Espartaco

“Is that to say we are against Free Trade? No, we are for Free Trade, because by Free Trade all economical laws, with their most astounding contradictions, will act upon a larger scale, upon the territory of the whole earth; and because from the uniting of all these contradictions in a single group, where they will stand face to face, will result the struggle which will itself eventuate in the emancipation of the proletariat.”

Karl Heinrich Marx · Marx-Engels Collected Works, Vol. VI, p. 290

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Categoría: Economía Política

  • VENTAJA ABSOLUTA VS. VENTAJA COMPARATIVA: UNA COMPARACIÓN MULTIDIMENSIONAL

    VENTAJA ABSOLUTA VS. VENTAJA COMPARATIVA: UNA COMPARACIÓN MULTIDIMENSIONAL

    Teoría del comercio · Econometría · Política económica

    ¿Y si David Ricardo estaba equivocado?
    Un nuevo desafío econométrico a la ventaja comparativa

    Basado en: Gómez Julián, J. M. (2025). “Teorías del comercio internacional versus resultados de los tratados comerciales.” Revista Cubana de Economía Internacional, 12(1), 36–57. Leer el artículo original

    La mayoría de las personas que han llevado un curso introductorio de economía se han encontrado con una idea engañosamente sencilla: los países deberían especializarse en aquello que hacen relativamente mejor, incluso si otro país es mejor produciendo todo. Esta es la doctrina de la ventaja comparativa, atribuida en gran medida al trabajo de David Ricardo de comienzos del siglo XIX sobre el comercio entre Inglaterra y Portugal. Se ha convertido en una de las justificaciones más citadas del libre comercio y de la arquitectura de los tratados comerciales modernos.

    Un artículo de 2025 de Juan Manuel Gómez Julián, publicado en la Revista Cubana de Economía Internacional, plantea una pregunta provocadora: ¿los datos reales de los tratados comerciales respaldan la ventaja comparativa, o apuntan de nuevo hacia la idea más antigua y sencilla de la ventaja absoluta? Su respuesta, alcanzada mediante una combinación de análisis histórico, razonamiento matemático y modelización econométrica moderna, probablemente incomode buena parte del pensamiento convencional sobre política comercial.

    Las dos ideas en competencia, explicadas en lenguaje sencillo

    Antes de entrar en la contribución del artículo, conviene dejar absolutamente claro qué está en juego. Imaginemos dos países:

    • País A puede producir tanto trigo como acero de manera más eficiente —más rápido, más barato y utilizando menos recursos— que el País B.
    • País B es menos eficiente en la producción de ambos bienes.

    La ventaja absoluta (Adam Smith, 1776) sostiene: el País A es sencillamente mejor en ambos bienes. El País B no tiene ninguna razón evidente para competir directamente con él, y el comercio entre ambos estará condicionado por la magnitud de la diferencia en sus capacidades productivas.

    La ventaja comparativa (David Ricardo, 1817) responde: un momento; aunque el País A sea mejor en ambos bienes, es proporcionalmente mejor produciendo acero que trigo. El País B, aunque sea peor en todo, es relativamente menos malo produciendo trigo. Por tanto, si el País A se concentra en el acero y el País B en el trigo, y ambos comercian, los dos terminan beneficiándose. La superioridad absoluta no importa; lo que importa es la proporción entre las eficiencias dentro de cada país.

    La idea es elegante. Pero también es, como sostiene Gómez Julián, sorprendentemente frágil cuando se contrasta con datos del mundo real.

    Lo que realmente hace el artículo

    Gómez Julián aborda la cuestión desde tres ángulos complementarios, lo que proporciona al artículo una amplitud metodológica poco habitual.

    1. Generalización matemática

    En primer lugar, examina hasta qué punto cada teoría se sostiene cuando se la lleva matemáticamente más lejos; es decir, cuando se pregunta si su lógica continúa siendo válida bajo supuestos más generales y realistas que los modelos de manual originales de dos países y dos bienes. Según encuentra, la ventaja comparativa depende de un conjunto estrecho de supuestos —tecnologías idénticas en determinados aspectos, costos constantes, ausencia de costos de transporte y pleno empleo— que tienden a desmoronarse cuando el modelo se vuelve más realista. La ventaja absoluta, por el contrario, mantiene su coherencia bajo una gama más amplia de condiciones.

    2. Contexto histórico

    En segundo lugar, el artículo reconstruye la historia intelectual del problema. Ricardo desarrolló la ventaja comparativa en un mundo en el que la naturaleza de la producción era fundamentalmente distinta de la actual economía globalizada e intensiva en tecnología. El autor sostiene que la teoría fue producto de su época: útil como experimento mental, pero no como guía fiable para la política comercial moderna, especialmente cuando la brecha tecnológica entre los socios comerciales es muy amplia.

    3. Evidencia econométrica

    Es aquí donde el artículo realiza su contribución más distintiva. Gómez Julián utiliza dos familias de modelos estadísticos para comprobar cuál de las dos teorías explica mejor los resultados reales de los tratados comerciales:

    • Modelos de Equilibrio General Computable (EGC) — modelos de simulación a gran escala que intentan representar la economía completa, sector por sector, y posteriormente simulan qué ocurre cuando un tratado comercial modifica aranceles, cuotas o condiciones de acceso a los mercados. Son ampliamente utilizados por instituciones como el Banco Mundial y la OMC.
    • Modelos Lineales Generalizados (GLM) bayesianos objetivos — un enfoque estadístico moderno que emplea inferencia bayesiana —actualizando las creencias mediante los datos— con un mínimo de supuestos subjetivos (priores “objetivos”). Esto permite que los datos hablen con mayor libertad, sin imponer fuertes ideas preconcebidas acerca de cuál “debería” ser la respuesta.

    Los resultados combinados apuntan en la misma dirección: los resultados comerciales entre países con asimetrías tecnológicas significativas son explicados mejor por la ventaja absoluta que por la ventaja comparativa.

    ¿Qué significa esto en la práctica?

    Las implicaciones prácticas son importantes y van a contracorriente de las recomendaciones dominantes en materia de política comercial durante las últimas décadas.

    Si la ventaja comparativa es el enfoque correcto, entonces el libre comercio entre cualesquiera dos países —ricos o pobres, tecnológicamente avanzados o no— resulta mutuamente beneficioso casi por definición. La recomendación de política económica es sencilla: liberalizar, firmar acuerdos y reducir barreras.

    Pero si la ventaja absoluta constituye un modelo mejor, entonces la estructura del acuerdo importa enormemente. Un tratado comercial entre un país altamente industrializado y otro predominantemente agrícola no es intrínsecamente beneficioso para ambas partes. Puede encerrar al país menos desarrollado en exportaciones de bajo valor agregado mientras inunda sus mercados con bienes manufacturados que desplazan a la industria local. Las asimetrías tecnológicas y salariales entre los firmantes pasan entonces a ocupar un lugar central, en lugar de constituir una consideración secundaria.

    En otras palabras, los resultados de Gómez Julián sugieren que los tratados comerciales deberían diseñarse prestando una atención deliberada a los desequilibrios de poder y a las capacidades productivas de las partes involucradas, en lugar de firmarse simplemente bajo el supuesto de que todo comercio es necesariamente beneficioso.

    Por qué esto importa más allá de la economía

    Si sos politólogo, analista de políticas públicas o simplemente alguien que sigue la geopolítica, este debate está lejos de ser meramente académico. Los tratados comerciales se encuentran entre los instrumentos más importantes de la política exterior y de la estrategia económica interna. Moldean la política industrial, los mercados laborales, los patrones migratorios e incluso las alianzas geopolíticas.

    La cuestión de si un tratado comercial es “justo” o “beneficioso” depende de la teoría económica utilizada para evaluarlo. Si la teoría dominante es incorrecta —o, como mínimo, incompleta—, décadas de recomendaciones en materia de política comercial podrían haber subestimado sistemáticamente los riesgos de la liberalización entre socios desiguales.

    Esto no significa que el proteccionismo sea la respuesta. Pero sí significa que los términos de la relación importan. Un tratado comercial que tome en consideración las brechas tecnológicas, incluya disposiciones para la transferencia de tecnología e incorpore mecanismos de ajuste es un instrumento muy distinto de uno que simplemente elimine los aranceles entre economías desiguales y dé el asunto por terminado.

    Referencia: Gómez Julián, J. M. (2025). Teorías del comercio internacional versus resultados de los tratados comerciales: ¿ventaja absoluta o comparativa? Revista Cubana de Economía Internacional, 12(1), 36–57. https://revistas.uh.cu/rcei/article/view/11142

  • James Mill: Un Padre Olvidado de la Economía Política

    James Mill: Un Padre Olvidado de la Economía Política

    La influencia de James Mill en la ciencia económica moderna
    Historia del pensamiento económico

    La influencia de James Mill

    Aportaciones de James Mill a la ciencia económica moderna

    Basado en el artículo de José Mauricio Gómez Julián · Leer el artículo original

    El artículo parte de una tesis precisa: la literatura sobre Historia del Pensamiento Económico ha prestado poca atención a la importancia de James Mill para la ciencia económica moderna. Gómez Julián sostiene que Mill fue el primer economista en plantear que toda oferta crea su propia demanda, uno de los mejores exponentes de su época de la Teoría Cuantitativa del Dinero, un autor en cuya obra pueden encontrarse gérmenes de la Política Monetaria Moderna, y un pionero en cuestiones como el trabajo productivo e improductivo y la acumulación de capital. El objetivo declarado del artículo es demostrar cuán fundamental fue James Mill para la Economía Política moderna.

    Alcance del artículo

    El resumen del texto atribuye expresamente a Mill la primera definición clara de las nociones de Trabajo Productivo y Trabajo Improductivo. En el desarrollo del artículo, la exposición se concentra especialmente en la Ley de Say, la teoría monetaria, el consumo productivo e improductivo, el capital, la población, las clases sociales y las influencias intelectuales de Mill.

    I. El plagio menos conocido de los economistas clásicos

    Gómez Julián abre el desarrollo calificando como «el plagio menos conocido» de la época de los economistas clásicos la atribución a Jean-Baptiste Say de la formulación de la llamada Ley de Say, conocida popularmente por la afirmación de que «toda oferta crea su propia demanda».

    La reconstrucción histórica del artículo comienza con William Spence, autor de Britain Independent of Commerce —presentado en el texto como Bretaña no Depende del Comercio—, obra publicada en 1807. El artículo añade que la idea había sido desarrollada anteriormente por William Cobbett en su Political Register, bajo el título «Abajo el Comercio». A raíz de la obra de Spence, James Mill publicó Commerce Defended en 1808.

    En esa obra, Mill sostuvo que el producto anual de un país se emplea en realizar compras y, al ser ese mismo producto el que se ofrece a la venta, una parte del producto compra a la otra. De ahí deriva la idea de que el producto anual crea un mercado para sí mismo. Mill también aclara que puede existir exceso de una mercancía particular, pero no de las mercancías en general: un exceso sectorial implica que otras mercancías se han producido en proporción insuficiente y que los medios de producción deben redistribuirse hasta restablecer el equilibrio.

    «Por grande que sea el producto anual, siempre crea un mercado para sí mismo». James Mill, Commerce Defended (1808), citado en el artículo

    El artículo continúa con Elements of Political Economy (1821). Allí Mill plantea que la proporción en que las mercancías se intercambian depende, en primera instancia, de la relación entre oferta y demanda. Sin embargo, sostiene que su valor relativo depende en última instancia del costo de producción: los cambios de oferta o demanda pueden apartar temporalmente los valores de ese punto, mientras que la competencia, cuando no se encuentra obstruida, tiende a devolverlos a él.

    II. Teoría monetaria y Teoría Cuantitativa del Dinero

    En materia monetaria, el artículo retoma una observación de Marx: James Mill trató de exponer la teoría del dinero de Ricardo a partir de la circulación metálica simple, sin recurrir a las complicaciones internacionales con las que, según la formulación del propio artículo, Ricardo intentaba disimular la inconsistencia de su concepción y sin entrar en polémica con las funciones del Banco Central. Gómez Julián recuerda además que Ricardo cuestionó en más de una ocasión dichas funciones.

    Gómez Julián presenta a Mill como uno de los mejores exponentes de su tiempo de la Teoría Cuantitativa del Dinero. Según la exposición del artículo, Mill intenta demostrar de manera relativamente sólida que la cantidad de dinero circulante determina la suma total de los precios de las mercancías de una economía y determina igualmente el valor o precio del dinero.

    «Es la cantidad total de dinero de un país la que determina qué porción de éste se intercambia por una determinada cantidad de mercancías». James Mill, Elements of Political Economy (1821), traducción del pasaje citado

    Mill explica después dos circunstancias bajo las cuales el Gobierno crea dinero: 1) cuando desea dejarlo fluir libremente por los canales de circulación y 2) cuando desea controlar discrecionalmente la cantidad que circula. En el primer caso, el Gobierno deja abierta al público la Casa de la Moneda para convertir lingotes en moneda, de modo que las personas acuñan sus lingotes cuando su forma monetaria resulta más valiosa.

    Es precisamente aquí donde Gómez Julián identifica gérmenes de la Política Monetaria Moderna en James Mill, en contraste con predecesores como Ricardo, que cuestionaban la intervención monetaria del Gobierno. El artículo añade que, para Mill, el valor del dinero depende de su cantidad: aumenta con su escasez y, a través del mecanismo que el propio texto vincula con la «necesidad metafísica» atribuida a la posterior Ley de Say, el mercado de dinero tiende nuevamente al equilibrio.

    Mill también plantea que, si el Gobierno desea una cantidad de dinero circulante menor que la que existiría sin intervención, debe elevar el valor del metal contenido en la moneda; si desea una cantidad mayor, debe reducirlo. Gómez Julián presenta este mecanismo como otro germen de la Política Monetaria Moderna.

    III. Comercio, ventajas comparativas y competitividad cambiaria

    En el terreno del comercio internacional, el artículo sostiene que James Mill concebía la relación entre las naciones del mismo modo que la relación entre comerciantes: comprar en el mercado más barato y vender en el más caro. Gómez Julián contrapone explícitamente esta formulación a lo que denomina la «ilusión Ricardiana de las Ventajas Comparativas», que señala como muy difundida en aquella época.

    El texto añade que Mill fue uno de los primeros economistas en plantear el uso del valor de la moneda para ganar o perder competitividad en el mercado mundial; es decir, identifica en su obra una formulación temprana de la competitividad mediante los tipos de cambio.

    IV. Consumo, egoísmo y organización de la Economía Política

    Gómez Julián señala que en el pensamiento de Mill pueden encontrarse nociones originales de consumo productivo y consumo improductivo, retomadas posteriormente por Marx en su sistema teórico. Al comentar la exposición de Mill sobre estas nociones, Marx destacó su «habitual agudeza cínica y claridad».

    El artículo concede también una mención especial a los principios del egoísmo ligados a la propiedad privada y a la producción. Según Gómez Julián, estas cuestiones aparecen en Mill con mayor claridad y profundidad que en La teoría de los sentimientos morales de Adam Smith. El propio artículo resume esta concepción mediante una frase de Marx:

    «El límite de su necesidad constituye el límite de su producción». Karl Marx, citado por Gómez Julián

    La claridad de Mill se reflejaría igualmente en la organización de su obra magna, dividida en cuatro grandes partes:

    1. Producción
    2. Distribución
    3. Intercambio
    4. Consumo

    Gómez Julián destaca la profundidad, sencillez y concreción con las que Mill aborda esta estructura. El artículo no afirma que este esquema se convirtiera posteriormente en la plantilla general de los manuales de economía; esa extrapolación queda, por tanto, fuera de esta versión.

    El texto cita asimismo a Marx a propósito de las teorías monetarias de John Stuart Mill. Con la intención de poner de relieve la capacidad teórica de James Mill, Marx señala que el hijo mantenía una «lógica ecléctica» que le permitía abrazar las posiciones de su padre y, al mismo tiempo, las contrarias.

    V. Clases sociales, capital y población

    La cuestión de las clases sociales tampoco pasa inadvertida en el artículo. Aunque Gómez Julián caracteriza a James Mill como un «apologeta burgués por excelencia» de su época, destaca la claridad con que éste se refiere a la gran masa del pueblo como la clase que sólo puede ofrecer, a cambio de sus medios de subsistencia, un trabajo corriente.

    El artículo atribuye además a Mill una temprana comprensión de la distinción entre el medio de circulación como capital y el medio de circulación como simple medio de intercambio. Para ilustrarlo, reproduce un pasaje de Elements of Political Economy en el que Mill rechaza como circular la afirmación de que el valor de las mercancías dependa del capital, puesto que el capital mismo está compuesto por mercancías. Gómez Julián resume la interpretación marxiana indicando que el medio de circulación empleado con fines productivos constituye capital.

    Sobre población, Mill sostiene que existe una determinada densidad conveniente tanto para la interacción social como para la combinación de fuerzas que aumenta el producto del trabajo. A partir de ello, Gómez Julián afirma que Mill tenía claro que las necesidades del capital determinan esencialmente la densidad poblacional, en contraste con los conocidos planteamientos de Malthus.

    «Existe una cierta densidad de población conveniente […] para aquella combinación de fuerzas mediante la cual aumenta el producto del trabajo». James Mill, Elements of Political Economy (1821), traducción abreviada

    VI. Acumulación de capital e influencia intelectual

    Gómez Julián sostiene que James Mill fue, junto con S. Bailey, uno de los primeros economistas en discutir a fondo la cuestión de la Acumulación de Capital: en particular, la extensión de los efectos del capital industrial respecto de su acumulación cuando permanece constante la magnitud del capital total desembolsado.

    El artículo señala también el error cometido tanto por Mill como por Bailey al presentar como magnitud fija la parte del capital invertida en fuerza de trabajo —el capital variable—, separándola de la masa de ganancia obtenida por el capitalista.

    Finalmente, el texto recurre a John Maynard Keynes, quien explica que la denominación «economistas clásicos», inventada por Marx, se refería a Ricardo, James Mill y sus predecesores, es decir, a los fundadores de la teoría que culminó con Ricardo. Gómez Julián utiliza este pasaje para presentar a Mill como uno de los fundadores de la Economía Política.

    Aportaciones indirectas

    El artículo concluye señalando otras aportaciones de carácter indirecto: la formación intelectual de John Stuart Mill y el papel de James Mill como uno de los principales mentores de David Ricardo en Economía Política. En una nota final, añade que Mill fue el principal motivador para que Ricardo escribiera su obra magna y observa el parecido entre el título de la obra de Ricardo y el de una obra de James Mill publicada varios años antes.

    · · ·

    La tesis del artículo

    La conclusión que se desprende del conjunto de la exposición coincide con el objetivo anunciado desde el resumen: mostrar que James Mill desempeñó un papel fundamental en la formación de la ciencia económica moderna. El argumento se apoya en sus aportaciones a la relación entre oferta y demanda, la teoría del valor y los costos de producción, la Teoría Cuantitativa del Dinero, los antecedentes de la política monetaria, el comercio y los tipos de cambio, el consumo, el egoísmo y la propiedad privada, las clases sociales, la distinción entre dinero y capital, la población, la acumulación de capital y su influencia directa sobre John Stuart Mill y David Ricardo.

    Bibliografía citada en el artículo

    • Keynes, J. (2003). Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero. Fondo de Cultura Económica, México D. F.
    • Marx, K. (1844). Comments on James Mill, Éléments D’économie Politique.
    • Marx, K. (1989). Contribución a la Crítica de la Economía Política. Editorial Progreso, Moscú.
    • Marx, K. (2010). El Capital. Fondo de Cultura Económica, México D. F.
    • Mill, J. (1808). Commerce Defended.
    • Mill, J. (1821). Elements of Political Economy.
    • Mill, J. (1825). Colony.
    • Sraffa, P. (1795). The Works and Correspondence of David Ricardo, Vol. 10, Biographical Miscellany.
    • Winch, D. (1966). Selected Economic Writings.

    — Fin —

  • ¿Cómo Hacer Política Económica Ante un Superávit o Déficit de Capital Fijo Sin Papel Moneda?

    ¿Cómo Hacer Política Económica Ante un Superávit o Déficit de Capital Fijo Sin Papel Moneda?

    ¿Cómo realizar política económica ante superávit o déficit de capital fijo sin recurrir al papel moneda?
    Un blog para el economista curioso — y para todos los demás
    La cuestión del capital
    Economía política marxista Política económica 8 min de lectura

    ¿Cómo realizar política económica ante superávit o déficit de capital fijo sin recurrir al papel moneda?

    A partir de un problema expuesto de manera embrionaria por Marx en el tomo II de El capital, este artículo examina cómo una sociedad poscapitalista podría afrontar los superávits y déficits de capital fijo sin recurrir al papel moneda ni, en general, a la política monetaria.

    MG
    José Mauricio Gómez Julián
    Contribuciones a la Economía • Enero de 2016 • ISSN 1696-8360

    En las economías contemporáneas resulta difícil concebir una política económica destinada a manejar el superávit o el déficit de una mercancía sin recurrir, de una u otra forma, a la política monetaria. El artículo parte de esa constatación y centra el problema en una variable particularmente importante: el capital fijo. Su objetivo es demostrar que, en una sociedad poscapitalista, sería posible controlar los superávits y déficits de capital fijo sin recurrir al papel moneda ni a las variables asociadas a éste.

    Introducción: el problema y sus alcances

    El análisis constituye un desarrollo teórico complementario de un problema planteado por Marx en el tomo II de El capital. El artículo utiliza el mismo ejemplo teórico de Marx, aunque advierte que el fenómeno puede originarse por diversas causas que quedan fuera de su delimitación. Asimismo, el desequilibrio no tiene por qué producirse exclusivamente entre grandes sectores de la economía: puede presentarse tanto a nivel intersectorial como a nivel intrasectorial.

    En una sociedad capitalista, las consecuencias de estos desajustes no son esencialmente distintas de las que provoca el superávit —sobreproducción— o el déficit —escasez— de cualquier otra mercancía. El comercio exterior puede ofrecer una salida de corto plazo. Ante un superávit, puede permitir transformar en medios de consumo una parte de la mercancía del Sector I que ha quedado estancada bajo forma dineraria; ante un déficit, puede contribuir a dar salida al remanente de mercancías relacionado con la amortización del capital fijo. Pero esa solución no elimina la contradicción: simplemente la desplaza a una esfera más extensa, ampliando su campo de acción y potencialmente la magnitud de sus consecuencias.

    El problema central no es simplemente cuánto capital fijo existe, sino cómo mantener su proporcionalidad respecto del capital circulante cuando la reposición física del primero varía de un año a otro.

    Los dos escenarios teóricos

    El razonamiento se desarrolla a partir de la relación entre dos sectores: el sector productor de medios de producción y el sector productor de medios de consumo. La cuestión decisiva es cómo cambia la relación entre la parte fija y la parte circulante del capital constante cuando varía la proporción de capital fijo que debe ser repuesta físicamente.

    1

    Primer escenario

    Si aumenta la parte de la producción de medios de producción destinada a reponer el capital fijo del sector productor de medios de consumo, mientras permanece constante la producción global destinada a abastecerlo de capital constante, el aumento de la amortización modifica la proporción entre la reposición del capital fijo y los elementos circulantes necesarios. Una parte mayor del capital fijo restaurado bajo forma dineraria fluye hacia el sector productor de medios de producción para recuperar su forma natural, de modo que circula más dinero con función unilateral de medio de compra, al tiempo que cambia la masa de mercancías intercambiada entre ambos sectores.

    Resultado → SUPERÁVIT EN LA PRODUCCIÓN DE CAPITAL FIJO
    2

    Segundo escenario

    Si disminuye la proporción del capital fijo del sector productor de medios de consumo que debe reproducirse en especie —es decir, reemplazarse físicamente de una vez—, aumenta correspondientemente la parte que sólo debe reponerse en dinero mediante el fondo de reserva. La masa de elementos circulantes del capital constante reproducidos por el sector de medios de producción permanece sin variación, mientras disminuye la producción del capital fijo sujeto a reposición.

    Resultado → DÉFICIT EN LA PRODUCCIÓN DE CAPITAL FIJO

    La propuesta de política económica

    El artículo da entonces el paso decisivo. Una vez suprimido el modo de producción capitalista —y, con él, el papel moneda en los términos del planteamiento desarrollado—, el problema de la proporcionalidad entre capital fijo y capital circulante se reduce fundamentalmente a que la magnitud del capital fijo que se agota y debe reponerse físicamente puede variar de un año a otro. Esas variaciones pueden compensarse sucesivamente, mientras que, ceteris paribus, la parte restante del capital constante necesaria para la producción anual de artículos de consumo —materias primas, auxiliares e intermedias— no tiene por qué disminuir.

    La respuesta propuesta por el artículo es una continua sobreproducción relativa: producir una cierta cantidad de capital fijo por encima de la necesidad inmediata y mantener existencias de materias primas, materias auxiliares y materias intermedias superiores a las necesidades anuales.

    Esos valores de uso excedentarios no serían mercancías producidas sin salida, sino un fondo de reserva. Su función sería proporcionar al proceso productivo la parte del capital constante que resulte necesaria en cada momento: capital fijo cuando exista déficit de su parte fija, o elementos circulantes cuando el desajuste exija reforzar esa parte. La finalidad es impedir que las variaciones de la reposición del capital fijo reduzcan o perturben la reproducción del sistema.

    De esta manera, la propuesta no consiste en eliminar las variaciones materiales que originan los desajustes, sino en disponer conscientemente de reservas capaces de compensarlas. La fluctuación interanual de la reposición física del capital fijo permanece; lo que cambia es el mecanismo social mediante el cual se responde a ella.

    Por qué la misma política no funcionaría bajo el capitalismo

    El artículo subraya que una política semejante tendría un significado completamente diferente dentro de una sociedad capitalista. Allí constituiría un elemento de anarquía porque la planificación no pertenece a la esencia del sistema. Además, la sobreproducción capitalista no es «relativa» en el sentido específico utilizado por la propuesta: genera crisis comerciales. Tampoco adopta la forma de una sobreproducción continua y conscientemente mantenida como reserva, sino que las crisis comerciales presentan un carácter cíclico.

    La diferencia fundamental reside, por tanto, en la organización del proceso productivo. En el planteamiento poscapitalista del artículo, el excedente se produce deliberadamente como reserva de valores de uso para garantizar la reproducción; dentro del capitalismo, la sobreproducción aparece en un sistema cuya dinámica no está regida por esa planificación consciente y desemboca en crisis comerciales.

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    Breve apreciación final

    El artículo termina desplazando la atención desde el problema técnico hacia la historia de la teoría marxista. Gómez Julián señala que el Diccionario de Economía Política de Borísov, Zhamin y Makárova —que toma como una síntesis de la teoría económica soviética de su época— no desarrolla ni siquiera menciona este problema en sus entradas dedicadas al «Capital Fijo», la «Reproducción Simple» o la «Reproducción Ampliada».

    La omisión resulta especialmente significativa para el autor porque Marx había dejado planteado el problema, aunque sólo de manera embrionaria, en las páginas 414–417 del tomo II de El capital. Gómez Julián considera que la cuestión posee una importancia vital tanto para la teoría marxista como para la construcción de una sociedad comunista o de cualquier otra sociedad poscapitalista.

    A partir de ello formula una crítica deliberadamente severa contra el marxismo soviético: interpreta la ausencia de este desarrollo como una muestra de que numerosos fundamentos de la teoría no fueron comprendidos adecuadamente ni en el plano teórico ni en el práctico, y vincula polémicamente esa valoración con el desenlace histórico simbolizado por el 9 de noviembre de 1989.

    La tesis del artículo, en síntesis

    El argumento puede condensarse así: las variaciones de un año a otro en la parte del capital fijo que debe reponerse físicamente generan desajustes entre capital fijo y capital circulante. Bajo el capitalismo, estos desequilibrios se manifiestan dentro de una estructura mercantil y monetaria y pueden desembocar en sobreproducción, escasez y crisis. En una sociedad poscapitalista, en cambio, el artículo propone prescindir del papel moneda para afrontar este problema mediante una continua sobreproducción relativa de capital fijo y de elementos circulantes, cuyos excedentes serían acumulados como fondos de reserva y utilizados según las necesidades materiales de la reproducción.

    Esta entrada presenta en lenguaje divulgativo el argumento desarrollado por José Mauricio Gómez Julián. El fenómeno analizado puede producirse por causas diversas —que el artículo no estudia por razones de delimitación— y puede aparecer tanto a nivel intersectorial como intrasectorial. Para consultar el desarrollo original y su vínculo directo con Marx, véase: Gómez Julián, J. M. (2016), “¿Cómo realizar política económica ante superávit o déficit de capital fijo sin recurrir al papel moneda?”, Contribuciones a la Economía.
    Artículo original Gómez Julián, José Mauricio. “¿Cómo realizar política económica ante superávit o déficit de capital fijo sin recurrir al papel moneda?” Contribuciones a la Economía, enero de 2016, ISSN 1696-8360.
    Texto completo: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9041512

    Referencias principales del artículo: Karl Marx, El Capital, Fondo de Cultura Económica, 2010; Borísov, Zhamin y Makárova, Diccionario de Economía Política, 1965.

    La cuestión del capital — Economía política explicada desde sus problemas teóricos fundamentales.

  • ¿Tienen las Ciencias Sociales el Mismo Estatus Científico que las Ciencias Naturales?

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  • LA DIALÉCTICA DEL CAPITAL MERCANTIL

    LA DIALÉCTICA DEL CAPITAL MERCANTIL

    La lógica oculta dentro de cada etiqueta de precio — Leyendo a Marx a través de los silogismos de Hegel
    Economía política × Filosofía

    La lógica oculta dentro de cada etiqueta de precio

    Cómo los silogismos de Hegel revelan las contradicciones que Marx vio en toda mercancía —y por qué esas contradicciones siguen siendo importantes para comprender el futuro del capitalismo.

    Cada vez que comprás una taza de café, ocurren simultáneamente dos cosas completamente diferentes. El café satisface una necesidad —calor, cafeína, placer—. Pero también encarna una relación social: alguien cultivó los granos, alguien los tostó, alguien fijó un precio. Esa doble vida de toda mercancía es lo que Marx denominó la contradicción entre valor de uso y valor de cambio. Un economista se propuso demostrar que esta contradicción sigue una estructura lógica exacta —una que Marx esbozó, pero nunca llegó a completar plenamente.

    Por qué existe este artículo

    Karl Marx construyó su crítica de la economía política sobre el andamiaje lógico del filósofo alemán G. W. F. Hegel. Esto no es una nota al pie sin importancia: la lógica dialéctica de Hegel —la idea de que los conceptos se desarrollan mediante la contradicción, pasando de tesis a antítesis y a síntesis— constituye la sala de máquinas de El capital. Marx afirmó célebremente que había puesto a Hegel «sobre sus pies», sustituyendo el idealismo por el materialismo. Pero conservó la maquinaria.

    El problema, como señala Gómez Julián, es que Marx nunca terminó la tarea filosófica. Utilizó la lógica de Hegel para analizar las mercancías, el dinero y los precios, pero nunca explicó plenamente cómo las contradicciones internas de la mercancía se resuelven en el nivel de la lógica pura. Identificó el ciclo M–D–M (mercancía–dinero–mercancía) e incluso lo relacionó con el silogismo cualitativo de Hegel. Pero entonces detuvo el análisis filosófico y continuó con la economía. Este artículo intenta retomar el análisis allí donde Marx lo dejó.

    «La contradicción entre valor de uso y valor de cambio es uno de los descubrimientos más fundamentales de la economía marxista, un principio sin el cual todas las conclusiones de la teoría del valor y del dinero permanecen muertas.»
    — Roman Rosdolsky, citado en el artículo

    Tres conceptos que necesitás: valor de uso, valor de cambio y dinero

    Antes de continuar, asegurémonos de que los conceptos fundamentales queden completamente claros —sin necesidad de tener un título en Economía.

    • Valor de uso es aquello para lo que una cosa sirve. Un abrigo te mantiene caliente. El pan te alimenta. Es cualitativo: responde a la pregunta «¿para qué sirve?».
    • Valor de cambio es aquello por lo que una cosa puede intercambiarse. El abrigo podría valer tres hogazas de pan, u 80 dólares. Es cuantitativo: responde a la pregunta «¿cuánto vale?».
    • Dinero es el traductor universal. Permite que toda mercancía exprese su valor de cambio en un lenguaje común (dólares, euros, colones). Pero el dinero también separa la compra de la venta, creando nuevas contradicciones.

    La tensión central es esta: una mercancía es a la vez un objeto útil y portadora de un valor social abstracto. Estas dos identidades no conviven cómodamente. La tesis del artículo es que esta tensión sigue una estructura lógica precisa que el sistema de Hegel permite descifrar.

    Las herramientas de Hegel: concepto, juicio y silogismo

    La Ciencia de la lógica de Hegel se desarrolla en tres etapas que reflejan cómo pensamos. Gómez Julián recurre a las tres:

    El Concepto (Begriff) posee tres «momentos»: universalidad (lo que algo comparte con todo lo perteneciente a su clase), particularidad (lo que lo distingue dentro de esa clase) y singularidad (la cosa concreta e individual que reúne ambas). Pensalo de esta manera: «fruta» es universal; «cítrico» es particular; «esta naranja que tengo en la mano» es singular.

    El Juicio (Urteil) es lo que sucede cuando esos momentos se enfrentan entre sí —cuando decimos que algo es esto pero también no es aquello—. Es el momento de la contradicción.

    El Silogismo (Schluss) es la resolución. Es la forma lógica en la que la contradicción encuentra su movimiento —no desapareciendo, sino desarrollándose en algo más rico—. Un silogismo posee un término mayor (universal), un término menor (particular) y un término medio (singular) que media entre ambos.

    Analogía cotidiana Imaginá un mercado laboral. Los trabajadores (individuos particulares) quieren salarios (un estándar universal). La entrevista de trabajo constituye la mediación singular: el encuentro concreto en el que «este trabajador» se enfrenta al «precio de mercado del trabajo». La contradicción entre lo que un trabajador necesita y lo que el mercado ofrece no desaparece; se desarrolla durante la negociación. El silogismo de Hegel captura el esqueleto lógico precisamente de este tipo de proceso.

    Silogismo n.º 1 — El acto de comprar y vender

    El primer silogismo que desarrolla Gómez Julián es lo que Hegel denomina el silogismo de reflexión en su forma exclusiva. Aborda la pregunta más elemental: ¿cómo pueden intercambiarse una mercancía y el dinero —dos cosas fundamentalmente diferentes—?

    Consideremos el acto de vender (M → D). El vendedor posee una mercancía particular —digamos, una silla específica hecha a mano—. El dinero desempeña el papel de lo universal: es el equivalente general frente al cual se miden todas las mercancías. ¿Qué conecta ambos extremos? El nexo social: la red de relaciones de producción, normas de mercado y convenciones compartidas que hacen posible el intercambio en primer lugar.

    En el acto de comprar (D → M), la lógica se refleja a sí misma: el dinero (ahora universal) se intercambia por una mercancía particular, nuevamente mediado por el nexo social. El silogismo se presenta así:

    Venta: M → D Particular (mercancía) — Singular (nexo social) — Universal (dinero)

    Compra: D → M Universal (dinero) — Singular (nexo social) — Particular (mercancía)

    La idea clave es que el nexo social no es un añadido: es el término medio lógico. Sin él, la contradicción entre una silla y un conjunto de billetes sería irreductible. El propio Marx reconoció esto cuando escribió que «una relación social de producción aparece como algo existente fuera de los individuos». La silla no «sabe» inherentemente que vale 200 dólares. Ese conocimiento está incorporado en la práctica social.

    Silogismo n.º 2 — Precio frente a valor

    El segundo silogismo aborda un problema más sutil. Incluso después de realizarse un intercambio, permanece una brecha: el precio de una mercancía casi nunca coincide con su valor (el tiempo de trabajo socialmente necesario incorporado en ella). Los precios fluctúan según la oferta, la demanda, la especulación, la estación e incluso el estado de ánimo. Marx reconoció esto explícitamente:

    «La forma precio […] permite la posibilidad de una incongruencia cuantitativa entre el precio y la magnitud del valor, es decir, una desviación del primero con respecto a la segunda.»

    Gómez Julián utiliza el silogismo de analogía de Hegel para modelar esta cuestión. En este silogismo, el término medio es una singularidad tomada en su universalidad esencial: una cosa particular considerada no únicamente como ella misma, sino como representante de su género. Así se establece la correspondencia:

    Relación precio–valor: S — U — P Singular: valor de cambio (el tiempo de trabajo real, que nunca aparece directamente en el mercado —entra en la «volatilidad caprichosa de la competencia»)
    Universal: precio (la expresión monetaria, que lleva el valor en su interior pero también difiere de él —«valor en sí y también valor distinto de sí mismo»)
    Particular: valor de cambio a largo plazo (el promedio alrededor del cual oscilan la oferta y la demanda)

    La conclusión es elegante: precio y valor nunca son idénticos en un único punto del tiempo, pero el valor siempre constituye el centro gravitacional alrededor del cual orbitan los precios. Esto no es una falla del sistema: es la manera en que se mueve la contradicción. Como escribió Marx, haciéndose eco de Hegel, la identidad aquí es «la identidad de la negación».

    Pensalo de esta manera El precio de una acción en un día determinado puede encontrarse enormemente alejado de su «valor intrínseco» (sea cual sea la manera de medirlo). Pero, con el tiempo, las fuerzas del mercado empujan el precio de regreso hacia algo semejante a un valor razonable. La desviación no es ruido: es la manera en que el mercado procesa la información. Gómez Julián sostiene que este patrón no constituye únicamente una regularidad empírica, sino una necesidad lógica incorporada en la estructura misma de las mercancías.

    Silogismo n.º 3 — El gran silogismo que Marx identificó pero no completó

    El propio Marx advirtió que el ciclo M–D–M (mercancía–dinero–mercancía) puede relacionarse con el silogismo cualitativo P–U–S (particular–universal–singular) de Hegel. Las dos M del ciclo desempeñan funciones diferentes:

    La primera M es particular: es una mercancía específica que poseo y de la que quiero desprenderme (digamos, la silla que fabriqué). La D (dinero) es universal: puede comprar cualquier cosa. La segunda M es singular: es la mercancía concreta que realmente necesito (por ejemplo, alimentos). El dinero media, transformando mi excedente particular en la cosa particular de la que carezco.

    Pero aquí es donde el artículo realiza su contribución más original. Marx únicamente identificó el silogismo y se detuvo. Gómez Julián sostiene que el desarrollo hegeliano completo revela algo que Marx dejó implícito: la mercancía encarna tanto trabajo social (valor de cambio) como trabajo privado (valor de uso). El dinero —como «equivalente universal»— es la forma mediante la cual estos dos tipos de trabajo se reconcilian temporalmente. Pero reconciliación no significa resolución. La contradicción persiste y impulsa el sistema hacia adelante.

    «El desarrollo de la mercancía no suprime esta contradicción: más bien crea las formas en las que puede moverse.»
    — Marx, citado en el artículo

    Marx comparó esto con el movimiento planetario: un cuerpo está constantemente cayendo hacia el Sol y constantemente alejándose de él. La órbita no constituye una resolución de la gravedad frente a la inercia: es la contradicción en movimiento. La circulación de mercancías funciona de la misma manera.

    De la lógica al colapso: la tendencia decreciente de la tasa de ganancia

    El artículo no se detiene en la filosofía. Sigue el hilo hasta llegar a lo que Marx consideraba el destino de largo plazo del capitalismo: la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia.

    La lógica es la siguiente. La tasa media de ganancia es el promedio ponderado de las tasas de ganancia de todos los sectores de la economía:

    Tasa media de ganancia g'M = Σ wᵢ · g'ᵢ

    donde g'M = tasa media de ganancia, wᵢ = peso del capital del sector i dentro del capital social total, g'ᵢ = tasa de ganancia del sector i.

    A medida que el capitalismo se desarrolla, la innovación tecnológica sustituye trabajo vivo (capital variable) por maquinaria y materiales (capital constante). Esto aumenta la productividad: cada trabajador produce más. Pero también significa que cada mercancía contiene menos tiempo de trabajo total y, por tanto, menos tiempo de plustrabajo (la fuente de la ganancia). Aunque la proporción de tiempo excedente dentro de cada mercancía pueda aumentar (una tasa de explotación mayor), la masa absoluta de excedente por unidad disminuye.

    Para compensarlo, los capitalistas deben producir a escalas exponencialmente mayores —lo que Marx denominó los «faux frais» (gastos generales) de producción y circulación—. Mientras tanto, aumenta el desempleo tecnológico, los salarios sufren presiones a la baja y crecen las tensiones sociales. El artículo presenta esto como el término lógico de las contradicciones incorporadas en la mercancía misma.

    Para quienes no son economistas Imaginá una panadería que sustituye a los panaderos por máquinas. Ahora cada hogaza requiere menos trabajo para producirse, por lo que la ganancia por hogaza disminuye. La panadería compensa vendiendo muchas más hogazas —y reduciendo los salarios de los trabajadores que permanecen—. Extendé esto a toda la economía y obtenés la imagen de Marx: las ganancias por unidad disminuyen, la producción debe expandirse enormemente, los trabajadores sufren una presión creciente y el sistema se vuelve cada vez más frágil. Esa es la tesis de la «tendencia decreciente de la tasa de ganancia».

    ¿Por qué importa todo esto?

    No tenés que estar de acuerdo con las conclusiones de Marx para apreciar lo que consigue este artículo. Demuestra tres cosas:

    • La lógica de Hegel no es decorativa. Las estructuras silogísticas no son metáforas: constituyen la arquitectura formal que permite que las categorías económicas de Marx formen un sistema coherente. Ignorarlas significa leer El capital únicamente a medias.
    • Las contradicciones no son errores: son características estructurales. La brecha entre valor de uso y valor de cambio, entre precio y valor, entre trabajo privado y trabajo social, no constituye un defecto del capitalismo. Es el mecanismo que lo mantiene en movimiento. Comprender esto modifica nuestra manera de pensar las crisis: no son accidentes, sino expresiones estructurales de tensiones lógicas no resueltas.
    • La trayectoria de largo plazo importa. Independientemente de que el capitalismo «colapse» o no en el sentido dramático imaginado por Marx, el marco de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia ofrece una explicación estructural del estancamiento secular, la financiarización y la presión persistente por expandirse hacia nuevos mercados —cuestiones que siguen siendo de enorme actualidad.
    · · ·

    En esencia, el artículo de Gómez Julián es una invitación a leer a Marx de la manera en que Marx leyó a Hegel: no como una colección de consignas, sino como un sistema lógico vivo en el que cada categoría económica lleva en su interior un esqueleto filosófico. La mercancía no es simplemente una cosa con un precio. Es un nudo lógico que entrelaza el deseo privado, el trabajo social, la abstracción monetaria y la trayectoria histórica. Desatar ese nudo —o, al menos, comprender su forma— constituye el primer paso para entender por qué las economías funcionan como lo hacen y por qué, en ocasiones, dejan de hacerlo.

    Artículo original: Gómez Julián, J. M. (2017). “Sobre la dialéctica inmanente en la metamorfosis mercantil.” Revista de Filosofía, Universidad de Costa Rica, 56(145), 45–53. ISSN 0034-8252.

    Sobre el autor original: José Mauricio Gómez Julián posee un bachillerato en Economía de la Universidad Latina de Costa Rica. El artículo fue recibido en abril de 2016 y aprobado en junio de 2016.

    Esta entrada de blog es un resumen explicativo, no una revisión por pares. Para consultar las derivaciones matemáticas completas y las citas de las fuentes primarias, véase el artículo original.

  • La Política Fiscal y la Política Monetaria Suelen Ir de la Mano.

    La Política Fiscal y la Política Monetaria Suelen Ir de la Mano.

    La política fiscal y monetaria suelen ir de la mano: lo que revelan 60 años de datos de Estados Unidos sobre la independencia económica

    La política fiscal y monetaria suelen ir de la mano

    Lo que revelan 60 años de datos de Estados Unidos sobre el mito de los instrumentos económicos independientes

    Imaginá que estás pilotando un barco con dos conjuntos de controles: uno para el timón y otro para el motor. La visión convencional sostiene que estos controles funcionan de manera independiente: podés ajustar el timón sin afectar el motor, y viceversa. Durante más de setenta años, así es, en esencia, como la economía dominante ha tratado la política fiscal de un país (gasto y crédito públicos) y su política monetaria (tasas de interés y operaciones del banco central). Se suponía que cada conjunto de instrumentos era independiente del otro, lo que permitía a las autoridades perseguir múltiples objetivos al mismo tiempo sin interferencias.

    Un nuevo estudio publicado en la Revista Cubana de Economía Internacional cuestiona de frente ese supuesto. Utilizando seis décadas de datos trimestrales de Estados Unidos —desde enero de 1960 hasta octubre de 2022— y una batería de técnicas estadísticas bayesianas modernas, el economista José Mauricio Gómez Julián encuentra que los instrumentos fiscales y monetarios estadounidenses están lejos de ser independientes. De hecho, están profundamente interrelacionados, tanto mediante relaciones lineales directas como a través de patrones no lineales más complejos. Las implicaciones se extienden desde la teoría econométrica hasta el terreno práctico de cómo los gobiernos gestionan las economías.

    La regla que dio origen a todo

    La historia comienza en 1952, cuando el economista neerlandés Jan Tinbergen —quien más tarde compartiría el primer Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel— formuló un principio engañosamente simple: para alcanzar n objetivos independientes de política económica, se necesitan al menos n instrumentos independientes de política económica. Conocida hoy como la «regla de Tinbergen», esta idea se convirtió en una piedra angular de la teoría de la política económica. Indicaba a los gobiernos que, si querían controlar simultáneamente la inflación, el desempleo y el crecimiento, necesitaban al menos tres instrumentos cuyos efectos no se superpusieran.

    El economista estadounidense James Tobin precisó posteriormente esta idea: los instrumentos son independientes cuando «los efectos de cualquier instrumento sobre los objetivos no son proporcionales a los de ningún otro, ni a los de ninguna combinación de otros». En la econometría moderna, este supuesto de independencia se ha formalizado como superexogeneidad: una condición técnica según la cual las relaciones estadísticas entre las variables económicas permanecen estables incluso cuando intervienen las autoridades responsables de la política económica. Si se cumple la superexogeneidad, un banco central puede ajustar libremente las tasas de interés sin preocuparse de que las decisiones de gasto del Tesoro interfieran sistemáticamente con esos ajustes.

    «Si un banco central es libre de elegir los ajustes de sus instrumentos para perseguir sus objetivos finales, posee independencia de instrumentos»

    — Laurence H. Meyer, exgobernador de la Reserva Federal

    ¿El problema? A pesar de su papel fundamental en la teoría económica, nadie había sometido rigurosamente este supuesto a una prueba econométrica para el caso de Estados Unidos… hasta ahora.

    Seis instrumentos, seis décadas

    El estudio examina seis instrumentos de política económica, divididos en dos grupos:

    Instrumentos estudiados

    • Instrumentos fiscales: gasto corriente del gobierno federal (GCGF) y crédito de política económica del gobierno federal (GACL)
    • Instrumentos monetarios: tasa efectiva de fondos federales (FEFR), tasa de descuento de la Reserva Federal (TD), otros activos en poder de la autoridad monetaria (TDFG) y tasa del mercado secundario de letras del Tesoro a 3 meses (LT3M)

    Datos procedentes de la base Federal Reserve Economic Data (FRED) y de YCharts, que abarcan 252 observaciones trimestrales.

    Con estas variables, el investigador emprendió un análisis en dos etapas. Primero, comprobó si cada par de instrumentos mostraba alguna asociación estadística significativa. Después construyó un modelo predictivo para determinar si uno de los instrumentos podía pronosticarse de manera fiable a partir de los demás, algo que sería imposible si fueran verdaderamente independientes.

    Primera etapa: cartografiar la red de conexiones

    El análisis preliminar utilizó tres medidas distintas de correlación —Pearson, Kendall y Spearman— tanto en sus versiones clásicas (frecuentistas) como bayesianas. Los resultados fueron contundentes. Ocho pares de instrumentos mostraron correlaciones significativas, con coeficientes de correlación parcial iguales o superiores a 0,5 en valor absoluto. Como referencia, una correlación de Pearson de 0,5 implica que una variable explica aproximadamente el 25 % de la variación de otra, una relación sustancial bajo cualquier criterio.

    Algunos resultados destacados del análisis de correlación:

    1. La tasa de las letras del Tesoro a 3 meses y el crédito de política económica federal mostraron una fuerte correlación positiva (correlación parcial de Pearson de aproximadamente 0,78).
    2. El crédito de política económica federal y la tasa de descuento también presentaron una fuerte correlación positiva (alrededor de 0,77).
    3. El gasto del gobierno federal y el crédito de política económica federal estaban correlacionados negativamente (alrededor de −0,69), lo que sugiere que, cuando uno aumenta, el otro tiende a disminuir.
    4. El gasto público mostró correlaciones negativas con los tres instrumentos monetarios de tasas de interés (aproximadamente entre −0,59 y −0,61).

    El hecho de que estas correlaciones se mantuvieran con distintas medidas estadísticas y sobrevivieran a los ajustes de estacionariedad —correcciones estacionales aplicadas mediante el método X-13ARIMA-SEATS— les otorga credibilidad adicional. Los ajustes estacionales también aportaron evidencia sólida de que las variables siguen distribuciones aproximadamente normales, lo que refuerza aún más la validez del análisis de correlación.

    Linealidad, relaciones cuadráticas y más allá

    La correlación indica que dos variables se mueven conjuntamente, pero no cómo lo hacen. ¿La relación es una línea recta? ¿Una curva? ¿Algo más complejo? Para responder a esta pregunta, el estudio empleó modelos de regresión lineal bayesiana y pruebas RESET —un diagnóstico estándar para detectar relaciones no lineales—, reforzados ambos mediante bootstrap bayesiano, una técnica de remuestreo que genera miles de conjuntos de datos sintéticos para comprobar la robustez de los resultados.

    Los resultados revelaron que la mayoría de los pares de instrumentos mantienen relaciones lineales, pero en dos casos destacados —la tasa de descuento frente al crédito de política económica y la tasa de fondos federales frente al gasto público— también intervienen relaciones cuadráticas (curvas). Esto significa que el efecto de un instrumento sobre otro no es constante, sino que cambia dependiendo del nivel de la variable, lo que añade una capa de complejidad que el marco de Tinbergen sencillamente no contempla.

    Por ejemplo, la relación entre la tasa de fondos federales y el gasto público sigue un patrón parabólico: con niveles de gasto más bajos, la tasa de fondos federales se comporta de una manera, mientras que con niveles de gasto más altos se comporta de otra. Este tipo de interacción es precisamente lo que se suponía que la «independencia» debía excluir.

    Segunda etapa: construcción del modelo

    Con un mapa claro de qué instrumentos están conectados y de qué manera, el investigador construyó un Modelo Lineal Generalizado Bayesiano (BGLM) para predecir el crédito de política económica del gobierno federal (GACL) a partir de los demás instrumentos. La elección no fue arbitraria: entre todos los instrumentos estudiados, GACL resultó ser el más consistentemente dominado, es decir, en el 75 % de los casos es explicado por otros instrumentos en lugar de explicarlos. Por ello, era el candidato natural para funcionar como variable de respuesta.

    Para manejar las relaciones no lineales identificadas en la primera etapa, el modelo utilizó splines cúbicos naturales: curvas matemáticas flexibles capaces de adaptarse a patrones complejos sin exigir que el investigador determine de antemano su forma exacta. Podés imaginar los splines como una serie de segmentos curvos conectados suavemente que, en conjunto, aproximan cualquier función, de forma similar a una regla curva francesa utilizada por un dibujante experto. El modelo también incorporó las tenencias de activos del banco central (TDFG) como una variable aleatoria con distribución lognormal, basándose en la distribución de mejor ajuste identificada mediante pruebas empíricas.

    Rendimiento del modelo de un vistazo

    • R cuadrado promedio: 0,908 —el modelo explica aproximadamente el 91 % de la variación del crédito de política económica federal
    • Error absoluto medio: 68,5 (en una variable que oscila entre 146 y 1.682)
    • Raíz del error cuadrático medio: 92,8
    • Convergencia (R-hat): 1,0 —lo que indica que las simulaciones de Monte Carlo mediante cadenas de Markov convergieron correctamente
    • Comprobación de multicolinealidad: valores del VIF generalizado inferiores a 10 para todos los predictores efectivos

    En términos sencillos: un instrumento fiscal puede predecirse con gran precisión a partir de una combinación de instrumentos fiscales y monetarios. Si estos instrumentos fueran verdaderamente independientes, esto sería imposible. El sólido rendimiento del modelo constituye la demostración matemática de que el supuesto de independencia no se sostiene.

    ¿Qué dice la historia?

    Los hallazgos econométricos no existen en el vacío. El estudio complementa sus conclusiones estadísticas con evidencia histórica de la política económica estadounidense, y la correspondencia entre ambas es notable.

    Consideremos el Troubled Asset Relief Program (TARP), puesto en marcha durante la crisis financiera de 2008. Como escribió el exvicepresidente de la Reserva Federal Alan Blinder, el TARP «no consistía en bajar impuestos, gastar dinero ni reducir las tasas de interés». No era una política puramente fiscal ni puramente monetaria. Era un híbrido, diseñado conjuntamente por el Tesoro y la Reserva Federal y financiado con dinero de los contribuyentes para adquirir activos financieros que podían depreciarse. En palabras de Blinder, era una «política de estabilidad financiera, algo que el gobierno de Estados Unidos no había necesitado desde la Gran Depresión».

    «El TARP no consistía en reducir impuestos, gastar dinero ni bajar las tasas de interés. Más bien, consistía en poner en riesgo el dinero de los contribuyentes mediante la compra de activos que podían perder valor. El programa también fue diseñado conjuntamente por el Tesoro y la Reserva Federal»

    — Alan S. Blinder, Historia monetaria y fiscal de Estados Unidos, 1961–2021 (2022)

    El mismo patrón volvió a aparecer con las pruebas de resistencia bancaria anunciadas en febrero de 2009: nuevamente un producto conjunto del Tesoro y la Fed, y nuevamente algo que no era ni puramente fiscal ni puramente monetario. Y ocurrió otra vez en 2020, cuando la pandemia de COVID-19 exigió una coordinación sin precedentes entre los cheques de estímulo fiscal y las compras de activos de la Fed. Cada crisis obligó a las autoridades económicas a difuminar la frontera entre los instrumentos fiscales y monetarios, confirmando en la práctica lo mismo que los datos confirman estadísticamente.

    Entonces, ¿qué lado domina?

    Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es un patrón de dominancia fiscal. En cinco de los ocho emparejamientos significativos de instrumentos, el instrumento fiscal es la variable «dominante», es decir, funciona como predictor en lugar de ser la variable predicha. En particular, el gasto del gobierno federal (GCGF) aparece como un instrumento altamente dominante, mientras que el crédito de política económica federal (GACL) es predominantemente la variable explicada.

    Sin embargo, no se trata de una victoria absoluta de la política fiscal. En dos casos, los instrumentos monetarios dominan a los fiscales, y en otro la dirección depende de si la relación se modela de forma lineal o cuadrática. El panorama general es el de una interdependencia asimétrica pero bidireccional: los instrumentos fiscales tienden a impulsar la relación, pero los instrumentos monetarios están lejos de desempeñar un papel pasivo.

    Por qué esto importa más allá del mundo académico

    Si no sos economista, quizá te preguntés por qué importa la independencia de los instrumentos de política económica. La respuesta es práctica y tiene consecuencias importantes.

    La independencia del banco central —la idea de que las autoridades monetarias deben operar libres de presiones políticas— es uno de los diseños institucionales más defendidos durante las últimas cuatro décadas. Sin embargo, esta defensa suele centrarse en la independencia respecto de los ciclos electorales: la Fed no debería reducir las tasas de interés simplemente porque se aproxima una elección. Los resultados del estudio no cuestionan ese tipo de independencia. Lo que cuestionan es un supuesto distinto y más técnico: que los propios instrumentos operan en compartimentos separados.

    El estudio concluye que las autoridades fiscales y monetarias de Estados Unidos no son independientes en cuanto a sus instrumentos: las decisiones de gasto del Tesoro y las decisiones sobre tasas de la Fed están estadísticamente entrelazadas. Esto no significa que la independencia del banco central respecto de los ciclos políticos sea indeseable o inviable. Todo lo contrario: el autor sugiere que, si los instrumentos fiscales y monetarios están tan profundamente interrelacionados, quizá tanto las autoridades fiscales como las monetarias deberían gozar de independencia frente a las presiones electorales, y no únicamente el banco central.

    Además, el hallazgo de que los instrumentos fiscales tienden a dominar tiene una implicación sutil pero importante: en escenarios económicos complejos —crisis financieras, pandemias, choques de oferta—, la política monetaria por sí sola puede ser insuficiente. El registro histórico lo confirma. La recuperación de Estados Unidos tras la crisis de 2008, que «acabó batiendo todos los récords de duración», no fue impulsada únicamente por la flexibilización monetaria, sino por una combinación sin precedentes de estímulo fiscal y acomodación monetaria actuando de forma concertada.

    Limitaciones y preguntas abiertas

    El autor expone con claridad qué logra y qué no logra el estudio:

    1. El análisis se refiere específicamente a Estados Unidos y al período 1960–2022. Sigue siendo una pregunta abierta si los mismos patrones se mantienen en otras economías.
    2. El estudio examina relaciones entre instrumentos, pero no modela directamente cómo estos afectan conjuntamente objetivos de política económica como el crecimiento, el empleo y la estabilidad de precios, aunque el autor recomienda este análisis como un paso siguiente natural.
    3. El modelo presentado es robusto, pero no necesariamente el mejor modelo posible. El objetivo era poner a prueba el supuesto de independencia, no optimizar la capacidad predictiva, y para ese propósito el modelo resulta más que adecuado.
    4. La fuerte coordinación entre las autoridades fiscales y monetarias de Estados Unidos puede explicar parcialmente los resultados, pero el autor sostiene que las propias dinámicas económicas subyacentes también contribuyen: las variables están interrelacionadas no solo porque las autoridades coordinan sus acciones, sino porque la economía real las obliga a ello.

    La conclusión

    Durante más de siete décadas, la teoría económica dominante ha supuesto que los instrumentos de política fiscal y monetaria son independientes entre sí. Este supuesto sustenta la regla de Tinbergen, condiciona la forma en que se construyen los modelos económicos e influye en el diseño de los bancos centrales. El estudio de Gómez Julián aplica econometría bayesiana moderna a 60 años de datos estadounidenses y concluye, con un considerable rigor estadístico, que este supuesto no se sostiene.

    Los instrumentos de política económica de Estados Unidos son profundamente interdependientes: mediante relaciones lineales, mediante relaciones curvas y mediante mecanismos documentados históricamente y puestos a prueba durante las crisis. Un instrumento fiscal puede predecirse con más del 90 % de precisión a partir de una combinación de otros instrumentos fiscales y monetarios. La condición de instrumentos independientes de la regla de Tinbergen no solo se incumple: se incumple de manera generalizada.

    Esto no invalida por completo el marco de Tinbergen, pero sí sugiere que se necesita un nuevo paradigma: uno que parta de la realidad de la interdependencia en lugar del ideal de independencia. Los instrumentos económicos de la mayor economía del mundo no funcionan de forma aislada. Quizá haya llegado el momento de que nuestras teorías dejen de suponer que sí lo hacen.

    · · ·

    Referencia: Gómez Julián, J. M. (2023). “Análisis econométrico de las relaciones entre los instrumentos de política económica en Estados Unidos.” Revista Cubana de Economía Internacional, 10(2), 72–97. Available at: revistas.uh.cu

    Esta entrada es un resumen accesible del artículo de investigación original revisado por pares. Todas las afirmaciones cuantitativas y los detalles metodológicos proceden directamente del artículo publicado. Las interpretaciones presentadas aquí buscan hacer comprensibles los hallazgos para un público amplio sin distorsionar las conclusiones del autor. Se recomienda a quienes busquen el tratamiento técnico completo consultar el artículo original.

  • ¿Es Científicamente Posible Para Centroamérica Ser Un Sólo País?

    ¿Es Científicamente Posible Para Centroamérica Ser Un Sólo País?

    Ciencia Política e Historia

    Ciencia, juventud y el renacimiento de una nación centroamericana

    Los orígenes del unionismo científico en Centroamérica y su futuro inevitable

    La historia rara vez es benévola con las naciones fragmentadas. En los albores del siglo XX, Centroamérica era un conjunto de pequeñas y vulnerables repúblicas aquejadas por regímenes autoritarios, inestabilidad económica y la amenazante sombra del imperialismo internacional. Sin embargo, desde los claustros de la Universidad de San Carlos de Guatemala, se gestaba silenciosamente una revolución. No estaba encabezada por generales, sino por estudiantes. Esta es la historia de cómo un grupo de jóvenes intelectuales fue pionero del «unionismo científico»: un movimiento que pretendía reunificar Centroamérica no mediante la nostalgia romántica, sino a través de la aplicación rigurosa de las ciencias sociales.

    Basándose en la esclarecedora investigación de Margarita Silva Hernández, esta publicación explora la génesis histórica de dicho movimiento. Asimismo, plantea una pregunta fundamental para los politólogos y economistas actuales: si el unionismo científico era válido hace un siglo, ¿no constituye hoy una inevitabilidad histórica absoluta y de largo plazo para la supervivencia de Centroamérica en el escenario mundial?

    El catalizador: 1898 y el cambio en el poder mundial

    Para comprender el nacimiento del unionismo científico, debemos observar el año decisivo de 1898. La guerra hispano-estadounidense culminó con una contundente victoria de Estados Unidos, consolidándolo como una potencia mundial de primer orden con ambiciones expansionistas en el Caribe y Centroamérica. Para un grupo de jóvenes universitarios, aquello no representaba simplemente un cambio geopolítico; constituía una amenaza existencial. Percibían el conflicto como un enfrentamiento entre los mundos anglosajón y latino, lo que despertó en ellos una profunda conciencia antiimperialista.

    Al mismo tiempo, la región sufría las secuelas del desplome del precio del café de 1897. El modelo económico liberal, fuertemente dependiente de las exportaciones agrícolas y del capital extranjero —como el de la recién constituida United Fruit Company—, había dejado al istmo en una posición vulnerable. Los estudiantes consideraban la crisis económica como el síntoma de una enfermedad más profunda: la fragmentación de Centroamérica. Para ellos, los pequeños dictadores de la región eran cómplices de ese atraso, pues reprimían la movilidad social y entregaban los recursos nacionales a intereses extranjeros.

    El nacimiento del unionismo científico

    El 18 de junio de 1899, un grupo clandestino de estudiantes fundó una sociedad denominada El Derecho. Encabezados por un joven nicaragüense, Salvador Mendieta, estos estudiantes —en su mayoría adolescentes o jóvenes de poco más de veinte años— procedían de distintos lugares del istmo. Eran hijos de comerciantes y profesionales de provincia, unidos por una frustración común ante la ausencia de movilidad política bajo los regímenes autoritarios.

    Lo que distinguía a El Derecho de los intentos anteriores de unidad centroamericana era su enfoque metodológico. No pretendían simplemente restaurar mediante decretos militares la antigua República Federal de la década de 1820. En cambio, recurrieron a la sociología. Influidos por las ideas positivistas de Auguste Comte, Herbert Spencer y John Stuart Mill, aspiraban a descubrir las «leyes sociales» que regían a Centroamérica.

    «Designaron su movimiento como “unionismo científico” para poner de manifiesto la condición intelectual de sus fundadores y las bases científico-sociales de sus métodos de trabajo.»

    Su tesis era clara: Centroamérica constituía una sola nación dividida artificialmente. Para reunificarla, no se podía depender de simples pactos políticos —que habían fracasado repetidamente, como ocurrió con la efímera «República Mayor» de 1898—. Era necesario, en cambio, construir una unidad cultural. Consideraban que mediante la educación cívica, la erradicación del localismo y la aplicación de principios científicos al gobierno podrían forjar un Estado fuerte y unificado, capaz de resistir la intervención extranjera y alcanzar la modernización.

    De la teoría a la acción política

    Los estudiantes de El Derecho no permanecieron confinados a las aulas. Organizaron cinco Congresos de Estudiantes Centroamericanos entre 1901 y 1911, creando una red regional de jóvenes pensadores. Publicaron folletos, fundaron escuelas nocturnas para trabajadores e impartieron conferencias públicas. Se concibieron a sí mismos como la vanguardia intelectual destinada a sustituir a la vieja guardia oligárquica.

    Naturalmente, esto provocó la ira de los dictadores locales. Manuel Estrada Cabrera, en Guatemala, respondió a sus denuncias con una brutal represión. Los estudiantes fueron encarcelados —algunos, como Marciano Castillo, murieron en la penitenciaría— y el movimiento se vio obligado a exiliarse. Para 1904, los estudiantes habían evolucionado hasta constituir una organización política formal: el Partido Unionista Centroamericano (PUCA). El movimiento estudiantil había madurado hasta convertirse en una fuerza política regional.

    Una perspectiva moderna: la inevitabilidad de la unión

    Las secciones anteriores resumen los hallazgos históricos de Margarita Silva Hernández. La sección siguiente representa una extrapolación del autor de este blog, quien utiliza el fundamento histórico del unionismo científico para plantear interrogantes políticos y económicos contemporáneos.

    Cuando Salvador Mendieta y sus compañeros observaron Centroamérica en 1899, aplicaron el método científico para diagnosticar una región fragmentada. Si aplicamos hoy la ciencia política y la teoría económica modernas a Centroamérica, ¿sigue siendo válido el argumento científico a favor de la unión? Los datos sugieren no solamente que continúa siendo válido, sino que se ha convertido en una inevitabilidad histórica.

    Escala y relevancia geopolíticas: En el siglo XIX, Mendieta temía la absorción por parte de Estados Unidos. Hoy, la amenaza es la irrelevancia en un mundo multipolar dominado por gigantes. Una Centroamérica unificada abarcaría un territorio de aproximadamente 423.000 kilómetros cuadrados, es decir, sería más grande que Alemania. No se trata simplemente de una curiosidad estadística; supone una dimensión geopolítica capaz de negociar en condiciones más equilibradas con las potencias mundiales, administrar sus propias rutas marítimas y asegurar una posición estratégica entre dos océanos.

    Diversificación de la matriz productiva: Históricamente, la región ha padecido un modelo exportador basado en el monocultivo —el café entonces y, en la actualidad, diversos productos agrícolas o actividades de maquila de bajo nivel—. Un Estado unificado dispondría de una diversidad sin precedentes de microclimas, recursos y características demográficas y culturales. Esta diversidad permitiría una diversificación científicamente planificada de la matriz productiva. La base agrícola —café, banano, caña de azúcar y ganadería— no tendría que abandonarse, sino complementarse. Un mercado único centroamericano de más de 50 millones de personas proporcionaría la base de consumidores internos necesaria para justificar una industrialización intensiva impulsada por el Estado. Asimismo, crearía las condiciones para desarrollar grandes infraestructuras, cadenas regionales de suministro y una economía digital unificada.

    La ciencia de la escala: La economía moderna valida la premisa original del unionismo científico. Los Estados fragmentados padecen costos burocráticos duplicados, fricciones fronterizas y una incapacidad para aprovechar plenamente las economías de escala. Una Centroamérica unificada eliminaría estas ineficiencias. Podría reunir su capital científico e intelectual —tal como imaginaron los estudiantes de El Derecho— dentro de un único ecosistema educativo y tecnológico.

    Por consiguiente, la cuestión ya no es meramente histórica. Si Centroamérica aspira a ser algo más que una zona periférica de extracción al servicio de economías mayores, la unión no constituye un sueño romántico del pasado; es una necesidad científica, económica e histórica para el futuro. Los estudiantes de 1899 comprendieron las matemáticas de su época. Nosotros debemos tener el valor de hacer las cuentas de la nuestra.

    ~ Explorando el pasado para construir el futuro ~

  • ACUMULACIÓN DE CAPITAL POR DESPOSESIÓN A INDÍGENAS EN COSTA RICA

    ACUMULACIÓN DE CAPITAL POR DESPOSESIÓN A INDÍGENAS EN COSTA RICA

    El mito democrático de Costa Rica: cómo el despojo indígena construyó la riqueza agraria del país
    Notas de lectura · Economía política · Historia latinoamericana

    El mito democrático de Costa Rica:
    cómo el despojo indígena
    construyó la riqueza agraria del país

    Una lectura en lenguaje accesible de un estudio que desmonta la “Leyenda Blanca” y pregunta por qué un Estado “democrático” viola sistemáticamente los mismos derechos que afirma proteger.

    Basado en: Gómez Julián, J. M. (2026). Revista de Historia, N.º 93, pp. 1–45.

    A Costa Rica le gusta pensarse como la excepción. Una pequeña república pacífica entre dos océanos, con salud universal, sin ejército desde 1948 y con una tradición democrática tan estable que los politólogos la han llamado la “Suiza de Centroamérica”. Esta imagen complaciente de sí misma —lo que desde hace tiempo se ha denominado la “Leyenda Blanca”— es uno de los relatos más persistentes de la política latinoamericana. También es, según un minucioso estudio del economista costarricense José Mauricio Gómez Julián, profundamente engañosa.

    Publicado en la Revista de Historia (Universidad de Costa Rica, N.º 93, 2026), el artículo se propone algo ambicioso: no limitarse a describir la bien documentada desigualdad de la propiedad de la tierra en Costa Rica —algo que investigadores anteriores ya habían hecho—, sino explicar por qué un Estado formalmente democrático produce, protege y reproduce una concentración agraria extrema generación tras generación, y por qué la violación sistemática de los derechos territoriales indígenas no constituye una falla accidental del sistema, sino uno de sus mecanismos de funcionamiento.

    La respuesta, sostiene el autor, exige comprender el despojo de tierras no como un accidente histórico, sino como una característica estructural de la acumulación de capital: un proceso que comenzó con el colonialismo español, fue formalizado por la república liberal, se intensificó con las exportaciones de café y banano y continúa hoy bajo las formas gemelas de la “conservación” y la impunidad jurídica.

    0.7258
    Coeficiente de Gini de concentración de la tierra en la región sur de Costa Rica (Coto Brus). Como referencia: 0 significa igualdad perfecta y 1 significa que una sola persona posee todo. El de Suecia ronda 0.53.

    Las cifras detrás del mito

    Antes de entrar en la historia, conviene detenerse en algunas estadísticas incómodas: de esas que rara vez aparecen en los folletos turísticos de Costa Rica.

    El coeficiente de Gini —la medida estándar de desigualdad, donde 0 representa igualdad perfecta y 1 concentración total— cuenta una historia contundente. En la región sur de Costa Rica, la concentración de la tierra alcanza 0.7258. En la ganadería guanacasteca llega hasta 0.9. A escala nacional, la cifra ronda 0.796. Para ponerlo en perspectiva: el 1 % superior de las fincas concentra más del 37 % de toda la tierra agrícola, mientras que el 39 % inferior posee colectivamente apenas el 0.2 %.

    ¿Y quienes trabajan la tierra? Entre dos tercios y tres cuartas partes de la fuerza de trabajo agrícola costarricense carecen de tierra, una proporción mayor que en cualquier otro país de Centroamérica. En algunas regiones, como Coto Brus, más del 90 % de las fincas carecen de títulos legales.

    Estas cifras no proceden de un panfleto radical. Provienen de rigurosos trabajos académicos de investigadores como Mitchell Seligson, Marc Edelman, Charles Brockett, Jeffery Paige y James Dunkerley, quienes compararon datos censales con registros reales de propiedad y encontraron que las propias estadísticas estatales subestiman sistemáticamente el grado de concentración. Gómez Julián parte de esa base empírica, pero añade un nivel que esos autores en gran medida no desarrollaron: una explicación categorial de economía política sobre por qué este patrón persiste dentro de un Estado formalmente democrático.

    “Casi tres cuartas partes del campesinado costarricense carecen hoy de tierra”: un hecho que contradice el relato nacional de un país de pequeños propietarios iguales.

    Una cronología del despojo: de la encomienda al enclave

    El artículo reconstruye la historia de la pérdida de tierras indígenas en Costa Rica a través de cinco grandes fases. Cada una revela un mecanismo distinto, pero todas cumplen la misma función estructural: liberar tierra y recursos para la acumulación de capital.

    1. Fundamentos coloniales (antes de 1821)

    La conquista española introdujo tres instrumentos fundamentales de despojo: las encomiendas (la asignación de trabajo indígena a colonos), las reducciones (el reasentamiento forzado en poblados concentrados) y las composiciones fraudulentas (maniobras jurídicas para convertir tierras indígenas en propiedad colonial). El Derecho romano justificó toda la operación al declarar las tierras indígenas propiedad de la Corona española. Aunque leyes posteriores, como las Leyes Nuevas de 1542, intentaron formalmente proteger a los pueblos indígenas, la legislación sobre tierras “baldías” declaraba vacíos precisamente los territorios donde vivían comunidades indígenas, dejándolos disponibles para la apropiación no indígena. Al final del período colonial todavía subsistía un reconocimiento jurídico frágil pero real de la “propiedad indígena” mediante las reducciones y las zonas de vecindad indígena. Ese piso jurídico es precisamente lo que el Estado liberal poscolonial desmantelaría sistemáticamente.

    2. La república liberal acelera el proceso (1821–1880)

    La independencia no trajo reconocimiento: aceleró el despojo. En 1841, bajo la dictadura de Braulio Carrillo, el Código General abolió formalmente el régimen comunal indígena de tierras como categoría jurídica protegida. Después, en 1882, el Decreto Presidencial N.º XIV declaró como baldíos vastos territorios del norte, incluido el territorio del pueblo maleku —históricamente denominado “Guatuso”—: tierras estatales supuestamente vacantes y abiertas a la apropiación por colonos y ganaderos no indígenas. Los maleku sufrieron lo que el artículo describe como una de las reducciones territoriales y demográficas proporcionalmente más intensas de la historia indígena costarricense.

    1841
    Año en que el Código General, bajo la dictadura de Braulio Carrillo, abolió formalmente la tenencia comunal indígena, legalizando de iure lo que la expansión colonial ya había realizado de facto.

    3. Café, beneficio y proletarización silenciosa (1830–1930)

    El auge cafetalero creó la estructura agraria de Costa Rica y también sus contradicciones. A diferencia de Guatemala o El Salvador, Costa Rica no desarrolló haciendas gigantescas. La finca más grande tenía 604 hectáreas y el promedio era de 41. Para 1963, el 58.5 % de la tierra cultivada se encontraba en unidades menores de 35 hectáreas. Esta es la imagen que celebra la “Leyenda Blanca”: una nación de pequeños propietarios.

    Pero la letra pequeña cuenta otra historia. Más del 70 % de la población rural carecía de tierra, una proporción superior a la de cualquier otro país centroamericano. El poder no se concentró únicamente mediante el acaparamiento de tierras, sino también a través del beneficio cafetalero: en 1850, apenas dieciséis beneficios controlaban el 85 % de las exportaciones de café, y el acceso al beneficio determinaba la capacidad de un pequeño productor para financiar y vender su cosecha. Los sistemas de crédito ligaban a los pequeños productores con comerciantes-terratenientes mediante relaciones de dependencia. El precio de la tierra aumentó aproximadamente veinte veces en treinta años, incentivando a pequeños productores a vender sus parcelas y, posteriormente, su fuerza de trabajo.

    Un punto crucial es la resistencia del pueblo huetar de Orosí frente a la frontera cafetalera alrededor de 1860, un episodio prácticamente ausente de las historias convencionales del ciclo del café. La “virtual ausencia de población indígena” en el Valle Central durante la gran expansión cafetalera, que Dunkerley citó como uno de los factores explicativos del desarrollo político particular de Costa Rica, no era una condición geográfica preexistente. Era, sostiene el artículo, el resultado de epidemias coloniales —con fuertes colapsos demográficos entre 1576 y 1581—, de la disolución jurídica de la propiedad comunal en el siglo XIX y del desplazamiento físico ante el avance de la frontera cafetalera.

    4. Banano, enclave atlántico y desplazamiento bribri-cabécar (1870–1940)

    En el Caribe costarricense se desarrolló una historia paralela, esta vez impulsada por capital extranjero. El contrato Soto-Keith de 1883 concedió a Minor Keith 800 000 acres de tierras estatales, un arrendamiento ferroviario por 99 años y amplias exenciones fiscales. Para 1890, su operación era la mayor productora de banano del mundo. El relato convencional presenta este proceso como desarrollo sobre “tierras baldías”.

    No lo eran. Los pueblos bribri y cabécar que habitaban el valle de Talamanca fueron obligados a desplazarse hacia el interior de su territorio ancestral porque la concesión bananera incluía una parte significativa de sus tierras a lo largo de la cuenca del río Sixaola. El artículo considera este proceso una de las mediaciones regionales fundamentales del despojo: el enclave bananero no fue simplemente un acuerdo entre un Estado y una empresa transnacional, sino un mecanismo concreto de despojo indígena, articulado jurídicamente mediante la ficción del baldío y ejecutado materialmente a través del control corporativo del espacio caribeño.

    Más tarde, la United Fruit Company (UFCO) reduciría sus plantaciones atlánticas, enfrentaría la gran huelga de 1934 y terminaría desplazando la producción hacia el Pacífico después de que la sigatoka devastara los cultivos en 1938. Pero el daño ya estaba hecho: la “ausencia de población indígena” en los análisis de la región bananera reproduce, con otras palabras, el mismo dispositivo ideológico que opera en el relato cafetalero: naturaliza una ausencia ocultando el despojo que la produjo.

    5. Reforma limitada, titulación y persistencia de la desigualdad (1957–1990)

    Costa Rica sí intentó impulsar reformas. El Convenio 107 de la OIT —aprobado internamente en 1959— reconoció derechos de los pueblos indígenas y tribales. La Ley 2825 de 1961 derogó el régimen de baldíos y declaró esas tierras “propiedad del Estado”, fundamentada en la función social de la propiedad. La Ley Indígena de 1977 (Ley 6172) reservó porciones de territorio para los pueblos indígenas y otorgó plena capacidad jurídica a sus comunidades mediante las Asociaciones de Desarrollo Integral (ADI).

    Sin embargo, las contradicciones eran evidentes. La ley de 1961 permitía expropiar tierras ociosas, pero exigía el pago en efectivo a valor de mercado, una condición que limitaba severamente su aplicación. Para 1970, solo 1 272 familias habían sido asentadas en aproximadamente 35 400 hectáreas. El programa de titulación respaldado por USAID había alcanzado parcialmente unos 20 462 títulos —aproximadamente 339 761 hectáreas— para septiembre de 1979, a un ritmo de 425 títulos mensuales frente a una capacidad teórica de 900 a 1 000.

    Los resultados fueron reveladores. Después de recibir un título, la proporción de beneficiarios con acceso al crédito aumentó del 18 % al 31.7 %, pero el coeficiente de Gini de la tierra titulada era de aproximadamente 0.708 y, al incluir toda la tierra poseída por los beneficiarios —titulada y no titulada—, ascendía a casi 0.781, prácticamente igual al valor nacional. La titulación no corrigió la desigualdad estructural; potencialmente la consolidó. Como sostiene el artículo, esos programas alcanzaron únicamente a una fracción de las familias sin tierra mientras mantuvieron intactas las estructuras fundamentales de concentración.

    “La titulación no corrige la desigualdad estructural y puede consolidarla.”

    La conservación como despojo: el rostro moderno de una vieja historia

    Uno de los argumentos más llamativos del artículo es que el propio Estado costarricense —no solo ganaderos privados o corporaciones transnacionales— se ha convertido en un agente principal del despojo indígena, y lo ha hecho revestido con el respetable lenguaje del ambientalismo.

    En 1982, Costa Rica creó el Parque Internacional La Amistad (PILA), reconocido ese mismo año como Reserva de la Biosfera por la UNESCO y, en 1983, como Patrimonio de la Humanidad. Lo que el relato celebratorio omite es que el parque incorporó como área protegida administrada por el Estado extensiones significativas de territorio ancestral reclamado por los pueblos bribri y cabécar, sin consulta previa, libre e informada. Su zona de amortiguamiento incluye los territorios indígenas de Ujarrás, Salitre y Cabagra. Dentro de la Reserva de la Biosfera se ubican dieciséis territorios indígenas pertenecientes a cinco pueblos distintos. El Estado reaparece así, en esta etapa, como agente principal del despojo, ahora mediante la figura jurídica de la conservación.

    Una dinámica semejante opera mediante el Pago por Servicios Ambientales (PSA), programa emblemático de Costa Rica administrado por FONAFIFO. Como documenta el investigador Vargas Mena, el PSA ha operado dentro de territorios indígenas oficialmente reconocidos. El bosque, el agua e incluso el aire —en forma de mercado de carbono— se mercantilizan como “servicios ambientales”, cuyo rendimiento monetario sale del territorio indígena o es capturado mediante mecanismos institucionales que subordinan las decisiones comunitarias a los plazos y exigencias de agencias externas. Esto no constituye, argumenta el artículo, una corrección del capitalismo agrario, sino una nueva fase de este.

    A ello se suma la presencia contemporánea de multinacionales de la piña y la palma aceitera en la zona sur, cuya expansión presiona territorios brörán, bribri y cabécar. Sus externalidades —uso intensivo del agua, contaminación por agroquímicos, presión sobre tierras colindantes— funcionan como mecanismos de despojo ambiental y económico sobre las comunidades indígenas.

    16
    Territorios indígenas de cinco pueblos distintos situados dentro de la Reserva de la Biosfera del PILA, apropiados sin consulta previa, libre e informada.

    Recuperar lo perdido y morir por ello (2011–presente)

    Ante el persistente fracaso del Estado en hacer efectivos derechos jurídicamente reconocidos, los movimientos indígenas iniciaron lo que denominan recuperaciones de facto: recuperaciones comunitarias de territorios formalmente inscritos bajo las ADI, pero materialmente usurpados por ocupantes no indígenas. A partir de 2011, en lugares como Salitre, Cabagra y Térraba, estas recuperaciones provocaron la reacción organizada y violenta de ganaderos decididos a impedirlas.

    Las consecuencias han sido letales. El 18 de marzo de 2019 fue asesinado el líder bribri Sergio Rojas Ortiz. El 24 de febrero de 2020 fue asesinado el líder brörán Jethy Rivera. Ambos crímenes ocurrieron pese a la existencia de medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Medida 321-12, emitida en 2015). La impunidad ha sido casi total: el caso Rojas fue archivado en enero de 2024 sin personas detenidas. En el caso Rivera, el autor material fue inicialmente condenado en febrero de 2023, pero el Tribunal de Apelación de Cartago anuló esa condena en julio de 2023 y, en un segundo juicio celebrado entre agosto y septiembre de 2024, el acusado fue absuelto —pese a su confesión— bajo el principio de in dubio pro reo.

    El Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas documentó que estos ataques permanecen impunes y que las autoridades costarricenses no investigan eficazmente incluso cuando los responsables son conocidos por las comunidades. El ciclo despojo–resistencia–represión, sostiene el artículo, revela que las recuperaciones de facto no son incidentes aislados, sino la manifestación empírica de una lucha de clases en curso por los medios de producción, mediada por una condición colonial persistente.

    “La acumulación por despojo contemporánea requiere la misma violencia extraeconómica que Marx identificó en la acumulación primitiva.”

    Un patrón más amplio: el Estado siempre toma partido

    La historia indígena no existe de manera aislada. El artículo la sitúa dentro de un patrón más amplio de respuesta del Estado costarricense a los conflictos rurales por la tierra a lo largo de su historia moderna, y la respuesta es consistente: favorece al capital.

    La crisis de 1983 es emblemática. Cuando United Brands anunció que se retiraba, el Estado compró sus tierras a 35 000 dólares por hectárea, un precio que revelaba la debilidad estatal frente a las transnacionales. Standard Fruit exigió 200 millones de dólares en créditos y despidió a 700 trabajadores. Solo durante los primeros dieciocho meses de la administración Monge se registraron 185 conflictos rurales. En julio de 1983, 3 500 hectáreas de United Brands fueron ocupadas por militantes sindicales y miembros de federaciones campesinas, y fueron desalojadas por 600 policías.

    Las ocupaciones de tierras aumentaron a través de distintas administraciones: 70 durante Trejos, 500 bajo los gobiernos de Figueres —segundo mandato— y Oduber, y 120 solo durante el primer año de Carazo. La “cuestión de la tierra” nunca estuvo limitada a Guanacaste, donde la concentración ganadera siempre fue extrema y conflictiva: constituía una característica estructural de alcance nacional.

    Reconstruir las categorías políticas desde la realidad concreta

    Aquí aparece el movimiento teórico más ambicioso del artículo. En lugar de importar categorías marxistas como herramientas ya terminadas, Gómez Julián afirma reconstruirlas inductivamente a partir de la evidencia histórica. La secuencia es deliberada: primero los hechos; después, las categorías; finalmente, el retorno a los hechos con una nueva capacidad explicativa.

    El Estado, en las sociedades de clases, es la organización social del poder político de la clase económicamente dominante. El Derecho es el sistema de normas coercibles establecido por el poder estatal: la organización jurídica de ese poder político. El Gobierno es la administración de las instituciones estatales y, de manera crucial, la clase económicamente dominante no es necesariamente la clase gobernante: quienes poseen el poder no siempre son quienes lo administran, pero la clase gobernante está subordinada fácticamente a la clase dominante.

    La democracia, en su sentido más general, es el gobierno de la mayoría sobre la minoría. Sin embargo, el concepto fue acuñado en la Atenas esclavista del siglo V a. C., donde solo podían votar los ciudadanos varones adultos, con exclusión de mujeres, esclavos y extranjeros. La democracia de los ciudadanos varones adultos era una dictadura para todos los demás, es decir, para la inmensa mayoría. Esta relación dialéctica se extiende a todas las sociedades de clases: toda democracia es una dictadura para quienes quedan sistemáticamente excluidos de la voluntad de la mayoría, y toda dictadura conserva una “democracia” interna para la clase que impone su hegemonía. La relación es dialéctica, no idéntica.

    El Estado de Derecho es la idea de que el poder estatal está regulado y garantizado por la ley, es decir, que el Estado crea el Derecho y luego se somete voluntariamente a su propia creación. El artículo sostiene, sin embargo, que esto constituye un sofisma: los Estados no crean el Derecho para someterse a él, sino como marco regulatorio fundado en los intereses de la clase política e ideológicamente dominante. Como evidencia, el autor señala el artículo 105 de la propia Constitución costarricense, que prohíbe referendos sobre materias presupuestarias, tributarias, fiscales, monetarias, crediticias, de pensiones, seguridad y administrativas: es decir, sobre prácticamente todos los asuntos fundamentales de la vida social nacional. La validez de cualquier resultado de un referéndum queda, en última instancia, sujeta a la decisión de la Asamblea Legislativa. En otras palabras, el Estado se ha exceptuado estructuralmente de la voluntad popular en los asuntos decisivos.

    ¿Y la corrupción? No constituye una anomalía. Definida como la práctica mediante la cual un funcionario público se desvía formalmente de las funciones para las cuales recibió poder, la corrupción se aparta “formalmente”, no fácticamente, de sus compromisos declarados. ¿Por qué la desviación es formal y no factual? Porque, dentro de este marco, la corrupción constituye un mecanismo necesario para que los intereses de la clase dominante se impongan sobre el resto de la sociedad mientras existe democracia electoral: uno de varios mecanismos que posibilitan una dictadura fáctica mediante la alienación de las clases dominadas.

    Tres procesos, dos niveles de abstracción

    El núcleo teórico del artículo se encuentra en la manera en que reconstruye la relación entre la acumulación primitiva, la acumulación por despojo y lo que denomina acumulación entrelazada. Para mantener esa especificidad sin renunciar a traducir al español el concepto más amplio de Guilherme Leite Gonçalves y Sérgio Costa, esta entrada utiliza acumulación imbricada como traducción de entangled accumulation. La elección no pretende negar que “entrelazada” sea una traducción literal y perfectamente posible de entangled; responde a una necesidad analítica: reservar dos expresiones distintas para dos niveles de determinación que, aunque compatibles, no son idénticos.

    La diferencia semántica se usa aquí de manera deliberada. Entrelazada pone el acento en la relación dinámica entre procesos: un mecanismo actúa sobre otro, modifica sus condiciones de posibilidad y recibe a su vez efectos de retorno, de modo que ambos pueden reforzarse sin perder por completo su identidad analítica. Imbricada, en cambio, pone el acento en una totalidad compuesta por relaciones superpuestas e interpenetradas: múltiples formas de acumulación, escalas geográficas, períodos históricos, instituciones y jerarquías sociales que se penetran y condicionan recíprocamente. Esta diferencia terminológica hace visible, desde el propio vocabulario, la diferencia entre una articulación concreta y la categoría general capaz de comprenderla.

    La distinción no es meramente terminológica. En el plano de los procesos históricos objetivos, la acumulación primitiva y la acumulación por despojo pueden poseer autonomía relativa: son mecanismos distinguibles, con formas inmediatas, ubicaciones temporales y efectos materiales propios. Autonomía relativa no significa aislamiento. Significa que cada proceso puede identificarse en la realidad sin negar que, bajo condiciones históricas concretas, ambos coexisten, se penetran mutuamente y modifican las condiciones bajo las cuales opera el otro.

    Acumulación primitiva

    El problema original de Marx: la separación histórica y violenta de los productores respecto de sus medios de producción y la construcción de las relaciones de propiedad requeridas para la producción capitalista. En la secuencia costarricense esto comprende el despojo colonial, la abolición carrillista del régimen comunal en 1841, el decreto de 1882 que trató el territorio maleku como tierra baldía y la concesión Soto-Keith de 1883. No son simplemente acontecimientos antiguos recordados por un capitalismo posterior: establecen condiciones jurídicas y materiales que la acumulación subsiguiente hereda.

    Acumulación por despojo

    La formulación de David Harvey identifica el uso continuo y contemporáneo de prácticas expropiatorias: privatización de tierras y bienes comunes, supresión de derechos colectivos, mercantilización de ámbitos previamente no mercantilizados, apropiación colonial o neocolonial de activos y utilización del crédito, el Derecho y el poder estatal para transferir recursos. En el caso costarricense, esta lógica aparece en la ocupación territorial contemporánea, la apropiación conservacionista, los mercados de servicios ambientales y otros mecanismos que convierten recursos preservados colectivamente en campos de acumulación.

    Acumulación entrelazada

    Tal como se reconstruye aquí a partir del caso costarricense de Gómez Julián, la acumulación entrelazada designa la relación concreta de condicionamiento y reforzamiento mutuos entre procesos de acumulación relativamente distinguibles. Aparece cuando una expropiación anterior crea las condiciones jurídicas, espaciales o sociales para un despojo posterior; cuando ese despojo posterior reproduce o profundiza los efectos del primero; y cuando ambos se conectan con nuevas fracciones del capital, instituciones estatales y circuitos más amplios de acumulación. En este sentido, la acumulación entrelazada no es sinónimo ni de acumulación primitiva ni de acumulación por despojo, y tampoco elimina su distinción analítica.

    La autonomía relativa no significa separación

    Esta manera de leer el registro histórico evita una falsa disyuntiva. No es necesario afirmar ni que la acumulación primitiva sea un episodio cerrado perteneciente exclusivamente al nacimiento del capitalismo, ni que todo despojo posterior sea simplemente el mismo fenómeno con un nombre nuevo. Un proceso concreto puede identificarse como acumulación primitiva cuando reestructura las relaciones de propiedad separando a las comunidades de las condiciones de su reproducción. Un proceso contemporáneo puede identificarse como acumulación por despojo cuando derechos, activos, bienes comunes o recursos públicos ya existentes son transferidos hacia circuitos de capital. Y aparece un tercer problema analítico cuando los efectos de esos procesos se vinculan causalmente.

    Ese tercer problema es lo que aquí captura la acumulación entrelazada. La relación relevante no consiste simplemente en una sucesión cronológica. Se trata de una interacción material: un proceso modifica las condiciones de posibilidad de otro. La destrucción jurídica previa del régimen comunal puede facilitar ocupaciones privadas posteriores; esas ocupaciones pueden normalizar y reproducir el régimen de propiedad creado por la ruptura anterior; y la regulación estatal puede conectar ambas dinámicas con cadenas transnacionales de mercancías, turismo, finanzas de conservación o mercados de carbono. Los procesos continúan siendo distinguibles, pero sus efectos dejan de ser meramente aditivos: se vuelven sinérgicos.

    Estructura analítica concreta
    Acumulación primitiva + acumulación por despojo → condicionamiento mutuo → acumulación entrelazada

    La flecha no representa una secuencia histórica rígida. Representa una relación causal que puede operar a través de distintos períodos, regiones y formas institucionales.

    El mapa costarricense permite verlo con claridad. La abolición carrillista del régimen comunal creó un entorno jurídico dentro del cual pudo avanzar el despojo huetar por la frontera cafetalera. El Decreto XIV de 1882 convirtió el territorio maleku en espacio jurídicamente disponible y habilitó su apropiación por ganaderos y colonos. La concesión Soto-Keith vinculó el despojo territorial de Talamanca con el capital bananero transnacional. El PILA y el PSA insertaron posteriormente territorio ancestral en circuitos de conservación y valorización ambiental, conectando el conflicto territorial local con el turismo, la administración estatal y el capital global del carbono. Las recuperaciones de facto posteriores a 2011 revelan la colisión contemporánea entre el régimen colectivo indígena y el régimen individual capitalista producido a lo largo de esta historia.

    Acumulación imbricada: la categoría más general

    Aquí es donde el concepto de acumulación imbricada (entangled accumulation en el original) de Gonçalves y Costa se vuelve especialmente útil. Su formulación de 2019 es deliberadamente más amplia. Busca una categoría comprehensiva para las interdependencias que han estructurado la expansión capitalista a lo largo de la historia: explotación y expropiación; trabajo asalariado y trabajo esclavo o, más ampliamente, no libre; poder estatal y violencia ilegal; economías capitalistas y no capitalistas; distintas escalas geográficas; diferentes períodos históricos; y jerarquías sociales entrecruzadas como clase, raza, etnicidad y género.

    Dentro de ese marco más amplio, la acumulación primitiva, la acumulación por despojo, la expropiación financiera, la superexplotación y otras formas no siguen una cronología rígida. Pueden coexistir en un mismo período y espacio, desaparecer y reaparecer, y conectarse mediante el Derecho, la política, la corrupción, la cultura, el discurso y la cambiante frontera entre Estado y mercado. La acumulación imbricada opera, por tanto, en un nivel superior de abstracción: es una categoría general para la interpenetración histórica de múltiples mecanismos y dimensiones de la acumulación capitalista.

    Los dos conceptos pueden, entonces, relacionarse sin reducirse uno al otro. La acumulación entrelazada, tal como se utiliza aquí para interpretar el artículo costarricense, es la categoría más concreta: identifica un proceso específico de articulación causal y sinergia entre modalidades de acumulación distinguibles dentro de una formación histórica determinada. La acumulación imbricada, en el sentido de Gonçalves y Costa, es la categoría más general bajo la cual esas articulaciones concretas pueden teorizarse junto con muchas otras formas de interdependencia. Así, la primera no compite con la segunda: puede entenderse como una de sus determinaciones históricas concretas.

    Relación entre los conceptos
    EentrelazadaEimbricada

    Esta expresión en términos de conjuntos es una abreviatura interpretativa utilizada en esta entrada, no una fórmula enunciada literalmente por ninguno de los dos artículos. Significa que la acumulación entrelazada reconstruida para Costa Rica puede tratarse como una determinación concreta dentro de la familia más amplia de interdependencias capturada por la acumulación imbricada de Gonçalves y Costa.

    Esta distinción también aclara por qué el artículo costarricense puede hablar de la convergencia de acumulación primitiva, acumulación por despojo y acumulación entrelazada sin reducir las tres a un proceso indiferenciado. Las dos primeras remiten a mecanismos que pueden identificarse con autonomía relativa; la tercera remite a su articulación concreta cuando coexisten y se refuerzan mutuamente. Al mismo tiempo, toda esa configuración puede situarse dentro de la teoría más comprehensiva de la acumulación imbricada de Gonçalves y Costa. Lo que, en un nivel puramente abstracto, podría parecer una inconsistencia terminológica se convierte, en el plano de la realidad histórica, en una distinción útil entre mecanismos, su interacción y la categoría general capaz de contener ambos.

    La distinción clave es la que existe entre un mecanismo y una relación entre mecanismos: la acumulación primitiva y la acumulación por despojo pueden identificarse por separado, mientras que la acumulación entrelazada nombra la sinergia históricamente concreta mediante la cual ambas se condicionan y se reproducen mutuamente.

    Una cronología del despojo: hitos principales

    1542–1880

    Leyes sobre baldíos y primeros decretos (por ejemplo, Guatuso). Despojo jurídico-administrativo: Corona → Estado → manos privadas.

    1830–1890

    Auge cafetalero y sistema de beneficios. Concentración mediante procesamiento y crédito. Resistencia huetar en Orosí (c. 1860). Disolución del régimen comunal de tierras.

    1870–1910

    Concesiones bananeras (Keith/UFCO). Desplazamiento bribri-cabécar. Enclave atlántico, control corporativo del espacio y despojo en Sixaola.

    1933–1940

    Organismos de regulación cafetalera (Instituto de Defensa del Café). Gestión de la crisis sin reversión de la concentración.

    Décadas de 1950–1970

    Colonización interna (ITCO/IDA). Convenio 107. Ley 2825. Titulación parcial; persisten la inseguridad y las apropiaciones de frontera.

    1977

    Ley Indígena 6172. Reconocimiento formal frente a ocupación no indígena persistente.

    1982

    Creación del Parque Internacional La Amistad (PILA). Apropiación estatal-conservacionista de territorio ancestral bribri-cabécar.

    2011–presente

    Recuperaciones de facto en Salitre, Cabagra y Térraba. Reocupación comunitaria. Se intensifican las amenazas y los ataques.

    2019–2024

    Asesinatos: Sergio Rojas (18 de marzo de 2019) y Jethy Rivera (24 de febrero de 2020). ONU/CIDH: impunidad. Condena del caso Rivera anulada; caso Rojas archivado.

    Por qué la tierra no es solo tierra: la cuestión de la renta

    El artículo introduce otra herramienta teórica que merece atención: el concepto marxista de renta del suelo, tanto natural como diferencial. Las luchas indígenas contemporáneas, sostiene el autor, no pueden explicarse únicamente por la apropiación de la tierra como medio de producción. También giran alrededor de los recursos naturales contenidos en esos territorios: agua, bosques, biodiversidad, belleza escénica y capacidad de secuestro de carbono. El rendimiento de esos recursos puede convertirse en renta apropiable por distintas fracciones del capital: agroindustrial, extractivista, turística o conservacionista, ya sea privada o estatal.

    El PSA dentro de territorios indígenas, el turismo de naturaleza alrededor de parques nacionales creados sobre tierras ancestrales, la monetización de servicios ambientales en el mercado del carbono y la agroindustria adyacente son dispositivos concretos mediante los cuales el capital captura o redistribuye rentas cuya base material son precisamente los territorios que los pueblos indígenas han preservado mediante su lucha histórica. La defensa territorial indígena es, por tanto, simultáneamente defensa del valor de uso comunitario frente al valor de cambio capitalista y un obstáculo material para la plena realización de la renta diferencial por parte del capital.

    Qué significa todo esto y por qué importa más allá de Costa Rica

    Las conclusiones del artículo son contundentes. La “Leyenda Blanca” del excepcionalismo democrático costarricense no resiste el contraste con la evidencia. Un país donde casi tres cuartas partes del campesinado carecen de tierra, donde el coeficiente de Gini de la propiedad agraria se acerca a 0.8 a escala nacional y alcanza 0.9 en regiones ganaderas, donde más del 90 % de las fincas en algunas zonas carecen de títulos legales y donde líderes indígenas son asesinados con impunidad por recuperar territorios que el propio Estado ha reconocido jurídicamente como suyos no constituye una anomalía democrática dentro de una región desigual. Es un caso de estudio de cómo la democracia formal y la extrema concentración agraria coexisten, y de cómo esta última es estructuralmente posibilitada por la primera.

    El argumento no es que Costa Rica sea excepcionalmente perversa. Es que el mito de su excepcionalismo cumple una función: legitima precisamente el régimen de acumulación que hace posible la desigualdad extrema. La “Leyenda Blanca” no es un simple error de cálculo ni un exceso de relaciones públicas. Dentro del marco del artículo es un dispositivo ideológico funcional al sistema que oculta. Mientras Costa Rica se conciba como democrática e igualitaria, los mecanismos estructurales que producen el despojo pueden operar sin ser sometidos al mismo nivel de escrutinio.

    Y queda una implicación final, quizá la más perturbadora: el artículo concluye que la participación de la sociedad civil no indígena es esencial para defender derechos que son “fundamentalmente irreconciliables con las necesidades de acumulación”. Los derechos de los pueblos indígenas sobre sus territorios, en otras palabras, no pueden garantizarse dentro del régimen de acumulación existente sin una ruptura política que desborde a las propias comunidades indígenas. No se trata de un llamado a la caridad ni a la solidaridad en su sentido convencional. Es una observación estructural: el sistema que despoja a los pueblos indígenas es el mismo que produce campesinado sin tierra entre la población no indígena, y sus intereses convergen allí donde se cuestiona la lógica de la acumulación.

    §

    Nota sobre las fuentes

    Esta entrada es, ante todo, una lectura de José Mauricio Gómez Julián, “Acumulación por despojo y el mito del excepcionalismo democrático costarricense: el despojo indígena como rasgo estructural de la concentración agraria”, Revista de Historia, N.º 93 (enero–junio de 2026), pp. 1–45, publicada por la Universidad Nacional de Costa Rica. El artículo está disponible bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. El autor es investigador independiente especializado en economía política y metodología estadística, y licenciado en Economía por la Universidad Latina de Costa Rica.

    La aclaración conceptual desarrollada arriba también dialoga con Guilherme Leite Gonçalves y Sérgio Costa, “From primitive accumulation to entangled accumulation: Decentring Marxist Theory of capitalist expansion”, European Journal of Social Theory (2019), DOI 10.1177/1368431018825064. En esta entrada, entangled accumulation se traduce como acumulación imbricada, mientras que acumulación entrelazada se reserva para el proceso más concreto reconstruido a partir del caso costarricense. La elección es deliberada: “entrelazada” enfatiza la interacción dinámica y el reforzamiento causal entre mecanismos relativamente distinguibles; “imbricada” enfatiza la totalidad más amplia de relaciones históricas, espaciales, institucionales y sociales que se superponen e interpenetran. Esta diferenciación es una elección interpretativa de la entrada, no la afirmación de que ambos artículos establezcan explícitamente esa misma jerarquía terminológica.

    El artículo se sitúa explícitamente dentro de la economía política marxista y el materialismo histórico. No reivindica neutralidad: sostiene que el marco teórico utilizado posee mayor capacidad explicativa para los fenómenos documentados y reconstruye sus categorías políticas fundamentales —Estado, Derecho, Democracia, Estado de Derecho y Corrupción— a partir de la evidencia histórica, en lugar de importarlas como axiomas. Incluso quienes discrepen del marco teórico pueden encontrar valor propio en la documentación empírica, procedente de datos censales, registros de propiedad, legislación, informes de Naciones Unidas, registros de la Comisión Interamericana y testimonios indígenas directos.

    Los datos citados a lo largo de la entrada —coeficientes de Gini, estadísticas de titulación, cifras de superficie y porcentajes de ocupación— proceden de las fuentes que cita el propio artículo (Seligson, Edelman, Brockett, Dunkerley, Paige, Guevara y Chacón, Vargas Mena, Zúñiga et al., entre otros). No se ha inventado ninguna cifra ni se han realizado extrapolaciones más allá de lo presentado en el artículo.

    “La historia de las comunidades indígenas desde la conquista hasta el presente revela no una inclusión democrática excepcional, sino un despojo sistemático como característica estructural de la acumulación de capital.”

  • ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LOS PRECIOS DE PRODUCCIÓN DE MARX

    ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LOS PRECIOS DE PRODUCCIÓN DE MARX

    ¿Se equivocó Marx sobre los precios de producción? — Una investigación de 260 páginas dice que no

    Economía Política • Econometría • Marx

    ¿Se equivocó Marx sobre los precios de producción?
    Una investigación de 260 páginas dice que no.

    Cómo un investigador dedicó años a demostrar que la crítica más célebre a la economía de Marx descansa sobre un error que Marx nunca cometió.

    Basado en: Gómez Julián (2026), “Algunas Reflexiones sobre los Precios de Producción de Marx” — Introducción, Conclusiones y el Capítulo Formal-Empírico · DOI 10.5281/zenodo.21842103

    ¿Un defecto fatal, o una lectura fatalmente equivocada?

    Durante más de un siglo, un único argumento matemático se ha esgrimido como la prueba definitiva de que la economía de Karl Marx no funciona. Dice así: Marx sostuvo que el valor de las mercancías está determinado por el trabajo que las produce, y que los precios de mercado terminan gravitando hacia “precios de producción” — versiones modificadas de esos valores-trabajo, ajustadas según cuán intensiva en capital sea cada industria. Pero al intentar verificarlo con un sistema de ecuaciones simultáneas, las cuentas no cierran. La suma de los valores no iguala a la suma de los precios. La teoría, dicen los críticos desde comienzos del siglo XX, contiene un error algebraico fatal.

    Este trabajo — 260 páginas que recorren filosofía, historia, sociología y estadística — sostiene que el error nunca fue de Marx. Fue el error de quienes revisaron sus cuentas con un método que Marx jamás empleó.

    La fotografía contra la película

    Imagine que quiere entender un río. Puede tomarle una fotografía — capturar un instante congelado — o puede filmarlo como una película, viendo cómo el agua fluye en el tiempo. Durante más de cien años, los economistas que criticaron a Marx le tomaron una fotografía a su teoría y después se quejaron de que no se pareciera a una película.

    El problema específico es éste. Marx describió un proceso de dos pasos: primero se forma una tasa general de ganancia en toda la economía; después, el precio de cada industria se desvía de su valor-trabajo puro según cuánto capital inmovilice respecto del promedio. La crítica estándar — originada con Ladislaus von Bortkiewicz en 1907 y repetida desde entonces — toma todas las identidades contables de Marx y las resuelve simultáneamente, como si los precios de los insumos y los precios de los productos se determinaran en el mismo instante. Bajo ese marco, las tres igualdades agregadas de Marx no pueden sostenerse todas a la vez.

    La “inconsistencia” que se le atribuye a Marx desde hace más de un siglo es la inconsistencia del marco simultaneista-dualista que se le impuso, y se disuelve en cuanto se restituye el tiempo. — Gómez Julián, resumiendo la tesis central

    Pero aquí está la trampa: resolver todo simultáneamente equivale a suponer que la economía es una fotografía — que no hay tiempo. Y todo el marco de Marx está construido sobre la premisa contraria: que la economía es un proceso, una secuencia que se despliega en la cual los precios que salen de un período se convierten en los precios de los insumos que entran al siguiente. En cuanto se restituye esa dimensión temporal, la “inconsistencia” desaparece. Las tres igualdades se sostienen simultáneamente — no porque Marx fuera secretamente consistente por algún milagro, sino porque la contradicción era un artefacto del marco que se le impuso, no de su propia lógica.

    El trabajo llama a ese enfoque simultaneista “marxismo walrasiano” — una frase que capta la ironía: los economistas importaron la lógica del equilibrio general de Léon Walras y la usaron para leer a Marx, y después culparon a Marx cuando el resultado no funcionó.

    En lenguaje llano

    A Marx se lo acusó durante más de un siglo de haberse equivocado en una cuenta aritmética. Lo que en realidad pasó es que alguien rehizo esa cuenta bajo un supuesto que Marx nunca hizo — que los precios de lo que se compra para producir y los precios de lo que sale de la producción son los mismos precios, fijados en el mismo momento. Si se supone eso, las cuentas de Marx no cierran. Pero ese supuesto equivale a decir que la economía no ocurre en el tiempo.

    ¿Pero la película fue real?

    Señalar que la lógica de Marx funciona cuando se la lee correctamente es necesario pero no suficiente. La escuela “temporalista” viene sosteniendo este argumento desde hace casi cincuenta años. Pero el autor advirtió un vacío crítico: nadie en esa escuela había tomado nunca datos del mundo real para estimar efectivamente los tres tipos de precios que describe Marx — valores-trabajo directos, precios de producción y precios de mercado — y luego contrastar si los precios de mercado realmente gravitan hacia los precios de producción como predice la teoría.

    Esto importa porque, como lo plantea el trabajo, dejar la lectura correcta de Marx “en el terreno de la argumentación conceptual mientras la lectura incorrecta ocupa ella sola el terreno de la medición” es una vulnerabilidad estratégica. Si no se puede mostrar que los precios reales se comportan como la teoría dice que deberían, la teoría sigue siendo un argumento filosófico, por más internamente consistente que sea.

    Pero antes de presentar ningún número, el trabajo dedica un espacio considerable a establecer que el proceso que Marx describió ocurrió efectivamente en la historia. Esto no es un apéndice; es una parte fundacional del argumento.

    Antes del capitalismo

    En las sociedades precapitalistas, el intercambio estaba regulado por el tiempo de trabajo — no porque alguien impusiera una teoría, sino porque las condiciones materiales lo hacían así. El trueque predominaba, la inflación no existía, y los precios solo podían reflejar los costos de producción dada la tecnología disponible. La evidencia de la antropología (los estudios de Malinowski sobre las islas Trobriand), la sociología (Mauss sobre el don), la historia de la contabilidad (el análisis de Kula sobre los registros de las haciendas feudales) e incluso la paleogenómica convergen: los objetos se valoraban en proporción al trabajo que incorporaban.

    La transición

    La disolución de las relaciones feudales, la monetización del intercambio y la destrucción de los marcos normativos preindustriales crearon las condiciones para que el capital se moviera libremente entre industrias. El trabajo de Thompson sobre la “economía moral” documenta cómo la nueva ideología de libre mercado tuvo que imponerse violentamente, destruyendo protecciones consuetudinarias y creando una relación de explotación sin precedentes.

    El capitalismo establecido

    Una vez destruidas las barreras a la movilidad del capital, el capital fluýo del comercio hacia la industria persiguiendo mayores ganancias, y la competencia generalizada forzó una redistribución de la plusvalía total entre sectores. La crisis de 1873 — que destruyó casi la mitad de los altos hornos en los principales países productores de hierro — se presenta como evidencia concreta del mecanismo: las empresas cuyos costos todavía se basaban en métodos más antiguos e individualmente más intensivos en trabajo quebraron al no poder competir con los precios de producción que dictaba la tecnología moderna.

    En lenguaje llano

    Los precios de producción no aparecieron el día en que alguien escribió una ecuación. Aparecieron el día en que el capital pudo moverse libremente de una industria a otra persiguiendo la mayor ganancia — lo cual no ocurrió hasta que se destruyeron las barreras legales, morales y políticas. Antes de eso, las cosas se intercambiaban aproximadamente según el trabajo que costaban, y hay evidencia más que suficiente — etnográfica, contable, arqueológica y genética — para mostrarlo.

    ¿Qué es exactamente un precio de producción?

    Aquí el trabajo entra en su territorio más original desde el punto de vista técnico. El autor separa cuidadosamente dos cosas que no deben confundirse:

    Qué es un precio de producción (el explanandum): es el valor esperado, sobre la distribución de las perturbaciones económicas, del promedio temporal de largo plazo de los precios de mercado. En lenguaje llano: es el centro de gravedad alrededor del cual giran los precios de mercado reales. No el precio al que llegan y en el que se quedan (eso sería el equilibrio), sino el promedio alrededor del cual nunca dejan de oscilar.

    Concepto clave

    El precio de producción no es un equilibrio eterno y atémporal (el error del enfoque simultaneista y de la economía walrasiana, que toma la ley como tal para el todo y elimina el tiempo) ni tampoco un caos de precios sin ley (el error del empirismo, que se queda en el nivel de los precios individuales y pierde la ley). Es la ley de la totalidad realizándose a través de la contingencia de las partes.

    Cómo funciona cada paso del proceso (el explanans): una regla que determina el precio de mercado de este año a partir del precio de mercado del año anterior y del precio de producción latente del año anterior, y de nada más. Esto se modela como un proceso de Ornstein-Uhlenbeck jerárquico — una cascada de tres niveles en la que el precio de producción es él mismo un estado latente con su propia dinámica que gravita hacia el valor, y los precios de mercado gravitan hacia ese estado latente y no hacia un índice fijo y ruidoso.

    La incertidumbre está incorporada explícitamente al modelo: incertidumbre en la tasa media de ganancia, incertidumbre en el capital adelantado, incertidumbre en la desagregación de las cuentas nacionales en 37 sectores (tratada mediante imputación múltiple con 25 imputaciones combinadas por la regla de Rubin), e incertidumbre paramétrica estimada mediante métodos bayesianos de Monte Carlo por cadenas de Márkov.

    Un punto crucial: ninguna magnitud se obtiene resolviendo un sistema simultáneo. El valor se construye empírica y directamente como $V = c + v + p$ (costo más plusvalía), y el precio de producción como $\Phi = c + K \cdot G’$ (costo más capital por la tasa general de ganancia). No hay inversa de Leontief ni álgebra simultaneista en ningún punto de la construcción.

    En lenguaje llano

    Piense en un precio de producción como el “centro gravitacional” de un objeto que gira. El objeto (un precio de mercado) nunca deja de moverse — se tambalea, oscila, deriva — pero con el tiempo su posición promedio es atraída hacia ese centro. La matemática describe tanto qué es ese centro como cómo ocurre cada tambaleo, y lo hace dando cuenta honestamente de toda la incertidumbre de la medición.

    Las ecuaciones que lo definen: de la (9) a la (11)

    Aquí la metáfora se vuelve matemática. El trabajo escribe la definición de un precio de producción en tres pasos sucesivos — cada uno explicitando un supuesto que el anterior dejaba implícito — numerados (9), (10) y (11) en el texto original. Ninguna de las tres genera por sí sola una trayectoria; juntas definen el explanandum — qué es el objeto — que la cascada de más abajo después genera.

    Ecuación 9 — Qué es un precio de producción
    $$ \lim_{t\to\infty} E\!\left[\varphi^i_t\right] \;=\; k^i_t + K^i_t\, E\!\left[G'(t,X)\right] \;=\; \Phi^i_t $$

    Aquí $\varphi^i_t$ es el precio de mercado de la mercancía del sector $i$ en el horizonte temporal $t$, $k^i_t$ es su precio de costo (capital constante consumido más capital variable), $K^i_t$ es el capital total adelantado, y $G'(t,X)$ es la tasa general de ganancia — ella misma un proceso estocástico indexado por una perturbación $X$ que agrupa el éxodo de capitales entre ramas y la innovación tecnológica.

    En palabras: un precio de producción es el límite de largo plazo del promedio del precio de mercado. No el precio mismo en ningún instante — eso sigue oscilando para siempre — sino el punto en el que se asienta su promedio temporal a medida que el horizonte se estira. Nótese el objeto del lado derecho, $k + K \cdot E[G’]$: es la misma identidad contable presentada antes (precio de costo más la tasa media de ganancia aplicada al capital adelantado), solo que ahora la tasa de ganancia se escribe como una esperanza, porque fluctúa.

    Ecuación 10 — Explicitando el promedio
    $$ \Phi^i_t = \lim_{t\to\infty} E\!\left[\varphi^i_t\right] = \int_{-\infty}^{\infty} \!\left(\lim_{t\to\infty} \varphi^i_t(x)\right) f_X(x)\, dx \;=\; k^i_t + K^i_t \int_{-\infty}^{\infty} G'(t,x)\, f_X(x)\, dx $$

    $f_X$ es la densidad de probabilidad de $X$. La ecuación dice que la esperanza es un promedio sobre cada estado posible $x$ de la turbulencia del sistema, ponderado por cuán probable sea ese estado.

    La ecuación (10) se gana su lugar al legitimar un movimiento sutil: intercambiar el orden del límite y la esperanza. Eso parece inocuo, pero esconde una pregunta real — ¿converge siquiera el precio de mercado $\varphi^i_t$ a algo cuando $t \to \infty$? La respuesta del trabajo es que no: un sistema capitalista no se asienta en un punto fijo, se asienta en un ciclo límite — una oscilación perpetua. Entonces la convergencia que el argumento necesita no es la del precio instantáneo, sino la de su promedio temporal acumulado. Ese promedio sí converge, para casi todo estado del mundo, precisamente porque el sistema es ergódico — la fracción de tiempo que el ciclo pasa en cada región de su órbita se estabiliza. Esto es el teorema ergódico de Birkhoff haciendo, en lenguaje matemático, exactamente lo que Marx dice en lenguaje económico: el precio de producción no es el valor al que el precio de mercado llega y en el que se queda, es el promedio alrededor del cual nunca deja de oscilar. La oscilación no es un obstáculo para el promedio — es su condición de existencia.

    Por qué importa el orden de las operaciones

    El trabajo invoca el teorema de convergencia dominada de Lebesgue para justificar el intercambio de “límite del promedio” por “promedio del límite”. Esto exige acotar los precios de mercado con alguna envolvente integrable — económicamente, que ningún precio pueda crecer sin límite, cosa que garantizan los techos tecnológicos y la presión competitiva — y, de manera crucial, no exige que la convergencia sea uniforme entre sectores. La convergencia uniforme significaría que la competencia iguala las ganancias de manera instantánea e idéntica en todas partes, sin lugar para que un shock golpee más fuerte a una industria que a otra. La teoría de Marx dice lo contrario, y la matemática está construida para permitirlo.

    Ecuación 11 — Cuando el capital también es incierto
    $$ \Phi^i_t = \lim_{t\to\infty} E\!\left[\varphi^i_t\right] = \int_{-\infty}^{\infty}\!\!\int_{-\infty}^{\infty} \left[k^i_t + K^i_t(y)\, G'(t,x)\right] f_{X\mid Y}(x\mid y)\, f_Y(y)\; dx\, dy $$

    La ecuación (10) todavía trataba el capital adelantado $K^i_t$ como algo conocido con exactitud. La ecuación (11) abandona esa simplificación: $Y$ es una segunda variable aleatoria que porta el error de estimación de $K$, con densidad $f_Y$, y $f_{X \mid Y}$ permite que la perturbación de la tasa de ganancia dependa de qué realización de ese error ocurrió. El objeto es el mismo doble promedio — solo que ahora la incertidumbre se propaga desde dos fuentes en lugar de una.

    Esta última ecuación no es un adorno matemático; es la razón por la cual la sección empírica dedica tanto esfuerzo a la imputación múltiple. Las cuentas nacionales no le entregan a nadie una medición limpia del capital adelantado por sector — hay que reconstruirlo a partir de datos incompletos, y esa reconstrucción carga su propio error. La ecuación (11) es la licencia para tratar ese error como una variable aleatoria que se promedia, y no como una molestia que se ignora. La incertidumbre se propaga de manera externa — mediante un generador fuera del propio modelo estadístico — en lugar de estimarse como un parámetro interno del modelo dinámico: estimar el error de $K$ adentro del modelo lo confundiría con el propio término de ruido de medición del modelo, abriendo una cresta de no identificación entre dos magnitudes que el dato por sí solo no puede distinguir. Mantenida afuera, primero se generan veinticinco reconstrucciones completas del dato, cada una respetando las identidades agregadas marxianas a precisión de máquina, se ajusta el modelo dinámico sobre cada una, y los veinticinco ajustes se combinan por la regla de Rubin. Eso es el promedio externo de la ecuación (11), calculado sorteando literalmente de la distribución de $Y$ en lugar de suponerla resuelta.

    El motor: una cascada de Ornstein–Uhlenbeck de tres niveles

    Las ecuaciones (9)–(11) definen el objetivo; no generan por sí solas un camino hacia él. El explanans — el mecanismo que efectivamente produce una trayectoria año a año consistente con ese objetivo — es un proceso de Ornstein-Uhlenbeck jerárquico de hasta tres niveles anidados, ajustado como un único programa de Stan (el mismo programa maneja uno, dos o tres niveles, lo cual garantiza que agregar niveles nunca pueda romper en silencio los casos más simples anidados adentro). Todas las series entran estandarizadas; el tiempo se discretiza año a año con el esquema de Euler–Maruyama.

    Nivel 1 — El precio de mercado
    $$ dev_{t,s} = \varphi_{t-1,s} – \Phi_{t-1,s} $$
    $$ \kappa^m_{t,s} = \kappa_{\mathrm{cap}} \cdot \mathrm{invlogit}\!\left(\kappa_s + \beta_1\, z^{TMG}_t\right) $$
    $$ \Delta\varphi_{t,s} = \kappa^m_{t,s}\!\left(-\,dev_{t,s}\right) \;+\; a_{3,s}\, dev_{t,s}^{\,3} \;+\; \gamma\, COM^{std}_{t,s} \;+\; \varepsilon_{t,s} $$

    Los subíndices $s$ (sector) y $t$ (año) corren en todo momento. $dev$ es la brecha del año anterior entre el precio de mercado y el precio de producción latente. $\kappa^m$ es la velocidad de reversión del sector, pasada por un enlace logit que la acota dentro de $(0,\, \kappa_{\mathrm{cap}})$ y permite que la tasa general de ganancia ($z^{TMG}$) la module sin jamás empujar al sistema fuera de la región estable de la discretización. $\varepsilon$ es una innovación de cola pesada (Student-t) con volatilidad estocástica, de modo que la volatilidad puede agruparse en el tiempo sin desestabilizar la media.

    Léase la línea del Nivel 1 como un resorte. El término $-\kappa \cdot dev$ es la fuerza restauradora: tira del precio de mercado de vuelta hacia el precio de producción con una fuerza proporcional a cuánto se ha desviado. El término cúbico $a_{3,s} \cdot dev^3$, con $a_{3,s}$ restringido a ser negativo por construcción — no estimado, impuesto — hace que esa fuerza restauradora crezca más que proporcionalmente cuando la desviación es grande: cuanto más se aleja el mercado, con más fuerza se lo trae de vuelta. Este es un supuesto de estabilidad declarado, no un hallazgo: garantiza que el modelo nunca pueda generar un régimen explosivo, al costo real de que si tal régimen existiera en algún sector de la economía real, esta especificación en particular no podría detectarlo.

    Niveles 2–3 — Donde el propio centro latente revierte
    $$ \mu_{s,t} = m_{0,s} + m_1\, G’_t + m_v\, V_{s,t} $$

    El precio de producción $\Phi$ no se trata como un índice fijo y observado; es él mismo un estado latente que revierte — más lentamente, con su propia velocidad sectorial $\kappa_p$ — hacia esta media $\mu$. $m_1$ es el canal que pasa por la tasa general de ganancia; $m_v$ es el coeficiente que mide cuán fuertemente el precio de producción rastrea al valor construido directamente $V_{s,t} = k + p$ (Nivel 3, y la razón por la cual la cascada llega hasta tres niveles en lugar de detenerse en dos).

    Éste es el puente de vuelta hacia las ecuaciones abstractas de más arriba, término a término. $\mu_{s,t}$ es el sustituto estimable del lado derecho de (9): $m_{0,s} + m_1 G’_t$ cumple el papel de $k + K \cdot E[G’]$, y $m_v V_{s,t}$ es la forma funcional específica elegida para el canal de anclaje al valor que la definición abstracta deja deliberadamente abierto (el trabajo se cuida de decir que la competencia capitalista como función de la estructura de valor está declarada al nivel de las ecuaciones 9–11, no derivada; darle la forma concreta $m_v V$ es una decisión de modelado tomada al nivel de la cascada, defendida por su desempeño en la validación y no deducida de la definición). Y la esperanza de $G’$ de la ecuación (9) tiene su contraparte operativa en la tasa de ganancia promediada sobre las veinticinco imputaciones múltiples — el mecanismo que habilita la ecuación (11).

    El coeficiente $m_v$ carga un peso teórico real: es el sustituto empírico de la afirmación del capítulo IX según la cual los precios de producción gravitan alrededor de los valores. Se le asigna una a priori neutral, $m_v \sim \mathcal{N}(0,\, 0.5)$ — centrada en cero, simétrica, que asigna igual plausibilidad a $m_v > 0$ y a $m_v < 0$ antes de ver ningún dato. Eso importa por la misma razón por la que importa una moneda justa en un experimento de tirar una moneda: si el dato no llevara ninguna señal, el posterior se quedaría donde lo puso la a priori, pegado a cero. No lo hace. Se ubica en $m_v \approx 1.0136$ con $P(m_v > 0) = 1$ — evidencia de que fueron los datos, y no la a priori, los que lo llevaron hasta ahí. El anclaje al valor se encuentra, no se impone en el diseño.

    En lenguaje llano

    La cascada son tres resortes apilados uno sobre otro. El precio de mercado está atado por un resorte al precio de producción latente, no observado. El precio de producción está atado por su propio resorte, más lento, a un blanco móvil que combina la tasa general de ganancia con el valor-trabajo medido directamente. Tire de cualquiera de los resortes y suéltelo: no salta a un punto fijo, se asienta en el tipo de oscilación perpetua y decreciente que las ecuaciones (9)–(11) describen como un promedio. Los resortes se estiman con sesenta y un años de datos reales de Estados Unidos, no se suponen; el coeficiente que ata los precios de producción a los valores, en particular, podía haber salido negativo o cero — el modelo le dio toda la oportunidad de hacerlo — y no salió.

    Qué dicen los números

    El núcleo empírico del trabajo es un panel de 37 ramas productivas de la economía de Estados Unidos a lo largo de 61 años, de 1960 a 2020. La hipótesis contrastada encierra tres relaciones distintas, y el trabajo es meticuloso en no conflarlas. Cada una se enuncia, se contrasta y se reporta por separado.

    Precio de mercado ↔ precio de producción: el eslabón más firme

    Esta es la relación con el respaldo estadístico más sólido, confirmada mediante seis líneas de evidencia independientes:

    Hallazgo central

    La gravitación existe, y es lenta. La velocidad mediana entre sectores es $\kappa_m = 0.0770$, equivalente a una vida media de aproximadamente 9 años. Los precios de mercado tardan cerca de una década en recorrer la mitad del camino de vuelta hacia su centro de precios de producción. Esto es consistente con la caracterización que hace Marx de la gravitación como una regulación tendencial y mediada, no un ajuste instantáneo.

    La cifra es notablemente estable bajo pruebas de estrés:

    • Quitar del panel cinco de los seis bloques productivos apenas mueve la estimación — se desplaza en la tercera cifra decimal. El sexto, que reúne 18 de los 37 sectores, sí produce un desplazamiento (de 9 años a 6 años), y el trabajo lo descompone: cerca de la mitad de la aceleración es el efecto genérico de achicar el panel a la mitad — arrancar 18 sectores al azar ya da 0.0929 — y no el bloque en sí.
    • Destruir el ancla de valor de tres maneras distintas — incluyendo permutar la plusvalía entre esferas — mueve la velocidad en la tercera cifra decimal. Esto es significativo: significa que la conclusión sobre la gravitación de mercado hacia producción no depende del vínculo menos robusto entre producción y valor.
    • El desvío de mercado tiene su propia firma dinámica. Comparado contra un paseo aleatorio igualado en varianza, tres de seis estadísticos separan limpiamente (la convergencia por sumas ponderadas alcanza una tolerancia de 0.01 mientras el nulo nunca alcanza una tolerancia diez veces más laxa; la laminaridad del análisis de recurrencia la triplica y la entropía de recurrencia la duplica). Los que no separan son el determinismo del análisis de recurrencia y los dos invariantes deterministas del caos — el exponente de Lyapunov y la dimensión de correlación — que el trabajo nunca pretendió encontrar.
    • La estimación es invariante ante decisiones metodológicas secundarias. Barrer el regularizador de latencia sobre tres valores produce vidas medias de 9 años en los tres brazos (velocidades de 0.0774, 0.0770, 0.0772).
    • El sesgo conocido de la desagregación empuja en contra del resultado. Partir una cifra nacional entre 37 ramas está subdeterminado y sesga las estimaciones de velocidad hacia abajo — lo que significa que la vida media verdadera probablemente sea de 7–8 años en lugar de 9. Un sesgo que juega en contra de la propia conclusión es uno con el que se puede convivir, porque el resultado se sostiene a pesar de él, no gracias a él.

    Precio de producción ↔ valor: la pata más débil

    Esta es la parte más débil del argumento empírico, y el trabajo lo declara con total transparencia. El problema no es un defecto del instrumento sino una propiedad del objeto:

    Transparencia metodológica

    El coeficiente de acoplamiento estimado dentro del modelo dinámico es $m_v = 1.0136$ con un intervalo creíble al 95% de $[1.0096,\; 1.0176]$ — pero el mismo procedimiento devuelve 1.0365 cuando la plusvalía se permuta entre esferas, preservando todos los agregados anuales. ¿Por qué? Porque el precio de producción y el valor comparten el precio de costo, que explica el 66.1% de la varianza del primero y el 72.0% de la del segundo, y su correlación en niveles es 0.9987. El coeficiente se ubicaría cerca de uno incluso si la ley del valor no rigiera en absoluto. Por eso el trabajo lo reporta como un control de consistencia, no como evidencia.

    El respaldo real de esta relación viene de contrastes transversales, no del acoplamiento dinámico. Cuando se remueven las tendencias temporales comunes y el análisis se hace dentro de año, la pendiente del recargo sobre la plusvalía propia es 0.675 con el dato verdadero contra 0.090 bajo permutación, con intervalos que ni siquiera se acercan a solaparse. El ordenamiento sectorial de la cuña entre $\Phi$ y $V$ tiene una correlación de rangos interanual de 0.986 y un valor a sesenta años de 0.558 — estructura muy persistente, no ruido.

    Un hallazgo colateral que vale la pena señalar: el coeficiente de variación de las tasas de ganancia sectoriales es 0.669 — lo que significa que las tasas de ganancia entre industrias muestran una dispersión considerable y persistente. Lejos de contradecir la teoría, esta dispersión es la condición de existencia del mecanismo: si las tasas de ganancia ya estuvieran igualadas, no habría diferencial que impulsara la migración de capitales, y la gravitación no tendría sobre qué operar. Marx postula la igualación como una tendencia, no como un hecho consumado.

    Precio de mercado ↔ valor: sostenida en su forma, ajustada en su existencia

    La modificación estructural entre sectores existe y es no lineal (el escalón de no linealidad se sostiene con holgura a 6.8 desvíos nulos). Pero el escalón de existencia queda ajustado: el 44% de su ganancia se obtiene por igual con características sectoriales desemparejadas de sus esferas, y la brecha contra el máximo nulo es del orden de un error estándar apareado. Los coeficientes sobreviven a una corrección deliberadamente severa por dependencia serial (triplicando el error).

    El instrumento detrás de esa cifra: una escalera anidada en gdpar

    Ese contraste es una pequeña escalera de modelos de regresión distribucional anidados, ajustada con gdpar (Gómez Julián, 2026b), el paquete de R del propio autor para regresión de parámetros distribucionales generalizados, publicado en CRAN el 15 de julio de 2026. La escalera sube desde un modelo desnudo — “el cociente mercado-valor no tiene ninguna corrección específica por sector” — pasando por un modelo en el que la composición orgánica, la participación salarial y el tamaño del sector desplazan ese cociente linealmente, hasta un modelo en el que la corrección es un spline flexible en lugar de una recta. Importan dos ganancias, medidas en unidades de densidad predictiva: agregar la corrección lineal compra 207.3 unidades; dejarla curvarse compra otras 215.1. Ambas se sometieron a un control diseñado para ser difícil de aprobar — barajar qué sector recibe las características de cuál, 99 veces, reajustando cada vez, con los nudos del spline fijos en cada barajado para que la comparación no pueda ganarse solo con una mejor base. La ganancia de curvatura supera su nulo con holgura (6.8 desvíos estándar nulos; el mejor de los 99 barajados llega apenas a 114.8 contra 215.1 observadas). La ganancia de existencia se reporta honestamente como más delgada: los sectores barajados igual compran cerca del 44% de la ganancia real con solo tener alguna característica que ajustar — tres covariables más un intercepto le dan al modelo margen para acomodarse al ruido aunque no se le esté diciendo nada cierto — de modo que el margen genuino sobre el nulo queda en alrededor de un error estándar apareado (23.2, contra una brecha de unas 24 unidades). Ambas cifras se reportan juntas, precisamente para que la grande no se lea sola.

    Una especificación complementaria, estimada en el mismo ajuste de gdpar, hace la misma pregunta sobre la dispersión en lugar de la ubicación: no dónde está centrado el cociente mercado-valor, sino cuán apretado se agrupa. Los sectores más grandes y los de mayor composición de capital muestran sistemáticamente menos dispersión relativa — elasticidades de $-0.226$ y $-0.104$ — consistente con que la igualación opera con más eficacia donde el capital está más concentrado. Ambos efectos superan un “factor de ruptura” (el múltiplo del error estándar en el que el intervalo al 95% recién tocaría el cero) de más de seis y cuatro respectivamente, por encima del techo de 2.94 alcanzado en cualquier otro coeficiente de ubicación de este trabajo, y el hallazgo se reproduce bajo una familia de verosimilitud completamente distinta (una gamma sobre el cociente de precios) con una diferencia de apenas 5.2%.

    Tres fracasos que confirman la teoría

    Uno de los rasgos intelectualmente más llamativos de este trabajo es cómo maneja resultados que, a primera vista, se ven mal para su tesis. Hay tres, y el trabajo los reporta todos sin suavizarlos — y después muestra deductivamente por qué cada uno era esperable si la teoría es correcta.

    Resultado negativo núm. 1

    El modelo no predice fuera de muestra mejor que un paseo aleatorio. Pero esto estaba deductivamente implicado por la forma lenta de la tesis. A un horizonte mucho más corto que la vida media, un proceso de reversión a la media es, en primer orden, un paseo aleatorio. Si algo tarda una década en recorrer la mitad del camino de vuelta, mirar un solo año no alcanza para verlo regresar.

    Resultado negativo núm. 2

    El término de valor es predictivamente indistinguible. Esto también se sigue del acoplamiento lento entre precios de producción y valores: con vidas medias del orden de décadas y solo 61 años de datos, las pruebas univariadas de raíz unitaria están estructuralmente subpotenciadas.

    Resultado negativo núm. 3

    Ninguna prueba univariada separa la cuña verdadera de sus placebos permutados. Pero esto se predijo antes de medir, por la propia persistencia del ordenamiento sectorial (correlación de rangos interanual de 0.986). Una serie de tiempo muy persistente es difícil de distinguir de su versión permutada usando pruebas diseñadas para memoria más corta.

    Encontrar estas firmas es corroboración de la forma lenta de la tesis, y no encontrarlas habría sido el verdadero problema. — Gómez Julián, sobre los resultados negativos

    Vale la pena destacar la postura del trabajo al respecto: “Lejos de refutar la tesis, los tres están deductivamente implicados por su forma lenta”. Un único mecanismo (la gravitación lenta) explica tanto la tesis sustantiva como todos los resultados aparentemente negativos, y además sobrevive en el posterior validado. “Que una única causa explique la tesis y todos los resultados aparentemente negativos, y que además sobreviva en el registro validado, es lo contrario de una petición de principio: es una narrativa unificada, falsable y validada internamente”.

    El temporalismo no es una preferencia — es una condición de medición

    Quizá el resultado más trascendente de todo el trabajo no es un número sino un enunciado sobre qué puede y qué no puede medirse. Se refiere al “modulador” — el componente del argumento de Marx en el cual la tasa general de ganancia entra dentro de la modificación estructural de cada esfera, es decir, en el cual el desvío de cada esfera no es independiente de la referencia sino engendrado por ella.

    El argumento de identificabilidad

    Cuando el modelo se corrió con una tasa general de ganancia única y fija para los 61 años (como exigiría un enfoque simultaneista), el posterior exhibió una cresta plana: dos bases funcionales completamente distintas (un polinomio de grado dos y una base de splines) produjeron la misma patología hasta la tercera cifra decimal, con un tamaño de muestra efectivo de apenas seis sorteos. El diagnóstico empeoraba con más muestreo (el R-sombrero subía de 1.33 a 1.73). Esta es la firma inconfundible de una dirección en el espacio de parámetros a lo largo de la cual la verosimilitud no cambia.

    La causa es teórica, no computacional. Con una referencia única, el modulador solo puede identificarse evaluado en ese punto — un número, no una función sobre el espacio de referencias. No se pueden estimar tres coeficientes de un polinomio con un solo dato.

    Cuando se dejó que la referencia variara año a año (61 tasas generales de ganancia distintas), el modelo convergió en cuestión de minutos, con una gran mejora tanto en tiempo como en tamaño de muestra efectivo, y cero divergencias.

    Con nombre propio, no improvisado: los teoremas 1A y 1E

    Este diagnóstico no es una lectura ad hoc de un muestreador que se porta mal. gdpar (Gómez Julián, 2026b) — el mismo paquete detrás de la escalera anidada de más arriba — incluye un resultado formal de identificabilidad para exactamente esta situación. Su Teorema 1A establece que, con una referencia única y fija, un modulador distribucional se identifica solo en ese punto: como un número, no como una función sobre el espacio de referencias posibles. El Teorema 1E es la contraparte positiva: dejar que la referencia varíe restituye la identificabilidad del modulador como función. Ajustar un polinomio de grado dos (tres coeficientes) o una base de splines de cinco nudos (cinco coeficientes) contra una única referencia inmóvil pide más de lo que un solo dato en esa dimensión puede sostener — que es exactamente el aspecto que tiene una cresta plana de verosimilitud desde el lado del muestreador.

    Las cifras exactas detrás de la mejora: una referencia fija con un polinomio de grado dos da un R-sombrero de 1.7333, un tamaño de muestra efectivo de 6, y 8 transiciones divergentes en 39 minutos; una base de splines de un nudo reproduce la misma patología — R-sombrero 1.7335, tamaño de muestra efectivo 6, 14 divergencias, 5.6 horas. Dejar que la referencia varíe año a año (61 valores anuales distintos de la tasa general de ganancia), centrando el componente aditivo y subiendo el parámetro de adaptación del muestreador a 0.99, da un R-sombrero de 1.0035, un tamaño de muestra efectivo de 1332, y cero transiciones divergentes — en 2.9 minutos. Esa es la mejora de factor 115 en tiempo y factor 222 en tamaño de muestra efectivo mencionada arriba, y es un teorema, no un truco de ajuste: ninguna cantidad de muestreo adicional cierra esa brecha bajo una referencia fija, porque el objeto que se pide — el modulador como función — sencillamente no está ahí para encontrarlo.

    La consecuencia se enuncia con precisión: con una única tasa general de ganancia fija obtenida al resolver el sistema simultáneamente, la afirmación del capítulo IX del tomo III de El Capital es inverificable por construcción. No es que los datos sean insuficientes — el objeto no está identificado, y ninguna cantidad de datos lo identificaría. El argumento no establece que el simultaneismo sea falso como descripción del capitalismo (eso lo establecen la historiografía y la sociología); establece que un procedimiento simultaneista no puede, ni siquiera en principio, constatar empíricamente la parte específica del argumento de Marx que este trabajo estima.

    En lenguaje llano

    Marx dice: primero se forma una tasa general de ganancia, y después cada industria se desvía de ella según cuán intensiva en capital sea. Para comprobar si ese desvío depende de la tasa general, hay que ver qué le pasa al desvío cuando la tasa general cambia. Si se calcula una sola tasa general para los sesenta y un años, la tasa general nunca cambia, y no hay nada que observar. Eso es exactamente lo que pasa: el modelo con una tasa fija no converge — no por limitaciones computacionales, sino porque se le está pidiendo medir una relación con una sola observación de una de las dos variables. Calculando una tasa por año — que es lo que la lectura temporal de Marx sostiene que hay que hacer — el mismo modelo converge en tres minutos.

    Qué es esto, y qué no es

    El trabajo es cuidadoso, casi minucioso, respecto de los límites de lo que afirma. Esta sección importa porque un lector que venga del lado “pro-Marx” o “anti-Marx” podría sentir la tentación de sobre-leer los resultados. El autor no se lo permite.

    Lo que la evidencia autoriza a afirmar: en Estados Unidos entre 1960 y 2020, los precios de mercado gravitan hacia los precios de producción con una vida media de orden decenal y sectorialmente heterogénea, y esa velocidad sobrevive a tres agresiones independientes (quitar cinco de los seis bloques productivos, destruir el ancla de valor, variar decisiones metodológicas secundarias). Este es un hecho medido, calibrado y falsable.

    Lo que la evidencia no autoriza a afirmar:

    • No se afirma superioridad predictiva (el modelo no mejora el pronóstico fuera de muestra sobre un paseo aleatorio, cosa que era esperable).
    • No se afirma que las pruebas univariadas de raíz unitaria confirmen la gravitación (están estructuralmente subpotenciadas a esta escala temporal).
    • No se afirma unicidad ni novedad categórica. El aporte es la integración explícita y la canonización de una cascada de gravitación lenta con anclaje de valor, medida sobre datos reales, con la incertidumbre propagada, validada, y sometida a un diagnóstico cuyos resultados desfavorables se reportan junto con los favorables.
    • No se afirma que esto demuestre estadísticamente la ley del valor, “y no por prudencia retórica sino porque sería falso: una serie de precios puede mostrar que una magnitud se comporta como la ley predice, y no puede explicar por qué esa magnitud existe ni si la categoría con que la nombramos es la correcta”.

    Ese último punto es el compromiso epistemológico más profundo del trabajo. Las preguntas sobre si “valor” es la categoría correcta para lo que los precios en última instancia miden no las responde ninguna serie de precios, por larga que sea. Las responden la historia, la sociología y la filosofía — y la respuesta firme es la que se obtiene cuando las cuatro disciplinas (esas tres más la estadística) apuntan en la misma dirección. La convergencia de las cuatro dimensiones es el argumento, no ninguna de sus patas por separado.

    El trabajo también aborda la homología que unifica sus dos mitades aparentemente dispares — el primer capítulo historiográfico-filosófico y el segundo capítulo econométrico. La relación entre necesidad y contingencia que gobierna la transición del feudalismo al capitalismo (donde el mismo shock demográfico produjo resultados opuestos en distintas regiones de Europa) es estructuralmente idéntica a la relación entre los precios de producción y los precios de mercado. Una ley determina el centro; las circunstancias determinan cada resultado particular. Ningún hecho niega al otro, porque describen niveles distintos de la misma realidad.

    Lo que todo esto suma

    Esta es la versión más simple de lo que establece este trabajo de 260 páginas:

    A Marx se lo reprochó durante un siglo por haber hecho mal una cuenta aritmética. Lo que pasó es que se rehizo esa cuenta bajo un supuesto que Marx nunca hizo: que los precios de las cosas que se compran para producir y los precios de las cosas que salen de la producción son los mismos precios, fijados en el mismo momento. Si se supone eso, las cuentas de Marx efectivamente no cierran. Pero ese supuesto equivale a decir que la economía no ocurre en el tiempo. En cuanto se acepta que lo que sale de la fábrica este año es lo que entra a la fábrica el año que viene, las cuentas cierran sin que nadie tenga que arreglar nada. — Gómez Julián, resumen para el lector

    Pero reconocer el error conceptual fue solo la primera mitad. Lo que faltaba — y lo que este trabajo aporta — es hacer esas cuentas con datos reales en lugar de con ejemplos numéricos ficticios, que es lo que la escuela que tenía la lectura conceptual correcta nunca había hecho.

    Los resultados empíricos muestran que los precios de la economía estadounidense a lo largo de seis décadas sí se comportan como predice la teoría: gravitan, lentamente, hacia precios de producción calculados con la teoría de Marx y ninguna otra. Este hallazgo sobrevivió a todos los ataques que el autor pudo idear — quitar sectores productivos, destruir el ancla de valor, permutar plusvalías, variar decisiones metodológicas, y correr diagnósticos cuyos resultados desfavorables se reportan en su totalidad junto con los favorables.

    La parte del argumento que vincula los precios de producción con los valores-trabajo también está respaldada por evidencia real, aunque con menos firmeza, y el trabajo dice exactamente dónde están los puntos débiles y por qué son propiedades del objeto, no defectos del instrumento.

    Y el trabajo no pretende haber demostrado la ley del valor con una serie de números, porque “preguntas de ese tipo no se contestan con números: se contestan con historia, con sociología y con filosofía, y la respuesta firme es la que se obtiene cuando las cuatro cosas (las tres anteriores, junto con la estadística) apuntan al mismo lugar”.

    Esa convergencia no vuelve eterno al resultado — mejor evidencia puede revertirlo mañana. Pero por ahora lo convierte en “nuestra mejor aproximación posible a la verdad”.

    — — —

    “En la ciencia como en la vida, superar la adversidad es lo que nos hace verdaderamente fuertes”.

    Esta entrada resume la introducción, las conclusiones y el capítulo formal-empírico (§2.4) de Gómez Julián, J. M. (2026). Algunas Reflexiones sobre los Precios de Producción de Marx: Historicidad de la Ley del Valor, Fundamento Dialéctico-Materialista y Formalización Dinámica Bajo Incertidumbre. Zenodo. https://doi.org/10.5281/zenodo.21842103. El trabajo completo abarca aproximadamente 260 páginas en dos capítulos que recorren filosofía, historiografía, formalización matemática y econometría empírica. Las ecuaciones (9)–(11) y la especificación del modelo citadas aquí reproducen la notación de ese capítulo; gdpar se cita por separado como Gómez Julián (2026b).

    Escrito para el curioso. Es una invitación a leer.