regía, por tanto, un sistema internacional de cambio patrón oro. Frente a esto, quienes sostienen que el dinero ya se encontraba plenamente «desmaterializado» deben explicar por qué se produjeron las corridas hacia el oro desde finales de los años sesenta, por qué persistió la preocupación por su precio oficial y por qué las reservas de oro ocuparon un lugar central hasta la crisis final del sistema.

    Desde esta perspectiva, afirmar que el dinero de banco central se había desligado completamente del oro exige restringir el análisis al ámbito nacional y abstraerse de las condiciones de validación internacional del dinero. El problema consiste, precisamente, en que esa abstracción borra la permanencia del oro dentro del sistema monetario internacional.

    Si el oro hubiera perdido por completo su función monetaria, quedaría por explicar por qué Estados, bancos centrales e inversores continuaron inmovilizando enormes cantidades de riqueza en él.

    Astarita sostiene además que la tesis de la desmaterialización presenta una falsa división histórica y encuentra dificultades para explicar por qué el oro continúa funcionando como instrumento de reserva y atesoramiento.

    Oro, reservas y atesoramiento

    • Después de casi tres décadas de inconvertibilidad del dinero en oro, las reservas oficiales permanecían por encima de las 30.000 toneladas, aproximadamente una cuarta parte de todo el oro extraído a lo largo de la historia.
    • Los Derechos Especiales de Giro (DEG) no lograron convertirse en una moneda fiduciaria internacional capaz de sustituir al oro como referencia última de valor.
    • En 1994, la proporción de oro dentro de las reservas oficiales era del 61,6 % en Estados Unidos, 55,4 % en Francia, 30,6 % en Alemania, 44,2 % en Italia, 49,5 % en Suiza, 29 % en Austria y 41 % en Bélgica.
    • En 1995, el FMI reafirmó el papel monetario del oro y sostuvo que debía evitarse cualquier movilización de sus tenencias que debilitara su posición financiera global, pues estas reservas agregaban credibilidad a sus balances y capacidad de maniobra.
    • Con la creación del Banco Central Europeo se decidió que un 15 % de sus reservas estuviera constituido por oro.
    • Entre septiembre de 1999 y marzo de 2005, el precio del oro aumentó de aproximadamente 265 a 425 dólares sin que se registrara un movimiento equivalente en los metales en general ni un crecimiento industrial capaz de explicar por sí solo ese comportamiento.
    • A mediados de los años noventa se estimaba que los stocks privados comprendían unas 60.000 toneladas en joyería —incluida la adquirida principalmente como inversión— y otras 24.000 toneladas en barras y monedas.
    • El oro se negociaba en gran medida a través de los llamados bullion banks, instituciones bancarias con mecanismos propios de refinación, compraventa y formación de precios.
    • Se calculaba que el volumen anual de oro físico y contractual comercializado superaba las 300.000 toneladas, más de cien veces la producción anual y más del doble del stock mundial estimado.

    Para Astarita, semejante movimiento resulta difícil de explicar si se concibe al oro como un metal ordinario carente de funciones monetarias. El punto decisivo es que la función de reserva constituye una de las funciones fundamentales del dinero.

    Retomando a Lipietz y Marx, el atesoramiento representa uno de los momentos en que el dinero aparece como encarnación de valor y poder social. Aunque el oro ya no desempeñe ordinariamente el papel de medio cotidiano de pago, continúa funcionando como medio de atesoramiento dentro del sistema monetario internacional.

    En el atesoramiento, el dinero se conserva como encarnación de valor, riqueza y poder social: «el oro se retiene como dinero».

    Esto implica que el oro no sería demandado simplemente como metal industrial, sino como equivalente general y depósito de valor. Tampoco se lo demanda necesariamente como moneda nacional acuñada, sino como una forma internacional de conservación de valor.

    El problema remite entonces a una cuestión más amplia: ¿cuál es el respaldo último del dólar, del euro o de las demás monedas fiduciarias? La respuesta de numerosos funcionarios monetarios al justificar la acumulación de oro señala una característica singular: el oro es una reserva que no constituye simultáneamente el pasivo de otro gobierno o institución.

    Greenspan y la persistencia del patrón oro como referencia

    La importancia monetaria atribuida al oro también aparece en diversas declaraciones de Alan Greenspan. En una entrevista publicada en 2017, Greenspan afirmó que consideraba al oro «la principal moneda mundial» y subrayó que, a diferencia de los instrumentos de crédito y del dinero fiduciario, no depende de la solvencia de una contraparte.

    Según Greenspan, el patrón oro alcanzó su apogeo a finales del siglo XIX y comienzos del XX, período que él caracterizó por un importante crecimiento de la productividad y una inflación reducida. A su juicio, los problemas posteriores no demostraron necesariamente un fracaso intrínseco del patrón oro, sino errores de política económica.

    Su ejemplo central es el retorno británico al patrón oro en 1925 al tipo de cambio anterior a la Primera Guerra Mundial: 4,86 dólares por libra esterlina. Greenspan consideraba aquella decisión de Winston Churchill un error monumental porque imponía una paridad incompatible con las nuevas condiciones económicas y contribuía a la deflación británica de finales de los años veinte.

    Desde esta perspectiva, el problema no habría sido el mecanismo monetario en abstracto, sino el intento de reconstruir las paridades de preguerra ignorando las diferencias en destrucción material y transformación económica acumuladas entre países durante el conflicto.

    «El dinero fiduciario in extremis no es aceptado por nadie. El oro siempre se acepta.»

    En 1999 Greenspan había señalado asimismo que la política monetaria discrecional encontraba dificultades para anclar el nivel de precios a lo largo del tiempo de la misma manera en que, a su juicio, lo había hecho el patrón oro durante el siglo XIX.

    Años después también afirmó que, durante su presidencia de la Reserva Federal, la política monetaria estadounidense intentó seguir señales similares a las que habría producido un patrón oro, aun operando formalmente dentro de un régimen de moneda fiduciaria.

    · · ·

    Cronología de la economía geopolítica del oro

    A continuación se presenta una cronología de acontecimientos, debates y declaraciones sobre el papel económico y geopolítico del oro desde la desaparición formal de Bretton Woods, con especial énfasis en el período posterior a 1999.

    10 de julio de 2014

    Nathan Lewis, en Forbes, recupera reflexiones de Paul Volcker, quien había sido subsecretario del Tesoro estadounidense para asuntos monetarios internacionales entre 1969 y 1974. Volcker señalaba que la ausencia de un sistema monetario internacional oficial, basado en reglas y administrado cooperativamente, difícilmente podía considerarse un gran éxito, dadas la frecuencia y la capacidad destructiva de las crisis financieras internacionales.

    14 de abril de 2015

    RT en Español recoge planteamientos acerca de la posibilidad de incorporar cierta cantidad de oro a los Derechos Especiales de Giro del FMI. Meghnad Desai, entonces vinculado al Official Monetary and Financial Institutions Forum, sostenía que una participación del oro podría contribuir a estabilizar ese instrumento monetario sintético.

    17 de junio de 2015

    Texas aprueba la creación de un depósito estatal de metales preciosos. La iniciativa buscaba repatriar activos y disminuir la dependencia de instalaciones situadas fuera del Estado, al tiempo que alimentaba debates políticos sobre autonomía financiera y soberanía monetaria.

    21 de julio de 2015

    El precio del oro registraba su nivel más bajo en aproximadamente cinco años. Entre las explicaciones recogidas figuraban una menor necesidad de cobertura contra la inflación, una menor demanda de activos defensivos y la evolución de la demanda china.

    31 de agosto de 2015

    Se reavivó el debate acerca de la transparencia y auditoría de las reservas de oro estadounidenses en un contexto marcado por expectativas de cambios en la tasa de fondos federales.

    1 de septiembre de 2015

    Diversos analistas interpretaron la acumulación de oro de Rusia y China como parte de una posible estrategia financiera de los países BRICS orientada a disminuir su dependencia del dólar.

    6 de septiembre de 2015

    Se reportó una fuerte reducción del oro depositado por entidades extranjeras en las bóvedas de la Reserva Federal de Nueva York. Una parte muy importante de aquellas existencias correspondía a bancos centrales y gobiernos extranjeros.

    8 de septiembre de 2015

    La demanda de oro físico se interpretó como una respuesta a la incertidumbre financiera internacional. El oro continuaba apareciendo como activo de refugio ante episodios de tensión financiera y geopolítica.

    14 de septiembre de 2015

    Se reportó una intensa demanda de oro físico procedente de China e India, asociada a la disminución de existencias disponibles en determinados centros de negociación internacionales.

    15 de septiembre de 2015

    Bancos centrales extranjeros habían retirado desde 2014 unas 246 toneladas de oro previamente custodiadas en la Reserva Federal de Nueva York. Estas repatriaciones fueron interpretadas como intentos de reforzar el control directo sobre activos considerados líquidos y estratégicos.

    19 de septiembre de 2015

    La compra de oro por países BRICS fue presentada como una estrategia vinculada a la búsqueda de mayor autonomía frente al dólar, en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas.

    30 de septiembre de 2015

    Nuevas discusiones sobre especulación financiera y fragilidad monetaria reforzaron la percepción del oro como instrumento defensivo frente a escenarios de inestabilidad internacional.

    2 de octubre de 2015

    Analistas de RBC Capital Markets asociaron parte del aumento del precio del oro con la decisión de la Reserva Federal de no elevar todavía la tasa de fondos federales. Al mismo tiempo, advertían que una futura subida de tasas podía ejercer presión descendente sobre el metal.

    17 de octubre de 2015

    El precio del oro alcanzó un máximo de cuatro meses mientras grandes inversores aumentaban sus posiciones ante la expectativa de que la Reserva Federal no elevaría las tasas de interés durante 2015.

    12 de noviembre de 2015

    Geólogos chinos reportaron el hallazgo de un gran depósito submarino de oro en el mar de China Oriental, después de varios años de trabajos de exploración.

    13 de noviembre de 2015

    Rumores de caídas bursátiles contribuyeron a aumentar la demanda de oro. El World Gold Council señalaba, además, que los bancos centrales habían comprado otras 175 toneladas, en parte como estrategia de diversificación de reservas.

    18 de diciembre de 2015

    Jim Rogers sostuvo que, ante una eventual burbuja del dólar, contemplaría vender posiciones en la moneda estadounidense para trasladarlas hacia oro, plata y otros metales preciosos.

    22 de diciembre de 2015

    El Banco de Rusia incrementó sus reservas de oro en aproximadamente 186 toneladas entre enero y noviembre de 2015, superando las adquisiciones realizadas durante todo 2014.

    23 de diciembre de 2015

    A pesar de una fuerte caída previa de precios, distintos analistas continuaban describiendo al oro como un elemento central del universo monetario debido a su demanda persistente como reserva.

    5 de enero de 2016

    Mark O’Byrne, de GoldCore Ltd., señaló el desplazamiento progresivo del centro de gravedad del mercado del oro hacia China y recogió especulaciones acerca de la posibilidad de un yuan respaldado por oro.

    10 de julio de 2016

    Business Insider recordó las posiciones históricas de Alan Greenspan a favor del patrón oro, incluida su tesis de 1966 según la cual el abandono de dicho sistema había facilitado una expansión del crédito menos restringida por activos tangibles.

    21 de febrero de 2017

    El Mises Institute recogió declaraciones de Greenspan según las cuales la política monetaria estadounidense durante su presidencia de la Reserva Federal había tratado de imitar señales que, en determinadas condiciones, habría producido un patrón oro.

    16 de noviembre de 2018

    Nathan Lewis argumentó en Forbes que, aunque el patrón oro hubiera desaparecido formalmente en 1971, el precio del oro habría seguido funcionando de manera informal como una referencia monetaria relevante en diversos períodos posteriores.

    30 de mayo de 2019

    Serbia y Filipinas aumentaron sus reservas oficiales de oro, movimiento interpretado por algunos analistas como parte de una tendencia de diversificación respecto del dólar estadounidense.

    9 de julio de 2019

    Inversores y ahorradores chinos incrementaron su interés por el oro como protección frente a la depreciación del yuan y la desaceleración económica. China combinaba entonces su condición de gran productor mundial con una elevada demanda interna de metal.

    8 de agosto de 2019

    Nathan Lewis sostuvo que, después de abandonar el experimento monetarista de comienzos de los años ochenta, Paul Volcker habría utilizado de forma flexible el oro y otras materias primas como referencias para estabilizar el valor del dólar. Lewis relacionó esta interpretación con los Acuerdos del Plaza de 1985 y del Louvre de 1987.

    6 de mayo de 2020

    José Luis Cava analizó la acumulación de oro por China y Rusia en el contexto de estrategias de reducción del uso internacional del dólar, discusiones sobre monedas digitales de bancos centrales y cambios potenciales en la arquitectura monetaria internacional.

    18 de junio de 2020

    La BBC informó sobre la disputa entre el Banco Central de Venezuela y el Banco de Inglaterra por 31 toneladas de oro venezolano, valoradas entonces en aproximadamente mil millones de dólares.

    2 de julio de 2020

    Un tribunal británico negó al gobierno de Nicolás Maduro el acceso al oro venezolano depositado en el Banco de Inglaterra, en medio de la disputa política y jurídica relacionada con el reconocimiento británico de Juan Guaidó.

    7 de septiembre de 2020

    Nuevos debates sobre las previsiones de Peter Schiff respecto del oro, el dólar y las criptomonedas mostraron hasta qué punto el metal seguía siendo utilizado como referencia en discusiones sobre estabilidad monetaria y activos de refugio.

    22 de mayo de 2021

    Richard Kelly, jefe de estrategia global de TD Securities, manifestó una posición favorable hacia la inversión en oro, al considerar que todavía poseía potencial de recuperación.

    26 de mayo de 2021

    La debilidad del dólar y la caída del precio del bitcoin coincidieron con una subida del oro hasta su mayor nivel desde enero de ese mismo año.

    29 de mayo de 2021

    Una nueva caída del bitcoin coincidió con un aumento de la demanda de oro como activo de refugio.

    31 de mayo de 2021

    Robert Kiyosaki recomendó comprar oro como protección frente a una eventual devaluación del dólar y lo situó, por razones de estabilidad, por encima del bitcoin dentro de sus preferencias defensivas.

    1 de junio de 2021

    Nikolaos Panigirtzoglou, estratega de JP Morgan, sostuvo que la elevada volatilidad del bitcoin constituía un obstáculo para una mayor adopción institucional y reducía su atractivo relativo frente al oro tradicional como componente de carteras institucionales.

    3 de junio de 2021

    Rusia anunció que eliminaría el dólar de las reservas de su Fondo Nacional de Bienestar y sustituiría una parte importante de esas posiciones por oro y otras monedas, con el propósito declarado de reducir su exposición a sanciones estadounidenses.

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    Referencias

    1. Astarita, R. (2006). Concepciones sobre el dinero, el rol del oro y cuestiones monetarias. Instituto Argentino para el Desarrollo Económico.
    2. Barba, G. (4 de diciembre de 2015). Compraré oro antes de que estalle la burbuja del dólar: Jim Rogers. Forbes México.
    3. BBC News Mundo. (2 de julio de 2020). Oro de Venezuela: tribunal británico niega al gobierno de Maduro acceso al oro depositado en el Banco de Inglaterra por considerar a Guaidó el presidente.
    4. Becedas, M., & Nieves, V. (1 de junio de 2021). JP Morgan avisa de que el crash del bitcoin no ha terminado y supone un revés para su adopción institucional. El Economista.
    5. Business Insider. (10 de julio de 2016). Alan Greenspan wants the US to go back on the gold standard.
    6. Cava, J. L. (6 de mayo de 2020). ¿Por qué están acumulando cautelosamente oro China y Rusia? Estrategias de Inversión.
    7. CMI Gold & Silver. (19 de diciembre de 2019). The New Alan Greenspan on Gold.
    8. Greenspan, A. (23 de febrero de 1999). Testimony of Chairman Alan Greenspan. The Federal Reserve’s semiannual report on monetary policy. U.S. Federal Reserve.
    9. Lewis, N. (10 de julio de 2014). Paul Volcker Dreams of a “New Bretton Woods.” But What Would That Look Like? Forbes.
    10. Lewis, N. (16 de noviembre de 2018). The Gold Standard Didn’t Disappear in 1971, It Just Went Underground. Forbes.
    11. Lewis, N. (8 de agosto de 2019). We Just Tested the Gold Standard — It Still Works. Forbes.
    12. Mises Institute. (21 de febrero de 2017). Alan Greenspan Admits Ron Paul Was Right About Gold.
    13. Mora Lleonart, M. (30 de mayo de 2019). Serbia y Filipinas se unen a la tendencia mundial de comprar oro y se alejan más del estándar del dólar. Banco Central de Cuba.
    14. Palotai, D., & Veres, I. (1 de noviembre de 2020). New Golden Age. Building up Gold Reserves. Hungary Central / LBMA.
    15. Pedraza, J. Á. (9 de julio de 2019). Los chinos recurren al oro para proteger sus ahorros ante la devaluación del yuan. Oroinformación.
    16. Pichel, M. (18 de junio de 2020). Oro de Venezuela: por qué el Banco de Inglaterra retiene 31 toneladas de lingotes del país sudamericano. BBC News Mundo.
    17. RT en Español. Diversos artículos publicados entre 2015 y 2021 sobre reservas de oro, bancos centrales, BRICS, Rusia, China, bitcoin y mercados internacionales, según el listado bibliográfico del texto original.

    Notas

    Nota 1 · Alan Greenspan Alan Greenspan, nacido en Nueva York en 1926, fue presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos entre 1987 y 2006. Obtuvo sus grados académicos en economía en la Universidad de Nueva York.
    Nota 2 · Jim Rogers James B. Rogers Jr. es un inversor y comentarista financiero estadounidense. Cofundó junto con George Soros el Quantum Fund y participó en la creación del Soros Fund Management. También desarrolló el Rogers International Commodity Index (RICI).
  • EL PAPEL HISTÓRICO DEL BANCO CENTRAL DE COSTA RICA EN LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO

    Economía política · Política monetaria · Costa Rica

    Banco Central de Costa Rica, Tipo de Cambio y Distribución del Ingreso

    Algunas reflexiones sobre el crawling peg, la competitividad exportadora, la inflación y el tránsito costarricense hacia un régimen de metas de inflación.

    Los bancos centrales, en su abrumadora generalidad, históricamente han propiciado una economía de «mercado»; lo han hecho, lo siguen haciendo y lo seguirán haciendo hasta el último de sus días de existencia institucional. La moderación, es decir, el establecimiento de límites prudenciales a la siempre insaciable sed de ganancia de los capitales, viene de la mano con el hecho de no propiciar rentas explícitas derivadas de políticas específicas, puesto que precisamente lo contrario viola la libertad de mercado que desde el pensamiento político de derechas se dice defender.

    La tesis que rige al banco es que esta institución no tiene por qué ayudarle a un grupo específico a generar ganancias en detrimento de otros —redistribuir el ingreso en detrimento de los más desfavorecidos—. El BCCR tiene claro que ninguna política es neutral por su misma definición. Lo que el BCCR no desea es ser señalado directamente por reasignar riqueza; si se dejan las cosas «al mercado», la situación parecería diferente, pues sería «el mercado» el encargado de efectuar esa reasignación.

    De alguna forma, esto libera a todos los empleados del BCCR del cargo de conciencia que podría generar esta situación: «ellos no son culpables; el culpable es el mercado», y así todos pueden dormir tranquilos.

    Ninguna política económica es neutral; la diferencia reside también en quién aparece institucionalmente como responsable de sus efectos distributivos.

    Ahora bien, en medio de todo ello, al menos el BCCR está cumpliendo la meta de inflación establecida. Sin entrar aquí en los detalles de sus posibles implicaciones para el crecimiento cuando no se cumple determinado conjunto de condiciones —o de las implicaciones prácticas de emplear marcos teóricos defectuosos en las políticas públicas—, esto permite que esa especie de impuesto silencioso y altamente regresivo del cual los capitalistas pueden protegerse mediante diversos mecanismos económico-institucionales, mientras los sectores pobres poseen muchas menos defensas, se mantenga a raya: la inflación.

    La bifurcación de la política cambiaria

    Con el paso del tiempo y el deterioro de la calidad de vida de la sociedad costarricense, el Banco Central se encontró frente a un camino que se bifurcaba en dos senderos.

    Sendero 01 Crawling peg — tipo de cambio fijo ajustable

    Mantener una competitividad y una rentabilidad artificiales para los exportadores, con la esperanza de que estos generaran producción, exportaciones y empleo. Sin embargo, esa política cambiaria era altamente inflacionaria y la competitividad de los exportadores se hizo esperar más de lo deseado; de hecho, se sigue esperando.

    Sendero 02 Dejar el tipo de cambio a las fuerzas del mercado

    En el caso de Costa Rica, debido al ingreso de capitales, esto ha generado alguna apreciación real —por supuesto, no demasiada, como puede observarse en la evolución histórica del tipo de cambio nominal—. Ello perjudica a los exportadores y contribuye a explicar parte de sus dificultades de empleo y competitividad, pero permite al mismo tiempo controlar la inflación: una inflación baja deja de erosionar con igual intensidad los ingresos de las clases de menores recursos.

    El Banco Central de Costa Rica optó por lo segundo. Esa decisión le valió en su momento críticas y presiones del sector empresarial exportador a través de sus organizaciones político-empresariales —CADEXCO, UCCAEP, entre otras—, sin que estas reclamaciones encontraran un contrapeso manifiesto en el sector de la sociedad interesado en evitar semejante distribución del ingreso mediante la política monetaria.

    No apareció, dicho de otra manera, alguna «poderosa organización que defendiera los intereses de los pobres». En Costa Rica, las organizaciones que podrían desempeñar ese papel no cuentan con la robustez ni con el peso político suficientes para constituir un contrapeso efectivo frente a las organizaciones político-empresariales antes mencionadas.

    · · ·

    El crawling peg como impulso transitorio

    La implementación del crawling peg fue idea del célebre economista costarricense Eduardo Lizano, con la intención de que fuera una medida transitoria. Lizano tenía claro que constituía una especie de «subsidio» cambiario que debería servir como impulso inicial para que la competitividad del sector exportador despegara.

    Pero, como sucede con todo subsidio, los grupos de interés económico —o, como los ha llamado José Ángel Gurría, los «poderes fácticos»— trataron de mantenerlo. Y lo lograron durante 28 años.

    Hasta que el Banco Central, por iniciativa de quien en aquel momento era su economista jefe, Roger Madrigal, retiró ese subsidio.

    Los lamentos públicos no se hicieron esperar. Más allá de ellos, también se formularon múltiples críticas públicas al BCCR, lo cual es saludable para la democracia. Incluso hubo empresas que quebraron tras el retiro del subsidio cambiario.

    Si una empresa sólo resulta rentable bajo un mecanismo cambiario que genera de manera permanente una renta específica, conviene preguntarse cuánto de esa «competitividad» es verdaderamente competitivo.

    Tipo de cambio, rentas e inflación por costos

    La cuestión de fondo es que, sin aquel subsidio que producía inercia inflacionaria a causa del incremento de costos, determinadas empresas dejaban de ser rentables. Se trataba de un mecanismo de inflación por costos asociado al conocido pass-through, o coeficiente de traspaso del tipo de cambio a la inflación.

    En otros términos, el Banco Central mantenía un tipo de cambio que propiciaba rentas para determinados grupos, pero al mismo tiempo contribuía a generar una inercia inflacionaria que recaía de manera particularmente gravosa sobre quienes disponían de menores instrumentos para defender su ingreso real.

    El crawling peg, tal como lo concibió Lizano —como un «impulso inicial»—, pareció, y quizás siga pareciendo, una buena idea. El problema surgió cuando una herramienta concebida como transitoria se convirtió en una política prácticamente permanente.

    A largo plazo producía inflación inercial y, como los exportadores beneficiados querían que continuara indefinidamente, lucharon políticamente por su preservación mediante presiones institucionales canalizadas a través de las organizaciones ya mencionadas. El resultado fue la perpetuación del subsidio durante décadas, hasta que finalmente se retiró al decidirse la adopción del régimen de metas de inflación.

    Competitividad sin subsidio cambiario

    Evidentemente, duele perder ganancias fáciles obtenidas sin realizar un esfuerzo equivalente para incrementar la competitividad. La respuesta puede adoptar la forma de cierres, despidos y acusaciones según las cuales esas consecuencias serían culpa de las políticas del BCCR.

    Sin embargo, el Banco Central no es enemigo de los exportadores. Lo que no debería hacer es subsidiar indefinidamente la falta de competitividad, y mucho menos reasignar riqueza desde los sectores de menores ingresos hacia los exportadores para hacerlos aparecer artificialmente más competitivos.

    José Ángel Gurría, quien durante quince años fue secretario general de la OCDE, sostuvo en reiteradas ocasiones que, en esencia, los problemas de competitividad no podían atribuirse simplemente a la política cambiaria, sino también a la falta de competencia: protección a determinados productores, monopolios en productos de exportación y otras estructuras que disminuyen la capacidad competitiva de los productores locales.

    Por supuesto, esto no significa que ciertas ventajas cambiarias no puedan ser útiles como impulso inicial cuando se emplean con moderación, prudencia y un horizonte temporal claramente delimitado, precisamente como se planteó originalmente.

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    Metas de inflación y distribución del ingreso

    Mediante el régimen de metas de inflación, el Banco Central ha pasado a jugar un papel más pasivo en la distribución del ingreso. Pasivo, por supuesto, no significa irrelevante.

    La política monetaria continúa teniendo consecuencias distributivas, macroeconómicas y reales. El problema consiste en determinar bajo qué condiciones el objetivo de estabilidad de precios puede coexistir con el crecimiento económico y bajo cuáles, por el contrario, el propio diseño del régimen monetario puede imponer restricciones adicionales sobre ese crecimiento.

    Lectura relacionada Para un análisis específico de las condiciones bajo las cuales un régimen de metas de inflación puede limitar el crecimiento económico dentro del marco teórico y lógico de la síntesis neoclásica, puede consultarse el artículo enlazado a continuación.
  • ESCENARIOS EN QUE LAS METAS DE INFLACIÓN LIMITAN EL CRECIMIENTO ECONÓMICO: UN ANÁLISIS DESDE EL MARCO TEÓRICO Y LÓGICO DE LA SÍNTESIS NEOCLÁSICA

    ESCENARIOS EN QUE LAS METAS DE INFLACIÓN LIMITAN EL CRECIMIENTO ECONÓMICO: UN ANÁLISIS DESDE EL MARCO TEÓRICO Y LÓGICO DE LA SÍNTESIS NEOCLÁSICA

    Economía monetaria · sector externo · crecimiento

    Política monetaria, metas de inflación, cuenta corriente y crecimiento económico

    Una reflexión sobre las relaciones entre el tipo de cambio, las tasas de interés, el ahorro externo, la inversión y la vulnerabilidad macroeconómica.

    La política monetaria no opera de manera aislada. En una economía abierta, las decisiones adoptadas para preservar una inflación baja y estable interactúan con el tipo de cambio, los movimientos internacionales de capital, la cuenta corriente, el financiamiento de la inversión, las finanzas públicas y, finalmente, las posibilidades de crecimiento económico.

    1. Política monetaria y política cambiaria

    La política monetaria consiste en un conjunto de acciones que realiza la autoridad monetaria con la finalidad de cumplir los objetivos de mantener una inflación baja y estable.

    El esquema de política monetaria que cada país adopte va a depender de las características y circunstancias de dicha economía. El esquema escogido debe tomar en cuenta las interacciones de este régimen con otras variables económicas, tales como los macroprecios —la tasa de interés y el tipo de cambio—, así como el crecimiento, el empleo de los recursos productivos de una nación, la situación de las finanzas públicas y otras variables relevantes.

    La política cambiaria forma parte de la política monetaria y comprende el conjunto de acciones efectuadas por un banco central en procura de que el comportamiento del tipo de cambio nominal sea congruente con las condiciones prevalecientes en el mercado cambiario y con la evolución de las variables que determinan este macroprecio en el largo plazo.

    En particular, un régimen de metas de inflación en el contexto de una economía abierta a los flujos de capital implica desplazar el foco de atención de la autoridad monetaria desde el tipo de cambio hacia las variables que tienen una incidencia sobre el nivel general de precios.

    El tipo de cambio sigue siendo, sin embargo, una variable muy importante, particularmente para una economía con un gran nivel de apertura comercial y financiera. Por esta razón, muchos países optan por un régimen cambiario de flotación administrada que reserva al banco central la posibilidad de intervenir cuando la variabilidad del tipo de cambio pueda poner en peligro la estabilidad o incluso los propios objetivos de inflación.

    En una economía abierta, estabilizar los precios internos no elimina la interacción entre política monetaria, tipo de cambio y movimientos internacionales de capital.
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    2. Cuenta corriente, ahorro externo e inflación

    Un desequilibrio en la cuenta corriente puede ser la expresión de una mayor necesidad de ahorro externo. Cuando existe trabajo calificado subempleado y se busca potenciarlo para obtener mayores niveles de crecimiento económico, se requiere una mayor inversión; esta, a su vez, deberá financiarse mediante ahorro, sea externo o interno.

    En una sociedad de ingreso medio, incrementar el ahorro puede resultar difícil, por lo que alternativamente se recurre a complementarlo con ahorro externo. La expresión de esa necesidad de ahorro externo es un déficit en el apartado real de la balanza de pagos. Desde esta perspectiva, los déficits no constituyen necesariamente un problema por sí mismos: pueden ser producto de una necesidad de financiamiento propia de una economía en vías de desarrollo.

    Ante esta situación, un desahorro persistente podría reflejarse, por ejemplo, en una depreciación del tipo de cambio nominal. Mediante los bienes, servicios y materias primas importadas, ese movimiento puede trasladarse al nivel general de precios.

    Si se importa más de lo que se exporta, harán falta divisas y aumentará la demanda neta de dólares en el mercado local. Ello puede incrementar el precio nominal del dólar respecto de la moneda nacional y generar una presión inflacionaria que, bajo un régimen de metas de inflación, la autoridad monetaria intentará contener mediante una política monetaria contractiva.

    El instrumento de política monetaria por excelencia bajo un esquema de metas de inflación es la tasa de interés, debido a sus efectos sobre las decisiones intertemporales de consumo y ahorro de los agentes económicos y, por tanto, sobre la demanda agregada.

    La contracción monetaria se realiza, en este planteamiento, mediante un incremento de las tasas de interés relevantes para la transmisión monetaria1. Ello encarece el financiamiento y desincentiva la contratación de préstamos de capital-dinero destinados a la inversión, con lo cual la actividad económica puede ralentizarse en períodos posteriores.

    Secuencia analítica

    Déficit externo → mayor demanda neta de divisas → depreciación nominal → presión sobre los precios internos → respuesta monetaria contractiva → mayores tasas de interés → menor dinamismo posterior de la inversión y de la demanda agregada.

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    3. Tasas de interés, capitales y apreciación

    La política monetaria contractiva tiene, sin embargo, otro efecto: un diferencial de tasas de interés favorable a la economía doméstica puede atraer prestamistas de capital-dinero e incentivar la entrada de capitales procedentes del exterior.

    Ese diferencial puede generar una mayor oferta de dólares que los prestamistas extranjeros buscarán cambiar por moneda local. Como resultado, aumenta la demanda relativa por la moneda doméstica y puede apreciarse el tipo de cambio nominal. Dicha apreciación nominal puede trasladarse, a su vez, al tipo de cambio real.

    Tipo de cambio real
    [La expresión matemática correspondiente no aparece en el texto suministrado.]

    La apreciación real puede incrementar la vulnerabilidad de la economía nacional mediante una contracción relativa de las exportaciones frente a las importaciones. Con una apreciación real se pierde competitividad vía precios relativos2: importar se vuelve relativamente más barato, mientras que la producción doméstica se encarece frente a sus homólogos extranjeros y puede perder demanda en el mercado internacional.

    En estas circunstancias, el déficit en cuenta corriente puede incrementarse no debido a una necesidad originaria de ahorro externo, sino como consecuencia de una modificación de los precios relativos de la economía doméstica respecto del resto del mundo.

    El mismo instrumento utilizado para contener una presión inflacionaria puede modificar los incentivos a los flujos de capital y, a través de ellos, alterar el tipo de cambio y la posición externa.
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    4. Deuda, inversión y vulnerabilidad macroeconómica

    La apreciación posterior puede deteriorar el sector externo y, al mismo tiempo, interactuar con la situación fiscal. La política monetaria contractiva implica mayores tasas de interés, de modo que la emisión de deuda y el acceso al financiamiento doméstico se producen a un costo superior.

    La composición de los acreedores también importa. Cuando una mayor proporción del endeudamiento se encuentra en manos de residentes, la estructura de riesgos es distinta de aquella que prevalecería si la deuda estuviera principalmente en manos de no residentes, pues los efectos de un deterioro financiero recaen directamente sobre agentes de la propia economía.

    Mecanismo de transmisión

    Inflación → política monetaria → tasas de interés → costo y dinámica de la deuda externa.

    Mecanismo de transmisión

    Inflación → tipo de cambio → precios relativos → sector externo → déficit exterior.

    El resultado puede ser un sector público con un mayor desequilibrio y un sector externo con un menor nivel de financiamiento disponible para las necesidades de inversión, particularmente si una proporción creciente del financiamiento se redirige hacia el gobierno.

    Los recursos pueden entonces resultar insuficientes para financiar las necesidades de inversión requeridas por el crecimiento económico. No se trata simplemente de afirmar que “el ahorro se invierte”, sino de señalar que para garantizar cierto nivel de crecimiento deben alcanzarse niveles mínimos de inversión. Si estos no se satisfacen, no puede generarse el crecimiento requerido, especialmente cuando se persiguen tasas de crecimiento superiores a las de la población.

    Identidad mencionada en el texto
    [La igualdad introducida en el documento fuente no aparece en el archivo suministrado.]

    No hay forma de hacer crecer el PIB en los siguientes períodos a menos que exista la inversión necesaria. En su sentido más básico, esta inversión consiste en crear bienes y servicios que no se consumen directamente, sino que se emplean en la producción de nuevos bienes y servicios, garantizando la capacidad de generar en el futuro una producción superior a la presente. En otras palabras, se busca garantizar la acumulación de capital.

    El riesgo de una dinámica de endeudamiento insostenible

    A largo plazo, la persistencia y el incremento del déficit podrían generar una situación en la cual la economía nacional se volviera insolvente como resultado del nivel de deuda acumulada. Ello podría cerrar el acceso a créditos y a otras fuentes de financiamiento, entre ellas la emisión de títulos soberanos, refinanciamientos y financiamiento interbancario.

    Los bancos que posean una proporción significativa de títulos de un gobierno que entra en incapacidad de pago pueden ver cómo esos activos se vuelven incobrables o pierden valor a causa de una reducción de la calificación crediticia soberana. El deterioro de los activos bancarios puede, a su vez, reducir la disposición de otras entidades a prestarles, amplificando la fragilidad financiera.

    Una crisis de balanza de pagos podría también desembocar en una fuerte devaluación. Cuando el banco central utiliza sus reservas para defender determinado nivel del tipo de cambio, esa capacidad de intervención disminuye conforme se agotan las reservas. Un aumento muy pronunciado del tipo de cambio puede incrementar el traspaso hacia los precios internos, haciendo progresivamente más difícil sostener el valor nominal de la moneda mediante intervenciones cambiarias.

    Un aumento de la prima de riesgo exige una mayor compensación mediante tasas de interés, mientras que el mayor riesgo cambiario puede inducir a los inversionistas extranjeros a exigir también una compensación adicional en términos del rendimiento esperado en moneda extranjera.

    Las depreciaciones o las expectativas de devaluación elevan además el riesgo de los deudores que poseen obligaciones en moneda extranjera pero reciben ingresos en moneda nacional. Un deterioro de su solvencia puede trasladarse a los bancos que les otorgaron crédito y retroalimentar así la fragilidad del sistema financiero.

    Una característica de un país deudor es que requiere un flujo continuo de crédito para honrar sus obligaciones. Si los pagos dejan de realizarse, las fuentes de crédito pueden cerrarse. En ese escenario, los bancos centrales pueden utilizar reservas internacionales para defender el tipo de cambio vigente y asegurar la disponibilidad de divisas necesaria para el funcionamiento de la economía, lo cual conduce progresivamente al agotamiento de esas reservas.

    Esta dinámica se vuelve particularmente delicada cuando la defensa cambiaria ocurre en paralelo con una reducción progresiva de las fuentes de financiamiento. Los flujos de inversión directa, al igual que otras fuentes de capital, son sensibles a condiciones que eleven la incertidumbre o dificulten los movimientos de capitales.

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    5. Ahorro, inversión y financiamiento externo

    En la identidad keynesiana entre ahorro e inversión, el ahorro total comprende tanto el ahorro doméstico como el ahorro externo. A su vez, el ahorro doméstico está compuesto por el ahorro público y el ahorro de los agentes privados, mientras que el ahorro externo se relaciona con el saldo de la cuenta corriente.

    Descomposición del ahorro
    [La expresión formal introducida en el documento fuente no aparece en el archivo suministrado.]

    Conviene entonces preguntarse cuánto ahorro puede generar una economía con un bajo nivel de ingreso. En el planteamiento desarrollado aquí, su capacidad de ahorro doméstico es limitada. Por ello depende del ahorro externo para financiar las necesidades de inversión que permitan garantizar el crecimiento futuro, con la expectativa de que niveles de ingreso más altos hagan posible, eventualmente, financiar una proporción creciente de la inversión mediante ahorro doméstico.

    Ahorro del Gobierno

    Un gobierno con déficit es un gobierno que desahorra.

    Ahorro del Sector Privado No Financiero

    Es positivo, pero bajo, debido al reducido nivel de ingreso de la economía. La propensión marginal al ahorro no es constante respecto del ingreso y varía con este. Además de ser escaso, una parte importante del ahorro doméstico puede ser absorbida por el gobierno debido a sus necesidades de financiamiento. En estas condiciones, el resto del mundo pasa a desempeñar un papel central en el financiamiento de la inversión.

    Ahorro del Sistema Financiero

    Se nutre del ahorro de los agentes económicos que generan pequeños superávits. Ni el sistema financiero ni el sector privado no financiero pueden necesariamente compensar el desahorro público y generar por sí solos el ahorro doméstico suficiente para cubrir las necesidades de inversión. De ahí la importancia del ahorro externo para una economía pequeña.

    ¿Cuándo es saludable un déficit en cuenta corriente?

    Un déficit en cuenta corriente resulta más sostenible cuando los flujos financieros que lo financian están constituidos por capitales de largo plazo, especialmente por inversión directa.

    La inversión directa es de largo plazo y puede generar su propio repago mediante su aporte a la producción, al empleo y, en muchos casos, a las exportaciones, originando así ingresos adicionales de divisas.

    En ese escenario, las exportaciones permiten financiar los beneficios remitidos por las empresas extranjeras radicadas en el país, mientras que una parte del gasto doméstico efectuado por esas empresas —consumo intermedio y remuneración al trabajo— permanece dentro de la economía. A ello puede añadirse un efecto de derrame (spill-over effect) cuando existe transferencia tecnológica.

    Composición del financiamiento

    Desde esta perspectiva, un déficit de cuenta corriente estará mejor financiado cuando se sostenga mediante inversión directa; será más problemático si depende de préstamos y especialmente vulnerable si descansa en capitales de corto plazo, cuya elevada movilidad permite que abandonen la economía con rapidez.

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    6. Metas de inflación y crecimiento económico

    Las metas de inflación tienden a permitir que el tipo de cambio actúe como un macroprecio de ajuste. Una depreciación nominal, al trasladarse al tipo de cambio real, puede estimular las exportaciones y desestimular las importaciones.

    Sin embargo, cuando un país necesita financiamiento externo, la depreciación reduce el valor en moneda extranjera de los ingresos obtenidos en moneda doméstica por un inversionista que posteriormente los reconvierte. Para compensar ese efecto pueden requerirse mayores tasas de interés, lo cual introduce una tensión adicional entre el ajuste externo y el financiamiento de la inversión.

    Una depreciación mayor puede reforzar el estímulo a las exportaciones y la contracción de las importaciones, contribuyendo a corregir el desequilibrio en cuenta corriente. Pero, al mismo tiempo, unas condiciones financieras más restrictivas pueden limitar los recursos disponibles para la inversión y, con ello, la expansión futura de la capacidad productiva.

    Las metas de inflación no tienen por qué agravar el desequilibrio externo; sin embargo, bajo determinadas condiciones, pueden profundizar una situación de bajo crecimiento económico.

    Notas complementarias

    Valor internacional de los depósitos

    Cuando se habla de “valor internacional de los depósitos” se hace referencia al monto al que ascienden los depósitos de los no residentes en una economía doméstica.

    Márgenes cambiarios y movimientos de mercado

    Cuando se dice que el precio de una moneda salió de los márgenes establecidos como resultado de una apuesta de los mercados cambiarios en su contra, puede tratarse de ventas masivas de dicha moneda —reduciendo su precio relativo y depreciando el tipo de cambio nominal—, de manera que su precio se sitúa por debajo del margen mínimo establecido.

    En el sentido contrario, compras masivas de la moneda elevan su precio relativo y producen una apreciación nominal, de modo que el precio relativo puede situarse por encima del margen máximo establecido.

    1 La política monetaria se lleva a cabo sobre las tasas relevantes para su mecanismo de transmisión, en particular sobre la tasa de política monetaria (TPM), que posteriormente impacta el costo de financiamiento de los intermediarios financieros y, más adelante, las tasas activas a las que se financia la economía.

    2 La pérdida de competitividad no es ocasionada directamente por la apreciación nominal, sino por la apreciación real que puede derivarse de ella. Esta última encarece los productos domésticos respecto de sus homólogos del resto del mundo y altera, por tanto, los precios relativos relevantes para los exportadores.

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    Política monetaria, estabilidad de precios, financiamiento externo e inversión forman parte de un mismo sistema de interdependencias macroeconómicas.

  • ANÁLISIS DE LA METODOLOGÍA APLICADA POR LOS INSTITUTOS NACIONALES DE ESTADÍSTICA Y CENSOS EN LA CLASIFICACIÓN CUALITATIVA DEL NIVEL DE INGRESO

    ECONOMÍA POLÍTICA · ESTADÍSTICA · GNOSOLOGÍA

    ANÁLISIS DE LA METODOLOGÍA APLICADA POR LOS INSTITUTOS NACIONALES DE ESTADÍSTICA Y CENSOS EN LA CLASIFICACIÓN CUALITATIVA DEL NIVEL DE INGRESO

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    Esta investigación ha sido elaborada en el contexto de definir la gnoseología y la metodología idónea para la construcción de una encuesta analítica capaz de estudiar la afectación económica de distintos subgrupos de la población según su nivel de ingreso. Sin embargo, el problema conduce necesariamente a una cuestión más general: qué significa medir pobreza, qué realidad objetiva pretende captar esa medición y qué concepción de la reproducción material de la vida queda incorporada —de manera consciente o inconsciente— en el instrumento estadístico.

    I. INTRODUCCIÓN

    Esta investigación ha sido elaborada en el contexto de definir la gnoseología y la metodología idónea para la construcción de una encuesta analítica, i.e., según lo planteado por Cochran (1991, pág. 23), una encuesta en la que se hacen comparaciones entre varios subgrupos de una población con la finalidad de averiguar si existen ciertas diferencias entre ellos y formular o verificar hipótesis sobre sus causas. Específicamente, el problema de aplicación que sirve como punto de partida consiste en determinar la afectación económica ocasionada por la crisis económica asociada a la pandemia del COVID-19 según alguna clasificación cualitativa del nivel de ingreso.

    La necesidad de esta idoneidad emana del hecho de que sólo mediante una adecuada correspondencia entre objeto, concepto, instrumento y método es posible captar datos con la calidad suficiente para optimizar la toma de decisiones en materia de política monetaria, fiscal y social en general desde una determinada lógica y una determinada ética, así como también el proceso de ejecución de tales decisiones. La calidad de un dato no depende únicamente de que el valor registrado sea aritméticamente correcto: depende también de que la categoría mediante la cual el objeto fue clasificado conserve una relación suficientemente adecuada con el fenómeno real que se pretende conocer.

    Esta última consideración conduce a la tesis general que atraviesa toda la investigación. La pobreza es una condición material objetiva, pero su transformación en una variable estadística exige operaciones conceptuales previas: determinar la unidad de análisis, decidir qué recursos cuentan, establecer qué necesidades se consideran indispensables, definir cómo se comparan hogares de diferente tamaño y composición, seleccionar un umbral y determinar qué ocurre con quienes se encuentran muy cerca o muy lejos de él. El número resultante puede ser exacto respecto de la regla de cálculo y, simultáneamente, la regla puede ser insuficiente respecto del objeto.

    Por ello, el análisis que sigue no constituye solamente una crítica a la metodología aplicada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica (INEC). El INEC es el objeto inmediato y concreto de la investigación, pero el objeto gnoseológico es más amplio: la reducción administrativa de una categoría histórico-social —la capacidad efectiva de reproducir una vida materialmente adecuada en una sociedad determinada— a un umbral monetario escalar que, una vez institucionalizado, puede adquirir la apariencia de un hecho natural.

    Esto no significa que un umbral sea inútil. Significa algo distinto: que ningún umbral debe confundirse con la totalidad del objeto medido, y que el criterio que lo determina debe someterse a crítica empírica, matemática, histórica, metodológica y ética. Es precisamente ese examen el que se realizará a continuación.

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    II. CONCEPTOS FUNDAMENTALES

    II.I. Cesta de consumo o canasta básica total

    Usualmente los institutos nacionales de estadística y censos construyen líneas de pobreza mediante una cesta de consumo que representa cierto nivel de necesidades. Para el caso costarricense, el INEC establece que la pobreza ocurre cuando los ingresos son menores que el costo de una canasta de bienes y servicios requerida para mantener un nivel mínimo de subsistencia (Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica, 2010, pág. 19).

    La construcción mediante una canasta no es, en sí misma, un procedimiento excepcional. Lo relevante es qué contiene la canasta, cómo se valoriza, qué unidad de bienestar representa y qué concepción de vida material se encuentra implícita en ella. Incluso en países industrializados coexisten medidas distintas. Aldridge (2017), al describir el caso canadiense, distingue entre el Low Income Cut-Off (LICO), la Low Income Measure (LIM) y la Market Basket Measure (MBM): la primera identifica ingresos que obligan a dedicar una proporción muy superior a la media a necesidades básicas; la segunda establece un umbral relativo respecto de lo típico en la sociedad; la tercera vincula el umbral con el costo de una cesta específica de bienes y servicios que pretende representar un nivel de vida básico y modesto. Cada una ilumina una dimensión distinta y su lectura conjunta puede resultar más informativa que la absolutización de una sola.

    Los matices derivados del nivel de desarrollo social y productivo son igualmente fundamentales. No es idéntico ser pobre en Canadá, Suiza, Noruega o Alemania que ser pobre en Costa Rica, Honduras, El Salvador, Guatemala o Haití. Esto no significa que la pobreza de los países industrializados sea ficticia; significa que el contenido material de la privación y el estándar social contra el cual se experimenta varían históricamente y entre sociedades. El testimonio de personas pobres en Suiza recogido por Jaccard (2013), por ejemplo, muestra privaciones reales —alimentación de baja calidad, vivienda estrecha, imposibilidad de ocio, vacaciones o consumo cultural— aun en un país cuyo ingreso monetario mínimo comparable es muy superior al de numerosos países no industrializados.

    Por tanto, la pobreza no puede definirse adecuadamente mediante la mera transposición espacial o temporal de una cantidad monetaria. El estándar de reproducción social está condicionado por precios, instituciones, infraestructura, necesidades socialmente constituidas, desarrollo de las fuerzas productivas y formas concretas de acceso a bienes y servicios.

    II.II. Pobreza extrema

    Para Costa Rica, la línea de pobreza extrema o línea de indigencia se estima tomando como referencia el costo de la canasta básica alimentaria (CBA). Una persona u hogar se clasifica dentro de esta condición cuando sus recursos no alcanzan siquiera para adquirir el componente alimentario definido institucionalmente como mínimo (Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica, 2010, pág. 19).

    Esta definición posee una utilidad descriptiva inmediata, pero contiene ya una decisión normativa y material: qué dieta representa una alimentación mínimamente adecuada. Como se verá posteriormente, ésta no es una pregunta puramente contable; involucra salud, nutrición, hábitos, disponibilidad de alimentos, actividad física, composición demográfica y las transformaciones históricas del ambiente alimentario.

    II.III. Pobreza

    La pobreza monetaria, definida mediante línea de pobreza, se estima comparando el ingreso disponible para la unidad de análisis con el valor de una canasta básica total. El procedimiento genera una frontera:

    \[ y_i < z \Rightarrow i \in \mathcal{P}, \]

    donde \(y_i\) representa el ingreso o recurso pertinente de la unidad \(i\), \(z\) la línea de pobreza y \(\mathcal{P}\) el conjunto de unidades clasificadas como pobres.

    La utilidad operacional de esta regla es evidente, pero también su discontinuidad: una diferencia arbitrariamente pequeña alrededor de \(z\) cambia la categoría de la observación sin que necesariamente exista una modificación materialmente significativa de su vida. Por esa razón, el recuento de personas que cruzan el umbral no debe confundirse con una descripción suficiente de la intensidad, profundidad, severidad o estabilidad de la pobreza.

    II.IV. Ingreso

    El ingreso de los hogares comprende sueldos, salarios, ganancias, pagos de intereses, rentas, transferencias y otras formas de ingreso recibidas durante un período determinado (Case, Fair & Oster, 2012, pág. 54). Para utilizarlo como medida de bienestar deben precisarse, además, cuestiones que no son triviales: si se emplea ingreso bruto o disponible, si se incluyen transferencias sociales, si se imputa el alquiler de la vivienda propia, cómo se tratan ingresos negativos o irregulares, qué período de referencia se adopta y cómo se ajusta el ingreso por tamaño y composición del hogar.

    En mediciones relativas comparables internacionalmente, una práctica frecuente consiste en trabajar con ingreso disponible equivalizado. La equivalización no es un ornamento estadístico: reconoce que dos hogares con el mismo ingreso nominal pero distinta composición no poseen necesariamente igual capacidad material de consumo, y que existen economías de escala dentro del hogar.

    II.V. Interpolación y extrapolación

    Como señalan Burden y Faires (2010, págs. 105-117), la interpolación pertenece a la familia de métodos numéricos que permiten estimar valores de una función en puntos comprendidos dentro del dominio cubierto por las observaciones disponibles. Si se conocen observaciones en \(x_1, x_2,\ldots,x_n\), la estimación de un valor entre dos puntos observados constituye interpolación. Cuando se estima fuera del intervalo observado, en cambio, se realiza extrapolación.

    En el ejemplo clásico de una serie censal estadounidense con observaciones hasta 2010, estimar la población correspondiente a 1975 constituye interpolar, puesto que 1975 se encuentra entre observaciones disponibles; estimar 2020 constituye extrapolar, puesto que el año se encuentra fuera del intervalo observado. La distinción es importante porque la segunda operación exige supuestos adicionales respecto de la persistencia de la estructura inferida más allá de los datos.

    Tabla y gráfico utilizados para ilustrar la interpolación numérica. Fuente: Burden & Faires (2010, pág. 105).
    Figura 1Tabla y gráfico utilizados para ilustrar la interpolación numérica. Fuente: Burden & Faires (2010, pág. 105).

    II.VI. Curva de Lorenz

    Sea \(\mathbf{x}=(x_1,x_2,\ldots,x_n)\) un vector de ingresos no negativos y sean

    \[ x_{(1)}\leq x_{(2)}\leq\cdots\leq x_{(n)} \]

    los ingresos ordenados de menor a mayor. Para \(k=0,1,\ldots,n\), la curva de Lorenz empírica se define en los puntos \(p=k/n\) mediante

    \[ L\!\left(\frac{k}{n}\right) = \frac{\sum_{i=1}^{k}x_{(i)}}{\sum_{i=1}^{n}x_{(i)}}, \]

    con \(L(0)=0\) y \(L(1)=1\), interpolando linealmente entre esos puntos. Los primeros \(k\) hogares son los de menor ingreso por ordenamiento, no los hogares definidos como pobres mediante una línea de pobreza. La curva de Lorenz, por tanto, no depende de fijar previamente \(z\).

    En forma continua, si \(F\) es la función de distribución del ingreso, \(F^{-1}\) su función cuantil y \(\mu>0\) el ingreso medio, puede escribirse

    \[ L(p)=\frac{1}{\mu}\int_0^p F^{-1}(u)\,du,\qquad 0\leq p\leq1. \]

    Desde la perspectiva económica, \(L(p)\) expresa la proporción acumulada del ingreso total apropiada por la proporción \(p\) de la población situada en la parte inferior de la distribución. La diagonal \(L(p)=p\) representa igualdad perfecta. Cuanto más se separa la curva de esa diagonal, mayor es la concentración distributiva en el sentido captado por esta representación.

    Representación geométrica de la curva de Lorenz y la línea de igualdad perfecta.
    Figura 2Representación geométrica de la curva de Lorenz y la línea de igualdad perfecta.
    Comparación de curvas de Lorenz para distribuciones con distinto grado de concentración.
    Figura 3Comparación de curvas de Lorenz para distribuciones con distinto grado de concentración.

    Conviene evitar dos identificaciones erróneas. Primero, una curva de Lorenz no es un gráfico P–P: no contrasta dos funciones de distribución acumulada para evaluar ajuste probabilístico. Segundo, desigualdad distributiva y asimetría estadística no son sinónimos. Una distribución puede presentar determinada asimetría sin que esa propiedad agote la noción económica de desigualdad; la curva de Lorenz responde a una pregunta distributiva específica sobre participaciones acumuladas.

    II.VII. Coeficiente de Gini

    El coeficiente de Gini es un estadístico sumario asociado a la curva de Lorenz. Desde la perspectiva económica, describe el grado de desigualdad distributiva de una variable no negativa —habitualmente ingreso o consumo— dentro de una población durante un período determinado.

    Geométricamente, si el área entre la diagonal de igualdad perfecta y la curva de Lorenz es \(A\), y el área total bajo la diagonal es \(1/2\), entonces

    \[ G=\frac{A}{1/2}=2A. \]

    Equivalentemente,

    \[ \boxed{G=1-2\int_0^1L(p)\,dp}. \]

    Para ingresos ordenados no negativos, una expresión muestral habitual es

    \[ G= \frac{2\sum_{i=1}^{n} i\,x_{(i)}}{n\sum_{i=1}^{n}x_{(i)}} – \frac{n+1}{n}. \]

    El coeficiente resume información distributiva, pero no identifica por sí solo dónde se producen los cambios de la distribución. Dos distribuciones con el mismo Gini pueden diferir sustancialmente en la situación de los estratos inferiores, medios o superiores. Por esa razón, debe interpretarse conjuntamente con la propia curva de Lorenz, participaciones por cuantiles y medidas específicas de pobreza.

    Ejemplos de distribuciones y expresiones del coeficiente de Gini utilizadas como referencia documental.
    Figura 4Ejemplos de distribuciones y expresiones del coeficiente de Gini utilizadas como referencia documental.

    II.VIII. Gnoseología

    La gnoseología es la sección de la filosofía que estudia la interrelación entre sujeto y objeto en el proceso de la actividad cognoscitiva, la relación del saber con la realidad, las posibilidades humanas de conocer el mundo y los criterios de autenticidad y veracidad del conocimiento. Toda teoría del conocimiento parte, explícita o implícitamente, de una respuesta determinada respecto de la relación entre conciencia y materia.

    Desde la dialéctica materialista, el conocimiento no se concibe como una colección de formas lógicas autosuficientes ni como una copia pasiva de datos sensoriales, sino como un proceso histórico de aproximación a la realidad objetiva mediado por la práctica. Las leyes y categorías del pensamiento adquieren valor cognoscitivo en la medida en que permiten reproducir de manera progresivamente adecuada las relaciones del objeto y son contrastadas, directa o indirectamente, en la actividad material.

    Esto tiene consecuencias inmediatas para las ciencias especiales. El perfeccionamiento de métodos matemáticos, computacionales y estadísticos no elimina la problemática filosófica de la teoría del conocimiento; por el contrario, la vuelve más específica. La selección de variables, el significado de una probabilidad, la decisión sobre qué constituye evidencia, la relación entre modelo y objeto y la interpretación de un estimador contienen problemas que no se resuelven únicamente mediante manipulación formal.

    Existen numerosos ejemplos. La interpretación probabilística de la función de onda asociada a Max Born muestra que un formalismo matemático requiere una interpretación acerca de la relación entre sus símbolos y el fenómeno físico. En estadística, Efron (1978) subrayó que controversias entre escuelas frecuentistas, bayesianas y fisherianas involucran respuestas diferentes acerca de qué promedios y qué estructuras inferenciales son pertinentes. Feller (1968, págs. 1-3), al tratar la probabilidad, insistía igualmente en distinguir y relacionar el contenido lógico-formal, el trasfondo intuitivo y las aplicaciones. La lección general no consiste en oponer rigor a intuición: consiste en comprender que el conocimiento científico robusto exige la interacción de ambos con la práctica.

    II.IX. Método

    Del griego méthodos, literalmente “camino hacia algo”, el método es, en su sentido más general, una manera ordenada de alcanzar un objetivo. Como medio de cognición, es la forma mediante la cual el pensamiento reproduce el objeto estudiado y organiza las operaciones necesarias para investigarlo. Un método es apropiado en la medida en que corresponde a las propiedades y relaciones del objeto.

    Las ciencias concretas desarrollan métodos especiales porque estudian objetos específicos. En las ciencias formales y computacionales, el término puede adquirir además un sentido operativo: procedimiento detallado, algoritmo o conjunto de reglas que especifica cómo ejecutar una operación. Esta acepción no contradice la anterior; simplemente expresa un nivel particular de concreción metodológica.

    II.X. Medición

    La medición es un proceso cognoscitivo mediante el cual determinadas propiedades de los objetos se expresan cuantitativamente por comparación con un patrón o mediante una regla operacional definida. La medición eleva el grado de precisión del conocimiento, pero no convierte por sí misma en adecuado el concepto medido. Si la correspondencia entre indicador y objeto está mal especificada, una medición numéricamente exacta puede reproducir con gran precisión una representación conceptualmente insuficiente.

    Esta consideración es especialmente importante en ciencias sociales. Medir longitud exige seleccionar unidad y procedimiento; medir pobreza exige, además, construir teóricamente el contenido de la privación. La operación cuantitativa comienza después de una serie de decisiones cualitativas.

    II.XI. Instrumento

    Un instrumento es un medio de conocimiento utilizado para observar, registrar, discriminar o transformar información sobre un objeto. En el conocimiento científico moderno, el instrumento media entre investigador y realidad. Esa mediación puede ampliar la capacidad cognoscitiva, pero nunca es neutral en el sentido de carecer de estructura: todo instrumento selecciona, clasifica, excluye, transforma y registra conforme a una arquitectura determinada.

    Una encuesta es, en ese sentido, un instrumento científico. También lo es la clasificación que convierte respuestas heterogéneas en categorías. La pregunta central, por tanto, no es si debemos utilizar instrumentos —inevitablemente debemos hacerlo—, sino si la lógica interna del instrumento reproduce de forma suficientemente adecuada el objeto que pretende medir.

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    III. ANÁLISIS GNOSEOLÓGICO Y METODOLÓGICO DE LA DEFINICIÓN DE LÍNEA DE POBREZA

    III.I. El caso del Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica (INEC)

    III.I.I. Definición de la cesta de consumo dada por el INEC

    El documento metodológico del INEC sobre la medición del empleo y la pobreza establece una metodología de línea de pobreza que permanece conceptualmente vinculada con la definición según la cual existe pobreza cuando los ingresos no alcanzan el costo de una canasta de bienes y servicios requerida para mantener un nivel mínimo de subsistencia (Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica, 2010). Las publicaciones de la ENAHO permiten posteriormente observar la aplicación empírica de esta arquitectura mediante líneas diferenciadas para pobreza y pobreza extrema, con distinciones territoriales cuando corresponden.

    Límites de pobreza y pobreza extrema publicados por el INEC para el período mostrado en la fuente. Fuente: Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica (2020).
    Figura 5Límites de pobreza y pobreza extrema publicados por el INEC para el período mostrado en la fuente. Fuente: Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica (2020).

    La crítica desarrollada aquí no parte de afirmar que tales cifras sean falsas. Si el INEC aplica correctamente la regla que él mismo ha definido, el resultado puede ser estadísticamente correcto respecto de esa regla. El problema se sitúa en un nivel anterior y, simultáneamente, más profundo: si la regla captura adecuadamente aquello que socialmente se pretende llamar pobreza y si la cesta que la sostiene representa una reproducción material mínimamente digna conforme al desarrollo histórico de la sociedad costarricense.

    Esta diferencia entre exactitud interna y adecuación externa es cardinal. Una regla puede ser reproducible, transparente y matemáticamente consistente, pero corresponder insuficientemente al objeto. La crítica, por consiguiente, no necesita negar el dato: necesita interrogar la construcción conceptual de aquello que el dato representa.

    III.I.II. Sobre una cesta de consumo digna

    Uno de los cuadros de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2018 (ENIGH) resume el gasto mensual promedio por hogar y su distribución porcentual por grupos de gasto (Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica, 2019). Las principales magnitudes son las siguientes:

    Grupo de gasto Total (millones de colones) Promedio mensual por hogar (colones) Distribución porcentual
    Gasto total 1 536 845 998 792 100,0
    Gasto corriente sin valor locativo 1 079 090 701 298 70,2
    Gasto de consumo 891 138 579 148 57,9
    Alimentos y bebidas no alcohólicas 212 491 138 098 13,8
    Bebidas alcohólicas, tabaco y estupefacientes 4 883 3 173 0,3
    Prendas de vestir y calzado 40 461 26 296 2,6
    Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles 107 271 69 715 7,0
    Muebles y artículos para el hogar y conservación de la vivienda 51 470 33 450 3,3
    Salud 49 514 32 179 3,2
    Transporte 138 784 90 195 9,0
    Comunicaciones 55 498 36 068 3,6
    Recreación y cultura 57 635 37 457 3,8
    Educación 42 737 27 775 2,8
    Restaurantes y hoteles 64 274 41 771 4,2
    Bienes y servicios diversos 66 120 42 971 4,3
    Gasto no de consumo 187 952 122 149 12,3
    Contribuciones sociales 88 500 57 516 5,8
    Impuestos 34 094 22 157 2,2
    Transferencias en dinero 46 943 30 508 3,1
    Transferencias en especie 15 776 10 253 1,0
    Otros gastos de no consumo 2 639 1 715 0,2
    Valor locativo 169 077 109 883 11,0
    Gastos de capital 288 678 187 611 18,8
    Transacciones financieras 230 027 149 494 15,0
    Transacciones no financieras 58 651 38 117 3,8

    Fuente: INEC, ENIGH 2018, cuadros sobre gastos de los hogares. El promedio de miembros por hogar utilizado como referencia en el análisis de la época era cercano a 3,26 personas (Arias Ramírez, 2020, pág. 5).

    El primer hecho que debe subrayarse es que gasto observado y costo normativamente necesario para una vida adecuada no son conceptos idénticos, pero tampoco se desprende de ello que el primero sea irrelevante para estudiar el segundo. El gasto observado contiene información acerca de la estructura efectiva de la reproducción doméstica; al mismo tiempo, está limitado por el ingreso y, por consiguiente, una familia pobre puede gastar poco precisamente porque no puede satisfacer necesidades que siguen existiendo objetivamente. Por eso ninguna lectura sensata debe convertir el gasto promedio observado en una “canasta digna” por simple identidad.

    A partir de esta distinción es posible valorar correctamente una segunda familia de evidencias: fuentes de costo de vida como Expatistan, preciosmundi, autocosts, medios de comunicación y estimaciones sectoriales. Estas fuentes poseen metodologías heterogéneas, distintas unidades de observación, coberturas geográficas imperfectas y posibles sesgos de selección. No constituyen una demostración concluyente de cuál debe ser la línea de pobreza. Pero sería igualmente incorrecto concluir que carecen de valor cognoscitivo. Utilizadas como triangulación exploratoria, permiten preguntar si mediciones construidas por procedimientos independientes convergen direccionalmente hacia una misma sospecha.

    CRITERIO DE LECTURA DE LA EVIDENCIA EXPLORATORIA

    Una fuente imperfecta no se convierte en verdadera porque coincida con otra fuente imperfecta. Pero cuando fuentes heterogéneas, levantadas mediante procedimientos diferentes, apuntan reiteradamente hacia tensiones semejantes entre el umbral administrativo y los costos efectivos de vivienda, alimentación, transporte, salud, comunicaciones y otros componentes, esa concordancia constituye evidencia exploratoria y justifica una investigación confirmatoria mejor diseñada. El paso metodológicamente correcto no es desechar la exploración, sino utilizarla para construir una medición más fuerte: un presupuesto de referencia explícito, con cantidades, calidades, precios y reglas documentadas.

    Alimentación, vivienda, transporte y otros costos: triangulación exploratoria

    Expatistan reportaba para San José precios de alimentos, alquileres, servicios, ropa, transporte, cuidado personal y actividades de entretenimiento que, tomados en conjunto, mostraban una estructura de costos difícil de conciliar intuitivamente con una noción extremadamente austera de subsistencia. No se trata de convertir su base colaborativa en una estadística oficial, sino de observar la materialidad concreta de los rubros que una vida urbana exige.

    Precios de alimentos y bebidas reportados para San José. Fuente documental: Expatistan (2021).
    Figura 6Precios de alimentos y bebidas reportados para San José. Fuente documental: Expatistan (2021).
    Precios de vivienda y servicios reportados para San José. Fuente documental: Expatistan (2021).
    Figura 7Precios de vivienda y servicios reportados para San José. Fuente documental: Expatistan (2021).
    Precios de ropa y transporte reportados para San José. Fuente documental: Expatistan (2021).
    Figura 8Precios de ropa y transporte reportados para San José. Fuente documental: Expatistan (2021).
    Precios de cuidado personal reportados para San José. Fuente documental: Expatistan (2021).
    Figura 9Precios de cuidado personal reportados para San José. Fuente documental: Expatistan (2021).
    Precios de entretenimiento y otros consumos reportados para San José. Fuente documental: Expatistan (2021).
    Figura 10Precios de entretenimiento y otros consumos reportados para San José. Fuente documental: Expatistan (2021).

    En la misma dirección exploratoria, preciosmundi publicaba precios de vivienda, supermercados, vestuario, transporte y servicios para Costa Rica. Nuevamente, la finalidad de presentarlos no es declarar que una base web particular representa “la verdad” del costo de vida, sino contrastar órdenes de magnitud y composición del consumo con otras fuentes.

    Precios de alquiler o compra de vivienda en Costa Rica. Fuente documental: preciosmundi (2021).
    Figura 11Precios de alquiler o compra de vivienda en Costa Rica. Fuente documental: preciosmundi (2021).
    Precios de alimentos y bebidas en supermercados. Fuente documental: preciosmundi (2021).
    Figura 12Precios de alimentos y bebidas en supermercados. Fuente documental: preciosmundi (2021).
    Precios de ropa y calzado. Fuente documental: preciosmundi (2021).
    Figura 13Precios de ropa y calzado. Fuente documental: preciosmundi (2021).
    Precios de transporte. Fuente documental: preciosmundi (2021).
    Figura 14Precios de transporte. Fuente documental: preciosmundi (2021).
    Precios de servicios. Fuente documental: preciosmundi (2021).
    Figura 15Precios de servicios. Fuente documental: preciosmundi (2021).

    El mantenimiento de un vehículo proporciona otro ejemplo. autocosts utilizaba un programa para estimar componentes fijos y variables —depreciación, seguro, inspecciones, impuestos, combustible, mantenimiento, estacionamiento, peajes y otros— y ofrecía una estructura de costos específica para Costa Rica. Que un hogar no posea vehículo no elimina el problema general de movilidad: lo transforma en gastos de transporte público, taxis, tiempo de viaje, acceso territorial al empleo y otras restricciones.

    Estructura estimada de costos de mantenimiento de un automóvil en Costa Rica. Fuente documental: autocosts (2021).
    Figura 16Estructura estimada de costos de mantenimiento de un automóvil en Costa Rica. Fuente documental: autocosts (2021).

    El Programa Estado de la Nación (2018, pág. 227) estimó, por su parte, que los costos asociados al congestionamiento vehicular en la Gran Área Metropolitana ascendían aproximadamente al 3.8% del PIB, que las externalidades negativas del transporte representaban alrededor de USD 3,146 millones anuales y que cerca del 33% de la población se desplazaba en vehículo propio. La importancia de estos datos no reside únicamente en su costo agregado: muestran que el acceso al trabajo, la educación y los servicios se encuentra condicionado por una infraestructura que consume tiempo y recursos de los hogares. Una canasta que trate el transporte como un rubro residual puede subrepresentar una dimensión materialmente decisiva de la reproducción cotidiana. En la misma dirección, Salazar Álvarez (2018), Barría (2019) y otras fuentes periodísticas recogían la percepción y evidencia de un costo de vida elevado; su función aquí es complementaria y exploratoria, no la de sustituir una encuesta estadística.

    La vivienda plantea un problema todavía más evidente. Los informes de FUPROVI sobre déficit habitacional muestran tanto la persistencia de viviendas deficitarias como diferencias entre hogares pobres y no pobres respecto de propiedad, hacinamiento y calidad habitacional. Para 2016 se reportaba que aproximadamente 42% de los hogares pobres carecía de vivienda propia, frente a cerca de 25% entre los no pobres, lo cual equivalía a cerca de 315,000 hogares (Quirós, 2017). A la vez, las condiciones de financiamiento podían convertir el precio de una vivienda de varias decenas de millones de colones en una carga mensual extraordinaria: Cisneros (2020) reportaba como referencia alrededor de ₡7,000 por cada millón financiado, de modo que un financiamiento de ₡65 millones podía aproximarse a una cuota de ₡455,000 mensuales, antes de agregar seguros y gastos administrativos.

    Indicadores del déficit de vivienda según ENAHO 2010-2016. Fuente documental: Fundación Promotora de Vivienda.
    Figura 17Indicadores del déficit de vivienda según ENAHO 2010-2016. Fuente documental: Fundación Promotora de Vivienda.
    Indicadores de vivienda para el período 1984-2011. Fuente documental: Fundación Promotora de Vivienda.
    Figura 18Indicadores de vivienda para el período 1984-2011. Fuente documental: Fundación Promotora de Vivienda.

    La disminución del hacinamiento observada en determinados períodos no implica que el problema desaparezca ni permite inferir, por sí sola, una mejora suficiente de la calidad. La propia FUPROVI relacionó parte de esa reducción con el aumento del número de viviendas ocupadas y con la disminución del tamaño medio de los hogares. La dimensión relevante no es únicamente cuántas personas duermen bajo un mismo techo, sino también la calidad, localización, seguridad, servicios, financiamiento y estabilidad de la vivienda.

    En consecuencia, incluso aceptando que algunas fuentes privadas o periodísticas sean débiles para estimar parámetros nacionales, la convergencia cualitativa de alimentación, vivienda, transporte, servicios y estructura de gasto constituye un indicio suficientemente claro para justificar la pregunta central: ¿el umbral monetario utilizado para clasificar pobreza reproduce adecuadamente los recursos requeridos para una existencia socialmente normal o solamente un mínimo administrativo de supervivencia?

    La respuesta rigurosa a esta pregunta no debe descansar finalmente en Expatistan, preciosmundi ni ningún agregador semejante. Debe construirse mediante un presupuesto de referencia que especifique, para hogares tipo y regiones pertinentes, las cantidades y calidades necesarias de alimentación saludable, vivienda adecuada, energía y agua, movilidad, comunicaciones, vestimenta, salud, educación, cuidado, participación social y una pequeña capacidad de contingencia; después debe valorizar esos componentes mediante precios documentados y actualizarse de manera transparente.

    Alimentación y salud

    Para que una dieta sea nutritiva y saludable no basta con satisfacer un conteo calórico abstracto. Las recomendaciones internacionales de alimentación incluyen diversidad de frutas, hortalizas, legumbres, frutos secos y cereales integrales; un consumo suficiente de frutas y verduras; límites al azúcar libre, las grasas saturadas y trans, y la sal; y una composición compatible con la prevención de enfermedades crónicas.

    Tabla de referencia sobre composición de una dieta balanceada. Fuente documental: i-base.
    Figura 19Tabla de referencia sobre composición de una dieta balanceada. Fuente documental: i-base.
    Continuación de la tabla de referencia sobre dieta y salud. Fuente documental: i-base.
    Figura 20Continuación de la tabla de referencia sobre dieta y salud. Fuente documental: i-base.

    En este punto existe evidencia costarricense particularmente importante. Hidalgo Víquez et al. (2020), desde la Escuela de Nutrición de la Universidad de Costa Rica, analizaron la CBA y propusieron modificaciones orientadas a mejorar simultáneamente su calidad nutricional, composición y costo. Su comparación muestra divergencias concretas entre la canasta vigente y una composición alimentaria más compatible con recomendaciones nutricionales contemporáneas.

    Comparación nutricional asociada al análisis de la CBA costarricense. Fuente: Hidalgo Víquez et al. (2020, pág. 10).
    Figura 21Comparación nutricional asociada al análisis de la CBA costarricense. Fuente: Hidalgo Víquez et al. (2020, pág. 10).
    Comparación por grupos de alimentos asociada a la propuesta nutricional. Fuente: Hidalgo Víquez et al. (2020, pág. 11).
    Figura 22Comparación por grupos de alimentos asociada a la propuesta nutricional. Fuente: Hidalgo Víquez et al. (2020, pág. 11).

    La conclusión de estas investigadoras es inequívoca en lo esencial: la CBA costarricense requiere una revaloración conceptual y estructural que incorpore aspectos nutricionales integrales, puesto que la metodología fue concebida en un contexto epidemiológico, alimentario y de actividad física distinto al actual. La relevancia gnoseológica de esta observación es notable: aun cuando la canasta conserve coherencia aritmética, la transformación histórica del objeto obliga a revisar el instrumento.

    El consumo excesivo de sodio y la ingesta insuficiente de potasio, por ejemplo, se asocian con hipertensión y riesgo cardiovascular; una canasta alimentaria no puede llamarse materialmente adecuada si normaliza sistemáticamente composiciones incompatibles con la protección de la salud. El problema, por tanto, no es simplemente cuánto cuesta “comer algo”, sino cuánto cuesta alimentarse de una manera que permita reproducir salud y capacidad funcional en las condiciones contemporáneas.

    La propuesta nutricional constituye una acción necesaria, aunque todavía insuficiente para la definición general de pobreza. Una CBA nutricionalmente adecuada resuelve el componente alimentario; no resuelve vivienda, energía, movilidad, educación, conectividad, cuidado, participación social ni vulnerabilidad. Esto muestra por qué el concepto de reproducción material no debe comprimirse prematuramente en un solo rubro.

    III.I.III. La lógica económica implícita en la definición del INEC: una lógica históricamente universal

    Indudablemente, a nivel de las ciencias, todo instrumento de medición es específico para una tarea o un conjunto de tareas; ninguno es de aplicación universal y absoluta. Cada instrumento contiene una lógica que se corresponde, en mayor o menor medida y bajo determinadas dimensiones cualitativas, con el subconjunto de la realidad que estudia. Esta correspondencia puede estar bien o mal concebida, y puede ser consciente o inconsciente para quien diseña el instrumento, pero nunca deja de existir.

    Por tanto, los instrumentos diseñados por el INEC y la metodología empleada para clasificar ingresos contienen una determinada lógica económica. Dilucidarla exige una pregunta aparentemente simple: si las estadísticas del INEC no son falsas, ¿cómo puede existir una divergencia tan grande entre una clasificación basada en mínimos administrativos y otros indicios relativos al costo efectivo de reproducir la vida? La respuesta no puede encontrarse únicamente en la aritmética de la canasta; exige estudiar la genealogía del propio concepto de “mínimo”.

    FUNCIÓN DE LA EXPOSICIÓN HISTÓRICA

    La exposición que sigue no constituye una digresión erudita. Su función es genealógica y estructural: determinar cuál es la génesis histórica de la proposición según la cual la fuerza de trabajo debe reproducirse alrededor de ciertos mínimos y qué estructura recurrente permite comprender la persistencia de esa lógica bajo formas sociales diferentes. Sólo así puede fundamentarse que el contenido de una “necesidad básica” no es una constante biológica ahistórica, sino una determinación social que cambia con las fuerzas productivas, la división social del trabajo, las instituciones y las relaciones de producción.

    Ricardo, la “ley de hierro” y el problema de los mínimos

    Según la exposición clásica atribuida a David Ricardo, los salarios de los trabajadores tenderían a mantenerse próximos al nivel de subsistencia. William Baumol (1983) recordó que Marx y Engels rechazaron la transformación de esa observación histórica en una ley férrea universal. La crítica fundamental consiste en que el salario no está determinado por una ley natural que lo obligue mecánicamente a permanecer en un mínimo biológico; intervienen acumulación, productividad, relaciones de fuerza, organización de clase, instituciones, historia y conflicto.

    La parte gnoseológicamente interesante de la intuición ricardiana no es, por tanto, una supuesta ley eterna, sino la observación de una tendencia que efectivamente podía resultar visible en determinadas condiciones históricas. Aquí conviene detenerse en el papel de la intuición.

    Frolov (1984, págs. 233-234) define la intuición, desde una perspectiva materialista, no como facultad mística opuesta a la razón, sino como forma de conocimiento directo mediada por experiencia previa, pensamiento y práctica. Detrás del aparente “súbito” reconocimiento de una relación se encuentran conocimientos acumulados, regularidades percibidas y resultados no siempre plenamente concientizados. La intuición puede abrir el camino de una investigación, pero su resultado debe ser reconstruido, contrastado y sometido a la práctica y al análisis lógico.

    La ciencia perdería una parte esencial de su capacidad creadora si exigiera que toda hipótesis naciera ya demostrada. La abducción, el reconocimiento de patrones, el razonamiento por indicios y preguntas del tipo “¿qué sería extraño observar si esta hipótesis fuese falsa?” son legítimos precisamente porque permiten formular problemas que después pueden investigarse con herramientas más formales. El error comienza cuando se confunde el valor heurístico o justificativo de una inferencia con el grado de demostración pública que efectivamente se ha alcanzado.

    La evolución del salario real en economías capitalistas contemporáneas confirma que no existe una ley universal que lo encadene biológicamente a la subsistencia. Series históricas de salarios muestran incrementos de largo plazo en distintos países industrializados, mientras que Messina y Silva (2019) documentaron para 2002-2015 dinámicas distributivas diferenciadas en América Latina: en América del Sur los salarios reales crecieron a lo largo de la distribución y aumentaron mucho más rápidamente en la parte inferior; en América Central y México también crecieron más en la parte inferior que en la superior, aunque a ritmos más moderados.

    Evolución histórica de salarios reales utilizada como referencia para discutir la inexistencia de una ley biológica universal de salarios. Fuente documental: Foro Económico Mundial (2019).
    Figura 23Evolución histórica de salarios reales utilizada como referencia para discutir la inexistencia de una ley biológica universal de salarios. Fuente documental: Foro Económico Mundial (2019).
    Evolución de salarios por percentiles en América Latina. Fuente documental: Messina & Silva (2019).
    Figura 24Evolución de salarios por percentiles en América Latina. Fuente documental: Messina & Silva (2019).

    Si los salarios no están sujetos a una “ley de hierro” objetiva, entonces aparece una pregunta más interesante: ¿por qué la lógica de los mínimos reaparece con tanta persistencia en instituciones destinadas a definir salario mínimo, subsistencia, canastas mínimas y fronteras administrativas de pobreza? La respuesta requiere ampliar el campo histórico.

    De la reproducción del esclavo a la reproducción del trabajador asalariado

    En los modos de producción esclavistas, el propietario tenía un incentivo material directo a sostener la fuerza de trabajo esclava con los recursos necesarios para que continuara trabajando y pudiera reanudar la jornada siguiente, minimizando simultáneamente el costo de su manutención. Alimentación, alojamiento y vestuario aparecían así como costos de reproducción de una fuerza de trabajo poseída directamente.

    Las relaciones feudales modificaron radicalmente la forma jurídica y social de esa reproducción. El siervo no era idéntico al esclavo; poseía vínculos diferentes con la tierra, la comunidad y el producto, y las relaciones de propiedad se estructuraban mediante formas específicas de dominio. La transición desde el esclavismo romano hacia el feudalismo no fue lineal ni monocausal: involucró crisis del sistema esclavista, transformaciones políticas e ideológicas, colonato, movimientos poblacionales, invasiones, cambios en la organización agraria y la interacción entre sociedades en descomposición y formación.

    La posterior transición del feudalismo al capitalismo fue objeto de uno de los debates historiográficos más importantes del marxismo y de la historia económica, condensado en el debate Dobb–Sweezy y, más tarde, en el debate Brenner. Las discrepancias acerca del peso relativo del comercio, las relaciones agrarias de clase, la demografía, la lucha campesina y la diferenciación regional son sustantivas; sin embargo, el conjunto del debate permite observar un punto estructural decisivo: la génesis del capitalismo implicó transformaciones violentas de las relaciones de propiedad, expropiación de productores directos y creación histórica de mercados de tierra y trabajo.

    CORPUS HISTORIOGRÁFICO DE REFERENCIA

    El debate Dobb–Sweezy incluye, entre otros, a Dobb (1946, 1962), Sweezy y Dobb (1950), Hilton (1952), Takahashi (1952), Dobb y Sweezy (1953), Hilton y Hill (1953), Procacci (1955), Lefebvre (1956), Hobsbawm (1962), Merrington (1975), Hilton (ed., 1978) y Sweezy (1986). El debate Brenner comprende, entre otros, a Brenner (1976, 1977, 1978, 1982), Postan y Hatcher (1978), Croot y Parker (1978), Wunder (1978), Le Roy Ladurie (1978), Bois (1978), Hilton (1978), Cooper (1978), Klíma (1979), Sweezy (1978) y Fine (1978). Las diferencias entre estos autores no se borran aquí; se invocan precisamente porque muestran que la transición debe comprenderse mediante relaciones históricas concretas y no mediante una narración económica unilineal.

    La fuerza de trabajo aparece superpuesta con los medios de producción en el esclavismo, vinculada de otra manera a ellos y a ciertos derechos de uso en el feudalismo, y separada de los medios de producción bajo el capitalismo. El trabajador asalariado moderno no recibe del propietario directamente su techo, comida o vestuario: recibe un salario monetario y debe procurarse por sí mismo las condiciones materiales de su reproducción.

    Esta libertad jurídica representa una transformación histórica real y no debe confundirse con la condición del esclavo o del siervo. Pero también posee una contradicción material: quien carece de medios de producción debe vender su fuerza de trabajo para adquirir en el mercado aquello que necesita para reproducirse. De ahí que la cuestión de qué cantidad del producto social es necesaria para reproducir la fuerza de trabajo no desaparezca con el capitalismo; cambia de forma.

    El punto histórico que interesa a esta investigación es, entonces, el siguiente: existe una continuidad de la pregunta por el costo de reproducción de la fuerza de trabajo, aunque el contenido material y las formas institucionales de esa reproducción cambien radicalmente. El error consiste en convertir ese costo histórico en un mínimo biológico fijo y ahistórico.

    Las necesidades son históricas

    Una canasta puede parecer extraordinariamente “objetiva” porque contiene gramos, kilocalorías, litros, kilovatios, pasajes y colones. Sin embargo, el momento normativo y gnoseológico decisivo ocurre antes de multiplicar cantidades por precios: ocurre cuando se decide qué cosas necesita un ser humano para reproducirse socialmente como miembro normal de una sociedad concreta.

    Un habitante de Costa Rica puede sobrevivir biológicamente sin conexión a internet, teléfono, transporte motorizado, educación formal, determinados niveles de privacidad habitacional, participación cultural o acceso regular a ciertos servicios. Pero puede ser socialmente incapaz de reproducir una existencia normal —trabajar, estudiar, buscar empleo, realizar trámites, cuidar a otros, informarse, participar políticamente y mantener relaciones sociales— si carece de algunos de esos medios.

    Por consiguiente, el estándar social de necesidades cambia con las fuerzas productivas y con las relaciones sociales. Una necesidad no deja de ser material porque tenga génesis histórica. El acceso a internet, por ejemplo, no es una necesidad fisiológica del organismo humano; se convierte en una condición material de reproducción cuando trabajo, educación, banca, administración pública, comunicación y vida social presuponen objetivamente su disponibilidad.

    Éste es el fundamento de la crítica a una metodología de mínimos congelados: la reproducción de la vida no puede medirse como si la sociedad no tuviera historia.

    · · ·

    IV. CONSECUENCIAS ANTI-DEMOCRÁTICAS DE LAS DEFICIENCIAS GNOSEOLÓGICAS Y METODOLÓGICAS RELATIVAS A LA MEDICIÓN DE LA DESIGUALDAD

    La fijación de la línea de pobreza exclusivamente a través de mínimos puede convertirse, fundamentalmente en países no industrializados, en el establecimiento implícito de un nivel de miseria socialmente tolerado: se declara pobre a quien queda por debajo de ese mínimo y no pobre a quien lo supera, aunque la diferencia material entre ambos sea ínfima y aunque el nivel situado inmediatamente encima del umbral continúe siendo incompatible con una reproducción digna de la vida.

    El problema no es semántico. Una clasificación estadística participa en la asignación de subsidios, el diseño de impuestos, la focalización territorial, la estimación del éxito o fracaso de políticas, la comunicación electoral y la construcción de la imagen que una sociedad posee de sí misma. Si la categoría subestima la privación material, las políticas construidas sobre ella pueden estar igualmente subdimensionadas.

    Por ello, recoger datos relativos a la calidad de vida empleando un criterio definido con antelación nunca es una operación socialmente vacía. Si el criterio normaliza como “no pobre” una vida que apenas reproduce la fuerza de trabajo en condiciones precarias, el instrumento contribuye institucionalmente a normalizar esa precariedad. La libertad política es incompleta cuando faltan las condiciones materiales que permiten ejercerla: tiempo, salud, alimentación, vivienda, educación, movilidad, comunicación y seguridad frente a contingencias.

    Las encuestas oficiales son producidas por un aparato social, económico, político y jurídico financiado por la sociedad. Desde una perspectiva humanista y democrática, lo lógico es exigir que dicho aparato genere información capaz de orientar políticas fiscales, monetarias y sociales hacia el desarrollo humano efectivo. Subestimar la pobreza deteriora esa capacidad y abre, además, un margen para que resultados administrativos favorables sean presentados como mejoras sociales aun cuando el cambio material sea pequeño.

    La desigualdad en la financiación del propio Estado hace más aguda esta cuestión. Informes de la Contraloría y datos divulgados por Hacienda —recogidos, entre otros, por Madrigal (2018)— mostraron que numerosas grandes empresas declararon cero utilidades de manera reiterada durante varios años, mientras la carga fiscal ordinaria permanecía distribuida sobre trabajadores, consumidores, pequeñas y medianas empresas y otros contribuyentes. La existencia de evasión, elusión, beneficios fiscales y capacidades desiguales para estructurar obligaciones tributarias significa que la discusión sobre pobreza no puede separarse completamente de la distribución del poder económico.

    IV.I. Inferencia, poder y opacidad institucional

    Aquí es necesario precisar el estándar de conocimiento utilizado en las afirmaciones político-causales. Una cosa es el grado de justificación racional que puede tener un investigador para creer una proposición y otra es el grado de demostrabilidad pública disponible en un momento determinado. La diferencia es particularmente importante cuando el objeto de estudio incluye relaciones de poder, decisiones informales, incentivos institucionales, corrupción, coordinación no documentada o comportamientos cuyos actores tienen capacidad e interés en reducir su trazabilidad.

    La ausencia de un documento puede poseer gran fuerza probatoria cuando el fenómeno investigado, si existiera, debería producir necesariamente una documentación pública exhaustiva. Posee mucha menos fuerza cuando el fenómeno es precisamente de aquellos que generan incentivos para actuar informalmente, ocultar, destruir registros o fragmentar responsabilidades. La epistemología debe adecuarse al objeto: no puede exigirse al estudio de una estructura opaca la misma superficie documental que a un procedimiento administrativo diseñado para dejar actas públicas.

    Esto no transforma, sin embargo, toda sospecha en un hecho. La dificultad para observar el poder no convierte automáticamente una inferencia en demostración. Si se aceptara esa regla, cualquier hipótesis podría blindarse indefinidamente frente a la falsación alegando que la ausencia de evidencia es producto del ocultamiento. El criterio más robusto consiste en mantener separados varios niveles: evidencia directa, evidencia indirecta, inferencia abductiva, coherencia con incentivos y estructura institucional, experiencia histórica y demostración pública disponible.

    La intuición, la abducción, el reconocimiento de patrones, el razonamiento por indicios y la pregunta “¿sería razonable observar esto si la hipótesis fuese falsa?” son recursos científicos legítimos. Sin ellos no se formularían muchas hipótesis. Pero su legitimidad exige una disciplina: deben aumentar o disminuir su plausibilidad según la evidencia, no convertirse en mecanismos para inmunizar una creencia.

    Aplicado al problema presente, las conclusiones políticas no deben fingirse como un corolario mecánico de una fórmula estadística. Son inferencias causales y político-institucionales apoyadas en la estructura de incentivos, los efectos previsibles de las clasificaciones, la historia de la política económica, la distribución efectiva del poder y la evidencia disponible. Así formuladas no pierden fuerza; la ganan, porque se vuelve explícita la cadena que conecta medición, institución y consecuencia.

    IV.II. La discontinuidad administrativa: “cruzar” una línea no es necesariamente salir de la pobreza

    Supóngase un país cuya línea de pobreza se encuentre en USD 225 mensuales y en el que existen cien hogares clasificados como pobres. Supóngase, además, que el gobierno entrega un subsidio de USD 5 mensuales a los cinco hogares que se encuentran más próximos al umbral y que, como consecuencia, éstos pasan de USD 225 o menos a USD 230.

    Si el indicador utilizado es únicamente el recuento de hogares por debajo de la línea, el gobierno puede afirmar que la pobreza cayó 5%. Sin embargo, USD 5 mensuales adicionales pueden no producir modificación material relevante en alimentación, vivienda, salud, educación, transporte o seguridad económica. La operación estadística es correcta dentro de la regla; la interpretación social puede ser engañosa.

    Formalmente, si

    \[ H=\frac{q}{N}, \]

    donde \(q\) es el número de personas u hogares pobres y \(N\) la población, entonces cualquier observación que cruce \(z\) reduce \(H\) con independencia de la distancia que haya recorrido y de la estabilidad de la nueva posición. El indicador es deliberadamente ciego a esa información.

    Por ello es necesario distinguir:

    \[ \boxed{\text{cruce estadístico del umbral} \neq \text{emancipación material de la pobreza}.} \]

    La diferencia no invalida el headcount ratio; delimita lo que puede decir.

    IV.III. El criterio relativo: qué significa realmente el 60% utilizado en Europa

    Un criterio relativo ampliamente utilizado por Eurostat y numerosos países europeos fija el umbral de riesgo de pobreza en el 60% de la mediana nacional del ingreso disponible equivalizado después de transferencias sociales. La guía de UNECE señala que 60% y 50% de la mediana del ingreso disponible equivalizado son fracciones de uso frecuente, con 60% particularmente asociado a Eurostat y muchos países de la Unión Europea (UNECE, 2017, párrs. 225-227; Eurostat, 2025a).

    La expresión puede escribirse como

    \[ z_R=0.60\times \operatorname{Mediana}\!\left(Y_{disp,eq}\right). \]

    No se trata de 60% del ingreso medio bruto. Tampoco se trata de comparar sin ajuste el ingreso nominal de hogares de cualquier tamaño. El ingreso se hace disponible —considerando la arquitectura fiscal y de transferencias pertinente— y se equivaliza para tener en cuenta tamaño y composición del hogar. La mediana se utiliza, además, porque es mucho menos sensible que la media a ingresos extremadamente altos.

    Esta precisión impide calcular legítimamente un umbral equivalente para Costa Rica simplemente tomando 60% del ingreso corriente bruto promedio de la ENIGH. Para aplicar de manera comparable el criterio se necesitan los microdatos adecuados, la definición de ingreso disponible, una escala de equivalencia explícita y el cálculo de la mediana de esa distribución equivalizada. Por tanto, una cifra obtenida como \(0.60\times\bar{Y}\) no debe presentarse como “el criterio UNECE”.

    El criterio relativo tampoco debe confundirse con una definición ontológica completa de pobreza. Eurostat subraya que el indicador expresa bajo ingreso en relación con otros residentes del país y no implica necesariamente, por sí solo, un bajo estándar absoluto de vida. Precisamente por ello resulta útil en combinación con medidas absolutas, privaciones materiales y presupuestos de referencia.

    IV.IV. Pobreza, desigualdad y crecimiento: de la posibilidad matemática a la trayectoria histórica

    Pobreza y desigualdad no son matemáticamente la misma magnitud. El coeficiente de Gini puede cambiar sin que cambie el número de personas debajo de una línea fija, y el headcount puede cambiar sin que el Gini se mueva en igual dirección. Esta separabilidad analítica es verdadera. Pero de ella no se desprende que las trayectorias históricas de ambas magnitudes sean independientes.

    La distinción es fundamental:

    \[ \boxed{\text{posibilidad lógica}\neq\text{regularidad histórica}\neq\text{ley tendencial}.} \]

    Y, de forma equivalente,

    \[ \boxed{\text{espacio matemático de posibilidades}\neq\text{espacio históricamente accesible de trayectorias}.} \]

    Un contraejemplo de juguete y su límite epistemológico

    Considérese una economía imaginaria de cuatro personas con línea de pobreza \(z=2.5\) y distribución

    \[ (1,\;2,\;3,\;4). \]

    El ingreso total es 10, dos personas se encuentran debajo de \(z\), por lo que \(H=0.50\), y el Gini es \(0.25\). Redistribúyase el mismo ingreso total de la siguiente forma:

    \[ (0.1,\;2.6,\;2.7,\;4.6). \]

    Ahora sólo una persona está debajo de \(z\), por lo que el headcount cae a \(H=0.25\), mientras el Gini aumenta aproximadamente a \(0.34\) y el ingreso agregado permanece en 10.

    El ejemplo es matemáticamente válido y cumple una función muy precisa: demuestra que pobreza medida por headcount y desigualdad medida por Gini no son idénticas por definición. Hasta ahí llega su valor.

    Utilizarlo para responder una pregunta histórico-material distinta —si existen sociedades reales que hayan conseguido una salida sustantiva, duradera y categórica de la pobreza mientras la concentración en la parte alta aumenta y no existe crecimiento material— sería un error de categoría. En el segundo vector, una persona es empujada de 1 a 0.1 y dos observaciones apenas cruzan una frontera administrativa. El “éxito” depende justamente de la discontinuidad que se criticó en la sección anterior. Lo que disminuyó con claridad fue \(H\); no se ha demostrado que haya ocurrido una emancipación material general.

    El pensamiento formal es indispensable para delimitar lo que una proposición implica lógicamente. Pero una construcción lógicamente posible no adquiere por ello el mismo peso que una trayectoria históricamente observada. Cuando la proposición sometida a examen es una regularidad del capitalismo real, el árbitro último no es la imaginación de distribuciones posibles sino la experiencia empírica e histórica.

    Qué muestran los casos reales

    La evidencia comparada permite formular el problema con mayor precisión. Existen casos muy claros en los que la pobreza absoluta cae mientras la desigualdad aumenta, pero los ejemplos más conocidos están acompañados por crecimiento económico fuerte.

    En China entre 1990 y 1998, por ejemplo, los ingresos medios de las encuestas crecieron aproximadamente 14% anual, el headcount de pobreza de un dólar diario cayó de 51% a 33% y el Gini aumentó de 34 a 40 (Kraay, 2004). Es un caso inequívoco de

    \[ \text{pobreza}\downarrow,\qquad \text{desigualdad}\uparrow,\qquad \text{crecimiento}\uparrow. \]

    Ghana proporciona otro ejemplo. El Banco Mundial reporta que la pobreza nacional cayó de 52.6% en 1991 a 21.4% en 2012, al tiempo que el Gini de consumo aumentó de 37.5 a 40.8; la reducción de pobreza se produjo durante dos décadas de crecimiento sostenido y transformación estructural (World Bank, 2015).

    En Centroamérica, Corbacho y Davoodi (2002) encontraron que Honduras fue, entre los países con datos comparables de comienzos y finales de la década de 1990, el único caso donde la pobreza disminuyó mientras la desigualdad aumentó. Sin embargo, el propio estudio sitúa el episodio dentro de una década de crecimiento positivo en todos los países centroamericanos considerados. De nuevo, la divergencia entre pobreza y desigualdad no aparece desligada del crecimiento del producto.

    Estos casos sugieren una estructura simple. Si el producto pasa de 100 a 200 y la participación de un estrato inferior cae de 20% a 15%, entonces

    \[ 100(0.20)=20, \]

    mientras

    \[ 200(0.15)=30. \]

    La participación relativa empeora, pero la cantidad absoluta apropiada por el estrato inferior aumenta. El crecimiento crea el margen material que permite esa divergencia. Si el pastel no crece y la parte apropiada arriba aumenta, el espacio para una mejoría sustantiva y persistente abajo se estrecha de manera radical, aunque redistribuciones internas puedan hacer cruzar administrativamente a algunas observaciones sobre un umbral.

    Jamaica: por qué un aparente contraejemplo exige mirar detrás del agregado

    Jamaica merece un examen particular porque, a primera vista, parece ofrecer el tipo de caso que podría poner en cuestión la regularidad anterior. Además, en términos puramente de unidades nacionales, Jamaica representa un solo Estado entre los 193 miembros de Naciones Unidas más sus dos Estados observadores —aproximadamente \(1/195=0.005128\), i.e., 0.513% de ese universo de 195 Estados comúnmente contado (United Nations, s. f.)—, por lo que aun un episodio nacional auténticamente excepcional tendría un peso limitado para establecer por sí solo una regularidad mundial. Esto no permite descartarlo; obliga a estudiarlo con cuidado.

    Entre 2003 y 2007, la pobreza jamaiquina cayó aproximadamente a la mitad en un contexto de crecimiento muy débil. El Country Economic Memorandum del Banco Mundial reporta que, entre 1997 y 2007, el PIB real per cápita creció apenas alrededor de 0.79% anual, mientras la pobreza pasó de 19.9% a 9.9%. Sin embargo, la descomposición del episodio 2003-2007 muestra que casi tres cuartas partes de la reducción de pobreza se asociaron al crecimiento del consumo medio per cápita y aproximadamente una cuarta parte a la reducción de la desigualdad; el Gini cayó de 38.3 en 2003 a 36.8 en 2007. El consumo de los hogares creció más que el PIB medido, ayudado por menores precios relativos de la cesta de los pobres y por remesas que llegaron a representar más de 17% del PIB (World Bank, 2011).

    Por tanto, Jamaica 2003-2007 no es un caso de

    \[ \text{pobreza}\downarrow+\text{desigualdad}\uparrow+\text{crecimiento material nulo}. \]

    Es, en los propios datos publicados, un caso de pobreza decreciente con desigualdad decreciente y aumento del consumo medio aun bajo crecimiento débil del PIB.

    Existe un episodio anterior aún más instructivo. Entre 1995 y 1999 la pobreza cayó de 27.5% a cerca de 17-19% pese a una crisis financiera y a una pequeña caída del PIB medido. El Banco Mundial calificó explícitamente el resultado de paradójico, pero señaló varios mecanismos que rompen la identificación entre “PIB medido” y “recursos materiales de los hogares”: posible subestimación del producto por actividad informal y subterránea, fuerte caída de la inflación, reducción del precio relativo de los alimentos, recuperación de salarios reales y crecimiento de remesas (World Bank, 2003). Los datos disponibles tampoco muestran una trayectoria limpia y persistente de concentración creciente: el Gini fue 0.36 en 1995, 0.36 en 1996, registró un salto a 0.42 en 1997, descendió a 0.37 en 1998 y se situó en 0.38 en 1999; las evaluaciones disponibles describen por ello la desigualdad de la década como relativamente estable, con fluctuaciones, antes de su descenso posterior (FAO, 2002; World Bank, 2003). Es, por tanto, un caso valioso para estudiar cómo una economía estancada en las cuentas nacionales puede experimentar mejoras de consumo de los hogares, pero no constituye un ejemplo limpio de empobrecimiento distributivo sostenido arriba con salida material masiva abajo y ausencia de recursos adicionales.

    El período reciente vuelve a mostrar la misma dirección distributiva. El Poverty & Equity Brief del Banco Mundial de octubre de 2025 informa que la tasa oficial de pobreza subió de 11.0% en 2019 a 16.7% en 2021 y posteriormente cayó a un mínimo de 8.2% en 2023. Entre 2021 y 2023 el consumo real per cápita aumentó 12% en el quintil más pobre y 16.6% en el segundo quintil, mientras el Gini de consumo cayó de 39.9 a 35.6 (World Bank, 2025). Nuevamente, la salida de pobreza estuvo acompañada por mejoría distributiva, no por mayor concentración.

    Todo ello permite responder con mayor robustez a una objeción razonable: no hace falta presuponer que las estadísticas jamaiquinas sean manipuladas para concluir que Jamaica no constituye el contraejemplo fuerte buscado. Incluso aceptando provisionalmente las cifras publicadas, los episodios mejor documentados incluyen reducción de desigualdad, crecimiento del consumo, remesas, salarios reales, cambios de precios o problemas de medición del producto. Si existieran razones independientes para desconfiar de la calidad estadística, éstas deberían estudiarse por separado; no son necesarias para el argumento presente.

    El episodio limítrofe de Costa Rica en 2008-2009

    La máxima rigurosidad exige también registrar evidencia que impide transformar la regularidad en una imposibilidad universal. En el Poverty and Labor Brief sobre la crisis de 2008-2009, el Banco Mundial clasificó a Costa Rica en el cuadrante de PIB per cápita decreciente, desigualdad creciente y pobreza ligeramente decreciente. El mismo documento señala que la pobreza cayó sólo ligeramente en Costa Rica y Chile durante ese intervalo, mientras otros países con contracción experimentaron aumentos de pobreza (World Bank, 2010).

    Este episodio es importante precisamente porque obliga a formular bien la tesis. Demuestra que la combinación

    \[ \Delta y_{pc}<0,\qquad \Delta G>0,\qquad \Delta H<0 \]

    puede observarse durante un intervalo corto. No demuestra, en cambio, una trayectoria prolongada de salida material sustantiva de la pobreza bajo estancamiento y concentración creciente. Una variación pequeña de un headcount anual puede resultar de transferencias, composición de hogares, precios relativos, posición de muchas observaciones cerca del umbral, error de medición o cambios distributivos internos que el Gini agregado no localiza. Por ello, el caso refuta cualquier formulación de imposibilidad lógica, pero no la hipótesis histórica más fuerte que interesa aquí.

    TABLA · CONTRASTE EMPÍRICO DE LOS CASOS DISCUTIDOS
    Caso Pobreza Desigualdad Actividad/recursos Qué permite concluir
    China, 1990-1998 51% → 33% ($1/día) Gini 34 → 40 Ingreso medio de encuesta ≈ +14% anual Divergencia pobreza-desigualdad con expansión material muy fuerte.
    Ghana, 1991-2012 52.6% → 21.4% Gini 37.5 → 40.8 Crecimiento fuerte y sostenido Otro caso claro de pobreza decreciente con desigualdad creciente y crecimiento.
    Honduras, década de 1990 Disminuye Aumenta Crecimiento positivo en la década Caso centroamericano de divergencia, pero no bajo estancamiento.
    Jamaica, 2003-2007 21.0% → 9.9% Gini 38.3 → 36.8 PIB real per cápita <1% anual; consumo medio crece; remesas >17% del PIB en 2007 Fuerte reducción de pobreza con crecimiento débil, pero acompañada por menor desigualdad y más recursos de consumo.
    Jamaica, 1995-1999 27.5% → 16.9% 0.36 → 0.38, con 0.42 en 1997 PIB medido estancado/decreciente; salarios reales, remesas, precios relativos e informalidad complican la lectura Episodio importante contra identificaciones mecánicas con PIB, pero no trayectoria limpia de concentración creciente sostenida.
    Costa Rica, 2008-2009 Disminuye ligeramente Gini aumenta PIB per cápita disminuye Contraejemplo real de corto plazo a una imposibilidad universal; no prueba una salida material amplia y persistente bajo estancamiento.

    Fuentes de la tabla: Kraay (2004); Corbacho y Davoodi (2002); FAO (2002); World Bank (2003, 2010, 2011, 2015, 2025).

    La tabla permite ver por qué la discusión no puede resolverse apelando exclusivamente a identidades formales ni tampoco seleccionando un único episodio favorable a una tesis. La exigencia correcta es comparar trayectorias observadas, su duración, la magnitud del cambio y los mecanismos materiales que las hacen posibles. Un caso de un año en el que un headcount se mueve algunas décimas no tiene el mismo contenido histórico que una reducción de pobreza de varias décadas; y una caída del PIB medido no equivale automáticamente a una caída de todos los recursos reales de los hogares.

    La regularidad comparada

    Ravallion y Chen (1997), utilizando encuestas de hogares de 67 economías en desarrollo y transición durante 1981-1994, encontraron que los cambios de desigualdad no estaban mecánicamente correlacionados con los cambios de nivel medio de vida y que la distribución podía mejorar o empeorar durante el crecimiento. Pero su conclusión respecto de la pobreza absoluta es particularmente relevante: casi siempre la pobreza caía cuando crecían los niveles medios de vida y aumentaba durante las contracciones. Kraay (2004), con otra estrategia de descomposición y una muestra amplia de países en desarrollo, halló igualmente que en horizontes medios y largos la mayor parte de la variación de los cambios de pobreza estaba asociada al crecimiento de los ingresos medios.

    La conclusión metodológica no es “pobreza e desigualdad son lo mismo”. No lo son. Tampoco es “sin crecimiento jamás puede caer un indicador de pobreza”; el episodio costarricense muestra que sería una afirmación demasiado fuerte. La proposición empíricamente defendible es más precisa:

    Que dos magnitudes sean analíticamente separables no implica que sus trayectorias históricas sean independientes. Las reducciones amplias, sostenidas y materialmente significativas de pobreza que coexisten con concentración creciente se observan típicamente cuando existe expansión suficiente de los recursos medios; sin ese margen, la divergencia es mucho más difícil de sostener y los cruces de umbral pueden representar cambios administrativos antes que emancipación material.

    Esta formulación transforma una intuición en una hipótesis histórica falsable: permite buscar episodios largos, definir de antemano qué cuenta como reducción “sustantiva”, distinguir PIB, consumo e ingreso de los hogares, y examinar si la participación o el ingreso absoluto de los estratos inferiores mejora de manera persistente.

    IV.V. La estructura económica costarricense y el problema democrático

    La situación fiscal y productiva de Costa Rica agudiza la necesidad de mediciones más informativas. Los altos niveles de evasión y elusión, la coexistencia de sectores de productividad muy diferente, el peso de empresas transnacionales en zonas francas y las dificultades del aparato productivo doméstico generan una economía heterogénea en la que el crecimiento agregado puede no traducirse automáticamente en empleo suficiente o en mejoría proporcional de los ingresos bajos.

    Díaz Arias (2019) reconstruye la formación histórica del proyecto neoliberal costarricense desde finales de la década de 1970; Arias Chavarría (2019) analiza la relación entre Estado, neoliberalismo y empresariado en la coyuntura del TLC; Vargas Solís (2016) distingue fases del Proyecto Histórico Neoliberal y subraya la creciente transnacionalización y posterior sesgo financiero. Independientemente de las diferencias interpretativas entre estos autores, la evidencia histórica obliga a estudiar la pobreza junto con la estructura productiva, la política fiscal, el mercado de trabajo y la distribución del ingreso.

    Blanchard y Leigh (2013) mostraron, en otro contexto, que los pronósticos asociados a programas de consolidación fiscal subestimaron sistemáticamente los multiplicadores fiscales durante la crisis europea. El ejemplo es relevante metodológicamente: incluso instituciones con gran capacidad técnica pueden aplicar modelos que subestimen efectos sociales cuando supuestos fundamentales no corresponden adecuadamente al estado concreto de la economía. El problema no es la existencia de modelización; es la calidad de su correspondencia con el objeto.

    Medios costarricenses e internacionales han señalado también el contraste entre un sector exportador moderno y de alta productividad y una gran masa de empresas domésticas pequeñas y medianas con menor productividad. Ventas (2018) describió esta dualidad como una economía cuyo sector externo se moderniza sin arrastrar suficientemente al resto; Barría (2019) recogió diagnósticos similares. Bajo estas condiciones puede coexistir crecimiento agregado con empleo insuficiente, bajos salarios en la base y persistencia de pobreza.

    De ahí que una democracia no deba evaluar su éxito únicamente preguntando cuántas observaciones se encuentran un colón arriba de \(z\). Debe preguntarse si las personas poseen capacidad material efectiva para reproducir su vida, participar de la sociedad y resistir contingencias sin caer de inmediato nuevamente bajo el umbral.

    ¡LA DEMOCRACIA ESTÁ EN PELIGRO!

    No porque una fórmula estadística produzca por sí misma autoritarismo, sino porque una democracia que naturaliza la privación mediante categorías insuficientes puede terminar administrando como normal aquello que debería constituir precisamente su objeto de transformación.

    · · ·

    V. PLANTEAMIENTO GENERAL DE ALTERNATIVAS GNOSEOLÓGICO-METODOLÓGICAS

    Las dos alternativas que surgen inmediatamente del análisis anterior son, por una parte, utilizar un umbral relativo correctamente construido —en lugar de confundirlo con un porcentaje de la media bruta— junto con los quintiles de ingreso; y, por otra, reestimar el costo material de una vida adecuada mediante información complementaria, también acompañado por una clasificación distributiva. Ambas ideas son útiles, pero el análisis desarrollado en las secciones anteriores muestra que no deben tratarse como soluciones mutuamente excluyentes ni como sustitutos completos de la línea oficial. Son capas de un sistema de medición más amplio.

    La alternativa metodológicamente más robusta consiste en dejar de buscar la única cifra verdadera de pobreza y construir un perfil estructurado de pobreza en el que cada indicador responda una pregunta diferente. El objetivo no es producir un índice sintético opaco que vuelva a comprimir todo el fenómeno en un solo número, sino conservar información acerca de sus dimensiones fundamentales.

    V.I. Primer componente: incidencia — ¿cuántas personas están debajo del umbral?

    El indicador más simple es la razón de incidencia o headcount ratio:

    \[ H=\frac{q}{N}, \]

    donde \(q\) es el número de unidades con \(y_i<z\) y \(N\) el total de unidades. Su interpretación es directa y posee gran utilidad comunicativa. Debe mantenerse, pero siempre acompañado por información que evite interpretar un cruce marginal del umbral como una transformación social suficiente.

    En una encuesta analítica, además de estimar \(H\), debe reportarse la distribución de las observaciones alrededor de \(z\): por ejemplo, proporciones situadas a menos de 5%, 10% y 20% del umbral por arriba y por abajo. Esto permite identificar cuánto de un cambio de incidencia proviene de desplazamientos mínimos en la frontera.

    V.II. Segundo componente: intensidad y severidad — ¿qué tan pobres son los pobres?

    La familia de medidas Foster–Greer–Thorbecke (FGT) permite incorporar la distancia al umbral (Foster, Greer & Thorbecke, 1984):

    \[ FGT_{\alpha} =\frac{1}{N}\sum_{i=1}^{q} \left(\frac{z-y_i}{z}\right)^{\alpha}, \qquad \alpha\geq0. \]

    Para \(\alpha=0\) se recupera el headcount; para \(\alpha=1\) se obtiene la brecha normalizada de pobreza, que responde a qué tan lejos se encuentra la población pobre del umbral; para \(\alpha=2\) las brechas más profundas reciben mayor peso, por lo que el indicador se vuelve sensible a la severidad y a la situación de quienes se encuentran peor.

    Esta familia resuelve directamente el problema del ejemplo de USD 5. Si cinco hogares cruzan apenas \(z\), \(H\) puede mejorar de forma visible, pero la brecha y la severidad del conjunto pueden cambiar muy poco. Si un hogar extremadamente pobre recibe una transferencia importante que no alcanza a cruzar el umbral, \(H\) permanece idéntico aunque la privación material se haya reducido de manera sustantiva. El sistema de indicadores permite observar ambas cosas.

    Puede agregarse también la brecha mediana relativa utilizada por Eurostat, que compara la mediana del ingreso de quienes están bajo la línea con el propio umbral y responde, en términos sencillos, a cuánto separa al pobre típico de la frontera estadística (Eurostat, 2025b).

    V.III. Tercer componente: posición distributiva — ¿dónde se encuentra cada hogar dentro de la estructura social del ingreso?

    La clasificación por quintiles o deciles debe conservarse. Si \(Q_1,\ldots,Q_5\) representan quintiles, conocer la pertenencia de una observación a cada grupo permite distinguir situaciones que una línea binaria no separa y facilita analizar cómo una crisis afecta diferencialmente a la distribución.

    La curva de Lorenz y el coeficiente de Gini deben acompañar esta lectura agregada. La curva muestra la estructura acumulada; el Gini ofrece una síntesis; las participaciones por quintil o decil identifican en qué parte de la distribución se producen los cambios. Ninguna de estas medidas debe sustituir a las demás.

    Para una encuesta analítica interesada en causas, puede ser particularmente útil estimar tasas de variación por cuantil o curvas de incidencia del crecimiento cuando la estructura de los datos lo permita. Ello permite preguntar si el ingreso o consumo de los estratos inferiores crece más o menos que la media y evita inferir la trayectoria de toda la distribución a partir de un único coeficiente.

    V.IV. Cuarto componente: umbral relativo — distancia respecto del estándar distributivo de la sociedad

    El criterio del 60% de la mediana del ingreso disponible equivalizado debe incorporarse como indicador relativo, no como sustituto universal de toda definición de pobreza:

    \[ z_R=0.60\times \operatorname{Mediana}(Y_{disp,eq}). \]

    Este umbral responde a una pregunta específica: ¿qué personas poseen recursos tan alejados del nivel típico de su sociedad que enfrentan un riesgo elevado de exclusión económica y social? Su principal fortaleza es que cambia con la distribución social y evita congelar el estándar nominal de vida. Su principal límite es igualmente claro: una sociedad entera puede empobrecerse y la mediana caer, haciendo que el umbral relativo disminuya aun cuando las condiciones materiales absolutas empeoren.

    Por eso debe combinarse con un estándar material absoluto-histórico, no sustituirlo.

    V.V. Quinto componente: presupuesto de referencia — ¿qué cuesta reproducir materialmente una vida socialmente adecuada?

    La triangulación exploratoria de precios debe desembocar en una medición confirmatoria. Para ello se propone construir un presupuesto de referencia por tipos de hogar y, cuando sea pertinente, regiones geográficas. No se trataría de preguntar cuánto gasta en promedio una familia, sino qué conjunto de bienes, servicios y capacidades materiales resulta necesario para sostener una vida saludable y socialmente normal en las condiciones históricas existentes.

    El presupuesto debe incluir, como mínimo:

    • alimentación nutricionalmente adecuada, con cantidades y composición compatibles con recomendaciones de salud;
    • vivienda segura, no hacinada y con acceso efectivo a agua, electricidad, saneamiento y energía doméstica;
    • transporte suficiente para trabajo, educación, cuidados, trámites y participación social;
    • comunicaciones e internet en el nivel materialmente requerido por una sociedad digitalizada;
    • vestuario y calzado adecuados;
    • gastos ordinarios de salud y prevención no cubiertos gratuitamente por el sistema público;
    • educación, materiales y costos indirectos asociados;
    • cuidado de niños, personas mayores o dependientes cuando corresponda;
    • higiene personal y mantenimiento doméstico;
    • participación cultural y social mínima —no como “lujo”, sino como dimensión de pertenencia a una comunidad—;
    • reposición de bienes duraderos indispensables;
    • una reserva razonable para contingencias.

    Sea \(c_j(h,r,t)\) el costo del componente \(j\) para un tipo de hogar \(h\), región \(r\) y momento \(t\). Entonces el presupuesto de referencia puede expresarse como

    \[ B(h,r,t)=\sum_{j=1}^{J} c_j(h,r,t). \]

    El valor de \(B\) no debe ser fijado de una vez para siempre. La lista de necesidades, cantidades, calidades y precios debe revisarse periódicamente porque el objeto cambia. Este mecanismo vuelve explícita una idea que ya estaba implícita en la crítica nutricional de Hidalgo Víquez et al.: un estándar construido para una sociedad de décadas atrás no conserva automáticamente validez porque pueda actualizarse mediante precios.

    El presupuesto de referencia tampoco debe ser construido por expertos aislados. Una metodología robusta combinaría evidencia nutricional y sanitaria, normas técnicas de vivienda y servicios, encuestas de uso del tiempo y movilidad, datos de precios, estudios de consumo, deliberación pública y validación con hogares de diferentes condiciones sociales. La dimensión normativa no desaparece por ocultarla; se vuelve científicamente más controlable cuando se hace explícita.

    V.VI. Sexto componente: privación material y social — ¿qué necesidades concretas no pueden satisfacerse?

    Una persona puede encontrarse ligeramente por encima de una línea monetaria y, sin embargo, carecer de condiciones esenciales. Por ello deben medirse privaciones directamente. La experiencia europea resulta ilustrativa: Eurostat utiliza un conjunto de trece ítems para la privación material y social severa, incluyendo capacidad para afrontar gastos inesperados, mantener pagos al día, comer proteínas regularmente, mantener la vivienda en condiciones adecuadas, disponer de transporte cuando sea necesario, sustituir muebles o ropa desgastada, tener conexión a internet, poseer calzado adecuado, realizar una pequeña cantidad de gasto personal, participar regularmente en ocio y reunirse socialmente (Eurostat, 2025c).

    Costa Rica no debe copiar mecánicamente esa lista. Debe construir la suya a partir de sus condiciones concretas. Sin embargo, el principio es valioso: preguntar directamente qué condiciones materiales son imposibles de sostener por falta de recursos.

    Puede definirse un vector de privaciones

    \[ \mathbf{d}_i=(d_{i1},d_{i2},\ldots,d_{iJ}), \]

    con \(d_{ij}=1\) si la unidad \(i\) sufre la privación \(j\) por insuficiencia de recursos y \(0\) en caso contrario. En lugar de colapsarlo necesariamente en una suma ponderada, puede reportarse el perfil completo y las combinaciones más frecuentes de privación.

    V.VII. Séptimo componente: estabilidad y vulnerabilidad — ¿puede sostenerse la posición alcanzada?

    Una clasificación estática puede declarar “no pobre” a un hogar cuyo ingreso es \(1.03z\), aunque carezca de ahorro, posea deuda elevada, dependa de un empleo temporal y pueda caer inmediatamente bajo \(z\) ante una enfermedad, reducción de horas trabajadas o aumento del alquiler. Por ello debe añadirse una dimensión temporal.

    La vulnerabilidad puede investigarse mediante variables como:

    • estabilidad contractual y regularidad de ingresos;
    • meses de ahorro o activos líquidos disponibles para cubrir gasto esencial;
    • servicio de deuda respecto del ingreso disponible;
    • atrasos en alquiler, hipoteca, servicios o créditos;
    • exposición a gastos médicos no previstos;
    • existencia de seguros o redes de protección;
    • dependencia de un único perceptor de ingreso;
    • volatilidad reciente del ingreso;
    • probabilidad estimada de caer bajo \(z_R\) o \(B(h,r,t)\) ante perturbaciones plausibles.

    Esta dimensión permite distinguir estado y trayectoria. El objetivo no es sólo saber dónde se encuentra el hogar hoy, sino si su posición constituye una reproducción estable o una suspensión transitoria de la pobreza.

    V.VIII. Octavo componente: empleo, tiempo y acceso efectivo

    La reproducción material no depende únicamente del ingreso monetario. Dos hogares con igual ingreso pueden enfrentar cargas de tiempo radicalmente distintas. El tiempo perdido en desplazamientos, la ausencia de servicios de cuidado, largas jornadas, informalidad, desempleo parcial o acceso territorial desigual a servicios modifican la capacidad real de convertir ingreso en bienestar.

    Por ello una encuesta orientada a la crisis económica debe incluir, cuando sea posible, horas de trabajo remunerado y no remunerado, tiempo de transporte, subempleo, informalidad, acceso a cuidados, pérdida de empleo, reducción de jornadas y cambios en el costo de servicios esenciales. Esta información no sustituye al ingreso; explica por qué ingresos similares pueden corresponder a condiciones materiales distintas.

    V.IX. Arquitectura integrada para la encuesta analítica

    La propuesta puede sintetizarse sin convertirla en un único índice. Para cada hogar \(i\) se construiría un perfil

    \[ \mathcal{P}_i= \big(H_i,\;PG_i,\;FGT_{2,i},\;Q_i,\;R_i,\;B_i,\;\mathbf d_i,\;V_i,\;T_i\big), \]

    donde:

    Componente Pregunta que responde
    \(H\) ¿Está la unidad debajo del umbral? ¿Cuántas lo están?
    \(PG\) / \(FGT_1\) ¿Qué tan lejos se encuentra del umbral?
    \(FGT_2\) ¿Qué tan severa es la pobreza, dando mayor peso a las brechas profundas?
    \(Q\) ¿Qué posición ocupa dentro de la distribución de ingreso?
    \(G, L(p)\) ¿Cómo se distribuye el ingreso o consumo en la sociedad?
    \(R\) ¿Se encuentra debajo del umbral relativo de ingreso disponible equivalizado?
    \(B\) ¿Alcanza sus recursos para el presupuesto de reproducción material adecuado a su hogar?
    \(\mathbf d\) ¿Qué privaciones materiales y sociales concretas padece?
    \(V\) ¿Qué tan vulnerable es su posición frente a perturbaciones?
    \(T\) ¿Qué costos de tiempo, empleo y acceso condicionan la reproducción cotidiana?

    En términos conceptuales puede escribirse, sólo como recordatorio de dimensiones y no como propuesta de un índice sintético:

    \[ \text{Pobreza} = f\big( \text{incidencia}, \text{brecha}, \text{severidad}, \text{privaciones}, \text{costo de reproducción}, \text{posición distributiva}, \text{vulnerabilidad temporal}, \text{tiempo y acceso} \big). \]

    La función \(f\) no debe estimarse necesariamente para producir un escalar. El objetivo es conservar el perfil estructurado.

    Niveles de lectura

    La arquitectura puede organizarse en cuatro niveles:

    1. Incidencia: quién cruza o no cruza los umbrales pertinentes.
    2. Intensidad y severidad: qué distancia existe respecto de esos umbrales y cómo se distribuye la pobreza profunda.
    3. Reproducción material: qué bienes, servicios y capacidades concretas pueden sostenerse efectivamente.
    4. Estabilidad: si esa reproducción puede mantenerse frente al tiempo y a perturbaciones ordinarias.

    Esta secuencia evita confundir una mejoría administrativa con una mejoría material.

    V.X. Relación con las dos alternativas iniciales

    La Alternativa 1, consistente en emplear un criterio relativo del tipo UNECE/Eurostat junto con quintiles, conserva valor siempre que el criterio se formule correctamente como proporción de la mediana del ingreso disponible equivalizado. Su fortaleza es la comparabilidad y su sensibilidad al estándar distributivo de la sociedad. Su debilidad es que sigue siendo relativa y puede descender cuando la sociedad se empobrece en conjunto.

    La Alternativa 2, consistente en reajustar el estándar de pobreza mediante información complementaria sobre costos, también conserva valor, pero debe transformarse en un verdadero presupuesto de referencia. Las fuentes privadas de costo de vida pueden contribuir a la fase exploratoria, a la detección de rubros y al contraste de órdenes de magnitud; no deben ser el fundamento único del valor final.

    La solución superior no consiste en escoger una y descartar la otra. Consiste en integrarlas junto con FGT, cuantiles, Lorenz/Gini, privación directa y vulnerabilidad. El resultado conserva comparabilidad internacional sin sacrificar la materialidad histórica de las necesidades.

    V.XI. Reglas mínimas de implementación

    Para que la propuesta no quede en una declaración conceptual, una aplicación rigurosa debería observar al menos las siguientes reglas:

    • Unidad de análisis explícita: distinguir persona, hogar y adulto equivalente; reportar cuándo cambia la unidad.
    • Ingreso claramente definido: separar bruto, neto/disponible, transferencias, renta imputada y componentes extraordinarios.
    • Escala de equivalencia documentada: utilizar una regla explícita para tamaño y composición del hogar y evaluar sensibilidad a escalas alternativas.
    • Precios regionales y temporales: evitar que un único costo nacional o anual oculte diferencias espaciales y estacionales importantes.
    • Intervalos de incertidumbre: las tasas de pobreza, brechas y cuantiles provienen de muestras y deben acompañarse por errores estándar o intervalos compatibles con el diseño complejo de encuesta.
    • Análisis de sensibilidad: mostrar cómo cambian los resultados ante variaciones razonables de \(z\), de la escala de equivalencia y del presupuesto de referencia.
    • Panel o retrospectiva cuando sea viable: la estabilidad requiere información temporal; una fotografía transversal no identifica adecuadamente entradas y salidas de pobreza.
    • Separación entre descripción y causalidad: una encuesta puede describir diferencias entre grupos; atribuir causas exige diseño adicional, temporalidad, controles, experimentación o estrategias cuasi-experimentales según el problema.
    • Transparencia de decisiones normativas: qué se considera necesidad, qué calidad mínima se adopta y por qué debe ser públicamente discutible y técnicamente auditable.
    • No confundir “no significativo” con “no existente”: las inferencias estadísticas deben considerar potencia, error de medición y tamaño muestral.

    Una clasificación de ingresos construida de esta manera deja de ser un simple filtro binario y se convierte en un instrumento analítico capaz de responder no sólo quién está por debajo, sino qué tan abajo, por qué dimensiones, en qué posición distributiva, con qué estabilidad y respecto de qué estándar histórico-material.

    · · ·

    VI. CONCLUSIONES

    La investigación comenzó con un problema aparentemente técnico: cómo clasificar cualitativamente el nivel de ingreso para estudiar la afectación económica de distintos grupos sociales. El recorrido mostró que la pregunta no puede resolverse adecuadamente mediante la selección rutinaria de una línea de pobreza ya disponible, porque toda línea contiene una teoría implícita sobre aquello que cuenta como necesidad y sobre el nivel material que separa pobreza de no pobreza.

    El primer resultado es, por tanto, gnoseológico. Una medición puede ser aritméticamente correcta y conceptualmente insuficiente. El hecho de que el INEC aplique de manera consistente una metodología no vuelve inmune a crítica la relación entre esa metodología y el objeto que pretende captar. El instrumento debe ser evaluado por su correspondencia con la realidad histórica de la reproducción social.

    El segundo resultado es empírico y metodológico. Las fuentes heterogéneas de costo de vida no deben absolutizarse ni presentarse como demostración definitiva, pero su concordancia puede constituir evidencia exploratoria valiosa. El procedimiento científicamente superior consiste en utilizar esos indicios para diseñar una capa confirmatoria: un presupuesto de referencia explícito, reproducible y discutible, apoyado en nutrición, vivienda, transporte, servicios, salud, educación, conectividad, cuidado, participación social y contingencias.

    El tercer resultado concierne a la historia. La exposición desde las formas esclavistas y feudales de reproducción de la fuerza de trabajo hasta el trabajo asalariado capitalista no tiene una función ornamental. Busca establecer la génesis de la lógica de los mínimos y la estructura recurrente que permite comprenderla. El costo de reproducción de la fuerza de trabajo es una cuestión histórica; el contenido de esa reproducción cambia con la sociedad. Precisamente por eso una canasta no puede ser convertida en una constante antropológica actualizada sólo mediante precios.

    El cuarto resultado se refiere al razonamiento bajo estructuras de poder. La ciencia no puede limitarse a lo que deja una huella documental fácilmente accesible, porque algunos objetos sociales incluyen opacidad, incentivos para ocultar y relaciones informales. La intuición, la abducción y el razonamiento por indicios son legítimos. Pero su legitimidad no autoriza a convertir toda sospecha en hecho demostrado. Justificación racional y demostrabilidad pública son grados distintos, y una inferencia robusta debe indicar qué parte descansa en evidencia directa, cuál en evidencia indirecta, cuál en estructura causal y cuál permanece abierta a nueva prueba.

    El quinto resultado concierne a la relación entre pobreza, desigualdad y crecimiento. Su separabilidad matemática es indiscutible; su independencia histórica, no. Los contraejemplos algebraicos muestran lo que una definición permite, pero no sustituyen el estudio de trayectorias reales. China, Ghana y Honduras muestran que la pobreza puede caer mientras aumenta la desigualdad, pero lo hacen en contextos de crecimiento. Jamaica muestra que bajo crecimiento muy débil pueden existir reducciones fuertes de pobreza, aunque sus episodios mejor documentados incluyen reducción de desigualdad, crecimiento del consumo, remesas, salarios reales, cambios de precios y/o divergencias entre actividad real y PIB medido. Costa Rica 2008-2009 demuestra, a su vez, que durante un intervalo corto puede observarse PIB per cápita decreciente, Gini creciente y pobreza ligeramente decreciente. La lección no es proclamar una imposibilidad universal, sino distinguir posibilidad lógica, episodio coyuntural y regularidad histórica sostenida.

    La hipótesis empírica que emerge es que las reducciones amplias y persistentes de pobreza que coexisten con concentración creciente requieren normalmente expansión suficiente de los recursos medios para que una participación relativa menor pueda corresponder todavía a una cantidad absoluta mayor. Esa proposición es históricamente investigable y, por consiguiente, debe formularse de manera que pueda ser refutada por evidencia real.

    Finalmente, ningún único escalar parece suficiente para representar el fenómeno. El headcount responde cuántos están debajo; la brecha responde qué tan debajo; \(FGT_2\) responde cuán severa es la pobreza profunda; Lorenz, Gini y cuantiles describen distribución; el umbral relativo describe distancia respecto del estándar social; el presupuesto de referencia describe el costo de reproducción material; las privaciones describen carencias concretas; y la vulnerabilidad indica si una posición puede sostenerse.

    El objetivo científico no debe ser sustituir un número absoluto por otro número absoluto y declarar cerrado el problema. Debe ser construir un instrumento que conserve las dimensiones necesarias para que la realidad no desaparezca dentro de la clasificación.

    Una sociedad no deja de tener pobres porque una parte de ellos haya cruzado administrativamente una línea. La pregunta relevante es si los seres humanos poseen, de manera estable, los recursos y condiciones materiales que el desarrollo histórico de esa misma sociedad ha vuelto necesarios para vivir, trabajar, aprender, cuidar, participar y realizar su existencia con dignidad.

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    VII. REFERENCIAS

    Aldridge, H. (2017). How do we measure? Toronto: Maytree.

    Arias Chavarría, E. (2019). “Estado, neoliberalismo y empresarios en Costa Rica: la coyuntura del TLC”. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, 69-86. https://www.redalyc.org/jatsRepo/153/15360186004/html/index.html

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    autocosts. (2019). “Coding rules”. GitHub. https://github.com/jfoclpf/autocosts/blob/master/contributing.md

    autocosts. (2020). “Core”. GitHub. https://github.com/jfoclpf/autocosts/tree/master/src/client/core

    autocosts. (2021). “Costos de Automóviles de Costa Rica”. https://autocostos.info/cr/stats

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  • EL MODO DE PRODUCCIÓN FEUDAL – CARLOS ANTONIO AGUIRRE ROJAS

    EL MODO DE PRODUCCIÓN FEUDAL – CARLOS ANTONIO AGUIRRE ROJAS

    En: Revista Mexicana de Sociología. México. IIS-UNAM, Año XLVIII/Num. 1. Enero-marzo 1986. pp- 5-85.

    “[…] al igual que cualquier otro modo determinado de producción presupone, como condición histórica suya, una fase dada de las fuerzas productivas sociales y de sus formas de desarrollo […] (y) […] las relaciones de producción correspondientes a ese modo de producción especifico e históricamente determinado […]”

    Carlos Marx, El Capital.

    I

    Cuando Marx, en su célebre Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política trata de realizar una apreciación global de la línea de desarrollo económico de las sociedades humanas nos dice: “A grandes rasgos puede calificarse a los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno de épocas progresivas de la formación económica de la sociedad” (cfr., Marx, 1980a:5).

    El problema que aquí se plantea —y que ha dado lugar a todo tipo de malas interpretaciones y de largas polémicas— no es el problema de las etapas obligadas que la humanidad debe o ha debido recorrer en su progresiva evolución, sino solamente —¡solamente!— el de aquellas figuras económicas que, en términos reales, han representado pasos cualitativos específicos hacia niveles superiores de desarrollo de la base económica general de la sociedad.

    La idea que Marx tiene en mente en esta afirmación, se refiere a la cuestión de cómo la humanidad se crea su base económica propia, esto es, cómo alcanza a desarrollar sus distintas potencias y capacidades económico-productivas, hasta lograr dominar a la naturaleza y forjar entonces la base material adecuada del verdadero mundo humano, de la verdadera historia del hombre o “reino de la libertad”[1] Por eso, si en la esfera económica de lo que se trata es de vencer el predominio de la naturaleza y de conquistar la plataforma material correspondiente a la “verdadera vida social” (Marx, 1976: t. 1, p. 89), entonces todas aquellas formas económicas o modos de producción que impliquen un salto cualitativo esencial de las destrezas y poderes productivos humanos, tendrán que ser concebidos como “etapas progresivas”, como escalones ascendentes en el proceso de formación de la base económica de la sociedad.

    De aquí, evidentemente, no se desprende ninguna ley obligada del curso concreto del progreso histórico para todos los pueblos. Esas etapas progresivas no son las etapas necesarias e ineludibles de los distintos grupos humanos, sino las vías reales que una parte de la humanidad —o un conjunto abstraído de sus “partes”— ha podido recorrer en su continuado esfuerzo por desarrollar las fuerzas materiales y las relaciones económicas cada vez más potenciadas y complejas frente a la naturaleza y para los mismos hombres. Marx es muy claro en este punto, cuando en su carta a la redacción del periódico ruso Otiechestviennie Zapiski de fines de 1877, condena la idea de que él ha construido “[…] una teoría filosófico-histórica sobre la trayectoria general a que se hallan sometidos fatalmente todos los pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias históricas que en ellos concurran” y critica este modo de abordar la historia, ironizando sobre el uso de una “[…] clave universal de una teoría general de filosofía de la historia, cuya mayor ventaja reside precisamente en el hecho de ser una teoría suprahistórica” (véase la carta en Marx y Engels, 1980a:62-65).

    Esto no nos lleva, sin embargo, a negar todo sentido general de la evolución histórica. Aunque no hay una ley forzosa de sucesión de etapas dentro de los recorridos concretos de los pueblos humanos, sí hay una sola tendencia general que anima, en el plano económico, las diversas rutas establecidas por la marcha peculiar de los grupos sociales: en la esfera de la economía, toda sociedad tiende siempre a potenciar y enriquecer sus propias fuerzas productivas —si bien con énfasis distintos, con ritmos diferenciados, con jerarquías particulares— acrecentando así sus medios de enfrentar a la naturaleza y de utilizarla para sus propios fines. Se trata siempre, pues, de consolidar y ensanchar la fuerza y el impacto de la propia base económica frente a lo natural. Pero los modos concretos de actualizarse esta tendencia general difieren obviamente según las condiciones histórico-geográficas, la tradición histórica previa, las migraciones, fusiones y contactos específicos, la adaptabilidad y ritmo peculiares del desarrollo, en suma, según las peculiaridades histórico-concretas de cada uno de los pueblos.[2]

    Por eso, el párrafo inicial que aquí comentamos sobre las etapas progresivas de la formación económica de la sociedad, lejos de ser una teoría general de las etapas necesarias de la evolución humana en su conjunto, es sólo la enumeración analítica de los peculiares y distintos modos de producción que en los diversos momentos históricos representaron los grandes jalones del avance de las sociedades en la conquista de su base económica propia y en el desarrollo progresivo de sus fuerzas productivas en general y materiales en particular.

    Ahora bien, ¿por qué modos de producción y no formas de sociedad o sociedades en general? Porque se trata de escalas graduadas y progresivas en la conformación y ensanchamiento del nivel o plano económico de la sociedad, y no de la evolución social integral misma. Y también, como se plantea igualmente en el Prólogo de 1859, porque durante esta fase de nuestra prehistoria humana, el nivel económico tiene, respecto de las otras esferas de la actividad social humana, un carácter privilegiado o recentrador claramente establecido.

    Marx dice entonces modo de producción asiático, antiguo, feudal o burgués moderno, y piensa literalmente en diversas maneras de producir de los hombres, en distintas formas concretas, técnicas y sociales, de llevar a cabo el acto productivo. Porque ¿qué es en sentido estricto ese “modo de producción de la vida material” de que se habla en el Prólogo citado? Modo do producción es modalidad o manera concreta y particular de llevar a cabo la actividad de la producción, producción que es a un mismo tiempo aspecto técnico-real y configuración social específica del proceso de reproducción de la vida material de los hombres.

    Y por lo tanto, síntesis obligada de dos aspectos esenciales. Porque si modo de producción es, en términos generales, idéntico a proceso de producción, entonces es como decimos, tanto un modo técnico-real-instrumental de apropiarse la naturaleza, como una configuración social económico-formal dentro de la cual se lleva a cabo dicha apropiación. Es pues tanto figura concreta’ de un conjunto dado de fuerzas productivas específicas y de su modo peculiar de utilización y desarrollo —o en otros términos una figura dada del proceso de trabajo— como unidad compleja de determinados vínculos sociales, de específicas relaciones de producción entabladas por los hombres para llevar a cabo la actividad productiva y dar expresión adecuada a ese peculiar tipo de proceso laboral en que ellas se fundan.

    He aquí planteado, muy breve y esquemáticamente, el contenido general del concepto “modo de producción”.[3] Nos interesa, sin embargo, en particular, el análisis del modo de producción feudal. ¿Qué entiende Marx por modo de producción feudal?, ¿por qué lo llama “feudal” y no modo de producción servil o modo de producción europeo-medieval?, ¿qué modo técnico real del proceso de trabajo o conjunto de fuerzas productivas materiales, y qué formas económico-sociales o relaciones de producción implica este modo de producción?, y ¿por qué es éste una de las etapas “progresivas en la formación de la base económica de la sociedad?

    Sin intentar agotar en estas pocas páginas la respuesta a estas preguntas, veamos algunos de los elementos de su solución.

    Por lo que se refiere sobre todo a la significación general del modo de producción feudal, Marx señala que no es solamente esa etapa progresiva de la formación económica de la sociedad que ya hemos explicado, sino, en particular, una de las fases económicas principales que en Europa occidenta[4]l han creado las premisas materiales y las condiciones generales para el surgimiento de la sociedad capitalista. No es pues un modo de producción universal”, un camino necesario y recurrente de tránsito para todos los pueblos que intentaran llegar al capitalismo, sino solamente la vía específicamente europea —y por excepción japonesa— mediante la cual en ciertos grupos humanos particulares se crearon las premisas imprescindibles para engendrar a la sociedad burguesa moderna.

    El feudal es, entonces, un modo de producción básicamente característico de la Edad Media europea, donde ha tenido sus orígenes clásicos que lo determinan en su particularidad, y donde ha desplegado todos sus rasgos y potencialidades intrínsecas. Marx lo concibe explícitamente como la “época germánica” de la historia europea,[5] como el período histórico de desarrollo y refiguración de los principios y elementos aportados por los pueblos germánicos al vasto movimiento de la historia de Europa. Y por tanto, como un modo de producción que se halla necesariamente ligado, por su misma definición y contenido, a la sola historia del continente europeo, pues sin la presencia y aportación germánica, sólo por excepción es que podría originarse un modo de producción rigurosamente feudal.

    Al mismo tiempo, y a partir de la concepción del feudalismo como fase progresiva en el proceso de conformación de la base económica de la sociedad, Marx y Engels subrayan los grandes progresos materiales y espirituales que el mundo feudal ha llevado a cabo, progresos sin los cuales Europa no habría podido llegar nunca a esa nueva etapa de la historia universal que es el capitalismo. En contra pues de la opinión dominante en una gran parte de la intelectualidad contemporánea a ellos mismos,[6] los fundadores del marxismo han criticado la concepción burguesa tradicional que concibe a la Edad Media como una época de barbarie general y de oscurantismo espiritual, recalcando en cambio los grandes avances legados a la naciente sociedad burguesa por los siglos anteriores. No sólo los inventos del período final del modo de producción feudal —como la pólvora, la imprenta, la brújula y el reloj mecánico— son claramente señalados como la herencia feudal al capitalismo, sino también los sucesivos avances logrados a lo largo de todo el período medieval, como la lenta formación del organismo europeo, la constitución de las naciones, el despliegue de los rasgos de la individualidad humana en la historia, o la aplicación en gran escala de los molinos hidráulicos, entre otros.

    Y en contra de la posición burguesa que afirma haber “liberado al trabajador de la servidumbre, convirtiéndolo en un “hombre libre”, tanto Marx como Engels remarcan la limitación y sojuzgación también inherentes al mundo capitalista, mundo que “debe más de lo que cree” a la “oscura época medieval que tanto critica[7].

    Junto a esto, y todavía en lo que toca a la consideración general o caracterización global del modo de producción feudal, Marx vincula su explicación al acto originario mismo de su génesis, al gran hecho histórico que le da nacimiento: las migraciones de los pueblos germanos hacia el antiguo espacio del Imperio romano. Porque además de ser concebido como una forma esencialmente progresiva, que despliega dentro de Europa occidental los aportes germánicos originarios, el modo de producción feudal constituye para Marx una auténtica fusión de dos formas de producción anteriores, que se unifican y combinan, modificándose para dar como resultado una forma nueva totalmente singular. El modo feudal de producir surge como resultado de la conquista de los pueblos germánicos sobre los antiguos habitantes del Imperio romano, desembocando en una de las tres posibilidades que Marx prevee para todo movimiento de conquista: la de la síntesis entre los dos modos de producción en juego, la aleación y mixtura del modo de producción de los conquistadores con el modo de producción de los conquistados. En este caso “[…] se produce una acción recíproca de la que nace una forma nueva, una síntesis (en parte, en las conquistas germánicas) […]” (Marx, 1976: t. 1, p. 18).

    El modo feudal de producción es, entonces, en una importante medida, el fruto de la combinación de elementos germanos y elementos romanos, la síntesis en el plano económico de las fuerzas productivas materiales, de los tipos de actividad productiva, de las relaciones de producción características tanto de los germanos como de los antiguos romanos. Por eso, “[…] el feudalismo no salió, ni mucho menos, ya listo y organizado, de Alemania, sino que tuvo su origen, por parte de los conquistadores, en la organización guerrera que los ejércitos fueron adquiriendo durante la propia conquista y se desarrolló hasta convertirse en el verdadero feudalismo después de ella, gracias a la acción de las fuerzas productivas encontradas en los países conquistados” (Marx y Engels, 1973a:72).

    Por eso, y ya más en términos de su contenido interno específico, el modo de producción feudal se presenta también como un conjunto de fuerzas productivas particulares y articuladas para su utilización de una cierta manera, lo mismo que como unidad de determinadas relaciones de producción que configuran y dan expresión a esas fuerzas productivas. Pero ¿cuáles son esas fuerzas productivas nuevas que hacen del aspecto técnico-real del modo de producir feudal un modo progresivo superior de apropiarse de la naturaleza?, ¿y cuáles son las relaciones de producción, más ricas y complejas, que corresponden a este más alto grado de desarrollo de las potencias productivas humanas? Veamos la respuesta a estas preguntas ubicando ambos planos constitutivos del modo de producción feudal en el contexto mismo de su desarrollo, en el período inicial o infancia del mundo feudal. [8]

    II

    Las principales fuerzas productivas materiales que constituyen el aspecto técnico-real del modo de producción feudal se desarrollan en general dentro de la etapa de transición de la antigüedad al período medieval. Por eso su desarrollo y afirmación no se presenta simplemente como un avance lineal y continuo de un conjunto preestablecido de fuerzas productivas, sino como movimiento complejo de readaptaciones, combinaciones, mezclas y nuevas adquisiciones de todo tipo. Las nuevas fuerzas productivas correspondientes a la etapa feudal se forjan al calor y dentro del proceso más general de síntesis ya señalado entre germanos y romanos. De ahí, en parte, su riqueza y amplitud.

    Porque en este proceso de real génesis de un nuevo modo de producción, la naciente Europa crea un equipo tecnológico de tal magnitud que le permite “despegarse hacia niveles de desarrollo económico muy por encima de cualquier otra región o espacio del planeta. Las nuevas fuerzas productivas abarcan desde la invención del más sofisticado tipo de arado creado por el hombre antes del arado mecánico capitalista, hasta el des-cubrimiento y sometimiento de nuevas formas de energía motriz, naturales y animales, que potencian la reserva energética disponible para los productores, pasando por el desarrollo de la forma más completa posible de la rotación de cultivos y por una nueva manera de llevar a cabo la reproducción del ganado, creando con ello un sistema combinado de agricultura permanente y ganadería sistemática. Conjunto éste de nuevos e importantes poderes productivos humanos que jalonan hacia adelante el progresivo vencimiento de la naturaleza y crean la sólida y consistente base económica del modo de producción feudal en su aspecto técnico-instrumental. Veamos con detalle el surgimiento y la reasimilación de estas peculiares fuerzas productivas que son el primer componente del modo feudal de producir, ubicando su conformación en el contexto mismo de su desarrollo dentro de “[…] esos grandes y arriesgados movimientos migratorios que echaron los cimientos de los pueblos de la antigua y moderna Europa” (Marx y Engels, 1979:84).

    Las nuevas fuerzas productivas comienzan a desarrollarse a partir de la simbiosis generada por la conquista germana. En esta esfera, la transmigración germana pone en contacto a un pueblo esencialmente pastor y ganadero[9] con otro pueblo o masa de pueblos donde la agricultura es ya la actividad que constituye el centro de toda la producción económica. Y aunque la agricultura no es para los germanos una actividad desconocida, sí es una mera forma subsidiaria y periférica de su modo de producción. Igualmente, si bien los romanos conocen el ganado mayor y el pastoreo, éste no es, ni con mucho, un elemento primordial y característico de su base económica. Estamos entonces en este punto de partida de la combinación de las formaciones económicas de ambos pueblos, frente al encuentro de dos masas distintas de hombres cuyas actividades productivas principales son totalmente diversas y donde, por tanto, su síntesis se hace más complicada y difícil, pero más rica y variada a la vez.

    Así, para los germanos se trata ante todo de asimilarse y desarrollar por cuenta propia la principal y más acabada actividad económica romana: la agricultura. Porque si ellos se han apoderado del Imperio romano y este Imperio vive, principalmente, de los resultados de las faenas agrícolas, lógico resulta que si quieren permanecer en él se adapten a sus condiciones particulares. Por tanto, junto a su regular actividad ganadera y pastoril, tendrán que abocarse ahora también a los trabajos agrícolas. Y más conforme más vaya creciendo su propia población, asentada en los nuevos territorios. Porque si la ganadería permite, sin problemas, un cierto incremento y densidad de la población, es sólo a costa de la ocupación siempre creciente de grandes espacios dedicados al pastoreo. Al llegar al límite de los territorios europeos utilizables para el pastoreo, los germanos se ven obligados a buscar otras fuentes de subsistencia posibles. Y para ello recurren a la agricultura, a la actividad que los romanos les enseñan y transmiten y que los convierte progresivamente en pueblos también eminente-mente agrícolas y claramente campesinos. “Incluso después de su migración a la Galia, los francos continuaron favoreciendo la ganadería sobre la agricultura. Mientras hubo una escasa población en relación con la tierra disponible, no hubo una competencia entre los dos regímenes: los animales estaban en perpetua pastura. Pero con el crecimiento de la población, el cultivo se propagó a expensas de los bosques, pantanos y praderas” (White, 1981:55). Los germanos fueron entonces obligados a aprender, desarrollar y ejecutar la actividad agrícola como su labor económica principal, convirtiéndose poco a poco en campesinos completos, hechos y derechos. Y así, lo que en sus viejos territorios de Germania no era más que una actividad subsidiaria y puramente complementaria, a la que destinaban los pocos siervos con que contaban, se convirtió entonces en su forma productiva fundamental.

    Y con ello se aceleraron varias de las tendencias que hasta ese momento sólo se habían insinuado dentro de la organización social de los germanos. Al volversepueblosagricultores se volvieron pueblos más sedentarios y estables, pues el cultivo de la tierra requiere más permanencia en ella que el simple pastoreo. Y con ello disminuyó también la importancia de la caza como actividad regular, siendo relegada a un segundo término. Pero la caza y el seminomadismo van unidos inseparablemente al espíritu guerrero v a la guerra. Con la decadencia de los primeros se ve minada también la fuerza de la segunda. Y así, “[…] ocupado por los cuidados de una agricultura más estabilizada, el germano común, en la época de las migraciones, que más que guerrero, se convertía, poco a poco, en campesino” (Bloch, 1979: t. 1, p. 175).

    Se convertía pues, poco a poco, en agricultor. Pero no de un modo simple, pasivo y puramente imitativo, sino a través de cambios y modificaciones importantes.

    Veamos:

    Los germanos se volvieron, al contacto con el nuevo Imperio a su cargo, agricultores. Pero no sólo había germanos en las tierras recién conquistadas del mundo mediterráneo, sino también a lo largo de toda la Europa central, y parte oriental, antes pobladas por ellos, en las antiguas tierras de la Germania primitiva. Al extenderse entonces la agricultura como su actividad central, tenía no sólo que ser asimilada por los germanos que ocupaban las antiguas tierras del Imperio, sino desarrollada, difundida y adaptada por los germanos que se habían quedado en casa, en sus antiguas moradas del centro y norte de Europa. Y esto no era tan sencillo como lo es su enunciación, pues no se trataba de trasladar simplemente una actividad de una región dada a otra, muy similar a la primera, sino de empezar por crear las condiciones propicias de su generalización en una región total-mente distinta en cuanto a clima, calidad y condición de los suelos mismos.

    Y para esto, el principal obstáculo a vencer era la estructura específica del instrumento agrícola básico: el arado.[10]

    Porque el arado ligero de surcos, característico de las regiones mediterráneas europeas, era totalmente inadecuado para la región nórdica de Europa. Los suelos ligeros y secos del Mediterráneo, hacían posible el uso de un simple arado de surcos, cuya reja no penetra demasiado la tierra, y al actuar sobre ella no la voltea, sino que simplemente la perfora, marcando el surco en la tierra y dejando intactas las tierras entre surco y surco. Por eso, para prevenir la evaporación indebida de la humedad de la tierra y mantener su fertilidad a través de llevar a la superficie los minera-les del subsuelo, se hace necesario volver a trabajar la tierra ya arada, de un modo transversal a la primera arada, con lo cual el trabajo de arado de un campo se vuelve el doble del que en otras condiciones se requeriría. “Pero esta clase de arado y de cultivo no era del todo apropiado para la mayor parte de Europa del norte, debido a sus veranos húmedos y suelos duros […] Europa del norte tuvo que desarrollar una nueva técnica agrícola y sobre todo un nuevo arado” (White, 1981:42). Tuvo que inventar entonces un nuevo instrumento de producción, un nuevo tipo de arado, para poder aplicarse a la agricultura de una manera generalizada y completa. Y ese nuevo arado es el arado pesado con vertedera y ruedas,[11] instrumento fundamental que constituye el primer resultado esencial de la fusión de los pueblos germánicos y romanos, y el primer gran aporte de la sociedad feudal en formación al desarrollo progresivo de las fuerzas productivas humanas en la historia. El arado pesado con vertedera y ruedas, fruto de las dificultades específicas del clima y los suelos de la Europa septentrional, constituye en realidad el pleno desarrollo del arado, su figura más acabada y completa, hasta antes de la introducción de la ciencia en la agricultura: “[…] en cuanto se hace necesario o conveniente labrar la misma tierra año tras año, se requiere un cultivo de mayor profundidad con el fin de retrasar el agotamiento de los suelos. De ahí el fundamental invento del arado, si bien su pleno desarrollo se produjo cuando el hombre hubo de enfrentarse a los terrenos arcillosos del norte de Europa” (cursivas nuestras, Derry y Williams, 1977:74).

    Este arado pesado, esencialmente diferente de su predecesor mediterráneo, presenta frente a él la figura siguiente:

    Pero para entender por qué este nuevo arado pesado con vertedera y ruedas significa la culminación del desarrollo de este tipo de instrumento agrícola —el instrumento de trabajo central de todas las sociedades precapitalistas basadas en la agricultura— necesitamos observar con detalle cómo funciona, y cuáles son las ventajas que reporta su aplicación. Al respecto, la descripción de Lynn White Jr. es de lo más precisa y transparente: “Contrariamente al arado de surcos, cuya reja cava a través del tepe,[12] arrojándolo a ambos lados, el arado pesado posee tres partes funcionales. La primera es una cuchilla o cuchillo pesado puesto en la punta de la vara del arado y que corta verticalmente la superficie del suelo. La segunda es una reja plana colocada en ángulos rectos de la cuchilla y que corta la tierra horizontalmente a las raíces de la hierba. La tercera es una vertedera diseñada para voltear la tajada de tierra ya sea a la derecha o a la izquierda, dependiendo de cómo es atacada. Es evidente que este arado es una más formidable arma contra el suelo que el arado de surcos” (White, 1981:43).

    Arma más formidable y más compleja que implica diversas ventajas sobre el antiguo arado ligero mediterráneo y que por tanto crea una agricultura mucho más productiva y desarrollada que la agricultura mediterránea clásica. Ventajas que se reflejan tanto en el ahorro de fuerza de trabajo humana, como en la mayor fertilidad de los campos cultivados e incluso en la extensión de tierra susceptible de ser trabajada e incorporada a la producción regular agrícola: para los propósitos de la agricultura del norte de Europa, sus ventajas fueron tres: “Primero, el arado pesado manipulaba los terrones con tal violencia que no era necesario arar transversalmente. Esto ahorraba trabajo al campesino y así incrementaba el área de tierra que él pudiera cultivar. El arado pesado era una máquina agrícola que remplazó con fuerza animal la energía y el tiempo humanos.

    “Segundo, el nuevo arado al eliminar la arada transversal tendía a cambiar la forma de los campos en Europa del norte de casi cuadrados a alargados y estrechos, con una sección transversal-vertical ligeramente redondeada para cada banda de surcos, produciendo efectos saludables para el drenaje en aquel clima húmedo. Estas bandas de surco eran normalmente aradas de derecha a izquierda, resultando con el paso de los años que cada banda se volvía un montículo alargado y bajo que aseguraba un cultivo sobre la cresta incluso en los años más húmedos, y en la depresión o surco durante las estaciones secas.

    “La tercera ventaja del arado pesado derivó de las dos primeras: sin tal arado era difícil explotar las densas, ricas, aluviales tierras bajas que, apropiadamente manejadas, darían al campesino muchos mejores cultivos de los que él pudiera obtener de los suelos suaves de las tierras altas (mesetas) ” (White, 1981:43).

    Así, con la invención y difusión masivas[13] de este nuevo arado, más complejo y perfeccionado, los pueblos germanos habitantes de la Europa del norte no sólo asimilaron la agricultura como actividad económica principal, sino que superaron con creces todo lo transmitido en este nivel por sus predecesores romanos. El primer fruto de la fusión entre romanos y germanos no fue sólo la extensión de la importancia de la actividad agrícola dentro de toda la organización económica, sino también, y en particular en las tierras del norte europeo, la creación de una mejor y muy superior forma de cultivo, más económica en cuanto al trabajo humanorequerido, más intensiva y fértil en cuanto a sus rendimientos, y más amplia y abarcativa en cuanto a los tipos y condiciones de tierra en que podía asentarse.

    Progresos fundamentales que, entre otros factores, explican el cambio del centro de gravedad del desarrollo general de Europa del sur mediterráneo hacia las zonas del norte (cfr. al respecto, White, 1981:77-78).

    Pero los germanos no sólo han desarrollado en esta época la agricultura más productiva y fértil del norte de Europa. También se han hecho cargo de la vieja agricultura mediterránea, ya asentada desde hace largo tiempo en esta región del continente. Y también dentro de ella han introducido importantes modificaciones. “La distribución de las tierras los obliga a plegarse a los usos de la agricultura romana” (Pirenne, 1978:33). Pero no de un modo pasivo y puramente receptivo. Por el contrario. Los germanos que ocupan las tierras del Imperio se adaptan también poco a poco a la mayor preeminencia y papel de la agricultura, pero sólo mediante la introducción de cambios fundamentales en su organización interna y de su enriquecimiento a través de sus propios aportes originales.

    Así, en primer lugar un cuidado y producción sistemáticos del propio ganado, asociados a la misma agricultura. Porque al convertirse en agricultores, los germanos no han abandonado, sin embargo, la importancia atribuida a su antigua actividad ganadera y pastoril, sino al contrario: han integrado, dentro de la nueva agricultura desarrollada y asimilada por su población, el ejercicio sistemático de la actividad ganadera, preocupándose por extender y desarrollar los cultivos y producción del forraje que alimenta a este ganado y generalizando el aprovechamiento regular de los excrementos del mismo, utilizados como abono fundamental de las mismas tierras cultivadas.

    Porque los romanos, aunque han conocido el ganado menor y utilizado a los bueyes como animales de labor, nunca han asumido la producción de ganado como actividad particular y sistemática a la que hay que dedicar una especial atención. Se han contentado con dejar vagabundear a sus escasos animales en los bosques o pastos silvestres, donde el abono natural, por ellos producido, se perdía simplemente. Pero entonces, para obtener ese abono han recurrido a la deforestación, usando la madera quemada de los árboles como fertilizante de la tierra. Y han provocado también el progresivo deterioro de los bosques, destruidos por el propio ganado que de ellos se alimenta. Pero con ello han reducido la posibilidad de extensión del mismo ganado. “Por tanto, la escasez de ganado era una característica de la economía mediterránea, que se veía favorecida por la deforestación cada vez más acusada, producida precisamente por la necesidad de utilizar los bosques como suplemento para alimento del ganado. La falta de ganado implicaba, a su vez, la carencia de abono natural para el suelo […]” (Hodggett, 1974:27).

    Los germanos en cambio, como hemos visto ya, eran pueblos específicamente ganaderos y, por tanto, pueblos versados en el conocimiento de las necesidades y cuidados requeridos para la reproducción regular de los animales. Al establecerse en el Imperio, han conservado incluso en un primer momento su vieja actividad. Y al convertirse en agricultores no han renunciado a ella, sino que la han dotado de una nueva base en la misma agricultura, dedicándose a producir especialmente cereales destinados a la cría y conservación del ganado mismo. Han producido particularmente forrajes para la alimentación de ese ganado, creando un nuevo sistema balanceado y regular de producción tanto agrícola como ganadera, perfectamente combinado y claramente equilibrado. Y con ello han generalizado el uso de la guadaña,[14] segundo instrumento característico de la fusión romano-germánica y nuevo símbolo de la más desarrollada base económica recién creada. “La guadaña es el símbolo de la extensión de esta fusión de la economía pastoril germánica con el cultivo de cereales propio del Mediterráneo. En efecto, aunque entre los romanos ya existía la guadaña, ésta era tan poco utilizada que se ha dudado muchísimo acerca de su posible datación. La guadaña es la herramienta típica para cortar el heno, y, bajo los francos, el uso de las guadañas para cortar el forraje y alimentar al ganado en los establos llegó a ser tan común que Carlomagno intentó cambiar el nombre del mes de julio para denominarlo mes de la siega del heno’ ” (White, 1979: 159).

    Fusión pues de la ganadería y la agricultura que no sólo permitió la producción regular de los distintos tipos de ganado, sino que incrementó también la fertilidad de la agricultura, incrementando el suministro de abonos naturales de una manera uniforme y sistemática. Creación pues de un sistema agrario mucho más rico y completo, que integrando como una de sus partes a la ganadería, era capaz de rendir no sólo mejores y más abundantes cultivos, sino también de proveer de más carne, lácteos, cueros y lana a toda la población. Nuevo sistema balanceado de producción de animales y cereales que explica, en parte, la creciente prosperidad y vitalidad de estos siglos y la sólida base de la futura expansión carolingia (cfr. White, 1981:56).

    Sistema que se basa no solamente en la asimilación de la ganadería dentro de la nueva base económica, sino también en una modificación central de la propia forma de cultivo y producción agrícola: el paso de la rotación bienal de las tierras, a la rotación trienal. Rotación trienal, demandada en parte por la propia necesidad de producción de forraje para el ganado, pero no limitada en su explicación a este requerimiento,[15] sino resultante nuevamente de la fusión general de las formas económicas de la Europa septentrional con las formas mediterráneas romanas.

    La agricultura romana había practicado regularmente las siembras en otoño para cosechar y producir sus cultivos a fines de la primavera o principios del verano siguientes. Bajo el clásico sistema de rotación bienal, la tierra de labor se dividía regularmente en dos partes, una de las cuales era trabajada y sembrada, mientras la otra se removía, araba y limpiaba para ser dejada en barbecho durante el mismo lapso de cultivo de la primera. Al año siguiente intercambiaban sus papeles, dejando en barbecho la parte recién cosechada, y poniendo en uso la que hasta ese momento había estado en “reposo”. Con ello, la agricultura mediterránea no producía más que una cosecha al año, haciendo producir sólo el 50% de toda la tierra trabajada.

    Por su parte, en las tierras del mar Báltico se había desarrollado una agricultura primitiva, limitada exclusivamente a las siembras de primavera, las que eran cosechadas en el verano siguiente al de su siembra. Aquí no se conocían ni practicaban los cultivos de invierno, lo mismo que en el sur de Europa, eran poco aplicados estos cultivos de verano.

    Es pues muy posible que los germanos apoderados del Imperio hayan transmitido estos cultivos de verano a la agricultura mediterránea y, uniéndolos con los cultivos de invierno allí habituales, hayan creado un nuevo sistema de rotación de cultivos, más productivo, más frecuente en sus rendimientos y basado en un mayor aprovechamiento de la tierra arada en cada ciclo agrícola. “Así como el teutón y el latino comenzaron a fusionar sus talentos en la construcción de una nueva cultura, al mismo tiempo la primavera del mar del norte Báltico se matrimoniaba a la plantación del otoño mediterráneo para crear un nuevo sistema agrícola más productivo que sus dos progenitores (White, 1981.:71).

    El vástago de este matrimonio era precisamente el sistema de rotación trienal de cultivos, sistema que a partir de la simple fusión o síntesis de ambos predecesores lograba constituirse como una forma más progresiva y completa de aprovechamiento de los frutos de la tierra y como una más racional explotación o uso de la misma. Ahora bien: ¿Cómo funcionaba el sistema de tres campos en comparación con el antiguo sistema mediterráneo de la rotación de dos campos? [… ]En el plan de dos campos, alrededor de la mitad de la tierra era sembrada con grano invernal, en tanto que la otra mitad era dejada en barbecho. Al siguiente año los dos campos simplemente intercambiaban sus funciones.

    “En el plan de los tres campos la arada era dividida en tercios semejantes. Una sección era sembrada en otoño con trigo invernal o centeno. A la siguiente primavera el segundo campo era sembrado con avena, cebada, chícharo, garbanzo, lenteja, haba. El tercer campo era dejado en barbecho. Al siguiente año el primer campo era sembrado con los cultivos de verano; el segundo quedaba en barbecho, el tercero era sembrado con granos invernales (White, 1981:71).

    Este sistema se ilustra claramente con el siguiente esquema:

    Con este cultivo, y a través de complejas relaciones (que Lynn White Jr. [1981:71-72] explica pormenorizadamente) el área que un campesino podía poner en cultivo, sin incrementar para nada los antiguos limites de su tierra, era un octavo mayor que antes, pero su productividad agrícola se veía en cambio acrecentada en un 50%. Además podía ahora distribuir el trabajo de la arada, la siembra y la cosecha de una manera más equitativa a lo largo de todo el año, superando la antigua alternancia de fuertes épocas de trabajo y de relativa inactividad características del sistema bienal. Con ello incrementaba la propia eficiencia de su fuerza de trabajo, a la que utilizaba también de un modo más uniforme y racional.

    Y a la que también tenía ahora más protegida de los riesgos del hambre y la mala nutrición, pues con la mayor abundancia de tipos de cultivo, había mejorado notablemente la reproducción energética y física de toda la población, y se hallaba menos sujeta que antes a las vicisitudes de un mal tiempo o una mala cosecha.

    Por último, con ello apuntalaba la producción ganadera como una producción regular, al asegurarse el suministro necesario de forraje e insumos diversos para la reproducción de los distintos tipos de ganado. Y en particular, a partir de los tiempos carolingios, de la reproducción del caballo, que poco a poco irá demostrando su superioridad como animal de tiro en la agricultura e irá desplazando al buey dentro de esta esfera de la producción. Pero eso sólo en la etapa posterior a la época que ahora examinamos, al desarrollarse de lleno la primera edad feudal.

    La rotación trienal fue, entonces, con todas estas ventajas concomitan-tes, el tercer gran progreso fundamental resultante de la combinación germana y romana, la tercera conquista principal alcanzada por la nueva Europa en el proceso de constitución de una nueva base económica propia y más desarrollada. Base económica que, retomando los más importantes rasgos del sistema de producción germano y de la forma económica romana, se va conformando poco a poco como un nuevo modo de producción específico y original, que se asienta cada vez más como el soporte material central de toda la nueva sociedad feudal en gestación y como el punto de partida de toda la evolución histórica ulterior. “De la fusión de estos dos sistemas de producción nació finalmente el que caracteriza al occidente medieval, y la fusión fue sin duda más precoz y más rápidamente fecunda en las regiones en las que se daba un contacto más estrecho entre ambas civilizaciones: en el corazón de la Galia franca […]” (Duby, 1979:31) .

    Fusión precoz y fecunda que, sintéticamente, podemos resumir en la gráfica siguiente:

    Uno de los resultados esenciales de la combinación y mixtura de los pueblos es entonces el de desencadenar esta serie de progresos tecnológicos fundamentales, que vienen a constituir parte de las nuevas fuerzas productivas materiales de la naciente sociedad en proceso de gestación. Con el arado pesado, la guadaña y el sistema combinado de ganadería sistemática y agricultura, la sociedad merovingia se crea una plataforma productiva mucho más desarrollada y compleja que la de sus dos predecesoras in-mediatas.

    En este sentido, lo que el período carolingio culmina y aporta, constituye una profundización y perfeccionamiento de esa nueva base productiva, la que no sólo es difundida y consolidada en toda Europa occidental, sino también enriquecida y puesta a punto por nuevos e importantes des-cubrimientos y avances específicos.

    Bajo los carolingios no sólo se extienden y afirman las conquistas básicas ya alcanzadas durante el proceso mismo de transición (tales como el arado pesado y la producción sistemática de ganado mayor) sino que se enriquecen con nuevos elementos (como la herradura, el arnés moderno, el estribo o el molino de agua) que completan el equipo tecnológico sobre el cual se apoyará toda la evolución histórica posterior y en particular la primera edad feudal. Equipo tecnológico renovado que además de acrecentar nuevamente la productividad de la agricultura, introduciendo en ella a un nuevo animal de tiro, modifica también las posibilidades del transporte, las fuentes de energía tradicionales, y hasta las formas mismas de la organización militar.-

    Veamos esto con más detalle.

    Hemos visto ya la importancia y significación profundas de la invención del sistema de rotación trienal de cultivos. A partir de este sistema se hace posible la producción sistemática del alimento para el ganado, la producción de forraje en gran escala para la manutención sin problemas de los animales. Vimos también que el cultivo principal que se utilizaba para estos fines era el cultivo del heno, la planta con la que se alimenta preferentemente a los bueyes. De aquí el uso y difusión de la guadaña, ya señalado también. Pero junto al heno, el otro gran cultivo que puede ser producido intercalándose con el trigo y el centeno, y que puede también ser destinado a la alimentación del ganado, es el cultivo de la avena.

    La avena es el alimento fundamental del caballo, así como los pastos y el heno lo son del buey. Pero el caballo es un animal de tiro mucho más rápido, resistente y potente que el buey. Por tanto, es una fuerza de tracción, de rastreado y de arada mucho más eficiente que su competidor bovino. ¿Por qué entonces no había sido utilizado dentro de la agricultura antes de esta época? Por la sencilla razón de que no existían aún las condiciones necesarias mínimas para dicha utilización. Y esas condiciones materiales mínimas son principalmente tres: en primer lugar, un suministro regular y abundante de avena, el mejor alimento del ganado caballar; en segundo lugar, la invención de la herradura con clavos para los cascos del animal y por último el nuevo arnés o collera almohadilla que cambia el punto de apoyo de tiro y lo traslada del cuello hacia los hombros del caballo. Sin estas tres condiciones, el caballo no se halla en posición de competir con el buey como animal de trabajo dentro de las faenas agrícolas. Pero en cambio, en presencia de estos tres elementos, el caballo supera fácilmente y con creces a su antiguo vencedor. Veamos por qué.

    La primera condición señalada alude simplemente a la posibilidad misma de existencia de una cría del caballo en gran escala. Sólo a partir de una producción regular e importante de avena es que se hace posible contar con un número creciente de caballos y plantearse su mayor utilización, no sólo para la agricultura, sino también para la guerra y el transporte. Y esta condición se satisface precisamente sobre la base del desarrollo y consolidación del ya explicado sistema de rotación trienal de los cultivos[16].

    La segunda gran condición consiste en la invención de la herradura con clavos para los cascos de los caballos. Mientras que en general el caballo es sin duda más resistente para la actividad que el buey, en particular sus cascos son mucho más débiles que los de este último animal. En condiciones de terrenos difíciles, los cascos de los equinos se rompen con mucha más frecuencia que los de los bueyes, a lo que se agrega que en condiciones de humedad, dichos cascos se ablandan, se desgastan más rápidamente y se echan a perder progresivamente con mucha facilidad. Un animal con los cascos dañados o destruidos no sirve prácticamente para nada. Por eso, puestos a elegir, los antiguos campesinos y comerciantes tendían a escoger con predominancia al buey para las diversas tareas de la agricultura y el transporte. El “talón de Aquiles” del caballo, que eran sus débiles cascos, lo hacía poco ventajoso dentro de estos campos.

    Pero con el descubrimiento de la herradura con clavos el caballo superó esta especial deficiencia frente a su competidor. Ahora, el caballo herrado podía llevar a cabo más grandes recorridos, en condiciones difíciles de terreno y/o de humedad, sin correr el riesgo de inutilizarse. Las largas marchas, a un ritmo más veloz y en períodos más prolongados, se hicieron ahora posibles con un más alto grado de seguridad y rendimiento. Y esto permitió entonces introducir o extender el uso del caballo tanto a la agricultura, como al transporte y a la guerra. Porque con su herradura de clavos, el caballo podía lo mismo resistir una jornada entera de marcha forzada hacia el lugar de los combates, que aguantar el trabajo de arado en un campo abrupto, irregular y de clima húmedo, o jalar una carreta cualquiera con una carga importante, por las difíciles rutas y caminos del norte de Europa. Podía entonces cumplir con las distintas necesidades militares, agrícolas o de transporte de los hombres medievales, proporcionándoles una mayor velocidad, resistencia, seguridad y rendimiento que en las etapas anteriores.

    Pero esto solamente en conjunción con otros descubrimientos complementarios. Porque un caballo bien alimentado y con buenas herraduras en sus cascos no es aún un animal de tiro superior al buey. Si de lo que se trata es de hacer que el caballo tire del arado —o en su caso de la carreta— durante un tiempo prolongado, no es suficiente el tener asegurada la fortaleza de sus patas o su potencia y energía en general. También es necesario contar con un mecanismo de enganche adecuado, que permita al animal ejercer el máximo de su poder del modo más racional posible.

    Y esto es precisamente lo que se alcanza con la tercera condición mencionada, la invención del nuevo arnés con collera almohadillada, que cambia el punto de apoyo del tiro y hace posible entonces aumentar la fuerza y el rendimiento del caballo en la agricultura y el transporte. Veamos de que manera.[17]

    El antiguo arnés, ideado originalmente para enganchar al buey al timón del arado, es un arnés que coloca el punto de apoyo del tiro en el cuello del animal. Pero si bien el cuello del buey es lo suficientemente corto y grueso como para que dicho arnés le sea perfectamente adecuado, el largo y diferente cuello del caballo no se adapta tan fácilmente a estas mismas condiciones. Porque el punto de apoyo del tiro es el punto a partir del cual el animal ejerce toda la fuerza de tracción y arrastre de la que es capaz.

    Y mientras que el buey, usando ese arnés antiguo o arnés de yugo, puede fácilmente jalar el timón del arado o de la carreta sin causarse daño alguno, y aplicando toda su potencia, el caballo en cambio sufre al comenzar a moverse, pues la correa aplicada a su cuello —y que a veces se complementa con otra que rodea su vientre— comienza a ejercer presión sobre el mismo, apretando su vena yugular y su tráquea, y provocando una aguda sensación de asfixia y una interrupción de la circulación normal de la sangre a la cabeza.

    Con ello es evidente que tanto la fuerza como el rendimiento del caballo se ven claramente disminuidos. Y por eso, al utilizar indistintamente el arnés de yugo para el buey o para el caballo, tenía que resultar obvio para los campesinos de la antigüedad la superioridad del primero sobre el segundo.

    Así, fue sólo hasta la invención del nuevo arnés, específicamente diseñado para la anatomía y peculiaridades del caballo, que se hizo posible descubrir todas las potencialidades y ventajas de este animal, y los mayores beneficios de su uso en la agricultura y el transporte. Porque el nuevo arnés, dotado ahora de una collera rígida y almohadillada, hacía descansar el nuevo punto de apoyo, ya no en el cuello del caballo, sino en sus resistentes omóplatos, en sus hombros, con lo que desaparecían los inconvenientes anteriores. Con este arnés moderno no sólo se eliminaba la sensación de asfixia del caballo, sino que la circulación sanguínea y la libre respiración de la bestia se volvían completamente normales. La gráfica siguiente muestra claramente las diferencias explicadas y las implicaciones señaladas de un tipo y otro de arneses:

    Como se ve, con el nuevo arnés el caballo podía por fin contribuir con toda su fuerza al tiro al que estaba enjaezado, desempeñándose además sin fatigas adicionales ni limitaciones extraordinarias, y compitiendo finalmente en igualdad de circunstancias con su equivalente bovino.

    Competencia que en estas condiciones colocó las cosas en una nueva dimensión, e invirtió la tradicional elección de los campesinos, inclinándola ahora en favor del caballo. Porque un caballo enganchado con el nuevo arnés de collera rígida y almohadillada demostró ser capaz de mover una carga cuatro o cinco veces mayor que un caballo enjaezado con arnés de

    yugo. Y no sólo movía una carga más pesada que antes, sino que la movía sin fatigarse en el mismo grado que anteriormente. Por tanto, era claro que el caballo podía ahora acometer, con nuevas posibilidades, la realización de las faenas agrícolas antes ejecutadas por el buey.

    Y esto fue lo que sucedió. El buey comenzó a ser sustituido por el caballo como animal de tiro dentro de la agricultura. Porque una vez armado con la herradura de clavos y el arnés moderno de collera almohadillada, el ganado equino pudo mostrar sus grandes ventajas y sus más altas potencialidades respecto de su similar bovino. A partir de estos inventos, el caballo demostró ser capaz de un desplazamiento que era 50% más rápido que el buey, con lo que el trabajo de arado se hacía una vez y media más veloz que antes y podía en consecuencia cumplirse en menos tiempo. Esto hacía posible disponer de más tiempo libre a los productores, o si lo deseaban y podían, incrementar la extensión de tierra cultivable en cada ciclo agrícola, trocando ese tiempo libre por una mayor producción bruta.

    Mayor producción o riqueza cuantitativa incrementada que también crecía por el alargamiento de la jornada cotidiana de trabajo. Porque el caballo no sólo ejecutaba más velozmente sus tareas agrícolas, sino que resistía diariamente un mayor tiempo de ejecución de las mismas. La antigua jornada realizada con bueyes podía ahora aumentarse en una o hasta dos horas diarias al ser realizada con caballos, sin perjudicar en lo más mínimo a dichos animales. Por tanto, el campesino tenía nuevamente la opción abierta: o aumentar el espacio cultivado —si esto era posible a partir de las tierras disponibles— al contar con una jornada ejecutada más rápidamente y de mayor duración, o en el otro caso, cumplir en menos tiempo sus antiguas labores de arado y siembra en su mismo terreno de siempre, liberándose así tiempo para otras actividades o simplemente para el descanso.

    Y lo que en condiciones normales era ya de por sí ventajoso, lo era aún más tratándose del relativamente difícil clima de Europa del norte. Hemos visto ya cómo las tierras del norte de Europa eran tierras mucho más ricas y fértiles para la agricultura que los espacios mediterráneos. Pero hemos visto que esta mayor fertilidad se contrapesaba también con un tipo de suelos más difíciles de arar (lo que propició el invento y difusión del arado pesado con vertedera y ruedas), y con un clima más húmedo y lluvioso, de cambios más bruscos y caprichosos que el clima seco, mediterráneo. Por tanto, un trabajo de arada más veloz y más duradero en cada jornada, permitía a los campesinos aprovechar mucho más los momentos favorables del clima, sacando el mayor provecho posible de las condiciones climáticas, en las situaciones en que éstas eran más propicias para ellos. Como señala Lynn White Jr: “Esta más grande velocidad y poder de resistencia del caballo es particularmente importante en el cambiante clima de Europa del norte, donde el éxito de una cosecha puede depender de un trabajo de arada y de siembra realizado bajo circunstancias favorables. Asimismo, la velocidad del caballo facilita en gran medida el rastreado, que es mucho más importante en el norte que en las cercanías del Mediterráneo donde el trabajo de arada en cruz deshace suficientemente bien los terrones (White, 1981:62). Por eso, con las ventajas que el uso del caballo implicaba, se hacía posible una más oportuna intervención de los campesinos dentro del ciclo agrícola, en las particulares condiciones de Europa septentrional.

    Con todo esto, es claro el hecho de que los campesinos tenderían cada vez más a introducir al caballo en su agricultura, en sustitución de los antiguos bueyes. Porque al contar con este nuevo animal de tiro dentro de esta esfera específica, podrían desarrollar varias de sus labores principales —fundamentalmente la arada, pero también el rastreado[18] o el simple acarreo de los cereales ya segados en el momento de la cosecha—de un modo mucho más veloz, en jornadas de trabajo más prolongadas y en forma más ágil, amplia y oportuna que antes. Podían pues explotar y aprovechar las grandes ventajas de la nueva figura de existencia de la energía animal que el caballo representaba.[19]

    Pero como ya hemos señalado, no sólo la agricultura se beneficia con la invención de la herradura con clavos y el nuevo arnés de collera rígida. También el transporte comenzó a ser efectuado cada vez más con caballos, que ahora movían no solamente el arado y la rastra, sino también las carretas de todo tipo.

    Y dado que el transporte, lo mismo que el trabajo de arada, era ahora más veloz, podía incrementar entonces su radio de acción. En el mismo tiempo se llegaba más lejos, lo que hacía posible incorporar a los circuitos comerciales y al mercado todo un conjunto de productos nuevos, antes demasiado alejados de las rutas de comunicación. Así, cuando las condiciones económicas permitieron volver a activar los intercambios comerciales –lo que en términos generales se dio solamente hasta la segunda edad feudal—, esta reactivación tuvo un apoyo importante en el uso del caballo, introducido siglos antes, como nuevo animal de tiro de los transportes.

    Y no sólo el transporte de las mercancías se convirtió en virtualmente más ágil y extenso, sino también el movimiento y desplazamiento de los propios hombres. La mayor velocidad y baratura de los transportes permitía a los campesinos alejarse un poco más del lugar en que se hallaban sus propias tierras de cultivo. Pero ¿para qué quería el campesino alejarse de estas tierras? Para acercarse más a otros hombres y convivir con ellos. Las pequeñas aglomeraciones de aldeas y pueblos enanos, que se asentaban en el centro de los terrenos de labor y muy cerca de ellos, pudieron ahora concentrarse y crecer de tamaño. En vez de 30 familias campesinas unidas en un reducido caserío, podían ahora constituirse pueblos de 500 familias, que aunque más alejadas de su espacio de trabajo, vivían en cambio una vida social más rica e intensa.

    Así, con un transporte más rápido y barato que antes, al campesino no le preocupaba demasiado estar un poco más retirado de sus campos, siempre y cuando obtuviera a cambio un flujo de intercambios humanos mucho más desarrollado y complejo. Como dice Lynn White Jr.: “En una aldea grande de doscientas o trescientas familias no sólo habría una mejor defensa en las emergencias, sino también una taberna, una bella iglesia grande, tal vez una escuela conducida por el cura en la cual los niños podrían aprender sus primeras letras, y seguramente más pretendientes para sus hijas, y ya no solamente buhoneros con sus cargamentos sino comerciantes con carretas y noticias de partes distantes (White, 1981:67). Habrá pues una vida más “urbana”, y con ello, más desarrollada y progresiva en cuanto a los elementos y determinaciones sociales de la propia vida de los hombres.

    Y si bien esta concentración y mayor desarrollo de las aglomeraciones urbanas medievales sólo se dará hacia la segunda edad feudal, resulta interesante constatar que este proceso tendrá uno de sus soportes importantes en esta agilización y perfeccionamiento del transporte, derivados de la introducción en gran escala del caballo como nueva fuerza motriz de esta actividad.[20]

    La combinación de la herradura de clavos con el nuevo arnés de collera almohadillada provocó, como vemos, cambios muy importantes en la agricultura y el transporte. Dichos cambios aumentaron la productividad y el rendimiento de los esfuerzos humanos en dos campos directamente vinculados a la economía de los hombres. Era pues un progreso importante de las potencias o fuerzas productivas humanas.

    Progreso que se refería sobre todo a la explotación y aprovechamiento de una nueva forma de energía animal, mayor en cantidad y en duración; más intensa o condensada en los momentos críticos de la producción, más económica en cuanto a su obtención y más veloz y segura en su utilización.

    Pero el mundo medieval no conoció sólo este cambio, en lo que corresponde a las formas de energía empleadas. Junto al uso generalizado de los caballos, se desarrolló también una nueva forma de aprovechamiento de las fuentes energéticas naturales inanimadas: el uso de las corrientes de agua a través de los molinos hidráulicos.

    Los molinos de agua, perfeccionados y extendidos a todo el espacio europeo a partir de los tiempos carolingios,[21] y durante toda la etapa feudal, son precisamente otro de los más importantes progresos tecnológicos realizados en el proceso de construcción y redondeamiento de las nuevas fuerzas productivas que estamos analizando. Con su adopción y difusión en escala social el período carolingio puso la última piedra principal de los cimientos materiales y tecnológicos sobre los cuales se ha edificado toda la vasta construcción feudal. Veamos cuál ha sido su importancia.[22]

    El molino de agua ha sido inventado desde la antigüedad clásica, aunque su verdadero uso y construcción masiva sólo corresponde de hecho a la

    Edad Media. No es necesario, en efecto, engañarse: invención antigua, el molino de agua es medieval desde el punto de vista de su efectiva difusión” (Bloch, 1974:83). Porque como sabemos, la sociedad de la antigüedad greco-latina era una sociedad que en el momento de su mayor expansión y desarrollo económico —en la’ etapa del Imperio romano tardío— se encontró apoyada en la esclavitud. Y la baratura del esclavo fue tan grande, y la lógica de “desarrollar la productividad y el rendimiento del trabajo” ante todo fue tan suficientemente marginal, que se bloqueó de hecho la aplicación y explotación de una gran parte de los descubrimientos y avances tecnológicos, entre ellos el molino hidráulico.[23]

    Por eso, aunque tanto los griegos como los romanos conocieron dos tipos específicos del molino de agua, no llegaron a utilizarlos más que de un modo escaso y esporádico. Prefirieron seguir utilizando la energía humana esclava, tan abundante y tan poco apreciada por ellos en esta época, que sustituirla por la energía natural recién controlada. Se limitaron a explotar su invento sólo en casos excepcionales, heredando su verdadero aprovechamiento productivo a las sociedades posteriores que habrían de sucederles.[24]

    Herencia cuya importancia histórico-universal radica en el hecho de que representa, como principio conquistado, la primera figura material de la maquinaria en la historia, la primera forma concreta de aparición de un instrumento de trabajo que ya no se limita a servir de auxiliar o complemento de la acción humana —que no hace pues las veces de herramienta—, sino que sustituye las potencias del trabajador por su propio movimiento, liberando al hombre de sus antiguos esfuerzos y ejecución. Como dice Marx: “Con el molino hidráulico, el Imperio romano nos había legado la forma elemental de toda maquinaria” (Marx, 1981: t. 1, vol. 2, p. 424). Y con ello nos había legado no sólo el elemento (la maquinaria) sino también el conjunto de principios mecánicos y la lógica del desarrollo tecnológico de los últimos diez siglos hasta la actualidad. Desde la última etapa de la Edad Media y hasta nuestros días, el sentido que ha tenido el desarrollo de las fuerzas productivas materiales no ha sido otro que el de reducir el papel y la importancia del factor humano dentro del trabajo, para sustituirlo con las diversas máquinas y mecanismos inanimados que tan explosiva difusión tienen hoy en día. Con la maquinaria, el hombre puede ser reducido a la mera función de supervisor y vigilante del acto laboral, el que entonces se convierte en un proceso cuasi-objetivo y otorga al hombre el tiempo libre necesario para su verdadero desarrollo social. La maquinaria es, pues, la condición objetiva primera para la verdadera liberación de los hombres respecto de la actividad del trabajo. Y la primera maquinaria que el hombre ha inventado en la historia es precisa-mente el molino movido por agua. Veamos entonces más de cerca, lo que entraña la aparición de este invento, y sobre todo el uso que la sociedad medieval ha hecho del mismo.

    La antigüedad había conocido dos formas fundamentales del molino de agua: el molino llamado de tipo “griego o escandinavo”, a partir de su supuesta invención casi simultánea en el Asia menor y en Jutlandia, alrededor del siglo I a. C., y el molino de tipo “romano” descrito por Vitruvio en la época del Imperio romano, en el siglo I d. C. (Cfr. sobre este punto, los extractos de Marx [1984:88] a la obra de Poppe).

    El molino de tipo griego era un mecanismo cuya rueda hidráulica se hallaba colocada en forma horizontal, totalmente sumergida en el agua, y que a través de un eje simple y fijo, sin engranes de ningún tipo, transmitía directamente su movimiento a la muela o piedra de moler. Con su aparición se había conquistado, ya, el primer modo eficaz de sustituir en lo esencial la fuerza y destreza humanas por el movimiento mecánico y la acción impulsora de los elementos objetivos, dando paso al desarrollo de la maquinaria dentro del proceso de trabajo humano.

    Y aunque muy imperfecta en su diseño y muy limitada en sus posibilidades, esta primera figura de la maquinaria significaba, como hemos dicho, toda una nueva línea de evolución del progreso de las fuerzas productivas materiales, y un hito fundamental en el proceso de “formación de la base económica de la sociedad”. Porque a pesar de su simplicidad y de su no muy amplia aplicación, este tipo de molino presentaba ya las partes funcionales básicas de toda maquinaria y el uso de fuerzas motrices nuevas para su propio movimiento. Veamos esto más de cerca.

    El molino de tipo griego o escandinavo era ya un mecanismo movido por las corrientes de agua, esto es, por una fuerza natural inanimada —no humana ni animal— que haciendo las veces de energía motriz impulsora, producía un movimiento mecánico que hacía funcionar al instrumento de trabajo y permitía obtener el producto deseado. Con ello se había obtenido una forma de energía completamente mecánica, no sujeta a las vicisitudes y problemas de los animales, donde la “voluntad” y posibilidad de movimiento libre” de las bestias funciona como obstáculo y fuente de errores permanente. Y además era una fuente de energía gratuita, que no implicaba los costos de reproducción de sí misma, como en el caso del ganado. Por eso dice Marx (1980b:78), “En todo caso, es evidente que la utilización de la fuerza del agua para poner en movimiento un mecanismo tenía gran importancia como principio particular. Importancia que estriba en el hecho de aprovechar las fuerzas de la naturaleza en cuanto tal, para mover las máquinas y mecanismos diversos de la producción, perfeccionando la forma del movimiento producido y reduciendo las fallas e imperfecciones de las modalidades anteriores del mismo. Creando pues la primera forma de explotación productiva de una fuerza natural mecánica que pone en funcionamiento el mecanismo motor de la nueva maquinaria recién inventada.

    Porque como hemos ya dicho, y como señala también Marx (1980b: 80-81), “El molino […] puede considerarse el primer instrumento de trabajo al que se aplica el principio de la máquina”, convirtiéndolo así en la primera figura concreta de la maquinaria. Figura que, en cuanto tal, presenta ya de modo rudimentario y basto, las tres partes funcionales básicas de toda maquinaria: el mecanismo motor —aquí representado por la rueda hidráulica horizontal—, el mecanismo de transmisión —que está constituido por el eje fijo y simple que une a la rueda con la muela— y la máquina-herramienta o máquina de trabajo —que aquí es simple y fundamentalmente la piedra de moler o muela (Cfr. al respecto Marx, 1981: t. I, vol. 2, p. 463-464). Estas partes funcionales se pueden entender con mucho más claridad si se observan las gráficas que se presentan en la página siguiente.

    Este molino de tipo griego o escandinavo es, pues, la primera forma de la maquinaria hidráulica legada por la antigüedad. De fácil construcción y uso, que no requería especialización alguna, y de costo relativamente bajo, el molino griego alcanzó una cierta difusión importante en el período de los reinos merovingios que hemos mencionado antes. Pero esta difusión, aunque de cierta amplitud, nunca fue comparable con la que logró el molino de tipo romano, que en el período siguiente acabó por desplazar a su antecesor griego o escandinavo, apoderándose de todo el territorio de Europa occidental.

    Porque a pesar de su significación histórico-general ya desarrollada, el molino griego presentaba una serie de limitaciones, debidas a la simplicidad rústica de su diseño. En primer lugar, el hecho de que su velocidad dependía directamente de la velocidad de la corriente del agua que lo movía, variando con ella de modo inmediato y proporcional. Porque al ser el mecanismo de transmisión un eje simple y fijo, la velocidad del movimiento de la muela era siempre la misma que la velocidad de la rueda hidráulica. Y esta última variaba conforme la intensidad y magnitud del caudal del río dentro del cual se hallaba inmersa.

    Pero los ríos del sur de Europa son ríos cuyo flujo hidráulico es particularmente irregular, alternando la magnitud de sus movimientos caudalosos y sus velocidades de un modo frecuente: “La irregularidad del reflujo propia del curso del agua de este clima no parece de hecho predestinarla a la función de fuerza motriz” (Bloch, 1974:77).[25]  Función que al ser desarrollada a pesar de todo por el molino griego, acrecentaba el inconveniente señalado de su rigidez en cuanto a la transmisión y control del movimiento.

    Junto a esto, el molino de tipo griego poseía el inconveniente de que no permitía aprovechar toda la energía desplegada por el agua en movimiento. Al hallarse el mecanismo motor o rueda hidráulica completamente sumergida dentro de la corriente, una parte de la energía se desperdiciaba en vencer la resistencia que la propia corriente ejercía al movimiento de la rueda. Y aunque el punto de fuga de las aspas impulsaba y permitía el movimiento giratorio de la rueda en uno de los sentidos, gastaba sin embargo parte de la fuerza del río sin beneficio alguno?[26]

    Por último, el modo de funcionar de este molino implicaba que los desperfectos en la rueda hidráulica horizontal o en el eje fueran más frecuentes que en el caso del molino romano, y además más difíciles de solventar. Para reparar una rueda averiada había que desmontarla completamente y sacarla a la superficie, del mismo modo que para componer el eje habría muchas veces que desarmar casi todo el molino. La conexión tan directa y rígida de todas las partes de este molino complicaba en mayor medida su adecuado mantenimiento. Era evidente, a partir de las limitaciones señaladas del molino escandinavo o griego que “[…] en los tiempos en que se construyeron los primeros molinos de agua no se preocupaba nadie de si era más provechoso dirigir el agua con más exactitud o construir las ruedas más eficazmente” (Marx, 1984:91).

    Estas imperfecciones del molino griego o escandinavo fueron superadas en el molino de tipo “romano”, mecanismo más complejo que el primero, y con posibilidades de aplicación y explotación mucho más grandes. El molino romano es la segunda modalidad o figura de la maquinaria que la antigüedad heredó al mundo feudal, y la forma que comenzó a extenderse de un modo mucho más amplio en Europa, a partir de los tiempos carolingios en adelante.

    A diferencia de su predecesor, este molino posee una rueda hidráulica colocada verticalmente, rueda que recibe el impacto de la corriente del agua desde abajo o desde arriba, y que a través de un juego de diversos engranes, transforma ese movimiento en movimiento horizontal transmitiéndolo entonces a la muela o piedra de moler. Estas diferencias se ilustran claramente en los siguientes dibujos:

    Han cambiando entonces tanto la posición espacial del mecanismo motor, como el carácter del mecanismo de transmisión. Y con ello se han suprimido los inconvenientes de la anterior forma del molino hidráulico. Porque con la rueda hidráulica vertical sólo la parte del mecanismo motor que recibe el impacto e impulso de la corriente se halla en contacto con el caudal del río, eliminando así el efecto de resistencia que la propia agua imponía antes al giro de la rueda. Y dado que la resistencia del aire es notoriamente inferior a la del agua en movimiento, el aprovechamiento de la energía hidráulica es también claramente superior. E incluso, en el caso de que la rueda hidráulica reciba la corriente desde arriba, se agrega al impulso del agua en movimiento la fuerza de la gravedad obtenida por la caída del agua sobre la rueda, multiplicándose así, la fuerza motriz aprovechada por este nuevo tipo de mecanismo.

    Junto a esto, el hecho de que la transmisión de esa energía se realice ahora a través de varias ruedas dentadas o engranajes, hace posible regular la velocidad del movimiento de la muela, obteniendo un funciona-miento uniforme y más controlado de la máquina-herramienta o máquina de trabajo. Porque a partir del juego de engranes no sólo se consigue convertir un movimiento vertical en horizontal, sino también graduar a voluntad la rapidez de ese movimiento, en base al diámetro y medida de la circunferencia de las ruedas dentadas utilizadas en dicho juego. Con ello, la irregularidad de las corrientes de los ríos que desembocan en el Mediterráneo es controlada y rebasada como barrera al uso de la energía mecánica hidráulic recién conquistada. Además, con el nuevo mecanismo de engranajes y con la rueda hidráulica vertical, desaparece la rigidez y la interconexión inmediata de todas las piezas del molino, con lo cual su reparación y mantenimiento se simplifican en gran medida. Ahora es más fácil y práctico componer las averías de cualquiera de las partes del mecanismo general, que se han vuelto más flexibles e independientes.

    Por lo tanto, el molino de tipo romano no es sólo funcionalmente superior al de tipo griego o escandinavo, sino que representa también una figura más compleja y desarrollada de la propia maquinaria. A las diversas ventajas ya señaladas del molino griego, el molino romano suma el hecho de que constituye todo un sistema completo de movimiento mecánico, que lleva implícitos varios de los principios centrales y generales del desarrollo de toda maquinaria ulteriormente desarrollada. Como afirma Marx (1980b: 81): “Con la construcción del molino de agua se realizó de hecho un principio mecánico (el empleo de la fuerza motriz mecánica y su transformación mediante aparatos mecánicos) porque la rueda sobre la que cae el agua y el eje que transmite el movimiento a la muela, a través de un sistema de ruedas dentadas y de engranes, constituían un sistema completo de movimiento mecánico”.

    Sistema completo de movimiento mecánico o primera figura histórico-universal de la maquinaria —en su segunda modalidad— que se mueve prácticamente por sí mismo, y donde el hombre sólo tiene la función de “alimentación de la maquinaria y supervisión o auxilio esporádico de su movimiento regular y adecuado. Mecanismo maquiniforme que, además de desarrollar por vez primera las partes funcionales básicas de toda maquinaria, implica también la aplicación de principios esenciales característicos del diseño de dicha maquinaria, tales como el principio de conversión de un tipo de movimiento en otro, y el de regulación de la velocidad de ese mismo movimiento para diversos fines. Elementos y principios de la construcción de máquinas, presentes en estos primeros molinos de agua, que permiten afirmar a Marx que “Desde este punto de vista se puede estudiar, por lo tanto, la historia de la mecánica precisamente sobre la historia del molino” (Marx, 1980b:81) [27]

    He aquí las principales implicaciones de la generalización de los molinos de agua a partir de los tiempos carolingios.[28] Con la difusión y reasimilación de estos molinos, legados por la antigüedad, se completa prácticamente el equipo tecnológico básico de las fuerzas productivas materiales desarrolladas y/o actualizadas por el movimiento de transición de la antigüedad clásica al feudalismo. Con la única excepción importante de los molinos de viento, la sociedad feudal habrá de apoyar su desarrollo económico y sus distintas relaciones sociales, jurídicas y políticas, en el conjunto de nuevas fuerzas productivas hasta aquí reseñado. Y si como dice Marx, toda economía se reduce a ser economía de tiempo libre para los hombres, entonces el progreso “económico, así interpretado, desarrollado a partir de todo este conjunto de nuevas e importantes fuerzas productivas materiales y de su específica utilización, debe medirse aquí con parámetros de largo alcance. La profunda potenciación y el avance cualitativo tan importante de los poderes humanos frente a la naturaleza, generado como aspecto técnico-real del proceso de producción correspondiente al feudalismo, es lo que explica el hecho de que el modo de producción feudal represente un modo de producción superior al modo antiguo-clásico —incluida su descomposición bajo las formas de producción esclavistas— y un escalón más alto dentro de la serie progresiva de las etapas de formación de la base económica de la sociedad.

    III

    He aquí las principales fuerzas productivas específicas que conforman el lado técnico-real del modo de producción feudal. Dichas fuerzas productivas constituyen el esqueleto particular de la modalidad feudal del proceso laboral. Pero este proceso de trabajo concreto no existe sino dentro de una configuración económico-formal dada, dentro de un conjunto determinado de relaciones de producción que son el otro aspecto constitutivo del modo feudal de producir. Y al igual que en el caso de las fuerzas productivas, estas relaciones de producción derivan, en una medida importante, del mismo movimiento de síntesis entre las figuras germanas y las romanas.

    ¿Cuáles son estas relaciones, que forman la estructura económica del modo de producción feudal? En primer lugar, la relación feudal misma, que constituye el vínculo central que estructura la cohesión interna de la clase dominante feudal; en segundo lugar la relación de servidumbre, que es la relación económica primordial, y que prefigura el modo de explotación, del trabajo dentro de esta específica sociedad medieval; por último, las relaciones de dependencia personal, que además de hacerse presentes como rasgos de las dos anteriores, impregnan con su contenido a toda relación humana esencial desarrollada en esta época feudal. Relaciones básicas que, en su conjunto, conforman el aspecto económico-formal correspondiente al modo feudal de producción, el lado económico social del nuevo y más. progresivo sistema de producción.

    Sistema de producción que entonces no sólo desarrolla o generaliza nuevos instrumentos de trabajo, formas de rotación de cultivos, formas nuevas combinadas de distintas actividades económicas o nuevas fuentes de energía motriz, sino que también crea, difunde y consolida nuevas relaciones económicas, antiguas formas de vinculación entre los hombres y rasgos económicos característicos de sus antecesores inmediatos. Porque al mismo tiempo que el recién creado arado pesado con vertedera y ruedas o el molino de agua, habrá de difundirse y consolidarse la relación de servidumbre económica incipientemente desarrollada en ambos pueblos; junto a la combinación regular de agricultura y ganadería, se expandirán simultáneamente las relaciones de dependencia personal; y paralelamente a la extensión de una agricultura más productiva y uniforme basada en parte en la nueva utilización productiva del caballo, avanzará también la con-formación de las nuevas unidades económicas autosuficientes, que concentrando en sí mismas el todo económico de la nueva sociedad, se constituirán en las células elementales del modo de producción en proceso de conformación. Junto, pues, a las nuevas fuerzas productivas materiales conquistadas y recapturadas, se desarrollarán las nuevas relaciones de producción dentro de las cuales habrán de moverse las primeras. Veamos esto con más detalle.

    Los progresos materiales resultantes de las fuerzas productivas ya explicadas han gestado un cimiento económico mucho más productivo, amplio y diversificado que el de todas las formas productivas anteriores. Y con ello han permitido la creación de unidades económicas que, fortalecidas y consolidadas por este avance técnico-real, pueden ahora ser prácticamente autosuficientes en términos productivos y constituirse como el nuevo “todo económico característico de la sociedad feudal. Estas nuevas unidades no son otras que los feudos.[29]

    Porque habíamos señalado que los rasgos germánicos ocupaban, dentro del proceso de mixtura que ahora analizamos, el papel dominante, la posición principal. Y uno de estos rasgos centrales es precisamente la autosuficiencia y aislamiento del hogar germano individual, célula económica elemental donde se agotan las principales relaciones económicas de la comunidad germánica, y, que se erige entonces, como el “todo económico de esta forma social. Al irse asentando entonces el modo de producción feudal sobre las nuevas conquistas materiales creadas, los germanos reproducen de nueva cuenta, pero sobre una base más compleja, su misma forma de organización anterior, sus antiguos rasgos característicos. La autosuficiencia y aislamiento del hogar germano individual se convierte ahora en la autosuficiencia y autonomización del feudo, puesto como la célula económica primaria del nuevo orden social. Pero ahora de un modo mucho más sólido y seguro, pues al abarcar dentro de sí la agricultura mejorada con las nuevas formas de cultivo y los nuevos instrumentos agrícolas, y la combinación regular con la actividad ganadera, el feudo garantiza su autorreproducción y auto-subsistencia por un largo tiempo. Ahora, él sólo puede nuevamente impulsar y desarrollar el crecimiento de la población, la extensión y difusión de distintas actividades no-económicas —aunque esto, sobre todo, para las clases dominantes— y la propagación y éxito de las nuevas relaciones sociales.

    Pero ¿qué es más en particular, esta nueva célula económica llamada feudo?, ¿en qué relación se sustenta su funcionamiento general?, ¿qué conexión tiene con la relación feudal y con las relaciones de dependencia personal típicas de este período histórico de la vida europea? Veamos.

    El feudo es, como ya mencionamos, una contrapartida material en tierras y hombres que la trabajan. Pero dicha contrapartida no es sino una nueva figura de la vieja riqueza efímera donada por los jefes guerreros germanos a sus seguidores —dentro de la típica relación del “comitatus de la comuna germana—, transformada ahora a partir de las nuevas condiciones imperantes dentro del mundo feudal. Nueva figura material de la riqueza, mediante la cual el señor feudal se asegura la fidelidad y entrega de sus vasallos.

    Así, si el jefe guerrero germano ha dado paso al señor feudal, y sus antiguos gisind o comes —seguidores de armas, en alto alemán o en latín, respectivamente— se han convertido en vasallos, también la retribución material de estos últimos ha pasado de su originaria forma efímera y mueble —caballos, frameas, anillos, banquetes, armas— a otra permanente e inmueble, a la dotación de territorios productivos y de hombres que los hacen producir.

    Y esto porque las nuevas formas de presentación de la riqueza material han modificado la base misma de los antiguos vínculos entre los hombres. La vieja relación de dependencia personal[30] característica de los pueblos germanos, se reproduce nuevamente dentro de la relación feudal clásica,[31] pero ahora de una manera mucho más rigurosa y regular, con un ritual más formal y con una fuerza e importancia mucho más grandes. Al abarcar en su base un aspecto económico más sólido, el vínculo entre las dos partes se convierte también en un vínculo más duradero e indestructible y en un lazo social que ahora pasa al primer plano de toda la estructura económica, proporcionándole al nuevo orden las formas específicas de su cohesión social.

    La dependencia personal reaparece entonces como rasgo constitutivo esencial del vínculo feudal, bajo una forma enriquecida y más compleja. El antiguo jefe de armas germano es ahora el señor feudal rodeado de un importante cuerpo de vasallos, subsumidos a su protección, benevolencia y mando. Y aunque la principal demanda hacia esos vasallos sigue siendo la del apoyo militar y guerrero irrestricto, el señor feudal puede requerir a sus subordinados consejo ante los problemas, ayuda material para costear diversas ceremonias o actos sociales, alojamiento y manutención en la casa del vasallo cuando anda de excursión o de paso, e incluso presencia y auxilio en la impartición de justicia y en la aplicación de las leyes. Puede entonces demandar la reciprocidad de sus vasallos para los más diversos fines, porque la dependencia personal que ellos han contraído voluntariamente hacia él ya no se agota sólo en los momentos y actos de guerra, sino que se ha afianzado, regularizándose y extendiéndose a los más distintos campos de la vida social.

    Y se ha afianzado de este modo porque la contrapartida recibida por los vasallos, como ya hemos dicho, también ha cambiado. De la simple entrega de regalos efímeros, obtenidos del botín guerrero, se ha pasado ahora a la donación de tierras y de hombres que la trabajan, al obsequio de rentas regulares derivadas de esas tierras o a la manutención, ahora regular, abundante y segura, dentro de la corte del señor. Así, si como dice Montesquieu “entre los germanos había vasallos, pero no había feudos; y no había feudos porque los príncipes no tenían tierras que dar (Montesquieu, 1973:382), ahora en cambio comenzaba a haber feudos, porque los príncipes ya tenían tierras que repartir, porque la riqueza material había mutado sus figuras y porque la nueva agricultura, mejorada y más desarrollada, había pasado al primer plano de la vida económica. El feudo era entonces la nueva recompensa dada por el señor en pago a la fidelidad y apego del vasallo.

    Con ello, la relación de dependencia personal establecida entre señor y vasallo adquiere un carácter económico fundamental, que aunque en cierto sentido la fortalece, la despoja al mismo tiempo de su anterior estructura primitiva e ingenua, haciéndola más vulnerable a intereses de tipo igualmente económico.[32]

    De este modo, la antigua dependencia personal de la comunidad germana adquiere su forma de reproducción privilegiada en la relación feudal, pero no se limita a ella, sino que se propaga y extiende como rasgo básico o como contenido central de las principales relaciones —económicas, pero también sociales en general— que tienen vigencia dentro de la sociedad característica de toda la Edad Media europea.[33] Y de simple relación entre el jefe guerrero germano y su corte de compañeros, se convierte poco a poco en la modalidad de entrelazamiento social más difundida y general de toda la sociedad feudal.

    La relación feudal aparece entonces como la variante por excelencia que reproduce, de modo complejizado y enriquecido, la vieja dependencia personal típica de la organización militar germana, dependencia que al prefigurarse en torno a las nuevas formas de la riqueza material, crea el vínculo más característico e importante de la clase dominante feudal, el lazo esencial que concentra y cohesiona su unidad interna, tanto frente al exterior de Europa, como contra la clase de los siervos. “Lo primero que hizo el rey franco al convertirse de simple jefe militar supremo en un verdadero príncipe, fue transformar esas propiedades del pueblo en dominios reales, robarlas al pueblo y donarlas o concederlas en feudo a las personas de su séquito. Este séquito, formado primitivamente por su guardia militar personal y por el resto de los mandos subalternos, no tardó en verse reforzado no sólo con romanos (es decir, con galos romanizados) que muy pronto se hicieron indispensables por su educación y su conocimiento de la escritura y del latín vulgar y literario, así como del derecho del país, sino también con esclavos, siervos y libertos, que constituían su corte y entre los cuales elegía sus favoritos. A la más de esta gente se le donó al principio lotes de la tierra del pueblo; más tarde se le concedieron bajo la forma de beneficios, otorgados la mayoría de las veces, en los primeros tiempos, mientras vivía ese rey. Así se sentó la base de una nobleza nueva a expensas del pueblo” (Engels, s.f.a.: 175). Se introdujeron pues, entre el jefe y su séquito, los feudos, con lo que la anterior relación de mutua dependencia y de protección-subordinación se consolidó como una de las relaciones principales de la nueva forma económica, y como el nexo central de la nueva nobleza feudal.

    Pero no de modo súbito e inmediato. En los agitados tiempos en que la conquista germana apenas va afianzándose, y en que la fusión de los pueblos sólo se produce gradualmente, los jefes guerreros de los germanos —cada vez más convertidos en señores— no quieren aún desprenderse total-mente de su corte de compañeros de armas —cada vez más transformados en vasallos—, pues la guerra y el enfrentamiento militar se hallan aún a la orden del día. Y saben bien que otorgándoles feudos a esos compañeros los incitan a ocuparse de los mismos, a residir en ellos y a sumergirse cada vez más en la vida sedentaria y agrícola, abandonado su espíritu e iniciativa bélicos. Por eso retienen consigo a una parte de los vasallos, a los que dan manutención, cobijo y abrigo, y que, junto al señor se mantienen aún siempre prestos para el combate y la lucha militar. A otros les otorgan, para su sustento, las rentas derivadas de una tierra determinada, sin entregarles directamente el usufructo de la misma. A otros, por último, les donan el feudo de un modo condicionado o temporal, bajo la forma conocida de beneficio o de precario. Pero poco a poco, conforme más se estabiliza el nuevo orden de la sociedad y más se completa la síntesis de los distintos pueblos, más tiende a imponerse la donación irrestricta y vitalicia de la tierra misma, la entrega del feudo en su forma más clásica y completa,[34] como la contrapartida de los servicios y la fidelidad del vasallo:

    “[…] Al jefe de un grupo de vasallos, como a todo patrono, las condiciones generales de la economía no le dejaban elegir más que entre dos sistemas de remuneración. Podía retener al hombre en su vivienda, alimentarlo, vestirlo, y equiparlo a su costa. O bien atribuyéndole una tierra o al menos unas rentas fijas sacadas del suelo, dejarlo a su propio cuidado: a lo que se llamaba Chaser en los países de lengua francesa, o sea, dotarle de su vivienda particular (casa)” (Bloch, 1979: t. I, p. 188 y 189). Las nuevas formas de la riqueza imponían pues sólo estas pocas posibilidades de mantener el vínculo de dependencia y vasallaje. Y aunque durante los primeros siglos del modo de producción feudal todas ellas se dan realmente, el movimiento general se desplaza sólo en el sentido de consolidar y generalizar cada vez más la forma del feudo de posesión de tierras, forma donde el vínculo de señor a vasallo se hace más fuerte y permanente —pues va ahora de por medio un interés directamente económico— pero donde el mismo lazo pierde su intimidad y espontaneidad antiguas, haciéndose más distante e interesado. Al institucionalizarse como vínculo social general, el lazo de dependencia personal que ahora se realiza a través del feudo, puede erigirse como una de las relaciones sociales fundamentales de la nueva forma social, sólo al precio de despojarse de su primitivo carácter ingenuo y radical, de su aura de íntima entrega y amistad. Por eso resulta clara la siguiente afirmación de A. Thierry: Entre esos vasallos o leudes, los más adictos, los más útiles, como entonces se decía, eran los que viviendo cerca del rey y formando en tomo de su persona una guardia permanente tenían por salario la vida en común a su mesa o una exacción sobre los frutos de su dominio. Cabía contar menos con la fidelidad de los que domiciliados lejos y viviendo en sus propias casas gozaban por concesión real, del feudo o sueldo en tierras” (Thierry, 1946:63). Así se iban pues conformando y afianzando paso a paso, éstas abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus `superiores naturales” (Marx y Engels, 1970:33), y que se expandían cada vez más como las formas dominantes de vinculación entre los hombres.

    Pero ésto sólo en lo que toca a la relación feudal, a la relación dentro de la cual el feudo era la contrapartida del vasallaje y el servicio de otro hombre. Pero no era igual en el interior del feudo mismo. Como hemos dicho, ese feudo consistía en tierras y en hombres que las trabajaban, o sea, en siervos sometidos al trabajo productivo, dentro de la unidad feudal. La relación feudal se apoyaba entonces en la relación interna de servidumbre que sostenía y apuntalaba la existencia del feudo mismo. Y esta relación servil era también, con las dimensiones e importancia que en este momento adquiría, un resultado de los nuevos progresos materiales vistos y de los sucesivos avances de la fusión entre los pueblos.

    Porque la servidumbre no era un hecho nuevo ni para los germanos ni para los romanos. Entre los primeros había existido, como puede verse en Tácito, de un modo incipiente y marginal, asociada a la agricultura, que también comenzaba apenas a despuntar dentro de las actividades económicas de los germanos. Reducida en esta época a un simple tributo entregado por el siervo a su señor germano, dejaba sin embargo un amplio margen a las diversas actividades y necesidades del primero. Por su parte, los romanos también habían conocido en los tiempos del Imperio una forma de producción basada en la servidumbre, la forma del colonato. Como es sabido esta forma ligaba al colono-arrendatario a la tierra y por esta vía al señor. No podía separarse de ella y estaba obligado, por su usufructo, a entregar una renta fija al propietario y señor de esa tierra. Pero tenía también una importancia secundaria, frente a la relación de esclavitud que funcionaba como la verdadera base general de la producción social.[35]

    Ahora en cambio, esta servidumbre comienza a extenderse y difundirse como la relación más importante de la nueva producción. Al desarrollar la nueva agricultura, superada y mejorada con todos los aportes romanos y germanos y con sus resultados, se desarrolla también la servidumbre liga-da a ella en la vieja estructura germana, y alimentándose de las similares relaciones serviles existentes incipientemente entre los romanos, se propaga poco a poco como la nueva forma dominante del trabajo social, como la modalidad característica del nuevo mundo en formación. Y con ello anula entonces la necesidad y posibilidad del trabajo esclavo, forma inferior de explotación del trabajador y totalmente en pugna con los nuevos progresos materiales de la base productiva creada.

    Porque el esclavo había sido para los romanos no un hombre, sino un objeto, un “instrumento que habla. Un ser por tanto sin voluntad ni responsabilidad alguna, sin intereses propios reconocidos y sin relevancia específica dentro de la sociedad romana, que apoyándose en él lo rebajaba sin embargo a la más ínfima situación posible.[36] El esclavo no era un hombre, sino uno más de los medios necesarios para la producción y la economía, romanas. Y mientras era abundante, e incluso excedente, el esclavo podía ser efectivamente tratado como mero instrumento, como objeto de uso que igual se aprovechaba para el trabajo productivo que para los caprichos domésticos o para las fiestas y ceremonias diversas.

    Pero la fusión de romanos y germanos había ensanchado el espacio de la historia, había abierto el territorio de toda Europa a las nuevas formas económicas. Junto a la escasez de esclavos característica de los últimos tiempos del Imperio romano, este ensanchamiento del territorio de la nueva forma histórica hacía cada vez más valiosos a los hombres que trabajaban, pues en relación con la tierra disponible, ellos eran más difíciles de retener y conseguir. La esclavitud no podía volver a ser el sostén de la producción social en un momento en que la fuerza de trabajo se volvía escasa y difícil de retener.

    Además estamos, como vimos, frente a enormes progresos de las fuerzas productivas. La agricultura más regular e intensiva, más grande en rendimientos y completamente integrada con la producción ganadera, re-quería de una fuerza de trabajo que no fuera indiferente e incluso hostil al trabajo sino que se esforzara con cierta responsabilidad e interés propios en el mismo. Que aprovechando conscientemente los recientes progresos materiales tuviera una cierta diligencia y dedicación hacia la actividad productiva. Pero esa fuerza de trabajo no podía existir mientras se tratara a los hombres Como al ganado, como mero rebaño de medios productivos.

    Por último, la esclavitud en cuanto tal no había sido conocida por los germanos primitivos.[37] Y en la medida que ellos eran los conquistadores, tenderían de entrada a reproducir sus propias formas de organización y de producción, antes que asimilarse las ajenas. La forma incipiente que ellos habían desarrollado, junto y para la agricultura igualmente en cierne, era la servidumbre de los hombres sometidos sólo en cuanto a un tributo, pero bastante libres e n cuanto a su modo, ritmo y formas de trabajo, y en cuanto al uso de su restante tiempo. Por eso, también esto iba contra la antigua base esclava de la agricultura romana.

    Todo tendía pues a suprimir la esclavitud y a sustituirla por la servidumbre, por esta forma nueva de explotación que, elevando al trabajador a la condición de hombre (hombre sometido, pero igualmente humano, y no ya mero instrumentum vocale, mera cosa) delegaba en él una mayor autonomía, más responsabilidad y libertad en el trabajo, y más amplio margen de desarrollo y de capacidades diversas. Sustituía pues la vieja forma del trabajo esclavo por una más desarrollada y compleja situación y status del trabajador, por una forma económica histórico-progresiva más elevada del trabajo que, moviéndose aún dentro de los antagonismos de clase, se correspondía adecuadamente con los nuevos e importantes avances de las nuevas fuerzas productivas.[38] Así, el siervo, a diferencia del esclavo, podrá desarrollar entonces esa mayor disposición e interés en el trabajo, siendo más independiente en cuanto individuo, más seguro en cuanto trabajador y más firme en cuanto sostén productivo de la sociedad: “Como su régimen de vida es ahora mejor, su raza se perpetúa con más seguridad; sobre los campos que se le han cedido, su trabajo será de mejor calidad; como las rentas, de mejor o peor grado han de pagarse, será de su propio trabajo del que dependerá el excedente —al cual estaba sujeta su vida— de productos. Este siervo “no entregaba al’ amo más que una parte de los productos obtenidos con su trabajo; no le entregaba más que una parte de su tiempo [ … ] como tenía que vivir y pagar sus rentas, se imponía a todas luces que las corveas no ocuparan toda su jornada. No vivía todo el tiempo bajo las órdenes de otro hombre; tenía su propio hogar y él mismo dirigía el cultivo de sus campos; si se mostraba más diestro y activo que su vecino en el trabajo se alimentaría mejor que éste y, allí donde existiera podía vender sus productos al mercado (Bloch, 1980:166, 167). Tenía pues una mayor autonomía, iniciativa, libertad y amplitud de miras que el esclavo. Podía en consecuencia, y acorde con el espíritu germano, desarrollar los distintos rasgos de su individualidad propia, de un modo mucho más profundo y extenso que las anteriores clases sociales trabajadoras explotadas.

    La servidumbre se imponía entonces como la forma general del trabajo, en todas las esferas de la producción económica. Los esclavos eran manumitidos de modo acelerado, y dotados de una tierra propia para su cultivo, a cambio de la prestación de servicios en la tierra de los señores y de ciertas entregas de productos a los mismos. Eran pues manumitidos con obediencia (Manumísiocum obsequio) en grandes proporciones: “[…] las manumisiones habían sido muy numerosas en la época de los reinos bárbaros y se habían dado a grupos muy amplios; por lo menos, eso dicen los textos, a pesar de sus terribles lagunas” (Bloch, 1980:170). Por su parte, los germanos extendían también en sus antiguos territorios la forma de trabajo basado en la servidumbre, la que junto con la agricultura se difundía aquí cada vez más como la nueva base de la producción. Todas las corrientes que, en la nueva situación, tendían a estabilizar nuevamente la producción, se unían en una sola marea que propagaba a toda Europa la relación de servidumbre y señorío, el trabajo servil: “[…] En ambas partes, la evolución durante la primera edad feudal debía orientarse en un mismo sentido, tendiendo, de manera uniforme, hacia una imposición creciente de los señoríos” (Bloch, 1979: t. I, p. 280).

    Se daba pues un movimiento general de nivelación de todos los hombres sometidos o antiguamente explotados de distintas formas hacia la forma general y única de la servidumbre, hacia esta forma que reconociendo la condición humana semejante del hombre colocado como jerárquicamente inferior, le imponía el pago de un tributo o la realización de una prestación o servicio determinado en pago de la responsabilidad y dominio que el señor asumía sobre este individuo sometido. Porque por múltiples vías se iba consolidando lo que Marx considera uno de los rasgos centrales de la relación servil: la apropiación por parte de los nuevos o antiguos señores de la voluntad individual de los nuevos siervos a ellos subordinados. “La apropiación de una voluntad ajena es supuesto de la relación señorial (Marx, 1976: t. I, p. 462). Y esa apropiación se creaba al elevar al esclavo a la condición de hombre, manumitiéndolo y haciéndolo prestar servicios diversos en la casa del señor como siervo doméstico, o emancipándolo de su status anterior y dotándolo de tierra propia, a cambio de que trabajara cierto tiempo en la tierra del señor y de que entregara periódicamente cierto tipo y cantidad de productos.

    O también, esa apropiación de una voluntad distinta se generalizaba cuando la antigua prestación personal realizada por el germano libre para costear los gastos comunes de la comunidad se convertía en una obligación impuesta y coercitiva por los antiguos jefes que, usurpando sus cargos comunitarios, se convertían a raíz de la conquista en señores de sus antiguos compañeros de la comuna.

    Se afianzaba así, paso a paso, la esencia misma de la relación de servidumbre: relación donde un hombre somete a otro a su dominio, y apropiándose de su voluntad individual, lo obliga a efectuar para él diversas prestaciones en trabajo o servicios personales de un tipo cualquiera, o a entregarle distintos productos o frutos de su trabajo y donde a cambio, y en función del mismo dominio y señorío ejercidos sobre el hombre colocado en la condición servil, el señor asume cierta responsabilidad de res-peto de la propiedad, de protección, de manutención o de donación de tierras del siervo, sea como decimos, protegiendo su producción anterior, sea obligándolo a trabajar en la tierra y autosostenerse, u obligándolo a desempeñar otro tipo de actividad, al dotarlo de los medios necesarios para efectuar dichas tareas, tanto en medios de trabajo y de subsistencia diversos como directamente en tierras cultivables.[39] Lo que gráficamente puede esquematizarse así:

    Relación amplia y con diversas variantes posibles que nos explica el hecho de que sus variadas figuras y combinaciones particulares puedan encontrarse a lo largo y ancho de todo el planeta, en los más distintos períodos históricos y dentro de las estructuras sociales más diferenciadas.

    Figuras y combinaciones ricas en su concreción determinada que también explican la tradicional confusión que encuentra” feudalismos en todas las historias de los pueblos, a partir de que identifica una u otra modalidad particular de la servidumbre económica, una u otra manifestación de la esencia de esta relación, tal y como aquí la hemos definido.

    Esencia que constituye entonces a la servidumbre como una relación de producción polivalente y casi universal, relación que lo mismo se hace presente cuando un conquistador se apodera de un antiguo agricultor, y, sometiéndolo, le impone un tributo a cambio de respetar su producción y trabajo anteriores, que cuando un antiguo jefe comunitario usurpa su cargo y transforma las antiguas prestaciones personales de los miembros de la comunidad en cargas serviles obligatorias y coercitivas,[40] o cuando el antiguo amo lleva a cabo la manumisión de sus antiguos esclavos, y elevándolos a la condición de humanos, los dota de tierra propia y les impone a cambio una cierta prestación de servicios personales y una determinada renta en productos. Esencia que también Engels percibe claramente cuando dice: “Es seguro que la servidumbre y la prestación de servicios no son una forma exclusiva del medioevo feudal; las encontrarnos en todas o casi todas partes donde los conquistadores hacen que los antiguos habitantes cultiven la tierra (por ejemplo, en Tesalia, en la remota antigüedad). Este hecho me ha conducido a error a mí y a muchos otros en lo que respecta a la servidumbre en la Edad Media; se estaba demasiado inclinado a fundarla simplemente sobre la conquista, lo que todo lo tornaba tan claro y fácil”. Véase, entre otros a Thierry (Marx y Engels, 1973b: t. II, p. 427-428).

    Relación pues de servidumbre que aquí sólo nos muestra una de sus modalidades posibles, pero que igual existe, universalmente, a lo largo y ancho de las distintas historias de los pueblos humanos —universalidad donde se funda el error de concebir al feudalismo, que sobre ella se soporta, como igualmente universal, lo que es un craso error. Relación de servidumbre que entonces, como aclara Engels, no tiene su origen directa y simplemente en la conquista germana, sino que se constituye mediante un complejo combinado de las manumisiones de antiguos esclavos romanos, de extensiones, modificadas sobre la nueva base productiva, de la incipiente servidumbre presente en la comuna germánica y del retome y refundición de la forma servil del colonato romano aparecida antes de las migraciones de los pueblos. Servidumbre complicada que sintetizando todos estos antecedentes, uniforma el modo de relación con los trabajadores directos y da la infraestructura necesaria para la nueva sociedad feudal.[41] Servidumbre que también, aunque ocasionalmente, permanece como servidumbre doméstica, al emancipar a los esclavos sin dotarlos de tierra y hacerlos servir en casa del antiguo amo a cambio de su manutención, tiende en términos generales a convertirse cada vez más en servidumbre de la gleba, en relación de señorío donde el siervo es poseedor de una parte de tierra a cambio de una prestación personal especificada previamente: Por lo tanto, son necesarias relaciones de dependencia personal, la carencia de libertad personal, cualquiera que sea su grado, y el hallarse ligado a la tierra en cuanto accesorio de la misma la servidumbre de la gleba [hörigkeit] en el sentido propio del término (Marx, 1981: t. III, p. 1006). Porque en estos difíciles tiempos en que la fuerza de trabajo se ha hecho particularmente escasa, se hace cada vez más necesario retenerla, ligarla a la tierra propia y, por esta vía, encadenarla al servicio y sumisión respecto del señor que le ha dotado de tal tierra. Y así, en este multivariado movimiento de uniformación de las antiguas formas de explotación, todas las líneas desembocan siempre en esta ligazón del siervo con la tierra, en esta constitución del hombre cargado con los lazos serviles, en mero accesorio de la tierra, en pieza indisoluble y soldada al dominio señorial, en hombre sometido por y para el trabajo agrícola.[42]

    El siervo es, pues, cada vez más puesto como mero accesorio de la tierra, como parte de ella. No en cuanto objeto o en cuanto instrumento parlante como el esclavo, sino en cuanto hombre sometido que, sin embargo es, cada vez más, sólo parte constitutiva del propio dominio señorial, del territorio mismo del feudo. Y con ello, el señor feudal integra completamente a la servidumbre como infraestructura del feudo, como soporte material de la propia relación feudal. Porque al colocar al hombre sometido a la servidumbre como mero accesorio de la tierra de la que él es propietario, lo que hace es integrar la relación de la servidumbre como mero momento de la propia relación feudal, como sostén material, fundamental pero subordinado, de la específica y característica estructura feudal de la producción. Y así puede entonces compaginar una modalidad particular de la cuasi-universal relación servil, con la peculiar y específicamente europea forma de organización feudal medieval, basada en la dependencia personal y en las viejas formas germanas, modificadas y refiguradas por los aportes romanos. Puede entonces hacer de la servidumbre sólo uno de los elementos constitutivos del modo de producción feudal, definido por muchos otros rasgos económicos y de la producción. Así, dice claramente Marx: La relación del retainer con su señor territorial, o la prestación personal, es esencialmente diferente. Pues en el fondo, ella representa sólo un modo de existencia del propietario mismo de la tierra, el cual ya no trabaja, pero cuya propiedad incluye entre las condiciones de la producción a los trabajadores mismos como siervos, etcétera” (Marx, 1976: t. I, p. 462). El propietario feudal ha sido entonces emancipado del trabajo de la tierra, en virtud de la relación de servidumbre interna al feudo mismo. Pero el carácter feudal de su producción no depende de esta relación servil, sino que la incluye como supuesto de la misma.

    La servidumbre, a su vez, no hace más que garantizar la producción interna del feudo, dar el trabajo de reproducción de la entidad feudal, previamente constituida e independientemente generada. No hace pues más que ponerse como palanca o medio de la reproducción y consolidación de la relación feudal que, integrándola, la trasciende e incluso refigura de acuerdo con sus necesidades y determinaciones propias. Porque la propia particularidad histórica que la servidumbre presenta en esta época le viene dada precisamente por su inserción dentro de la relación feudal, por los rasgos característicos de esta última: la servidumbre específica del mundo feudal es una servidumbre teñida, en mayor o menor medida, por la dependencia personal característica de la relación feudal, por el vínculo de protección y entrega que hemos explicado un poco más atrás.

    Porque en esta sociedad en gestación, donde el principal vínculo social que los hombres tienden a establecer es el de la dependencia personal, no resultan muy claros los límites del mismo. Y aunque su forma acabada y completa se da principalmente entre los estratos superiores de la sociedad, su esencia se propaga hacia toda la pirámide social, reproduciéndose más o menos imperfectamente en todo lugar donde dos hombres traban entre sí una relación social duradera e importante. La servidumbre adquiere entonces, junto a sus rasgos generales, un carácter particular como relación también inmediata de una cierta dependencia personal, reproduciendo de algún modo la entrega y sumisión absoluta del siervo y la protección patriarcal y apoyo del señor: “Ser hombre de otro hombre: no hay en todo el vocabulario feudal alianza de palabras más extendida que ésta, ni de un sentido más pleno. Común a las lenguas románicas y germánicas, servía para expresar la dependencia personal, fuese cual fuese la naturaleza jurídica exacta del vínculo y sin que sirviese de óbice ninguna distinción de clase. El conde era el hombre del rey, como el siervo era el de su señor rural (Bloch, 1979: t. I, p. 167). Todos los hombres de esta sociedad feudal en formación, estaban pues, ligados a otros por un vínculo de dependencia personal.[43] Con más o menos perfección y más o menos adecuación, ese vínculo permeaba toda relación entre los hombres y también entonces el de la servidumbre.[44] Sólo un siervo feudal podía decir que era “el hombre” de su señor rural, cosa que no diría un siervo sometido por un conquistador extranjero, ni un campesino cuya tierra hubiese sido usurpada para someterlo a la condición servil. Porque sólo la servidumbre específicamente feudal, teñida por los rasgos de la dependencia personal, podía llegar á tales modalidades del nexo entre los miembros componentes del señorío y producir tales concepciones entre los hombres. Bajo este velo de la dependencia personal entre señor rural y siervo se ocultaba la explotación económica del segundo por el primero, mistificándose su verdadero sentido primordial. Pero ante la carencia de otras formas de vinculación social entre las personas —tales como la relación comunitaria, los vínculos sanguíneos gentiles, la relación de miembro de la entidad urbana o ciudad, etcétera—, los lazos de la dependencia personal, en sus múltiples figuras, habrían de cobrar una fuerza y extensión particularmente amplias.

    La modalidad específicamente feudal de la servidumbre consiste, entonces, tanto en su carácter centralizado respecto a su forma como servidumbre de la gleba —o sea, donde el siervo es considerado accesorio de la tierra y establece a través de ella su servidumbre respecto al señor— como en su particular carácter de relación servil revestida como relación de dependencia personal entre siervo y señor.[45] La generalidad y universalidad del vínculo entre señorío y servidumbre se particulariza aquí, a partir de uno de los rasgos definitorios y esenciales de la relación clásicamente feudal, a partir de dicha dependencia personal, adquiriendo así su figura particular europeo-medieval.

    He aquí las principales relaciones de producción características del modo de producción feudal, los principales elementos de su lado económico-formal.

    IV

    Éstos son, brevemente expuestos, los dos aspectos constitutivos o definitorios del modo de producción feudal. Para Marx, el reconocer la exclusividad europea —y japonesa por excepción— del desarrollo de esta forma de producir, no implica sin embargo negar ni su especificidad —que hemos tratado de desarrollar aquí— ni sobre todo su profunda significación histórico-universal, su carácter histórico progresivo dentro del proceso general de formación de la base económica de la sociedad.

    Porque, como hemos visto, el desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado en esta etapa es de tales dimensiones que permite a Europa “despegarse”, en cuanto a niveles de progreso, respecto de toda el resto del planeta. Si al comenzar la Alta edad media, China es aún la civilización más compleja y desarrollada del mundo, y Europa le sigue de cerca los pasos, al finalizar el período medieval, en cambio, es ya la región europea de nuestro globo la que se halla a la cabeza de la carrera” o marcha general de la humanidad, y además con una ventaja que es ya apreciable-mente considerable. Y por eso es a partir de la tecnología, de la productividad y del progreso material alcanzado en el “oscuro medioevo, que Europa puede proyectarse por todos los mares y continentes de la tierra, conquistándolos, sometiéndolos y subordinándolos a la dinámica de su propia evolución, la dinámica de constitución del nuevo modo de producción capitalista.[46] Como hemos visto, es a partir del nuevo equipo tecnológico, correspondiente al modo feudal de producción, que Europa acelera inusitadamente su desarrollo, creando las premisas fundamentales para la apertura de esa “nueva época históricaque se inaugura con la sociedad burguesa moderna.

    Sociedad burguesa que también debe mucho a los progresos alcanzados en el otro plano del modo de producción, a los avances en las relaciones económicas básicas desarrolladas durante este período. Porque es también a partir de la relación de servidumbre feudal que se preparan las nuevas formas de explotación económica del trabajo que habrán de tener vigencia en la forma capitalista. El trabajo “libre que es la precondición funda-mental del mundo del capital; se apoya, en cierta medida, en el desarrollo importante de los hombres explotados dentro de la servidumbre y dentro de las relaciones diversas signadas por la dependencia personal antes explicadas. La revaloración humana que el medioevo hace del hombre colocado como siervo y su inserción directa dentro de variadas relaciones directas de dependencia personal, desarrollan en él una serie de capacidades y posibilidades de autopercepción que andando el tiempo, facilitarán su separación de los medios de producción y su conversión en mera fuerza de trabajo potencial, en trabajador asalariado para el capital.

    Por eso, el estudio y comprensión adecuadas del modo de producción feudal no es un mero ejercicio intelectual o un pasatiempo erudito. Es más bien el esfuerzo por entender, en lo concreto de un caso histórico particular, el sentido histórico progresivo de la evolución humana, las vías reales de formación, paso a paso, de la verdadera base económica de la futura sociedad libre de los hombres. Es también el intento de poner a prueba, a la luz del conocimiento histórico antiguo y contemporáneo, la validez de una concepción específica de “lo histórico, de la concepción materialista de la historia. Y es, por último, la posibilidad de corroborar, en el análisis concreto de una sociedad dada, la fuerza, alcances y potencialidades abiertas por una cosmovisión que aún marca con todo su sello, la atmósfera intelectual de nuestros días.

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    À * El cuerpo principal de este artículo lo constituyen partes de los capítulos IV y V del libro Las luminosas edades oscuras. La concepción marxista sobre la transición de la antigüedad al feudalismo, de próxima publicación. Hemos agregado algunas consideraciones introductorias sobre el concepto de modo de producción feudal y sobre su connotación dentro de la concepción materialista de la historia, así como retocado, en general, la presentación actual.

    [1] Recuérdese la tesis de Marx —presente lo mismo en El Capital o en la Contribución a la crítica de la economía política, que en la Ideología Alemana o en los Grundrisse— en cuanto a que vivimos aún dentro de la prehistoria humana, dentro del reino de la necesidad. Al estar marcados con la herencia del predominio de la naturaleza sobre el hombre, todas las sociedades hasta la actualidad han vivido centradas en el desarrollo de actividades predeterminadas y exteriormente impuestas —como la actividad de la producción— y dentro de relaciones “necesarias e independientes de su voluntad”. En cambio “Los individuos universalmente desarrollados, cuyas relaciones sociales en cuanto relaciones propias y colectivas están ya sometidas a su propio control colectivo, no son un producto de la naturaleza, sino de la historia” (Marx, 1976: t. I, p. 89-90) y sólo habrán de existir allende el modo de producción capitalista, dando inicio real a la historia humana.

    [2] Problema aparte lo constituye la pregunta de por qué ha sido una especial región del planeta (Europa) la que ha podido desarrollar la mayor parte de esas etapas progresivas del proceso de formación de la base económica de la sociedad. Aquí se aportan marginalmente algunos elementos de solución a este punto.

    [3] Resulta interesante señalar que en su obra, Marx no habla sólo de los modos de producción mencionados en el Prólogo, sino también, por ejemplo, del modo de producción de la pequeña propiedad parcelaria (Marx, 1981: t. 3, v. 8, p. 1021-1034) o del modo de producción característico de la organización corporativa gremial medieval (Marx, 1976: t. 1, p. 433-477). Estas referencias nos refuerzan en la idea de que el concepto modo de producción es prácticamente el mismo que el de pro-ceso de producción. Así, aunque los dos casos mencionados son variantes reales o formas concretas de los procesos productivos —y por tanto, modos de producción diversos— no representan, sin embargo, etapas progresivas en el proceso de formación de la base económica de la sociedad. Por eso no están incluidos en la enumeración de Marx. Otro punto digno de ser destacado es que Marx no designa a los modos de producción a partir de las relaciones económicas centrales que ellos implican, sino por algún rasgo geográfico (asiático), temporal (antiguo) , o particular (moderno burgués) que los singulariza y ubica inmediatamente. En el caso que nos ocupa, creemos posible que Marx lo llame modo de producción feudal por estar centrado en torno al feudo —su unidad económica básica— y a la relación feudal, tan característica de la Edad Media europeo-occidental.

    [4] De los principales textos y afirmaciones de Marx y Engels parece desprenderse la idea de que el modo de producción feudal es exclusivamente europeo y japonés por excepción (Cfr. por ejemplo, Marx, 1981: t. I, v. I, p. 172 y v. 3, p. 897.) Por tanto, el feudalismo sería algo restringido sólo a Europa y Japón, aunque la servidumbre, que le subyace como una de sus bases fundamentales, sería en cambio una relación cuasi-universal de desarrollo. De ahí la confusión y la polémica sobre la universalidad o exclusividad del feudalismo como sistema social. En cuanto a esta discusión —una de las más importantes y de las más típicas en torno al feudalismo—, que se inaugura desde los textos de Voltaire y Montesquieu, véase por ejemplo: Boutruche (1973: Introducción y p. 125-267); Bloch (1979: v. 2, p. 187-202) ; Colliva (1981) ; Udatzova y Gutnova (1980) ; Vilar y otros (1976: p. 205-341) . Sobre el caso particular del Japón cfr. K. Takahashi, “La place de la Revolution de Meiji dans L’histoire agraire du Japon”, y sus contribuciones al debate en Du feodalisme au capitalismo: problemes de la transition, vol. I, pág. 95-141 y vol. 2, pág. 23-81).

    [5] Así, dice: “[…] la Edad Media (época germánica) surge de la tierra como sede de la historia […]” (Marx, 1976, t. 1: 442). Esta idea proviene de Hegel que en sus Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, trata a la Edad Media como uno de los periodos del “mundo económico”.

    [6] Por citar sólo dos ejemplos cercanos al propio Marx, cfr. la opinión de Voltaire (1959: 245-246) o Thierry (1875) . Para ambos, la sociedad europea se barbariza en la Edad Media, retrocediendo con respecto a los alcances de la antigüedad romana. Aún a principios de este siglo esta concepción ha sido sostenida por ejemplo por Lot (1956:353) o por Pirenne (1981:24, 27 y 29; 1978:190-191; 1941:11-12; 1980: 21-37).

    [7] Dice Engels (1969a:644), por ejemplo, “La Edad Media era considerada como una simple interrupción de la historia por un estado milenario de barbarie general; los grandes progresos de la Edad Media, la expansión del campo cultural europeo. las grandes naciones viables que habían ido formándose unas junto a otras durante este período y, finalmente, los enormes progresos técnicos de los siglos XIV y XV: nada de esto se veía”. Véase también Engels (1981c), Marx (1980b y 1981). Por lo demás, también en esta reivindicación del sentido progresivo del medievo, Marx y Engels han seguido de cerca a Hegel, quien declara enfáticamente que “la humanidad se hizo libre no tanto de la servidumbre, como por la servidumbre” (Hegel, 1974: 655).

    [8] Estamos hablando, en términos cronológicos, de los períodos merovingio y carolingio, de los siglos V al IX de nuestra era. Es casi lo que en ciertas periodizaciones tradicionales se conoce como la alta Edad Media. Al respecto, cfr. la periodización de Hegel (1974: 571-573).

    [9] Para una caracterización general del modo de producción y de la sociedad que corresponden a la comuna germana de antes de las invasiones, debe consultarse sobre todo a Tácito, en su célebre texto sobre La Germania (De origine et moribus germanorum). También puede verse a Julio César, quien en sus Comentarios de la guerra de las Galias habla sobre el carácter y costumbres de los germanos, un siglo y medio antes de Tácito (cfr. Libro VI, caps. XI-XXVIII). Muy importante es la caracterización de Marx en sus “Formaciones económicas precapitalistas” (Marx, 1976: t. I, 433-477). También pueden consultarse Engels (1969c); Engels, (s. f.); Dopsch, (1951) ; o Brunner (1936) , por citar solamente algunos de los más importantes.

    [10] Recordemos aquí, sólo de paso, la idea de Marx: “Lo que diferencia unas épocas de otras no es lo que se hace, sino cómo, con qué medios de trabajo se hace” (Marx, 1981: t. 1, v. 1, p. 218) . Es exactamente de lo que aquí se trata. No era tan importante lo que se iba a hacer, esto es difundir la agricultura masivamente al norte de Europa, sino cómo se iba a hacer, a través de qué medios de trabajo se iba a realizar. Y en este contexto, la invención del arado pesado con vertedera y ruedas marca un punto importante dentro del progreso general de las fuerzas productivas y simboliza la conformación y unidad de la entidad Europa sobre una base agrícola más desarrollada y progresiva que todas las etapas anteriores.

    [11] Sobre las diferencias entre este arado pesado y el antiguo arado ligero puede consultarse la importante y documentada obra de Haudricourt y Brunhes (1955). Aunque no coincidimos del todo en sus tesis, es una obra que no puede omitirse respecto a este problema. También en relación con la importancia e implicaciones de la invención de este nuevo arado, puede verse a Slicher (1978:90-92), Forbes (1958: 120-121), Bernal (1972: 351), Duby (1979: 20), Oarkley (1980: 103). Abundantes grabados e ilustraciones de dicho arado y de sus diversas variantes, pueden verse en la obra citada de Haudricourt y Delamarre, en el texto de Pounds (1981: 224) y en Crombie (1979: 237). Referencias y desarrollos más detenidos se encuentran en Hodgget (1974: 24-31) y Bloch (1978:210-212). Pero sin duda alguna, la exposición más completa, precisa e importante está en el libro ya citado de White (1981). En este excelente texto nos hemos basado para todo el tratamiento del problema que aquí realizamos. Más adelante volveremos a utilizarlo para otros puntos decisivos.

    [12] Tepe: pedazo de tierra cubierto de césped y muy trabado con las raíces de esta hierba.

    [13] Hay polémica aún acerca del momento en que fue inventado este arado pesado con vertedera y ruedas. Sin embargo, lo que es un hecho aceptado es que su difusión y existencia generalizadas sólo se realizan a partir de la conversión de las tierras del norte de Europa en tierras destinadas fundamentalmente a la agricultura. Y esto es lo realmente importante para nuestro argumento.

    [14] La guadaña, de mango mucho más largo que la hoz, permite cortar o segar el heno al ras del suelo, con lo cual la planta destinada a forraje se aprovecha completamente. El trigo, en cambio, no requiere ser cortado al ras del suelo, sino que se siega sólo a partir de donde comienza la espiga, dejando los tallos como abono para la tierra o como alimento para los animales. Por eso, antes de la producción regular de forraje para la ganadería sistemática, la guadaña ha sido un instrumento excepcional, frente a la hoz, mucho más difundida y habitual.

    [15] Referencias a la rotación trienal y su papel en esta época pueden verse en Bloch (1978:128-134), Slicher (1978:85-89), Forbes (1958121-122), Bernal (1972: 351), Crombie (1979:174-175), Jerry y Williams (1977:41), Bloch (1974:208), Oakley (1980:104), Hodggett (1974:27-29), Pounds (1981:222-227), Kula (1978:66-67). La mejor exposición es, sin embargo, una vez más, la de Lynn White Jr.

    [16] Según Lynn White Jr. sería incluso la relativamente tardía extensión y afianzamiento de este sistema de rotación trienal lo que explicaría también que la sustitución del buey por el caballo en distintas actividades se haya dado hasta el período carolingio y el principio de la primera edad feudal, a pesar de que las otras dos condiciones serán cronológicamente anteriores a dicho sistema. Aunque el punto de la datación histórica de estos progresos es aún polémico, lo esencial para nosotros es más bien su conexión especifica entre si y con el resto de las relaciones económicas que analizamos. También para la exposición siguiente de varios de los progresos tecnológicos carolingios, hemos seguido muy de cerca a este autor (Cfr. su bibliografía al final de este artículo).

    [17] Sobre este punto pueden consultarse no solamente a Lynn White Jr. (1981: 59-69), sino también a Usher (1941:113-119 y 131-133), Haudricourt y Delamarre (1955: cap. IX, p. 155-190) y Gille (1962: 443-445). Sin embargo, la fuente común de todos ellos y el más importante trabajo sobre esto es el de Lefevre.

    [18] El trabajo de rastreado es el de allanar y aplanar la tierra después de los trabajos de arada.

    [19] De este modo, es claro que la sustitución del buey por el caballo en la agricultura representa la introducción de un nuevo instrumento de trabajo dentro de la misma, y en particular de un instrumento vinculado a la fuente de energía utilizada dentro de todo el proceso. Dice Marx sobre esto: “El animal es, grosso modo, sólo el más antiguo instrumento del hombre, como lo ha demostrado Turgot” (Marx, 1980: 80). Allí mismo, Marx califica a los animales usados por el hombre en los procesos productivos como “locomotoras vivientes”, donde resalta su función como formas de energía motriz. En este sentido puede también recogerse la afirmación de Lynn White Jr. cuando dice que la introducción generalizada del caballo en la agricultura marca una época en la aplicación de la energía a la agricultura” (White, 1981:63),

    [20] De este modo, este avance en cuanto a los medios de transporte medievales, conquistado virtualmente ya desde este período que analizamos, será un apoyo de cierto peso para la evolución ulterior de la Edad Media “cuyo desarrollo posterior se convierte luego en una contraposición entre ciudad y campo” según dice Marx (Marx, 1976: v. 1, p. 442). Pero esto sólo en unión de muchas otras causas, que determinan hacia el fin de la primera edad feudal el nacimiento y desarrollo generalizado de la ciudad medieval.

    [21] Es igualmente polémica la datación sobre el momento en que los molinos de agua comenzaron a extenderse de un modo masivo en toda Europa. Desde nuestro punto de vista esto no es tan importante. Aunque se ubique la difusión generalizada de este importante avance técnico un par de siglos después de Carlomagno, lo realmente importante es el hecho de que con estos molinos de agua —y un poco más tarde con los molinos de viento, que en su desarrollo y progreso siguen casi los mismos pasos que los molinos hidráulicos— se completa en líneas generales el equipo tecnológico característico que corresponde al modo de producción feudal en cuanto tal. Luego de la adopción y socialización en gran escala de estos molinos de agua -y por extensión de viento también— la sociedad feudal ya no habrá de realizar progresos demasiado significativos en la estera de las fuerzas productivas materiales. Será hasta el ocaso de dicha forma feudal, y ya nuevamente en la transición hacia la forma siguiente, cuando se desencadene la subsecuente “oleada” de invenciones y avances tecnológicos, sobre los cuales habrá de levantarse la sociedad capitalista en cierne. Como vemos, es particularmente en los periodos de transición donde se concentra con predilección el desarrollo importante y progresivo de las tuerzas productivas materiales. (Cfr. al respecto el “Prólogo” a la Contribución a la crítica de la economía política, de Marx.)

    [22] Para la exposición siguiente nos hemos apoyado sobre todo en Usher (1941: 121-141) y Bloch (1974:73-110). También son esenciales los comentarios de Marx (1980b y 1984) que citaremos después. Otras referencias importantes al punto pueden verse en White (1981:80-89), Deshayes (1962:463-469) y Mumford (1982:132-137). En cualquier otra historia de la técnica (cfr. la bibliografía al final) se menciona siempre este descubrimiento, aunque sin aquilatar en todos los casos su profunda significación. Por otra parte nos parecen totalmente discutibles las tesis y afirmaciones de Dockes (1984:201-202 y 208-238) sobre el molino de agua. Se trata clara-mente de una sobrepolitización del problema, tan característica de la corriente a la que él pertenece. También su “relativización” del progreso técnico de Europa occidental en los siglos IV-IX (ibid: 197-208) nos parece criticable y completamente endeble. Después de lo aquí desarrollado no creemos necesario entrar a una crítica pormenorizada de sus argumentos y afirmaciones.

    [23] Cfr. al respecto “Innovación técnica y progreso económico en el mundo antiguo” en La Grecia antigua de M. I. Finley.

    [24] He aquí un claro ejemplo que nos previene contra una visión simplista del papel del progreso técnico dentro de la evolución histórica. El desarrollo de las fuerzas productivas tiene sin duda una tendencia acumulativa y progresiva, y un papel esencial dentro de las distintas formaciones sociales humanas, pero su vigencia específica y su modo de influir sobre los distintos planos de la totalidad social es algo sumamente complejo, y en absoluto lineal, mecánico o uniforme. El paso que va de la invención o descubrimiento científico, a la innovación tecnológica —o aplicación empírica de esa invención— y a su difusión generalizada —o socialización de esa innovación— no se cumple automáticamente, sino que está influido por las condiciones sociales específicas y por el “medio histórico del que hablaba Marx (cfr. Carta a la redacción de Otiechestviennie Zapiski de fines de 1877). Para el ejemplo particular del progreso técnico en la antigüedad, véase M. I. Finley, Economía de la Antigüedad, pág. 101, 114-116, 156-160 y 204-208. Para el período medieval cfr. el interesante articulo de Lynn White Jr. “Cultural climates and technological advance in the middle ages”, en Medieval religion and technology, pág. 217-253.

    [25] Y si a pesar de todo, es aquí en donde primeramente se han construido y utilizado los molinos hidráulicos —por lo menos simultáneamente a los molinos escandinavos, y teniendo en el Mediterráneo un desarrollo y complejización mayores— eso sólo se debe al hecho de que a pesar de su irregularidad, los ríos no se congelan en esta zona mediterránea, mientras que en el norte de Europa dicho congelamiento inutiliza los molinos de agua, por importantes períodos en el año. (Al respecto cfr. igualmente el artículo de M. Bloch “Avvento e conquiste del molino ad acqua”, ya citado.)

    [26] En este sentido podemos asumir el extracto que hace Marx (1984:91) cuando dice: “Se preocupaban poco en construir máquinas con baja fricción y que pudiesen funcionar con un mínimo posible de fuerza de movimiento. Se confiaba totalmente, y sólo, en la fuerza de movimiento [externa]. Ésta tenía que vencer las resistencias que se le presentaban y superar todos los errores de la máquina”.

    [27] Muy interesantes son los desarrollos e hipótesis con los que Marx ilustra esta última idea citada. Ellos se hallan incluidos en el texto mencionado de Capital y tecnología. Aquí debimos circunscribirnos solamente a los que se refieren a los molinos hidráulicos en particular.

    [28] No entramos aquí a explicar la significación e importancia de los molinos de agua durante la primera y segunda edades feudales. Bástenos señalar que dichos molinos han sido uno de los principales motivos de la lucha de clases social y política a lo largo de todo el medioevo, y uno de los soportes importantes del desarrollo de las industrias medievales, tanto de la textil y la siderúrgica, como de la de curtido de pieles y de trabajo de la madera, entre otras.

    [29] El feudo, definido de acuerdo con su figura clásica, completa y más acabada, es una determinada cantidad de tierras y de hombres sometidos o siervos que la trabajan, que son entregados al señor feudal de un modo vitalicio e incondicional y como contrapartida material de los servicios fundamentalmente militares recibidos por parte del vasallo. Es pues el componente material o económico de la relación feudal en cuanto tal. Al respecto cfr. Bloch (1979: t. I, libro II, 2a. parte) y los artículos “European feudalism” y “Les formes de la rupture de l’hommage dares rancien droit feodal” en Bloch (1983: t. I).

    [30] Entendemos la relación de dependencia personal como una relación directa e inmediata entablada entre dos personas a partir del reconocimiento y asunción de ciertas cualidades y atributos personales de los miembros que la entablan. Relación doble que es de una parte entrega y reconocimiento de una de las personas, y de la otra respaldo y protección, uniendo profundamente a ambas personas en tanto personas y haciéndolas interdependientes de modo inmediato. La dependencia personal puede tener, obviamente, diversas formas de manifestación, según el con-texto y momento en que aparezca. Ella se presenta como relación básica y central dentro de la comunidad germánica, de donde es transmitida y difundida a la Edad Media europea.

    [31] La relación feudal clásica es entonces una relación de dependencia personal directa, contraída libre y voluntariamente entre dos hombres, y cuyo fin esencial es un fin militar —aunque el componente económico es también muy importante. pero no el fundamental—; relación en la que el hombre colocado en la posición superior o señor feudal, recibe del subordinado o vasallo servicios y apoyo funda-mentalmente militares, otorgando en cambio la propiedad vitalicia sobre una tierra determinada y el mando sobre los hombres o siervos que la trabajan, es decir, otorgando en cambio el feudo. En este sentido, la relación feudal es la relación principal de cohesión interna de la clase dominante feudal, su mecanismo básico de unidad. De ahí que su contenido económico, aunque importante, no sea el central de esta relación, pues se trata de un nexo establecido entre miembros que son a priori, hombres con poder económico y parte integrante de la clase que explota económicamente a otras.

    [32] Por eso, serán precisamente causas económicas, el pasar a primer plano de los rasgos económicos de la relación feudal, lo que terminará por disolverla (Cfr. Bloch 1979: t. I, p. 245-276).

    [33] Al punto que Marx puede decirnos: “La tenebrosa Edad Media europea. En lugar del hombre independiente nos encontramos con que aquí todos están liga-dos por lazos de dependencia: siervos de la gleba y terratenientes, vasallos y grandes señores, seglares y clérigos. La dependencia personal caracteriza tanto las relaciones sociales en que tiene lugar la producción material como las otras esferas de la vida estructuradas sobre dicha producción” (Marx, 1981: t. I, vol. I, p. 94). La dependencia personal parecería ser entonces el vínculo o rasgo característico de toda relación social posible dentro de este orden.

    [34] El feudo que consiste en tierras y siervos, y que es la contraprestación vitalicia de un apoyo y servicios guerreros es pues, como mencionamos, la forma acabada, clásica y característica del feudo en cuanto tal. Pero frente a ella existen otras formas, derivadas o prefigurativas de esta forma clásica —como el beneficio y el precario ya señalados— que también se designan o conciben bajo el nombre amplio del feudo. Sin embargo, su ubicación, explicación y sentido intrínseco sólo son comprensibles a partir de su figura más desarrollada y clásica, ya explicada.

    [35] Exagerando, A. Thierry (1947:34) ha señalado esta existencia de la servidumbre entre los romanos, antes de las invasiones: “la servidumbre de la gleba, con cualquier nombre que se la llamara, era anterior en suelo galo a la conquista de los bárbaros; esta conquista pudo agravarla pero se hundía en la noche de los siglos y tenía su raz en una época inasequible, aún para la erudición de nuestros días”. Punto de vista explicable totalmente en un historiador burgués, para quien el ene-migo principal sigue siendo aún el fantasma feudal y medieval, con todo su cortejo de relaciones serviles y de dependencia personal.

    [36] Sobre esto dice claramente Montesquieu (1973:160): “La esclavitud propia-mente dicha es la institución de un derecho que hace a un hombre dueño absoluto de otro hombre, o a este último propiedad del primero, que dispone de sus bienes y hasta de su vida.”

    [37] A pesar de ser un punto polémico, nuestra opinión es que la esclavitud no existía dentro de La comuna germánica. Los “esclavos” de que habla Tácito, se explican por su punto de vista permeado por las propias concepciones del mundo en que vivía, pues la situación que él describe parece responder, como puede verse en su Germania —y como concibe también Marx—, más bien a una forma incipiente de la servidumbre, que -a una forma de esclavitud en cuanto tal. La servidumbre era una relación más acorde con la forma germana, donde existía uno de sus antecedentes clásicos: la prestación personal de los miembros de la comuna.

    [38] Véase al respecto la afirmación de J. Kuczynski (1974). También allí se cita la idea de J. Stalin sacada de su texto Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico. (Cfr., p. 116-117) .

    [39] Como se ve, concebimos a la servidumbre como una relación amplia y flexible, que en sus diversas variantes y posibilidades se presenta como una forma casi universal de las relaciones de producción. Así parece concebirla Marx (1976: t. 1, p. 462-463) a lo largo de todo el argumento de las “Formaciones económicas precapitalistas”, por ejemplo cuando dice: “De lo visto resulta que la relación señorial y la relación de servidumbre corresponden igualmente a esta forma de la apropiación de los instrumentos de producción y constituyen un fermento necesario del desarrollo y de la decadencia de TODAS las relaciones de propiedad y de producción ORIGINARIAS a la vez que expresan también el carácter limitado de ésa (versalitas nuestras). O sea que la servidumbre es una vía posible de disolución de todas las formas originarias, de cualquiera de ellas. Por eso puede revestir múltiples formas que van desde la servidumbre de la gleba en su forma más clásica y acabada hasta la simple obligación de un tributo: “Además está claro que en todas las formas en las que el trabajador directo sigue siendo ‘poseedor’ de los medios de producción necesarios para la de sus propios medios de subsistencia y sus condiciones de trabajo, la relación de propiedad debe manifestarse al mismo tiempo como relación directa de dominación y servidumbre, con lo que el productor directo aparecerá como carente de libertad; carencia ésta de libertad que podrá atenuarse DESDE la servidumbre [leibeigenschaft] con prestaciones personales HASTA la mera obligación tributaria” (versalitas y cursivas nuestras, Marx, 1981: t. III, v, 8, p. 1005-1006).

    [40] Caso que ha sido señalado claramente por Marx. Así si primero define el trabajo de prestación personal para la comunidad y dice: “[…] Las pequeñas comunidades pueden vegetar independientemente una al lado de la otra y en ellas el individuo trabaja independientemente, con su familia, en el lote que le ha sido asignado (un trabajo determinado para reservas colectivas, por así decirlo para seguro, por un lado, y para costear los gastos de la entidad comunitaria en cuanto a tal, o sea para la guerra, para el servicio divino, etcétera) ; el dominio señorial en su sentido más originario se encuentra primeramente aquí, por ejemplo en las comunidades eslavas, en las rumanas, etc. Aquí se da la transición a la prestación personal, etc.” (Marx, 1976: t. I, p. 435-436) luego señala claramente la usurpación de esa prestación y la consecuente génesis del señor-terrateniente y el siervo sometido a esa prestación servil: “Una parte del suelo pertenece a los campesinos individuales, quienes lo cultivan en forma autónoma. Otra porción se cultiva colectivamente y crea un plusproducto que sirve en parte para solventar gastos comunitarios, en parte como reserva para casos de malas cosechas, etc. Estas dos últimas partes del plusproducto y finalmente todo el plusproducto junto con el suelo en el que creciera son usurpadas poco a poco por funcionarios estatales y por particulares, y los propietarios campesinos, originariamente libres, cuya obligación de cultivar en común ese suelo se mantiene en pie, se transforman así en personas obligadas a prestaciones personales o al pago de renta en productos, mientras los usurpadores de las tierras comunes se transforman en los terratenientes no sólo de la tierra comunal usurpada, sino también de las mismas propiedades campesinas” (Marx, 1981: t. III, v. 8, p. 1022; cfr. también Marx, 1980c:216-218). Por lo demás, la diferencia y relación entre la servidumbre, la prestación personal comunitaria, la prestación personal servil, etcétera, y la tipología detallada de las distintas modalidades de la servidumbre, sólo puede realizarse a partir de sus formas acabadas, presentes en este caso, sólo a partir de la primera edad feudal. Aquí sólo aludimos a ellas implícitamente y en la medida necesaria para esclarecer nuestro argumento más general, pues aquí sólo estamos ante su conceptualización más genérica y global.

    [41] Las múltiples fuentes que la servidumbre medieval ha tenido son claramente percibidas por Montesquieu, quien señala su desarrollo a partir de los antecedentes anteriores a la fusión, a partir de la conquista misma —que también es una de sus palancas—, y a partir de su propagación. (Cfr. Montesquieu, 1973:385-387).

    [42] 42 Este movimiento diverso de uniformación hacia la servidumbre, y de ligazón del siervo a la tierra es señalado por Bloch (1979: t. I, p. 295-296). También aluden a él Kuczynski (1974:116), Duby (1979:41) y Hodggett (1974:37). También había sido señalado claramente por Engels (s.f.: 176-177) .

    [43] Recuérdese nuevamente la caracterización de Marx (1981: t. I, v. 1, p. 94) de la Edad Media como una sociedad basada, en general, en diversos “lazos de depe dencia personal”.

    [44] 44 Esta amplitud y propagación de la relación de dependencia personal es clara para Hegel (1974:609) que dice: “Así nació una serie gradual de dependencias, que iban desde el siervo hasta el ministro y vasallo”. También Guizot ha señalado el revestimiento de la servidumbre bajo la forma de la dependencia personal, reprobándolo: “No hay duda de que al cabo de algún tiempo se formaron, entre los colonos y el señor feudal, algunas relaciones morales, algunas costumbres afectuosas. Pero esto ocurrió a pesar de su situación recíproca y en modo alguno por su influencia. Considerada en sí misma la situación era radicalmente viciosa. No existía moral-mente nada común entre el poseedor del feudo y sus colonos; éstos forman parte de su dominio, son su propiedad” (Guizot, 1972:99). Alusiones a estas mismas ideas de la servidumbre teñida de dependencia puede verse en Pirenne (1981:52-53) y Boutruchc (1978: t. 1, p. 143).

    [45] En realidad, la servidumbre feudal-medieval sigue una clara curva de desarrollo que va del claro predominio del rasgo de dependencia personal, en sus primeras etapas, hasta el predominio de la tierra como mediación obligada de la relación y el afianzamiento de la condición del siervo como simple accesorio de ella, en las etapas finales. Pero ambas son figuras correspondientes al modo feudal de producir. Al respecto cfr. el artículo “Serf de la glebe. Histoire d’une expressión soase faite”, en Bloch (1983: t. I).

    [46] Sobre esta idea puede confrontarse a Braudel (1974 y 1978). Lo mismo en White (1979). Como ya hemos mencionado, también ésta es la idea de Marx y Engels en referencia a la significación y aportes del feudalismo dentro del proceso histórico-general.